Hola soy Nelly Ponce
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¿Qué es la Quiropraxia y Cómo Puede Ayudarte?
La quiropraxia es una práctica de la salud que se enfoca en el diagnóstico, tratamiento y prevención de los trastornos del sistema musculoesquelético, especialmente aquellos relacionados con la columna vertebral. Muchas personas piensan que solo trata dolores de espalda, pero su alcance es mucho mayor. En este artículo, te explicamos qué es la quiropraxia y cómo puede mejorar tu salud general.
“ARTE DE HACER EL BIEN CON AYUDA DE LAS MANOS”.
La quiropraxia es un enfoque natural y no invasivo que se centra en la alineación correcta de la columna vertebral para garantizar que el sistema nervioso funcione de manera óptima. Los quiroprácticos utilizan ajustes manuales para corregir problemas de alineación, conocidos como subluxaciones. Esto no solo reduce el dolor, sino que también mejora la movilidad y el bienestar general.
El objetivo de la manipulación quiropráctica espinal es que a través de un procedimiento en el que se aplica presión en una articulación de la columna, se usan las manos o un instrumento pequeño para aplicar una fuerza rápida y controlada. El objetivo de este tratamiento, también conocido como ajuste quiropráctico, es mejorar la función de movilidad física del cuerpo, disminuyendo progresivamente el dolor, acompañado de un enfoque natural promoviendo un cambio al estilo de vida, nutrición y ejercicio. Adicional puede ir de la mano terapias naturales herbarias, acupuntura, masajes entre otras.
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HISTORIA DE ELECTROTERAPIA
Los registros se remontan al siglo XVIII, la electroestimulación aunque habría comenzado mucho antes. En el Antiguo Egipto, así como en Grecia y Roma, se sabe que algunas enfermedades eran tratadas mediante el uso de peces que generaban descargas eléctricas.
El filósofo griego Tales de Mileto encontró un vínculo entre electricidad y magnetismo.
Lo hizo luego de frotar una varilla de ámbar con un paño, cuyo efecto atraía pequeños objetos (como cabellos, paja o plumas). Incluso, habría usado las descargas eléctricas del pez torpedo para el tratamiento de ciertas artralgias (dolores articulares).
Scribonius Largus. médico romano quien sirvió en la corte del emperador romano Tiberio Claudio. Durante ese periodo, escribió un formulario de prescripciones médicas en la que se recomendaba, entre otros, el uso del mismo pez torpedo para el tratamiento del dolor de cabeza.
Dos siglos después, el médico romano Galeno hizo más estudios en torno a la electroterapia, trabajando con diversos peces con propiedades eléctricas para tratar males como gota o parálisis facial.
Los estudios continuaron y, ya para el Renacimiento, las aportaciones del físico alemán Otto von Guericke permitieron almacenar y transportar la electricidad, por lo cual dejaron de utilizarse peces y comenzó a saberse más sobre el tratamiento del dolor en diversas partes del cuerpo.
Para 1761, el médico italiano Luigi Galvani demostró que la corriente eléctrica era capaz de activar los músculos.
Lo hizo al utilizarla sobre la médula espinal de una rana y notó que podían obtenerse contracciones musculares. Con los fundamentos planteados por el físico inglés Michael Faraday sobre electromagnetismo, las investigaciones continuaron durante todo el siglo XIX.
Durante este tiempo, se investigó más sobre el vínculo entre la contracción muscular y las descargas eléctricas. Así fue como se supo de una sustancia química que actúa en la transmisión de los impulsos nerviosos: la acetilcolina.
Los avances permitieron considerar a la electroestimulación como una alternativa terapéutica disponible y eficaz tanto para generar contracciones musculares como para el tratamiento del dolor.
Sin embargo, esta práctica fue cayendo en desuso debido a críticas sobre su efectividad y el manejo de las descargas eléctricas sobre el cuerpo.
No fue sino hasta mediados del siglo XX que la electroestimulación retomó fuerza, utilizándose en el ámbito deportivo. Para la década de 1960, los rusos comenzaron a utilizar este tipo de descargas en sus deportistas, con una fuerte intensidad.
El nacimiento de TENS y EMS
Con el tiempo, el conocimiento en torno a la electroestimulación siguió asombrando a la comunidad médica. Actualmente, se sabe que es capaz de aliviar el dolor en pacientes con enfermedades como artritis reumatoide o fibromialgia.
De hecho, puede bloquear la señal de dolor incluso antes de que llegue al cerebro. Es algo que se conoce como ‘Electroestimulación nerviosa transcutánea’ o TENS (por sus siglas en inglés).
Y para quienes practican ejercicio, la electroestimulación se utiliza para generar contracciones musculares para fortalecer y tonificar el cuerpo. A esto se le denomina ‘Electroestimulación muscular’ o EMS (también por sus siglas en inglés).
Mientras la terapia TENS bloquea la sensación de dolor, la EMS tonifica partes del cuerpo y realiza contracciones musculares.
ELECTROESTIMULACIÓN SEGURA CONFIABLE Y ACCESIBLE
Todo esto aportó para que ahora los aparatos de electroestimulación sean una opción no solamente segura, sino también accesible.
Personas en todo el mundo pueden adquirirlos, colocarse los electrodos y experimentar todas sus bondades.
Aunque TENS y EMS tienen objetivos distintos, existen aparatos que ofrecen estas dos modalidades. Por ejemplo, el electroestimulador BackVolt cuenta con un sistema de electroestimulación 3 en 1: además de aliviar el dolor (TENS), también tonifica los músculos (EMS) y proporciona un masaje relajante.
De hecho, es una opción que suele ser recomendada tanto por médicos como por fisioterapeutas en todo el mundo. Los efectos secundarios suelen ser mínimos, además de no ser invasiva ni necesitar medicamentos.
Técnica terapéutica ya descrita por Hipócrates en el siglo V a.C., de cuyos trabajos se hicieron eco Asclepíades y Galeno en el siglo II d.C., proponiéndola en la escoliosis. Los cordobeses Avicena y Albucasis, en el siglo XI, continuaron recomendándola en desviaciones del eje de la columna vertebral, fracturas y algias. La influencia clásica se extiende hasta el Renacimiento en numerosos tratados clínicos y descripciones gráficas (fig. 4.1). En todas las épocas, numerosos médicos se han interesado por ella, entre los que destacan Ambroise Paré, en el siglo XVI, y Cyriax, como el “redescubridor” y actualizador a partir de 1950.
Se define tracción como la “acción o efecto de tirar de alguna cosa para moverla o arrastrarla” (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española). La tracción terapéutica es la «aplicación de una fuerza a una parte del cuerpo para estirar los tejidos, separar las superficies articulares o fragmentos óseos». Se trata, por lo tanto, de una fuerza aplicada esencialmente perpendicular a las carillas articulares y secundariamente paralela al eje de las palancas óseas o del segmento corporal traccionado.
Se emplea en ortopedia como técnica de realineamiento y contención ósea tras traumatismos accidentales y cirugía. En medicina física tiene su base clínica como terapéutica conservadora no quirúrgica, con la finalidad de provocar la separación ósea con incremento de la interlínea articular; nos referiremos exclusivamente a esta acepción en adelante.
Las tracciones se han propuesto como la modalidad de tratamiento para los desórdenes dolorosos, las deformidades y la pérdida del arco articular, especialmente de la columna vertebral. Esta técnica se encuentra sometida a discusión, consecuencia de diversos factores:
1) Procedimiento terapéutico conocido desde la antigüedad y aplicado a casi todas las afecciones osteoarticulares
2) Bases terapéuticas empíricas.
3) Pocos estudios controlados.
4) Métodos de aplicación diversos, que han contribuido al confusionismo.
5) Parámetros de aplicación diversos no protocolizados ni comprobados.
6) Discordancia clinicorradiológica.
Según el agente motor de la solicitación, las tracciones articulares se dividen en: activas (el propio paciente es agente motor, autotracciones), de carácter manual o mediante sistemas intermediarios mecanoterápicos sencillos, y pasivas (el agente motor es alguien o algo exterior al paciente).
Según el objetivo articular, se diferencia entre tracciones vertebrales y de otras articulaciones. Dentro de las pasivas, ambas pueden ser, a su vez: manuales (se denominan, según las diversas escuelas: técnicas cinesiterápicas pasivas forzadas, manipulaciones, medicina manual ortopédica, osteopatía, quiropraxis) e instrumentales. Nos centraremos en las tracciones articulares vertebrales de tipo instrumental o de auto-tracción con sistemas instrumentales.
Asimismo, se han clasificado las tracciones vertebrales según la posición adoptada por el paciente en métodos de pie, en decúbito supino, en decúbito prono, sentado, en plano inclinado y en posición invertida.
Según el tiempo de aplicación de la fuerza durante la sesión, las tracciones se dividen en (fig. 4.2): fijas (máximas al inicio y progresivamente decrecientes), continuas (constantes en la carga, generalmente baja, y de larga aplicación, 20-40 h), discontinuas o sostenidas (con pendiente de establecimiento incremental, tiempo de mantenimiento de la carga y progresiva descarga, con duración total entre 20 y 60 minutos). Como consecuencia del empleo de máquinas electromecánicas de tracción, se ha añadido la forma intermitente (con tiempos breves de carga incremental seguidos de períodos ligeramente superiores de descarga, generalmente no hasta cero del peso; existen diversas combinaciones de aplicación) e intermitente-pulsada (períodos de segundos de duración con altas cargas, seguidos de tiempos breves de descarga total; forma «en acordeón»).
Finalmente debemos indicar que las tracciones vertebrales pueden aplicarse empleando diversidad de materiales y medios, que pueden clasificarse. En principio, se precisará un sistema generador de la fuerza: la fuerza humana del propio paciente (mesa autoactiva de Cotrel) o pesos por medio de cables y poleas, máquinas electromecánicas programables, efecto neumático (aparato portátil de Kuhlman) y la gravedad en el plano inclinado. Según las cinchas para las fijaciones, existen diversas variedades, tanto en tracción cervical como lumbar. En función del medio, se han empleado innumerables «mesas y sillones de tracción» por parte de autores de todos los tiempos y debe destacarse la posibilidad de la tracción en piscina.
Según el agente motor de la solicitación, las tracciones articulares se dividen en: activas (el propio paciente es agente motor, autotracciones), de carácter manual o mediante sistemas intermediarios mecanoterápicos sencillos, y pasivas (el agente motor es alguien o algo exterior al paciente).
Según el objetivo articular, se diferencia entre tracciones vertebrales y de otras articulaciones. Dentro de las pasivas, ambas pueden ser, a su vez: manuales (se denominan, según las diversas escuelas: técnicas cinesiterápicas pasivas forzadas, manipulaciones, medicina manual ortopédica, osteopatía, quiropraxis) e instrumentales. Nos centraremos en las tracciones articulares vertebrales de tipo instrumental o de auto-tracción con sistemas instrumentales.
Asimismo, se han clasificado las tracciones vertebrales según la posición adoptada por el paciente en métodos de pie, en decúbito supino, en decúbito prono, sentado, en plano inclinado y en posición invertida.
Según el tiempo de aplicación de la fuerza durante la sesión, las tracciones se dividen en: fijas (máximas al inicio y progresivamente decrecientes), continuas (constantes en la carga, generalmente baja, y de larga aplicación, 20-40 h), discontinuas o sostenidas (con pendiente de establecimiento incremental, tiempo de mantenimiento de la carga y progresiva descarga, con duración total entre 20 y 60 minutos). Como consecuencia del empleo de máquinas electromecánicas de tracción, se ha añadido la forma intermitente (con tiempos breves de carga incremental seguidos de períodos ligeramente superiores de descarga, generalmente no hasta cero del peso; existen diversas combinaciones de aplicación) e intermitente-pulsada (períodos de segundos de duración con altas cargas, seguidos de tiempos breves de descarga total; forma «en acordeón»).
Finalmente debemos indicar que las tracciones vertebrales pueden aplicarse empleando diversidad de materiales y medios, que pueden clasificarse. En principio, se precisará un sistema generador de la fuerza: la fuerza humana del propio paciente (mesa autoactiva de Cotrel) o pesos por medio de cables y poleas, máquinas electromecánicas programables, efecto neumático (aparato portátil de Kuhlman) y la gravedad en el plano inclinado. Según las cinchas para las fijaciones, existen diversas variedades, tanto en tracción cervical como lumbar. En función del medio, se han empleado innumerables «mesas y sillones de tracción» por parte de autores de todos los tiempos y debe destacarse la posibilidad de la tracción en piscina.
Colachis y Stohm evidencian que es en el espacio C5-C6 donde se produce la mayor riqueza del arco articular de movilidad, seguido del interespacio C4-C5 y C6-C7. Los trabajos históricos confirman que se precisa una carga mínima de 4-5 kg para contrabalancear el peso de la cabeza. El enderezamiento de la columna1 cervical se produce con cargas de entre 5 y 10 kg. Con cargas de 10 a 30 kg se evidencian separaciones intervertebrales de 1,5 mm. Concretamente, con 12 kg se han producido separaciones de 2 mm en el espacio intervertebral posterior, entre C5-C6 y C6-C7. Con la aplicación de esta gama de intensidad de la fuerza, generalmente se produce el alivio de la sintomatología dolorosa, confirmada radiológicamente con un incremento del foramen intervertebral en posiciones oblicuas. Judovich informa de elongaciones en conjunto de la columna cervical de entre 3 y 14 mm, con cargas del orden de 20 a 22 kg, con agrandamiento máximo del espacio intervertebral.
Con más de 30 kg pueden provocarse lesiones musculares y ligamentosas. Vandeplas considera óptimo un margen de 10-12 kg; los individuos normales aumentan el 20,4% la superficie de sus agujeros de conjunción y en cervicoartrósicos se incrementa el 20,8%. Si bien algunos pacientes requieren mayor carga para cumplir los objetivos, ha de valorarse que con pesos superiores a los 12 kg se incrementa el riesgo de contractura de la musculatura paraespinal (aunque algunos individuos soportan hasta 25 kg, por contracción isométrica intensa y voluntaria de esta musculatura).
El tradicional tópico de discordancia entre la clínica y la radiología se encuentra ya en entredicho al confirmarse que la máxima apertura intervertebral se produce bajo tracción cervical en los sectores C5-C6, seguidos de C6-C7, precisamente el área donde están presentes los mayores fenómenos degenerativos radiológicos y que ocasiona la localización «baja» de la sintomatología en la región del cuello. Ello da lugar a que bajo estrictos controles metodológicos de la aplicación de la tracción se genere el alivio sintomático.
Levernieux y otros autores constatan, en grandes series de estudios abiertos, la mejoría en el 60% de los casos de neuralgias cervicobraquiales agudas y subagudas, en el 88% de las tortícolis, en el 58-65% de las cervicalgias crónicas asociadas con discopatías artrósicas y en el 75% de las cervicalgias postraumáticas con radiografía normal. En estudios a doble ciego, muy escasos (con tracción placebo u otros tratamientos alternativos), los datos no confirman estadísticamente su supremacía, pero se requieren mayores series para validar las investigaciones.
INVESTIGADORES DE LA MIOFACIA.
Los padres de la liberación miofascial fueron los investigadores Ida Rolf, Andrew Still, Robert Ward y John Barnes. Janet G. Travell. En sus investigaciones hace referencia a los síndromes del dolor musculoesquelético y a sus tratamientos. Dr. Andrzej Pilat, quién ha desarrollado diversas técnicas y formas de aplicación en este campo
Definición miofascia; se ha definido como "tejido conjuntivo denso irregular que rodea y conecta todos los músculos. Este sistema es el responsable de facilitar la movilidad, la circulación celular y la elasticidad de los tejidos musculares.
Es una terapia dirigida a las fascias del cuerpo e indirectamente al resto del aparato locomotor y también al resto de estructuras y vísceras. Cuyo objetivo de la liberación miofascial, es estirar y disminuir la tensión de la fascia para que ésta y otras estructuras contiguas puedan moverse más libremente y se restaure el movimiento normal del paciente. Es importante tener en cuenta que se realiza directamente sobre la piel sin aceites ni cremas. Esto puede ser para permitir detectar con exactitud las restricciones fasciales y aplicar la cantidad adecuada de presión sostenida para facilitar la liberación de la fascia. Además, pensamos que el uso de la liberación miofascial debería promover la educación de la mecánica corporal apropiada, la instrucción del autotratamiento, la mejora de la fuerza y de la conciencia postural y del movimiento.
La miofascia puede contraerse en respuesta a una lesión, al estrés postural o a la inactividad. Estas adherencias y la tensión muscular pueden promover la formación de puntos gatillo en la miofascia, que se traducen en un síndrome de dolor miofascial, que puede convertirse en un problema crónico
En la actualidad dentro de las técnicas de liberación miofascial debemos considerar el método Stecco (la Manipulación de la Fascia, en el que se desarrolla el concepto de terapia manual creada por el fisioterapeuta italiano Luigi Stecco. Este método se centra fundamentalmente en el tratamiento de la fascia muscular profunda. Según el autor debido a la gran extensión de la fascia, este tratamiento se centra en puntos clave de esta (centros de coordinación o centros de fusión), aplicando en estos una fricción profunda para restablecer el balance lesional. Este tipo de técnica se utiliza cuando hay una restricción fascial que provoca cambios tensionales a lo largo de una secuencia, y nos va a provocar cambios a nivel de los receptores nerviosos (alterando la coordinación de los movimientos). Al parecer es una técnica que nos permite a los fisioterapeutas el trabajar a distancia del centro de percepción del dolor del paciente. En la actualidad es un método en constante desarrollo en estudios científicos, desarrollados por los hijos del creador del método, los doctores Antonio y Carla Stecco.
BENEFICIOS DE LIBERACIÓN MIOFACIAL
Mediante la liberación del sistema miofascial obtenemos beneficios terapéuticos en diferentes sistemas.
A nivel circulatorio, incrementamos el abastecimiento de sangre tisular lo que se traduce en un mayor metabolismo de la zona, mostrando buenos resultados en mujeres posmenopáusicas con insuficiencia venosa.
A nivel sistema musculoesquelético, encontramos que tras la aplicación de la técnica conseguimos un incremento del ROM a través de la eliminación de puntos gatillos latentes mejorando las propiedades elásticas de los tejidos.
A nivel del sistema nervioso, modificando el dolor difuso, fatiga percibida y calidad de vida en pacientes con fibromialgia.
La inducción miofascial aborda al sistema fascial a través de dos modalidades:
Técnicas superficiales o directas: que actúan localmente y cuyo objetivo principal es mediante la aplicación de fuerzas contra la dirección de la restricción superficial para lograr cambios en el comportamiento del tejido. Antes de intervenir, y previamente de haber realizado la inspección ocular y observar el estado de la piel, se aplica una de manera muy suave un deslizamiento con la palma de los dedos.
Deslizamiento en forma de “J” o Stroke; Una vez conocida la dirección de la restricción, colocar la palma de la mano no dominante en la región restringida y fijando la piel en sentido contrario a la restricción (Contrapresión), luego con la mano dominante el terapeuta realiza el movimiento de deslizamiento en forma de “J” en sentido de la restricción con la ayuda del dedo índice reforzado con el dedo medio o nudillo del índice. Al principio el movimiento se realiza con una presión constante y lenta, pero al llegar a la curva de la “J” se debe aplicar de forma brusca y veloz. La maniobra se puede repetir hasta un total de 7 veces, pero modificando el lugar de acción. Esta maniobra está descrita como una maniobra que solo se utiliza en pacientes con síndrome miofascial crónico.
Técnicas profundas o indirectas: que actúan globalmente eliminando las restricciones profundas, no alcanzables con una presión directa, llevando el tejido fascial restringido hacia su posición “cómoda”, relajando las fuerzas de tensión y restableciendo el equilibrio tensional. La técnica más utilizada es: