Al llegar a la piscina el detective pudo ver el cuerpo flotando en el agua boca abajo. La mujer estaba vestida con ropa de cama y las pantuflas color púrpura flotaban a un costado. Si bien no era muy grande, de unos veinte metros de largo estimó, la piscina parecía profunda. Según dijo el asistente, la mujer no sabía nadar. La había encontrado la hija más chica de la familia, cuando salió a entrenar como todas las mañanas.
Amado hizo una seña al forense y procedieron a retirar la mujer del agua. Dos buzos se sumergieron cuidadosamente y fueron a buscar el cuerpo que se encontraba en el centro de la piscina. Uno de los buzos comenzó a arrastrar el cuerpo muy despacio mientras que el otro procedía a recolectar muestras para el laboratorio.
A primera vista, sólo se veía la clásica maceración cutánea y piel blanquecina.
- ¿Hora aproximada de muerte? –dijo Amado mirando al médico forense que ya estaba examinando el cuerpo.
- Por la hinchazón general del cuerpo te diría entre tres a seis horas aproximadamente.
- Entiendo… ¿A dónde vamos ahora?