Un grupo de personas se detiene a contemplar la luz con los ojos cerrados durante cinco minutos, una experiencia que construirá un relato colectivo sobre la memoria.
Este es un espacio donde quiero invitar al público a contemplar la luz durante 5 min con los ojos cerrados. Y una vez haya transcurrido ese tiempo, se les pedirá́ a los participantes que construyan un relato sobre el lugar donde fue su memoria en esos cinco minutos. Esta práctica tan sencilla permite hablar, escribir y traducir a otros lenguajes cómo trabaja nuestra memoria, qué recuerdos atesora, cómo podemos un mapa de recuerdos en colectivo. La suma de todos esos relatos conformará el paisaje dramatúrgico, visual, coreográfico y sonoro de este proyecto.
El espacio arquitectónico de los “impluvium” de las antiguas villas romanas sirve como inspiración para el proyecto. Para ello, el objetivo es utilizar este espacio como contenedor de una futura experiencia estética y generadora de relato.
Originalmente el impluvium era un estanque rectangular que recogía el agua de la lluvia y la luz que entraba por el vestíbulo de las antiguas casas romanas. Era una caja de tránsito que quedaba abierta al cielo. Un espacio intermedio entre la privacidad de lo doméstico y lo bullicioso de la calle. De ahí, que nuestra idea sea construir un lugar que permita para la contemplación en mitad de la velocidad y los ritmos que imperan en nuestro día a día.
Un espacio para la contemplación. Detener el tiempo, nuestro tiempo. Cerrar los ojos y mirar hacia atrás y hacia delante en nuestra memoria. Estar en calma. Poder trasladarte de lugar sin apenas esfuerzo. Dibujar una nueva experiencia en el mapa de tu memoria. Generar relato. Hablar de la memoria.