CARPE DIEM
Aprovecha el tiempo presente.
CARPE DIEM
Aprovecha el tiempo presente.
Reunidos en un salón apartado del mundo, oculto entre las colinas de Vermont, un grupo de desconocidos aguardaba en silencio, sentados a uno y otro lado de la estancia. No se conocían, pero compartían algo más profundo que un nombre: el presentimiento.Había llegado ese instante decisivo en el que el alma comienza a reclamar su voz. Por eso habían sido convocados. Para recordar aquello que el tiempo, la costumbre o el miedo les habían hecho olvidar: el gozo de las palabras. Porque, pese a todo lo que alguna vez se les dijo, las palabras y las ideas no son cosas pequeñas; tienen el poder de sacudir conciencias, de transformar vidas, de cambiar el mundo.Pero no solo estaban allí para escuchar discursos. Aquella noche se les confiaría un secreto, uno que rara vez se pronuncia en voz alta.Descubrirían que la poesía no se escribe ni se lee porque sea hermosa, sino porque somos humanos. Porque estamos hechos de pasión, de anhelo, de contradicción. Se escribe y se lee poesía porque en ella habitan el amor y la belleza, y porque, aunque a menudo lo olvidemos, esa es nuestra verdadera razón de ser.Y lo comprenderían del mismo modo en que yo lo comprendí una vez, al escuchar aquellas palabras: ¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!