Desde hace más de 800 años, cuenta la leyenda, que al atardecer del día 21 de septiembre de 1177, un pastor de Cuenca sacrificó todo su ganado junto al río Júcar para camuflar bajo las pieles de los animales desollados a un grupo de soldados castellanos. Así habrían podido franquear sin sospechas ni lucha, como simples ovejas con sus cencerros, uno de los postigos de las murallas de la ciudad, que fue tomada ante la sorpresa de los confiados defensores.
Lo que ejércitos de señores y nobles apostados en torno a la ciudad no pudieron doblegar en meses de asedio lo consiguió en tan solo una noche un simple pastor de Cuenca: Martín Alhaja. Y es que las empresas más difíciles, aún las imposibles, suelen ser finalmente resueltas por el pueblo llano, por hombres y mujeres de la intrahistoria dotados de valor, resolución e ingenio suficientes para abrir en cualquier momento y de la forma más inverosímil las puertas más inexpugnables, como habían sido hasta entonces las de las Murallas de Cuenca, desde las que sus defensores se burlaban de los pendones al viento de las patrullas a caballo que prospectaban para encontrar la mejor forma de atacarlas.
Y mientras Condes, Órdenes, Conventos y Señores recibieron con la incorporación de Cuenca a la Corona de Castilla grandes donaciones para fundar palacios y nutrir bolsas, con propiedades y prebendas de todo tipo, llegándose a atropellar unos con otros para ocupar el lugar más preeminente y cercano al nuevo poder, cuenta la leyenda que el Rey Alfonso VIII, casi un niño, sabedor de la proeza de Martín y enamorado de la belleza de la Ciudad que pisaba ya como propia, lo hizo llamar a su presencia para recompensarlo. Tras el encuentro, donó para siempre a todos los conquenses el inmenso territorio salvaje de los Montes de la Serranía en el Forum Concha: "del Júcar al Tajo, todo para los de Cuenca y a perpetuidad, e que no paguen por nunca tributo ninguno" dijo y refrendó con su sello. Todo para todos aquellos quienes en verdad hacen la historia y hacen una Ciudad, en respuesta a la única petición que le hizo aquel pastor al Rey de Castilla.
La leyenda termina diciendo que desde esta casa, muy cercana a la puerta de Aljaraz (hoy de San Juan) por donde se introdujo la avanzadilla del ejército castellano, todavía se siguen escuchando las esquirlas del ganado de Martín en el anochecer de cada 21 de septiembre, día de San Mateo.
¿Sabías que el Ayuntamiento de Cuenca es el segundo mayor propietario forestal de Europa, después de Ginebra (Suiza), con casi sesenta mil hectáreas en propiedad, la mayor parte de bosques y prados, que provienen de la donación que hizo el Rey Alfonso VIII en el Fuero de Cuenca a la ciudad y sus villas?
De estos montes se lleva siglos sacando madera, especialmente de pino silvestre y pino negral. La viga del techo es un buen ejemplo de ello, y seguramente descendió desde la Serranía en una de las múltiples maderadas que desde el siglo XVI eran conducidas por el río Júcar.