Del Aula al Pueblo: El "Supérate Siempre" que Trascendió como Misión de Vida
Corría el año 1975. Desde el 29 de agosto, el Perú era gobernado por el general Francisco Morales Bermúdez, quien había asumido el poder tras el derrocamiento del general piurano Juan Velasco Alvarado. Ya habían pasado siete años desde que Velasco promulgó la Ley de Reforma Agraria, una medida que marcó un antes y un después para los agricultores peruanos.
En Chiclayito, un barrio tradicional de la ciudad de Piura, la casa de la abuela Elvira Arrate —madre política de Pedro Alvarado Merino— se convirtió, en un cálido y soleado día, en el punto de encuentro de un grupo de jóvenes procedentes de Morropón.
Ese día, que aún permanece en el recuerdo de muchos, se dieron cita Humberto Tito Ruiz Gallardo, Miguel Jiménez Carrión, Jorge Taboada Martino, Germán Zúñiga Berrú, Miguel Trelles Morante, Ermis Castro More, Miguel Ruesta Taboada y Manuel Alvarado Molero; todos ellos exalumnos del glorioso colegio “Almirante Miguel Grau”, cuyo lema es “SUPÉRATE SIEMPRE”. En esta amena reunión surgió la idea de formar una agrupación de carácter cultural con proyección social, que se denominó “SUPÉRATE SIEMPRE”.
Motivados por ello, en los días posteriores viajaron a la ciudad de Morropón para elegir allí, en la tierra del tondero y la cumanana que los vio nacer, su primera junta directiva.
Este acto de elección se llevó a cabo en el Club Social, marcando el inicio de la reapertura de esta importante institución morropana, que hasta entonces permanecía con sus puertas cerradas y sin actividad alguna.
Su primer local como asociación fue la casa del señor Astudillo, ubicada en la esquina de la calle Dos de Mayo y Jr. Rentería. En este lugar se implementó una mesa de ping pong, juegos de ajedrez, damas, dominó, juegos de cartas y una mini biblioteca. Como hacía falta mesas y sillas, los mismos integrantes de la agrupación las llevaron de sus casas, mostrando desde un inicio un fuerte espíritu de compromiso y colaboración.
Aquel espacio, modesto pero lleno de entusiasmo, pronto se convirtió en un punto de encuentro para los jóvenes del barrio, donde no solo se compartían juegos e ideas, sino también el sueño común de transformar su comunidad a través de la cultura y la participación activa.
Hacer teatro, celebrar la Navidad del Niño Pobre, donar útiles escolares, visitar a los enfermos, entre otras actividades, fueron algunas de las acciones que se realizaron a lo largo de los muchos años de existencia de la agrupación. Todo ello fue posible gracias a la participación activa de más de un centenar de jóvenes entusiastas, quienes hoy, con orgullo, recuerdan haber formado parte de este noble proyecto comunitario.
Entre ellos destacan nombres como: Delfido Castro Agurto, Maximiliano Ruiz Rosales, Duberlí López Escalona, Mario Aponte Lozada, Guido Ruesta Taboada, Jorge Montero Merino, Rogelio Adrianzén Castro, Federico Sánchez Cruz, Martín Cornejo Cornejo, Percy Soler Taboada, Nélida Tacure Chicoma, Rosa Cruz Chiroque, entre muchos otros que, con su entusiasmo y compromiso, ayudaron a consolidar este movimiento cultural en Morropón.
Manuel Alvarado Molero fue el primer presidente de la agrupación, liderando por tres periodos consecutivos. Su juramentación se llevó a cabo en el local del Club Social, ante un público de aproximadamente 200 personas, marcando un inicio simbólico para el grupo juvenil. El último presidente de la agrupación “SUPÉRATE SIEMPRE” fue Jorge Montero Merino.
Durante su gestión, contaron con el apoyo constante de la señora Hilda, conocida cariñosamente como “la tía Ok”, quien solía recibirlos con frecuencia. Otra aliada clave fue la señora Esther Lamadrid de Almestar, anfitriona en el famoso “Hueco”, un espacio que se convirtió en punto de encuentro y planificación para los jóvenes.
La picantería de Carmen Aguirre y la casa de la señora Ludo fueron otros espacios que solían visitar para conversar y estrechar lazos de amistad, constituyéndose así en un gran grupo humano, una verdadera familia morropana unida por el deseo de lograr el bien común.
Con el tiempo, también se formó el Comité de Damas, que aglutinó a más de cincuenta mujeres comprometidas con la causa del grupo. Su participación fortaleció la dimensión solidaria y comunitaria de la agrupación, organizando actividades, recolectas y apoyos en momentos clave.
Manuel Alvarado Molero, más conocido como ‘Mañuco’, comenta: “En una oportunidad, mientras el país atravesaba un periodo de emergencia y regía el toque de queda, más de cincuenta jóvenes de la agrupación decidieron reunirse a puerta cerrada en el local del Sindicato de la calle Dos de Mayo. El objetivo era preparar una Navidad al estilo nuestro, con regalos, música y la participación de los niños del barrio. A pesar del contexto difícil, el espíritu solidario nos impulsaba a seguir adelante."
Sin embargo —sigue relatando ‘Mañuco’—, “aquella noche fuimos sorprendidos por una patrulla de la Policía, que nos condujo a todos a la comisaría. En el camino, lejos de sentir miedo, lo que sentíamos era una profunda satisfacción: la población salía a las calles, nos aplaudía, nos defendía. Y es que no solo hacíamos actividades culturales; también salíamos a protestar por el alza de los recibos de luz y agua, y por el abusivo costo de vida que afectaba a las familias más humildes”.
“Finalmente, los que quedamos detenidos fuimos Mario Aponte Lozada, Duberlí López Escalona, Yury Biffi, Julio Cornejo Cornejo —más conocido como 'Cuya'—, un jovencito de apellido López Paz (nieto de la señora Amalia Caramantín), y yo, Manuel Alvarado Molero. Gracias a la intervención del señor José Reyes —compadre de don Román Alzamora y amigo cercano de las autoridades policiales— y al valioso respaldo de don Julio Biffi y otros vecinos solidarios, logramos salir todos cerca de las nueve de la noche”.
“Aquel episodio, lejos de desanimarnos, reforzó nuestro compromiso. Pronto retomamos nuestras actividades solidarias y artísticas con mayor entusiasmo. El teatrín de la Municipalidad se convirtió en nuestro lugar predilecto, donde se escenificaron obras como La que te…, La gallina, La escuelita, y se declamaron poemas inolvidables como El brindis del bohemio y Yo pido para mi madre. En cada función, niños, jóvenes y adultos subían al escenario con alegría y entrega”.
“Mañuco”, recuerda con especial cariño la participación de la señora Centula Señas, acompañada por la señora Jesús García Morey, así como las declamaciones llenas de estilo de Quico Sánchez, Juan David Reyes, Florentino Orejuela y Martín Cornejo. También menciona la emotiva voz del niño Gamaniel Castillo, conocido como "Quimbo", interpretando La mochila azul, arrancando aplausos del público por su ternura en su participación.
“Nuestra agrupación —continúa relatando ‘Mañuco’—, no se limitó a Morropón. Viajamos con nuestras presentaciones a Carrasquillo, Franco, Buenos Aires, Salitral, La Matanza, y hasta Chalaco, gracias al apoyo de la señora Austragilda Frías. Además, solíamos tener enriquecedoras charlas con personas que admiraban nuestro trabajo y nos brindaban su respaldo incondicional. Nombres como el profesor Clovis Pintado Frías —autor del hermoso himno de mi Alma Mater donde estudié mi secundaria—, don Hernán Mogollón, Pedro Alvarado, don Rogelio Adrianzén y Gerardo Ramos aún resuenan con gratitud en nuestra memoria”.
“Con el tiempo, muchos de nosotros ingresamos a la vida política, participando activamente en distintos frentes y partidos. Pero para no politizar nuestra alma mater cultural, decidimos suspender las actividades de la agrupación, sin imaginar que ese sería el cierre de una etapa inolvidable”.
Hoy, Manuel Alvarado reflexiona con nostalgia:
“Ya muchos de nosotros somos abuelos, pero cuando recordamos aquellos años, lo hacemos con el corazón henchido de orgullo. Fueron las mejores primaveras culturales que vivió Morropón. Porque más allá del teatro, los poemas y los aplausos, lo que construimos fue una verdadera familia morropana, unida por la cultura, la solidaridad y ese impulso eterno de superarse siempre.”
Esta historia vive en la memoria de muchos que la protagonizaron y en el corazón de un pueblo que supo salir adelante con cultura, compromiso y esperanza.
“SUPÉRATE SIEMPRE” no fue solo una iniciativa juvenil; fue una escuela de vida, una trinchera de sueños y un símbolo del poder transformador de la comunidad organizada.
Y aunque el tiempo haya pasado, y muchos de aquellos jóvenes hoy peinen canas o acompañen a sus nietos al colegio, el espíritu de ese grupo —forjado en la amistad, el arte y la rebeldía solidaria— sigue vivo.
Porque cuando una causa nace del alma y se construye con el corazón, no muere: se convierte en legado.
Y ese legado, en Morropón, tiene un nombre: SUPÉRATE SIEMPRE.
Setiembre 2025.