¿QUÉ NOVEDAD APORTA EL GRUPO ‘ALOLLANO’ EN LA PRESENTACIÓN DE LAS CANCIONES TRADICIONALES?
Texto de Miguel Manzano
1. Un repertorio que recupera lo mejor de la canción popular tradicional.
En el repertorio tradicional popular hay de todo. No por ser popular una canción tiene un valor de arte (popular) en la música y en el texto. Hay canciones tradicionales que alcanzan cotas muy altas de calidad. Las hay bonitas, sin más. Las hay repetitivas y facilonas. Las hay que tienen un gran valor documental por su arcaísmo, pero no valen para la diversión. Y las hay también vulgares, triviales, populacheras, que son una deformación deteriorada de la música popular tradicional, y no supone una gran pérdida que se olviden. El repertorio de Alollano recupera el tesoro de la música popular tradicional, lo que en el repertorio tradicional merece ser rescatado y nunca debe ser olvidado. En un tiempo en que la música popular tradicional está agonizando, hay un bloque de canciones que nunca debe morir. Hay que rescatarlas para la memoria colectiva, después de haber sido cuidadosamente seleccionadas.
2. La fuerza del canto colectivo.
La canción tradicional siempre fue una actividad común, de grupo. Siempre hubo, desde luego, cantores individuales, que entonaban ciertos géneros de canción que piden una voz bien dotada y excepcional. A estos cantores se les respetaba y se les invitaba a cantar, porque se reconocían sus dotes y se les consideraba como representantes de la tradición. Pero el canto individual nunca anulaba al canto colectivo. La estructura de la mayor parte de las canciones tradicionales está formada por estrofas, propias de una o varias voces solistas, y por un estribillo que se canta colectivamente. Las interpretaciones de Alollano respetan y recuerdan esta forma tradicional, tan olvidada en las recuperaciones de estilo folk, e invitan a que la gente aficionada siga cantando colectivamente.
3. Un repertorio para ser aprendido por la gente.
La diferencia entre Alollano y otros grupos es muy marcada en este aspecto. Para que un repertorio de canciones pueda entrar en la memoria colectiva de los que tienen afición a cantar, hay que escoger entre los millares de canciones que lo integran las que sean más aptas para el canto colectivo, para que la gente se divierta y disfrute cantando y expresando sus sentimientos. Tienen que ser canciones a la vez fáciles de retener, bellas, divertidas, hondas, dinámicas. Pero además tienen que ser presentadas, en el texto, en la música y en los arreglos instrumentales y vocales en una forma que invite a cantar con lo que se oye, y no sólo a quedarse escuchando. El repertorio de Alollano está cuidadosamente escogido para que los que escuchan se lleguen a animar algún día a cantar.
4. Un repertorio que trasciende las fronteras administrativas
En un tiempo en que cada colectivo quiere buscar sus raíces y afirmar sus diferencias con los demás grupos, la canción tradicional se presenta a menudo como un “producto cultural” propio y exclusivo de ese colectivo. Pero en música tradicional esta postura parte de un error de perspectiva. Primero, porque a pesar de que la mayor parte de las canciones no aparecen más que una versión y en un lugar determinado, siempre tienen unos rasgos musicales que las asemejan profundamente con otras muchas. Y segundo, porque leyendo los cancioneros tradicionales se puede constatar que hay un gran número de canciones que aparecen en variantes y versiones muy parecidas en un ámbito geográfico amplísimo que comprende la mayor parte de la Península Ibérica (a veces incluido Portugal, y a pesar del idioma). Estas canciones son los arquetipos que están en la memoria colectiva y nos suenan a todos, aunque no las hayamos oído nunca en una forma determinada, como si las conociésemos. El grupo Alollano, respetando, cómo no, el quehacer de tantos grupos como tratan de que se recupere la memoria colectiva de cada lugar, de cada colectivo y de cada comunidad, quiere ofrecer preferentemente las canciones más conocidas en un ámbito geográfico amplio. Casi siempre estas canciones son las más bellas, las de mayor hondura musical, las más sencillas de retener. Y son, por lo tanto, las joyas más valiosas del tesoro de la música popular tradicional, como reza en el título genérico de la antología que contiene el álbum La tonada del cardo.
5. Unos arreglos musicales esmerados.
Es esta otra de las novedades que presentan las canciones del grupo Alollano. En los arreglos musicales, se combina la sencillez, exenta de ostentaciones inútiles y de fusiones disparatadas, con la calidad del tratamiento de las voces y los instrumentos. La paleta instrumental es sobria, pero variada. En ella suenan, en grabación muy cuidada, el oboe, la flauta de pico y la flauta travesera, el bajo y contrabajo, la guitarra acústica española, el trombón, el acordeón, el piano de salón, el violoncelo, el laúd, la mandolina, y un conjunto de instrumentos rítmicos muy sobrio, apoyado en la base de un tambor de tipo tamboril tradicional.
El tratamiento armónico es el que pide cada canción. Si la sonoridad es modal, antigua, se la respeta en una forma simple y sobria, sin cometer disparates, pues la labor de restauración es siempre delicada y puede dañar la sustancia de una melodía vetusta. Y si es tonal y moderna, se huye de lo tópico y lo vulgar. No se puede seguir presentando las canciones tradicionales con una armonía pobre y reiterativa de tres acordes, imitando la canción country americana, porque tales arreglos, por llamarlos de alguna manera, empobrecen las melodías y los ritmos. Si la armonía tonal es rudimentaria y pobre, deteriora las melodías y deja clara la falta de oficio, y a veces la ignorancia del que la hace. La armonía tonal tiene que realizarse con, imaginación, tiene que sacar a flote los valores musicales que ya tienen las melodías, que se merecen un tratamiento digno y bien trabajado.
Las canciones siempre se presentan en las primeras estrofas a una sola voz, tanto en las estrofas como en los estribillos. Así el documento originario muestra todos sus valores. Se evitan los solistas en las estrofas para que la interpretación no tenga protagonismos personales y las voces de tres o cuatro cantoras o cantores se mezclen. Y se cantan colectivamente los estribillos, para destacar el contraste y para mostrar la fuerza comunicativa del canto colectivo, tan diferente del volumen que se consigue con decibelios, que muchas veces, más que comunicar, aturde.
La polifonía aparece solo al final, y no es más que un guiño (como para demostrar la riqueza de las melodías, que permitirían un tratamiento complicado si se quisiese hacerlo) y a la vez un recuerdo y un homenaje a tantos coros como han cantado y siguen cantando el repertorio tradicional, teniendo que suplir con tatatás, rinrinrins, plomplomploms y otras onomatopeyas el sonido de los instrumentos y el ritmo de las tonadas.
El grupo Alollano quiere sobre todo divertir a quien escuche, porque la canción tradicional ha sido sobre todo eso, divertimento, desde que hace mucho tiempo perdió gran parte de sus funciones. Las bellas melodías no tienen por qué desaparecer, aunque ya no se escuchen en los momentos, ocasiones y lugares para los que nacieron. Alollano quiere, como queda dicho, que la gente se anime a volver a cantar, porque la música, sobre todo la que cantamos, se nos ha dado como medio de comunicación y como ayuda para soportar la vida.