Antecedentes Históricos
Cuenta don Luís Velásquez García, anciano de 92 años de edad, ex presidente municipal de Atarjea (1958, 59 y 60) que estando un explorador en Victoria miró al oriente y siguió el camino rumbo a Milpillas, de ahí se dirigió rumbo al norte hasta llegar a un lugar que se llama Cruz del Milagro, bajó por los rincones de San Diego, conocido como Huamúchil, donde encontró una tribu de indios, con los cuales se quedó un tiempo porque descubrió minas de estaño en las tierras que ellos dominaban; pero un día continuó su camino rumbo al Cañón de las Palmas y subió por el Cerro del Casù (hoy conocido como El Toro), piensa que pasó por el Durazno porque llegó hasta el Cerro Prieto (no se llamaba así antes), dejó su fortaleza (gente) en este lugar y siguió su rumbo hasta llegar al Valle de los Ríos (hoy Charcas).
Se piensa que ahí se quedó hasta morir, siendo este el lugar en donde en 1539 Don Alejo de Guzmán (el explorador) funda Atarjea, siendo Virrey de la Nueva España Don Luís de Velasco; dicha fundación obedeció a la existencia de yacimientos minerales en el lugar. Debido a lo alejado del Municipio y a su difícil acceso, la comunidad había permanecido en un estado de aislamiento, que retrasaba el progreso; como dato ilustrativo basta decir que todavía en el año de 1936 las autoridades atarjenses aun enviaban escritos dirigidos al gobernador en turno, con el rubro de "Intendente de Guanajuato", permaneciendo inmersos en la época virreinal; como si no hubiese habido Independencia, Reforma ni Revolución.
Se dice que desde pozos San José Iturbide hasta Atarjea había siete tribus Chichimecas, cada una gobernada por un sacerdote y estos, a su vez, gobernados por un Rey, que se llamó Majorrú, el cual, estaba ubicado en los cerros de Casas Viejas, y vivía en una cueva que se llama Los Espejos cerca de las tres peñas.
La fundación de Atarjea obedece, a la explotación minera existente en el lugar, debido a lo alejado de este municipio y a su difícil acceso, la comunidad había permanecido aislada, lo cual impedía el progreso, se conocen datos en donde en 1936 las autoridades del Municipio, enviaban escritos al intendente de Guanajuato, con la finalidad de obtener autonomía, dichos escritos permanecían inmersos en la época Virreinal; para ellos no hubo independencia, ni reforma.
No obstante que la Presidencia Municipal de Atarjea se quemó en el año de 1922, lo que provocó la pérdida de todos los archivos, libros y documentos de los cuales podría obtenerse información valiosa respecto a los antecedentes históricos de la ciudad y del municipio en general, la investigación realizada permitió conocer que la ciudad fue fundada en el año de 1539 por el Sr. Alejo de Guzmán; quien a su llegada a la región encontró que los indígenas que habitaban el lugar se dedicaban a la extracción de oro, plata y mercurio, principalmente, motivo por el cual se interesó y los ayudó para que la explotación fuera más productiva.
Después de los indios Otomíes, a quienes se debe el nombre de Atarjea, que quiere decir lugar donde abreva el ganado, continuó la explotación minera los españoles y mestizos de aquella época, los que fundaron la mina de la Cata, de la cual sacaron principalmente plomo, plata, zinc y oro. Asimismo, se obtenía mercurio de los yacimientos de Atarjea, El Banco y Mangas Cuatas. En la actualidad se carece de la inversión necesaria para la explotación de las minas que se encuentran en el municipio.
La segunda mitad del siglo XIX reviste especial importancia en la región central del país por las dificultades que enfrentó ahí el proceso de consolidación del Estado nacional. Como buena parte del país, el centro también se encontraba enfrascado en el impasse que se vivía, sin embargo una vez que las reformas liberales fueron aceptadas en la región, su consolidación debía pasar en gran medida por la articulación de un aparato productivo basado en la extracción de los minerales, situación que en Atarjea sólo se logró marginalmente, por lo que la preponderancia de las actividades agrícolas era evidente.
Para ilustrar con más elementos la compleja organización que operaba en ese entonces, baste con mencionar que en lo administrativo el Mineral de Atarjea estaba ligado tanto al Mineral de Xichú como al Departamento de Victoria, en tanto que en lo judicial pertenecía a la jefatura política del Departamento de la Sierra Gorda, cuya cabecera estaba en San Luís de la Paz. Además de ser un pueblo mal comunicado, lo intricado de la organización política de aquel entonces ponía a Atarjea en una situación realmente difícil.
Ya en estos años del México independiente, la historia de Atarjea comienza a tomar un cariz un tanto distinto, si bien en nada parecido a lo vivido en las grandes urbes.
La fama de ser una región con grandes riquezas minerales ha sido un elemento siempre presente y hasta definitivo en la historia del municipio. Según se cuenta en varios relatos de los entonces campesinos que presenciaron y formaron parte de las luchas agraristas, llegó a Atarjea un hombre por demás peculiar, proveniente de Alemania, llamado Federico Ernest (conocido entre los lugareños como el Anchetero). Atraído por la fama de las riquezas minerales de Atarjea y por los supuestos tesoros perdidos del Rey de los chichimecas, el Anchetero dedicó buena parte de su vida a hacer exploraciones e investigaciones para explotar todas las riquezas de lo que entonces se conocía como el Mineral de Atarjea. Tan notable fue la presencia del Anchetero en estas tierras que, este personaje hacia el año de 1872 compró en 1300 pesos (monto asignado por la Secretaría de Hacienda del Estado) varios de los ejidos que hoy forman Atarjea a Mauricio Casas, quien en ese entonces fungía como jefe político en la jurisdicción de la municipalidad de Victoria. Su propiedad era de aproximadamente 12 mil hectáreas y gracias a su buena relación política con la Diputación de Minería del Congreso del Estado le consiguieron entre 1869 y 1870 el nombramiento de "guarda de la sierra" o "vigilante de la sierra de Atarjea"
De la compra de estos ejidos destacan dos hechos importantes en la evolución de Atarjea como municipalidad. El primero de ellos está relacionado con la formación legal de Atarjea como ayuntamiento, ya que aun a pesar de no tener total claridad respecto a la constitución oficial de Atarjea como municipalidad, hay que insistir en el hecho de que el Anche tero haya comprado los ejidos del mineral de Atarjea a Victoria, pues ello nos permite articular dicha compra (ya comprobado en los registros oficiales) con el hecho de que en esos años parece que el entonces Presidente de la República expidió un decreto en el que facultaba a cualquier congregación, ejido, compañía etc., con determinado número de habitantes para constituirse como municipio, resulta factible pensar que en ese tiempo Atarjea se constituyó como municipalidad, porque la compra devino en cierta autonomía e independencia frente a Victoria, de quien se dejó de formar parte. Entre tanto, hay que recordar que históricamente estos fueron los años del México convulso, en donde el cambio constante de gobiernos, las luchas intestinas primero entre centralistas y federalistas y posteriormente entre liberales y conservadores, mantenían en vilo la estabilidad política del país. México, pudiera decirse, era presa de la desorganización y el conflicto, lo cual hacía perfectamente posible la expedición de cualquier tipo de decretos o simple y sencillamente vivir y actuar al margen de lo que entonces era una legalidad bastante endeble y sui géneris.
El segundo hecho históricamente relevante se gesta gracias a que la compra despertó una conflictividad hasta entonces inédita en Atarjea, ya que parte de las elites locales, encabezadas por los Leal, se opusieron ferozmente, agazapados en un discurso en pro del bien común de Atarjea y al arraigado sentido de comunidad fundamentalmente agraria recuperada del campesinado del lugar. Sin embargo, esta oposición no prosperó sino años después en los que Federico Ernest intentó comprar aquellos ejidos que no habían sido vendidos en primera instancia y que en ese momento estaban siendo trabajados por arrendatarios, entre los que se encontraban obviamente los Leales. Así, enviaron una carta al ayuntamiento de Victoria solicitando expresamente no vender los terrenos al empresario, Lo relevante no fue sólo la reacción de los arrendatarios sino una velada ambigüedad en el discurso con el que apelaron el apoyo del ayuntamiento, ya que por momentos los arrendatarios trataban de defender de defender en lo común su derecho a la tierra mientras que en otros vacilaban pretendiendo recibir una tajada de la tierra.
Atarjea, siguiendo a U zeta (2005) y a Mallón (1994; 1995), debía ser comprendida necesariamente como parte de redes políticas regionales - estatales que orientaban cambios en el destino laboral del lugar y como eslabón en la consolidación y declive del régimen porfirista. Por lo tanto, la mera idea de una administración pública era francamente utópica, tanto por la conflictividad, como por su frágil condición de autonomía. Eran lo años en los que Atarjea se debatía por definir su identidad y llegar a sus consensos básicos propios.