Desde la niñez el dibujo acompaña los días del pintor, distintas técnicas desde el grafito, lápiz de color, el académico óleo, más tarde fue la arquitectura y la expresión con acuarela, hoy es el acrílico con espátula y pincel.
El genial Pablo Picasso insistía “Pintar es otra manera de llevar un diario” y es así que la inspiración depende del día, de los sentimientos, de la emoción del artista.
La pintura “salva” al artista, pero son los espectadores quienes culminan una obra al interactuar con la propuesta desde lo más realista a las expresiones absolutamente abstractas, en las que la interpretación da lugar a múltiples visiones, nombres y momentos representados en la mente del observador.
En los cuadros de AGE está presente la expresión de un hombre que ha vivido, que ha trabajado, que ha formado una familia. Están presentes su amor al patrimonio arquitectónico, a las reliquias del ayer, incluyendo las locomotoras a vapor, pero también están los deseos de Libertad, las aspiraciones de salir a navegar, de salir a cabalgar, en tiempos en los que la pandemia ha restringido los movimientos de las personas, los viajes y las reuniones.
El arte acompaña al hombre desde las pinturas rupestres de las cavernas, le ha ayudado a interpretar la vida, la filosofía y ha sido soporte de motivaciones religiosas a lo largo de los siglos.
Lejos de encasillar las obras en algún movimiento pictórico, desde el punto de vista académico, AGE propone en sus obras el pasado que lleva consigo, pero también un diálogo con el espectador, al que permite ver su alma.
El hecho pictórico, no importa el tamaño del cuadro, está cargado de su propia presencia, en cada trazo la propuesta o ventana para descubrir el amor a la belleza, a los colores de la naturaleza, flora y fauna a lo que se suma el respeto y hasta admiración al esfuerzo e ingenio del hombre de otros tiempos y días que nos precedieron.
No hay un único proceso posible, el niño nace artista, libre y testarudo, pero los años lo encasillan y moldean, con el tiempo, con la liberación de las obligaciones, resurge la interpretación, el deseo de libertad, teniendo como maestra a la naturaleza, sus colores, pero sobre todo a las manchas y sus contrastes.
Un agradecimiento especial al espectador, el que percibe que no está apreciando la realidad, sino una visión particular, algo de instinto, pero también una expresión de amor, de libertad, de diálogo, de sueños compartidos y algo de magia.