Pero, sobre todo, me gustaría aclarar que para mí, como docente y ciudadano, el uso de dispositivos y tecnología en las aulas tiene mucho que ver con la necesidad que tiene la Escuela como institución de adaptarse al mundo que le rodea y de aceptar que el aprendizaje en pleno siglo XXI es un aprendizaje digital, ubicuo y permanente y que esto lo comprobamos, sin ir más lejos, con nuestras rutinas diarias. Que, por lo tanto, el uso de la tecnología en las aulas debería estar tan normalizado como lo está fuera de ella y que si no es así, la Escuela no puede cumplir con su objetivo principal que, como afirmaba Dewey, debe ser: EDUCAR PARA LA VIDA