Cuando Dios creó el mundo, con sus animales y plantas, dijo al hombre y a la mujer que ellos debían disfrutar de todo, comer los frutos de los árboles y poner nombre a los animales.
El primer trabajo que tuvo el ser humano fue recolectar los alimentos necesarios y pensar cómo podrían llamarse las bestias del campo.
Dios terminó su trabajo de creación pero debía seguir trabajando para mantener lo creado en orden.
El ser humano fue el primer administrador de la naturaleza. Para realizar esa tarea debían usar su inteligencia y criterio. También debían ser responsables de cumplir con lo que Dios les asignó, de administrar y señorear sobretodos los seres de la naturaleza.
Génesis 39: 1-6
Pasado el tiempo, el ser humano desobedeció a Dios y el trabajo se transformó en una carga muy pesada y en algo desagradable.
Aún así la Biblia nos enseña que el trabajo sigue siendo importante para progresar como persona.
José fue vendido como esclavo en Egipto. Lo compró Potifar, un general del Faraón. José comenzó a trabajar en el campo y desde el principio hizo su tarea de manera responsable.
Era muy listo y honesto, todos se dieron cuenta. Potifar lo llamó para trabajar en su propia casa administrando su riqueza y ganó mucho dinero gracias a José.
José era muy respetuoso con su jefe, pero la esposa de Potifar le dijo que quería ser su pareja, a escondidas de su marido. José, como respetaba a su jefe, le dijo que no. La mujer se enfadó mucho y lo echó, perdió su trabajo y terminó en la cárcel.
Cuando José entró a la cárcel, aunque estaría sorprendido y desorientado, se hizo amigo del carcelero y se ofreció a ayudarlo en todas las faenas. A medida que pasaban los meses, José se preocupaba del bienestar de los presos y aprendió cómo funcionaba todo, tanto que el carcelero ya no trabajaba, sino que dejaba todo en manos de José.
De esa manera, José no era una carga económica, pudo tener tiempo para pensar y para orar a su Dios. También beneficiaba a los demás y el ambiente de la cárcel era más positivo.