Hno. Paul AYEL FAYET
Nació en Craponne sur Arzon (Haute Loire) Francia
el 2 de diciembre de 1910
Llamado por el Padre
el 16 de marzo de 1989
en Monterrey, N.L. a los 79 años.
. - HERMANO BERNARD PAUL Jean Pierre Clément AYEL FAYET. 2 XII 1910 + 18 III 1989
INTRODUCCIÓN:
“Sí, el Sr. Paul nos convence con una demostración matemática y es tan exigente y riguroso en su raciocinio, cuando nos habla de Dios, es que Dios existe.” Este relato que llegó a su biografía nos habla de la totalidad del Hermano Paul, un Hermano dueño de sí mismo, regular como lo marcaba la Regla, hombre de oración, de deber cumplido, de pocas palabras, pero grandes acciones, nacidas de su totalidad y de su constancia. El maestro docto, sabio, prudente, que sabía exigir sin doblar sino para hacer crecer. Hermano de comunidad, que gozaba de la presencia de sus Hermanos; sencillo en sus gustos, amigable en su conversación, cercano cuando alguien requería algo, siempre presto para tender la mano, para ayudar. Congruente en su actuar y pensar; un religioso cabal donde el primer lugar lo tenía el Señor a quien en su tierna adolescencia consagró su vida. Fue francés de nacimiento y mexicano de corazón y de trabajo.
La Tierra que le vio nacer El macizo Central francés tiene poblaciones muy antiguas que fueron fundadas en el tiempo de los galos y de los romanos, reciben nombres que provienen de su toponimia geográfica como lo es la población de donde era originario el Hermano Bernard Paul “Craponne” sur Arzon quiere decir literalmente “Fuente de la Roca” esta población fue fundada en tiempo de Galos y romanos; situada en la región de Auvernia en el Departamento francés de Alto Loira, en el distrito de Le Puy -en- Velay.
Es una población de la montaña, Craponne en la época feudal estuvo amurallada, pero con el tiempo perdió su importancia, cuando vino al mundo Jean Pierre Ayel Fayet era ya un poblado pequeño y sin la importancia.
El hogar del Hermano Paul, así como sus primeros años son descrito por él mismo en la siguiente forma, veamos su relato: que nací el 2 de diciembre de 1910 mis padres fueron Jean Claude Ayel y Marie Thérese Fayet mi mamá; en una forma escueta describe su hogar que fue formado por sus padres y 7 hijos que fueron la alegría del hogar de la familia Ayel Fayet
salieron de esta cristiana familia cuatro hijos que se consagraron a Dios: 3 Hermanos de las Escuelas Cristianas: Claude, Antoine y Jean Pierre y una religiosa, y sólo tres se casaron y formaron unas cristianas familias, como en la que él nació. Sus padres se dedicaban a las labores del campo, como lo hicieron sus hermanos que quedaron en su tierra, el mismo cuando iba de visita a su tierra; ayudaba en esas labores, de vendimia y recolección de otros frutales y cultivo del campo.
Entrada al Instituto:
El 14 de octubre de 1922, a los doce años Jean Pierre se dirige a Vals, población cercana al Puy, donde los Hermanos tenían un Noviciado Menor, de donde salieron muchos de los Hermanos que llegaron a la fundación de México.
Un año estuvo en esta venerable casa porque pronto lo envían a principios de 1923 a Paris, al noviciado menor de Buzenval, lugar donde se educaban los futuros Hermanos del Distrito de Paris, pero la hégira de Jean Pierre seguirá e irá ahora a terminar su noviciado menor en Lembecq le Hall, en Bélgica. Casa que formaba parte de la Casa Madre del Instituto.
EL Novicio en Lembecq:
Su noviciado lo hace en esta misma localidad en otra sección de la Casa Generalicia el 5 de agosto de 1926 llegó al Noviciado pronto fue el día tan esperado de la Toma de Hábito y desde ese día Jean Pierre se convirtió en el Hermano Bernard Paul o Paul como fue conocido en su segunda patria: México; terminado el Noviciado hace sus primeros votos el día 7 de octubre día de Nuestra Señora del Rosario.
Al día siguiente se dirige a la sección de la Casa Generalicia donde funcionaba el Escolasticado; como se había ofrecido ir a trabajar a países de misión o donde necesitaran Hermanos, su escolasticado cambió tres veces de país: inició en Hall, al año siguiente fue enviado a Cuba a la finca de Guatao donde había funcionado el escolasticado mexicano, pero como el clima cubano no favoreció su salud, buscaron para él un lugar en los Estados Unidos, enviándolo en septiembre de 1929 a Las Vegas, Nuevo México; esto le dio una experiencia mayor y que pronto pondrá a práctica ya frente a un grupo de niños.
Hay que hacer notar que la pronunciación del español no fue perfecto en el hablar, pero si en el redactar, la ortografía y la sintaxis donde llegó a un dominio absoluto; una de sus frases célebres y que al mismo tiempo dejaba de ver su forma de ser fue: “Po fin qué” Por fin que... era una persona de decisión y entrega eso mismo exigía a quienes educaba o a quienes vivían con él, que se expresaran claramente sobre el asunto o tema que se trataba y se decidieran.
El Educador Colegio San Borja:
Terminada su formación inicial en el Escolasticado de Nuevo México inicia su labor de Colegio Francés de La Salle1936 es destinado al Colegio De La Salle, llamado también la Concepción de Belisario Domínguez 5, que en ese año iniciaba a cerrar sus puertas por precaución y miedo de que incautaran el edificio. La Comunidad de La Salle era una comunidad grande cerca de 20 Hermanos atendían 1500 alumnos de primaria, secundaria y preparatoria, que era la sección que dio origen a la escuela. Por la educación socialista a la escuela Primaria la hicieron desaparecer y nacieron los llamados “grupos”, pues la escuela funcionó por grados en diferentes casas alquiladas y cuando había una denuncia, por las noches los Hermanos cambiaban los muebles a otra dirección y alguno de los Hermanos avisaba a los Padres de Familia el lugar donde serían las clases. El Hermano Paul dio clase en dos locales diferentes en los Serapio Rendón y en Manuel Ma. Contreras. En 1938 le tocó el gusto de ver nacer tanto el Colegio Cristóbal Colón como el Simón Bolívar que fueron organizados gracias a las clases que funcionaron en los “Grupos”. Esta época fue de grandes heroísmos, pues los Hermanos en algunas circunstancias tuvieron que ir a pernoctar al campo o bien en el autobús escolar que se transformaba en dormitorio en algún camino cercano a la capital, esto se tranquilizó con la llegada a la presidencia de la República de Manuel Ávila Camacho.
Subdirector del Noviciado de Lafayette
Hermano Subdirector del Noviciado fue enviado a desempeñar este puesto a Lafayette, Luisiana. Sólo un año vivirá esta experiencia norteamericana, pues la situación en México se tornó menos complicada y el Distrito tuvo la oportunidad de volver con las casas de Formación a México; nuevamente a Tacubaya en la ciudad de México en enero de 1940.
Le tocó recibir al último grupo de novicios mexicanos que llegaron en tren y que los llevó de la Capital a la frontera de Laredo de ahí salir rumbo a Lafayette, donde fueron recibidos por los Hermanos Antonio María director, el Hermano Paul Ayel subdirector, y los hermanos franceses de la casa, que amaban a México y apreciaban a los jóvenes mexicanos que llegaban al noviciado pues todos habían estado en México.
Instituto Francés de la Laguna
Fundación del Instituto Francés de la Laguna,
La fundación del Instituto Francés fue efectivamente, así como se describió, eran los tiempos difíciles de la educación socialista que llevaron a los Superiores a pensar en refundar los colegios y las comunidades que existieron antes de 1914 y buscar en cierta forma, nuevos horizontes fuera de la Capital.
. La estancia en esta importante obra lasallista será en varias etapas, la primera en 1940 como profesor de cuarto de primaria, era el segundo año de la fundación de este centro educativo, se iniciaba a formar una tradición y se ponían las bases para el funcionamiento de esta gran escuela, estaba dirigida por un Hermano francés de la primera hora, el Hermano Carlos Thierry, el urgía a los Hermanos a que vivieran su magisterio según la Guía de las Escuelas, por lo tanto los horarios, las clases, las tareas, el tiempo de recreo, y las salidas estaban perfectamente marcadas y exigían de los maestros la presencia y ser los hermanos mayores de los alumnos.
El histórico de la Comunidad del IFL dice: “Habiendo solicitado muchas personas la apertura de un internado, el Hermano Director pidió al Hermano Visitador un Hermano para encargarse de ello. El destinado fue el Hermano Paul; pero hubo una circunstancia adversa, no se consiguió el local donde poner el internado razón por la cual el Hermano se hizo cargo de 4º de Primaria.”[1]
Un exalumno en la conmemoración de uno de tantos aniversarios del Instituto Francés de la Laguna hace una presentación sobre los Hermanos que llegaron de fundadores y los hechos que los antecedieron, escribió lo siguiente:
[1] Histórico de la Comunidad del IFL 1940
Para entonces un grupo de Lasallistas tenían en el D.F. una primaria clandestina en donde funcionaba también una secundaria disfrazada de academia de comercio, misma que era dirigida por 2 connotados Lasallistas, los hermanos Jean Fromental Cayroche y nuestro inolvidable maestro de Matemáticas Jean Paúl Ayel Fayet conocido por todos como “mesíe Pol” -Monsieur Paul-. Al tiempo la escuela cambió de nombre a Nicolás Bravo siendo su director otro conocido de todos, el hermano Carlos Thierry, a quien apoyaban los hermanos José Jesús Muñoz Zepeda, Alfredo Sánchez Navarrete, Alfonso Langle García, Luis Domínguez Valderrama y José Sánchez Espinosa. Y que vendrían a fundar el Instituto Francés de la Laguna el 7 de febrero de 1937[1]
[1] El Siglo de Torreón.
La segunda estancia en 1948, vuelve como subdirector y maestro de tercero de secundaria y cajero del Instituto. Sólo dos años estuvo, pero con ellos dejó su huella bien marcada de un hombre de disciplina y de una gran capacidad en la enseñanza de las matemáticas: “Como olvidar que todos los libros que tuvieran que ver con Matemáticas, Cálculo, Trigonometría, Analítica y demás, en los que el famoso y temido "Sr. Pol" era coautor, a quien en su "barrio francés" conocieran de niño como Jean Pierre Ayel Fayet”
El histórico del IFL habla sobre el cambio del Hermano Paul “ a mediados de febrero de 1948 para ir como Inspector y subdirector a Saltillo.
Saltillo una larga pero accidentada estancia:
El Hermano Paul tuvo una larga estancia en el Colegio Ignacio Zaragoza, que fue entrecortada por diferentes circunstancias. En el mes de agosto de 1942 es nombrado Inspector y maestro del Colegio, trabajo que va a realizar durante 8 años con una interrupción de diez meses.
En 1940, cuando llega el Hermano Paul a la “Atenas del Norte” se incorpora la Secundaria con el nombre de Academia Ignacio Zaragoza, en julio de ese año se transforma en Colegio Ignacio Zaragoza, ahora ya en la calle Hidalgo. Poco a poco va creciendo, al final de ese curso eran 261 alumnos, ya se acababa el tiempo en que había que esconderse.
La acción de formación de muchachos por parte del Hermano Paul va a ser de gran mérito, pronto el Colegio adquiere buena fama por la calidad de sus estudios y el orden que en el se vive.
El Hermano Paul aprovechó su estancia en la Capital de Coahuila para inscribirse en la Universidad y estudiar Matemáticas; en 1948 terminó su carrera brillantemente, durante está, varias veces sus compañeros le pedían que sustituyera al maestro pues sus explicaciones eran más claras que las del propio maestro.
Un año de interrupción de su presencia en el Colegio Ignacio Zaragoza por que fue enviado a seguir el Segundo Noviciado al norte de Italia en Bordighuera.
En enero de 1947, al regreso del Segundo Noviciado fue enviado al Colegio Cristóbal Colón de la ciudad de México como maestro de matemáticas, fue un corto período de seis meses, pues en julio de ese al año regresó a Saltillo nuevamente como Inspector y maestro de matemáticas en la secundaria, por sólo seis meses.
Segunda estancia en el Instituto Francés de la Laguna
Llega a medio año escolar enero de 1948, eran cambios lógicos pues la mayoría de los colegios tenían calendario A que iba de febrero a noviembre, mientras que en el norte el calendario era el B que funcionaba de septiembre a junio. Su labor era triple: Inspector, maestro y cajero del colegio; tres trabajos aparentemente difíciles de coordinar, los dos primeros eran de contacto directo con los alumnos, cosa que al Hermano Paul se le facilitaba y le gustaba, el tercer trabajo tenía sus horas de oficina, que seguramente realizaba fuera del tiempo escolar.
1950 nuevamente regresó a Saltillo como el Inspector de la escuela, realizando el mismo trabajo que antes había hecho, pero ahora los alumnos pasan de 500, sólo dos años trabajó en el Ignacio Zaragoza
Monterrey y sus montañas:
Los últimos Hermanos norteamericanos que habían fundado el Instituto Regiomontano, se reintegran al Distrito de Nueva Orleans Santa Fe, dejando la responsabilidad de la obra a los Hermanos de México. El Hermano Paul es nombrado Inspector de la escuela y maestro de matemáticas.
Su trabajo cuidadoso da una excelente disciplina y un trabajo académico serio. Estaba presente en todas las actividades de la escuela, siempre fue atento y eficiente en su trabajo; cuando estaba a punto de la creación del Bachillerato del Instituto Regiomontano fue cambiado nuevamente a Gómez Palacio, Dgo. Los exalumnos de ese tiempo lo recuerdan con cariño, y comentan los castigos que les ponía siempre de problemas matemáticos que más tarde les sirvieron en sus estudios, ya sea para aprender más o bien para repasar conocimientos.
En El Hombre de estudio
su tierra natal presentó el examen para obtener el Brevet Elementaire que le permitiera enseñar, este examen lo presentó en Metz el 26 de julio de 1926, título que lo acreditaba como maestro de primaria; ya en México se inscribe en la Universidad de Coahuila para obtener en 1948 su título de Matemáticas.
En estudios religiosos seguro que obtuvo varios de los Diplomas que otorgaba el Instituto.
Un curso de renovación fue el Segundo Noviciado que realizó en Bordighuera, al norte de Italia, curso que duraba algo más de tres meses, de septiembre al 25 de diciembre de 1947. Era un curso de renovación espiritual como Hermano, que permitía el crecimiento en la fe y en los valores del Instituto.
Y en la tercera es la vencida, en su regreso al Instituto Francés de la Laguna
Catorce años fue su tercera estancia en el Instituto Francés, en esta estancia fincó una hermosa historia de trabajo y entrega a la obra educativa de muchos laguneros y su acción se extendió a muchos lugares pues bastantes de sus alumnos eran foráneos que estaban de internos.
Sus clases fueron modelo, y su exigencia era dura pero a la vez flexible pues ayudaba a cuanto muchacho lo necesitara, eso sí no perdonaba el que no trabajaran, él explicaba una y otra vez, ponía al joven a que aprendiera conceptos de Física y una vez memorizados los aplicaba en los problemas y con esto el joven los comprendía... su frase célebre era: Etudia,... Etudia... pues se comía la “s” o la pronunciaba mal.
En 1956 llega por tercera vez al Instituto Francés de la Laguna. Su trabajo será de dirección pues se desempeñará como subdirector y director oficial de la Secundaria y Preparatoria, además de responsabilizarse de la sección de Internos mayores, o sea de los que estaban en cuartos individuales.
El Histórico de la Comunidad del Francés, dice lo siguiente: “Para el nuevo curso escolar llegó el Hermano Bernard Paul, quién se encargará de la nueva clase que se abre de Bachillerato, con esta clase se inicia un plan de estudios completo de: Primaria, Secundaria, Bachillerato y Agricultura.”[1]
Sus exalumnos lo consideran como hombre sabio que nos enseñó a estudiar, y que desesperado por nuestra tozudez decía que: "No teníamos 2 dedos de frente". Fueran 2 o fueran 3 los dedos de nuestra frente, el caso es que había que "pasar las materias" de Monsieur Paul …si querías terminar la "prepa". A los Bachilleres que terminaban e iban a cursar su carrera en el Instituto Tecnológico de Monterrey una firma del Señor Paul recomendándolo era suficiente para que entrara a esa prestigiada Universidad sin necesidad de examen de admisión su fama de excelente maestro había trascendido más allá de los muros de las escuelas de la Salle.
En julio de 1960, En espera de la nominación del nuevo Hermano Director, el Hermano Paul asume la Dirección del Colegio, para atender las relaciones con las familias y atender las inscripciones del nuevo curso escolar. Las inscripciones de ese nuevo curso fueron numerosas para Secundaria y Preparatoria. El Hermano Paul igualmente atendió a la realización de mejoras en el Instituto, como el nuevo drenaje, pintura etc. El primer día de clase llegó el Hermano Aniceto Villalba como nuevo director dejando el Señor Paul todo perfectamente organizado.[2]
[1] Histórico de la Comunidad del IFL 1956
[2] Ibid 1960
¡¡Aaaaaa!!..pero...si alguna vez sentimos “miedo” ..que digo miedo...¡¡pánico!! ...antes de entrar a un examen y eso que ya traíamos bien hecho y escondido el “acordeón” de logaritmos , cosenos y cotangentes trigonométricas- no podremos jamás olvidar ni recordar al durísimo.... “Monsieur Paúl”...(Como maldije entonces el barco que lo trajo de Francia...mmm...aunque era tal su “temple” que no dudo que se haya venido flotando agarrado de un madero) . La sola mención de su nombre aún me causa calosfríos en la medula espinal... “Paúl Ayel Fayet”... En aquel entonces el solo decir...¡¡Allí viene el Sr. Paúl!!... hacía que le temblaran los “chamorros",
Y ahí estaremos con ustedes el próximo 13 y 14 de febrero en sus festejos de aniversario. Ahí estaremos todos esos: escuadrones que gloria hemos dado a la escuela que nos dio el saber..., y recordaremos juntos a Paul, Careaga, Thierry, Boileau, Elcoro, Camino, Garcés y decenas más, de hermanos Lasallistas que ya partieron, y a quienes de alguna forma debemos algo? de lo que somos, del ¡¡cómo somos!!, y del ¡¡cómo actuamos!! [1]
En 1969 el Hermano José Cervantes Hernández ha tomado el mando del Distrito, en el IFL hay un nuevo y dinámico Director, los Hermanos mayores van a ser cambiados, quizá para dar otra cara al Colegio o bien porque eran necesarios en otros colegios, uno de estos Hermano mayores que salen fue el Señor Paul, que deja atrás 14 años de callada labor, pero muy efectiva: Subdirector, Inspector, Profesor de Matemáticas, Física y Química, Prefecto de Internos, muchas actividades que había desempeñado con gran maestría. Lo esperaba otro campo de trabajo conocido el Instituto Regiomontano
“Valga aquí la anécdota- sin apartarnos del tema-: Cuando un buen día "Monsieur Paul" partió del "Francés" porque sus "sabios" servicios eran requeridos en el colegio "Regio" de la ciudad de Monterrey, tuvieron que contratar en Gómez Palacio a 3 maestros solo para "cubrir" las clases del "Sr Pol" , que daba incansablemente desde que el sol salía , hasta que se ponía en el horizonte. - yo no sé a qué horas dormía...”
1970 Monterrey por segunda vez.
La Universidad de Monterrey tenía un año de fundada, se habían unido las Preparatorias del CUM, Labastida, Mater e Instituto Regiomontano y se habían abierto varias escuelas universitarias en los locales del CUM, y Labastida inicialmente.
El Hermano Paul tomó el liderazgo en la enseñanza de las matemáticas, e incluso dio algunas clases de Física para los médicos. Siempre estuvo atento en colaborar con esta institución. Siendo el ecónomo de la comunidad muchas veces le echaba la culpa a la U de M no haber pagada los sueldos a los Hermanos y era por eso que no había dinero.
Fue muy respetado y escuchado los once años que estuvo en la Universidad, hasta que por su sordera dejó la cátedra.
5 El Siglo de Torreón “Recuerdos del Ayer” en cada domingo de febrero 2012
[1] Recuerdo del 70 aniversario del IFL en el Siglo de Torreon
Nunca había dado clase a señoritas, pero supo perfectamente adaptarse hasta a llegar a participar en algunas de sus dinámicas y juegos, se le veía feliz, les tenía mucha paciencia y les explicaba cuántas veces necesitaban.
Colaboraba en cuando se le pedía, en las tradicionales Kermeses del Regio, era el encargado de del Banco de la fiesta, y hacia milagros para entregar las cuentas en perfecta coincidencia.
En la comunidad de Maestros de la Preparatoria era muy apreciado, se le invitaba a cuanto festejo y reunión había aunque ya no participaba como maestro, cuando era profesor de matemáticas era consultado, y siempre escuchadas sus opiniones.
Un servicio muy grande para toda la comunidad de maestros del Regiomontano fue el que fuera el tesorero de ASOL, muy atento a cuanta petición se le hacía de un préstamo y de inmediato procedía a otorgarlo, claro que era muy recto y llevaba las cuentas de una forma meticulosa.
En comunidad era muy regular, amaba participar en los paseos comunitarios, y si eran de caminata mucho mejor, ya que por un problema de corazón que tuvo de joven, su ejercicio predilecto era el caminar, ya al fin de sus días no era el subir cerros, más bien caminaba en plano y cuando se iba a parte en que el camino tenía subidas prolongadas aceptaba que se le llevara en la subida en el automóvil .Cuando llegó a Monterrey en 1970, los Hermanos jugábamos los domingos Basquet Ball, él muy fiel participaba y tenía muy buen tiro de “gancho” encestando muchas canastas.
Cuando se iba a los Estados Unidos lo hacía con gusto, desde días antes preveía su documentación. En un viaje que se hizo a Nueva Orleans, fue para el un verdadero gozo, ya que revivió el tiempo que fue subdirector en Lafayette, en la visita a la finca de Magnolia visitó el cementerio y comentó a los Hermanos que lo acompañaron detalles sobre los Hermanos ahí enterrados.
Visitas a su Familia:
Las visitas a su familia eran demasiado espaciadas una 8 a lo mucho en más de 50 años que vivió en nuestra Patria. Amaba a los suyos el contacto era la correspondencia, pero cuando tenía la oportunidad de visitarlos era ir a vivir con ellos compartir sus trabajos y preocupaciones, laborar en el campo como un agricultor más, iba a la recolección de frutos y productos del campo, gozaba con la alimentación propia de su tierra. Cuando regresaba se las arreglaba para que llegara a la mesa de la comunidad un “Salchichón” elaborado en su familia, así como un licor de hierbas llamado La Verveine du Velay. Es una bebida alcohólica contiene generalmente una mezcla de 32 plantas diferentes, que se hacía en su región pero también en la casa de su familia.
Su itinerario era muy sencillo México Paris, París su tierra el mismo día y de regreso era exactamente igual, no hacía para nada turismo, si acaso ir a Saugues donde residía uno de sus hermanos Hermano, ellos venían a casa también para convivir los tres unos días.
Fue un Hermano muy desprendido, si tenía sus apegos, en el viaje de 1948, su mamá le tejió unos guantes para el frío, que el fielmente guardó y usó cuando el frío calaba; en una Navidad que fue a pasar a la Casa Central, un Hermano vio los guantes viejos y medio rotos, y él con muy buena voluntad se los cambió por unos nuevos, cosa que le produjo una gran tristeza, pues se los tiraron, no era por los guantes sino por el recuerdo y lo que representaban para él, esa prenda confeccionada por su Mamá.
El Hermano Paul siempre fue un hermano cercano a los alumnos, en 1969, al fundarse la Universidad de Monterrey, fue titular por primera vez de un grupo mixto, y supo hacerse apreciar y querer por sus alumnas, en la segunda foto, lo vemos acompañando a los alumnos en la Peregrinación Guadalupana, las otras fotos son momentos de convivencia con alumnos de manera no formal y formal.
El Hermano Paul siempre fue un hermano cercano a los alumnos, en 1969, al fundarse la Universidad de Monterrey, fue titular por primera vez de un grupo mixto, y supo hacerse apreciar y querer por sus alumnas, en la segunda foto, lo vemos acompañando a los alumnos en la Peregrinación Guadalupana, las otras fotos son momentos de convivencia con alumnos de manera no formal y formal.
Nueva situación:
El Hermano Paul ha sufrido una operación en el corazón, en Huston, le cambiaron una válvula del corazón siendo un acierto y esa operación fue un renuevo para el Hermano, pues su corazón volvió a funcionar muy bien. Con todo se encuentra débil, pero eso no le impide continuar con sus clases y sus ocupaciones normales, se niega a darse un tiempo de descanso o bien dejar las clases
Pero un enemigo tenía, un enemigo que lleva a la soledad y es la sordera, poco a poco fue perdiendo su capacidad auditiva, se le pusieron aparatos y ciertamente le ayudaban y le permitían continuar trabajando en sus clases diarias de matemáticas en la Preparatoria; pero los muchachos, algunos de ellos abusaron, le hacían bromas pesadas y en momentos hacía que hablaban, el Hermano se fijaba que le hablaban, pero cuando había subido el volumen del aparato gritaban para que el Hermano se molestara o bien se asustara; ya eran faltas de respeto pensadas y con dolo.
El Hermano Director de la Comunidad y del Colegio decidió retirarlo de la docencia; para el Hermano Paul fue un gran dolor y una decepción. Pensó seriamente en pedir su cambio a Lagos de Moreno para ayudar en el apiario, quemó todos sus apuntes, que eran de gran valor matemático, regaló parte de sus trajes, total fue un desprendimiento de muchas de sus cosas... la alegría volvió cuando se le asignó como responsable de la documentación de la Preparatoria y representante del Instituto Regiomontano ante la UANL y se encargó de la administración de ASOL, el fondo de ayuda entre los maestros que funcionaba en el Instituto Regiomontano; estos dos trabajos los realizó hasta el día en que el Señor lo llamó, pues unas horas antes de ser llamado a la casa del Padre firmó el último cheque de un préstamo, cuando la persona para quien era el cheque lo recibió el Hermano Paul ya había partido.
RECONOCIMIENTO:
21 de septiembre de 1984 un día grande de fiesta y de reconocimiento a la labor callada del Hermano Paul: “El Gobierno de Francia, otorgó “El Grado de Chevalier dans 1º odre des Palmes Académiques al Hermano Jean Pierre Clément Ayel Fayet” El acto tuvo lugar en la Casa de Profesores del Instituto Regiomontano el día 21 de septiembre de 1984 a las 18.00 horas.
El acto de entrega de este reconocimiento lo realizó, en representación del Señor Embajador de Francia S.E. Bernard Bochet el director de la Aliance Francaise Mr. Gilbert Fabelem.
Hubo dos discursos uno de presentación de la persona homenajeada y un segundo de agradecimiento del homenajeado.
Señores Directores de Colegios y Universidades
Señores Maestros y distinguida Asistencia:
Hoy nos reunimos aquí, para un acontecimiento muy poco usual: Presenciar el homenaje tributado a un gran maestro a quien su país natal quiere otorgar una honrosa distinción.
En 1930, hace exactamente 54 años, el H. Jean Pierre Clément Ayel Fayet abandonaba su tierra natal no en plan de conquista ni de turista sino impelido de un ideal de sembrar la buena semilla en inteligencias y corazones juveniles. Y hoy once lustros después el Gobierno Francés quiere darle un reconocimiento por su labor docente en México. Quiero decirle que ha hecho un magnífico trabajo en México, que ha ayudado a abrir horizontes a tantos espíritus, que ha orientado hacia senderos de luz, de éxito y de dicha a tantas vidas. Su Patria, la Republique Francaise quiere premiarlo con la condecoración de las “Palmas Académicas” a título de “Chevalier”.
El mérito de M. Paul, como fraternalmente lo llamamos, no es otro sino la labor del educador que, sin interrupción, desempeña con rara competencia y entrega. Ese es su mérito: pasar medio siglo en medio de los adolescentes para enseñarles el camino del bien, de la verdad, del honor; mostrarles los valores que hace al hombre digno del título de “Rey de la Creación” y en consecuencia lo hacen feliz y lucero de sus compatriotas.
M. Paul ha sido maestro pues, durante 45 años. Pasó por la Capital del país y se entregó durante nueve años enseñando Matemáticas y Comercio. Un año permaneció en los Estados Unidos como subdirector, para luego establecer su cuartel en La Laguna, Saltillo, y en Monterrey, en donde radica desde 1970.
Así, de esta manera, fijó su “ateneo” en el norte del país, para enseñar y siempre enseñar y educar. Ocupó ciertamente otros puestos como Coordinador y Subdirector en Gómez Palacio y Saltillo, y aquí también en Monterrey, pero sin bajarse de su cátedra de Matemáticas, de Física y de Química, impartidas a jóvenes de Secundaria y Preparatoria. Sólo las abandonó hace dos años cuando su corazón le pidió un respiro.
Pero continúa ahora su brecha educadora, porque sigue sirviendo a la Normal del Regiomontano y a la acción universitaria de la Facultad de Ciencias de la Educación, llevando la economía y la documentación. Su vida transcurre entre los jóvenes que aprecia y comprende.
Por antonomasia Mr. Paul es maestro.
¿Vacaciones? No existen para él en su vida. Salvo media docena de veces en que retornó al terruño para estar junto a los suyos, pero no para hacerla de turista. Los días feriados no existen, tampoco, pues los pasa estudiando, preparando y haciéndoles al juego matemático, como cuando hacia los cálculos necesarios para colocar al hombre en la luna, y sin calculadora por 1950 y con acierto...
En 1833, el filósofo Víctor Cousin esbozaba atinadamente el trato del verdadero maestro en la Cámara de Diputados de Paris. He aquí como concibe al maestro ideal:
.- Es un hombre que debe saber mucho más de lo que enseña, con el fin de hacerlo con inteligencia y gusto.
.- Debe vivir en su humilde ambiente. Con todo, debe tener su alma siempre en las alturas.
.- Debe demostrar un raro equilibrio entre mansedumbre y firmeza.
.- No debe ignorar sus derechos, pero debe de pensar mucho más en sus deberes.
.- Ha de ser ejemplo de todo el mundo.
.- Sobre todo, no debe buscar salir de su misión, contento de su situación, porque hace en ella mucho bien.
.- Por fin, debe de estar decidido a vivir y morir en el seno de la escuela, al servicio de la instrucción y educación que es para él el servicio de Dios y de los hombres.
Este retrato del maestro ideal corresponde perfectamente al homenajeado Mr. Paul ya que:
Nació con intuición matemática: juega con los números y goza, por lo tanto
Enseña con amor, con pasión más bien. Es notable su paciencia y abnegación para con los estudiantes en dificultades, al repetir sus explicaciones infatigablemente.
Poco se preocupa de sus derechos de salud, de descanso, los olvida para prestar atención a sus deberes.
Goza el gran equilibrio entre mansedumbre y firmeza, con el filo de la balanza de la justicia en el punto neutro.
Fidelidad incansable a su misión que no ha abandonado desde hace medio siglo bien pasado, aun en períodos de afonía o enfermedad.
Vive con su alma siempre en las alturas, sin buscar intereses humanos, prendado del bien y la verdad, del amor trascendental.
Por lo tanto, está decidido a vivir y morir al servicio de la juventud y de la causa divina,
Esta magnífica, clara, lumiosa vocación es también vocación familiar, puesto que dos de sus hermanos lo siguen y uno de sus primos ha hecho carrera brillante en el terreno docente en Francia. Esta vocación conviene que sea reconocida y que tenga un “premio de virtud” como lo llamamos. Esto es lo que la “Republique Francaise” quiso otorgar a uno de sus hijos en este día, con las “Palmas Académicas”. Él no buscó recompensa ni condecoración alguna, sin embargo, la recibe con gusto y gratitud porque sabe que es un premio a su noble misión de educador de la juventud.
Nosotros sus Hermanos de vocación y de trabajo, sus exalumnos y amigos, nos congratulamos, lo acompañamos con profunda satisfacción, con cierto orgullo, y lo aplaudimos.[1]
El Hermano Paul responde con un pequeño pero sentido discurso a las palabras del representante de Francia, que por desgracia no conservamos y al discurso del Hermano Bernard Alphonse Grousset.
Palabras del Sr. Paul:
Sr. Gilbert Tobelem, Director de la Alianza Francesa de Monterrey y amigos todos:
Agradezco sinceramente este homenaje que hoy se me rinde. Francia, mi patria, jamás olvida a sus hijos. Los hijos tampoco olvidan a la Madre Patria.
Me he preguntado muchas veces el motivo de esta honrosa distinción yq que el Diploma dice: “Que por los servicios prestados a la Educación Nacional” y yo nunca he trabajado en Francia como Profesor. Pero la interpretación dada por el Sr. Gilbert Tobelem, diciendo que es por servicios a la educación en general, en cualquier lugar del mundo. Por esto acepto con gusto este homenaje.
Agradezco cumplidamente a mi Patria en la persona del Sr. Gilbert Tobelem, Director de la Alianza Francesa de Monterrey, esta hermosa distinción que me hace sentí internamente vinculado con el quehacer de la gran nación que es mi Patria.
Agradezco sobre todo a Dios, quien me llamó desde muy joven a una vocación dedicada a la formación de la niñez y juventud, permitiéndome dedicar toda mi vida a esta juventud. Sin esta vocación hubiera sido simplemente un pequeño agricultor en un pequeño poblado de Francia. Pero Dios me dio desde mi juventud el deseo de trabajar en un país fuera de Francia para el bien de los jóvenes.
Agradezco al Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas que me formó en le más profundo y genuino amor patrio y me dio la posibilidad de desarrolar mis dotes de servicio a través de la educación.
Agradezco a esta generosa nación, MÉXICO, por haberme acogido en su seno desde hace más de 50 años y haberme permitido darle mi vida enseñando y educando a millares de mexicanos que hoy son, la mayoría de ellos ejemplo de honradez y trabajo, de gratitud y fidelidad.
A ustedes todos, exalumnos, Padres de Familia, Hermanos, y amigos, no puedo pasar por alto este bello y sentido momento sin decirles en alta voz cuánto me alienta su presencia y me anima su comprensión y fraternidad. Gracias por todo cuanto de ustedes he recibido y por el gozo que seguirá proporcionándome su compañía.
Gracias-[2]
POESIA:
SESENTA AÑOS DE VIDA RELIGIOSA
¡Sesenta años... pasados a tu lado en dulce compañía!
Desde el cándido ardor de mi existencia;
desde la primavera de mi vida,
cuando ni los celajes empañaban
mi horizonte de luz clara y divina...;
cuando todo era paz en torno mío,
y sólo ambicionaba las ternuras ,
y tan sólo anhelaba sus caricias...
Desde la Primavera de mi vida...
Oí en el alma tu triunfal reclamo,
¡ Ah mi dulce Jesús!... Desde ese día
fuiste mi Todo: Amor de mis amores:
Y decidí entregarte mi albedrío,
cifrar en Ti mi dicha
que desde entonces irradió en mi senda,
y la iluminó de luz clara y magnífica...
¡Sesenta años!... Señor, que bien se vive
en la suave penumbra de tus atrios...
¡Gracias porque has querido suavizar mi holocausto
con tus caricias de dulzor divino
que son eterno y amoroso canto...!
Gracias porque has querido
que yo goce la paz de tu cercado,
desde la primavera de mi vida
hasta la primavera de mi ocaso...[1]
La anterior poesía fue dedicada al Señor Paul y leída durante la recepción que se le ofreció al Hermano Paul y a todas las personas que asistieron el día que le dieron las Palmas Académicas, como un homenaje a sus sesenta años de su consagración religiosa.
[1][1] Poesía dedicada al Hermano Paul en sus 60 años de vida religiosa, por José Ruiz Miranda,
[1] H. Bernardo Grousset. La Salle en México Norte septiembre de 1984
[2]Hermano Paul Ayel en la Salle en México Norte septiembre 1984
Un soneto de uno de sus exalumnos de su primera estancia en Monterrey escribió un sencillo soneto pero con gran sentimiento sobre el Hermano Paul:
SONETO AL SEÑOR PAUL
Ejemplo de cristiano y lasallista,
Poseedor de muy firmes convicciones;
Constancia en su vida y sus acciones,
Un alma de servicio siempre lista.
Vivir para servir, tal fue la pista,
D’este santo varón, sin condiciones,
Hagamos las siguientes reflexiones:
“Caminar hacia Dios, fue su conquista.
De Francia, como el Santo Fundador,
A México llegó, y la juventud,
Por más de medio siglo su esplendor,
bebió de su sapiencia y actitud.
¡VIVAMOS SU ALEGRÍA EN EL Señor!
Muchas gracias, Señor Paul, por tu virtud.[1]
El final del camino se acerca:
Desde la Navidad de 1988 el Hermano Paul comenzó a tener señales de que su corazón no estaba del todo bien; se le internó en el Hospital Muguerza y reaccionó, pero quedó aún delicado. Los doctores que lo atendieron estaban admirados de como estando en cuidados intermedios pidió una caja donde tenía sus cuentas para trabajar y lo hizo.
Regresó a casa ya limitado, su paso se hizo lento, estaba mucho en su cuarto, el hombre recio y de sentimientos muy personales y rara vez expresados se hizo tierno, reclamó la presencia de sus hermanos, se alegraba con la presencia de cualquier hermano en su cuarto, sonreía y se le notaba la necesidad de sentir la fraternidad.
[1] Su exalumno ALBERTO CARRILLO.
Los infartos se sucedieron, las señoritas enfermeras que lo atendían varias veces le ayudaron a superar el ataque, pero el día 18 de marzo de 1989 a muy temprana hora, los Hermanos iniciaban su oración matutina y las señoritas enfermeras los llaman a su cuarto, el Hermano Paul se encontraba en acostado en el suelo, las enfermeras hacían la lucha para revivirlo, en un momento de lucidez les agradece y se despide; toda la comunidad le rodea y comienza a rezar las oraciones de los agonizantes, con un gesto de la mano se despide, quizá se haya unido a la oración de sus Hermanos, pero en breves instantes entregó su bella alma al creador.
Terminó en forma tranquila, silenciosa, como vivió, no hubo signos de dolor, el alma sólo voló hacia el Señor que le llamaba diciendo, “Venid bendito de mi Padre, al reino que te tengo preparado desde el principio del mundo”.
De inmediato se hicieron los trámites y a media mañana se celebró la primera misa de cuerpo presente con asistencia de muchos alumnos, por la tarde nuevamente otra celebración Eucarística con la presencia de los Padres de Familia y por la noche una tercera celebración a la que acudieron muchos exalumnos de la primera vez que estuvo en Monterrey; por la noche a las 11pm se cerró la capilla ardiente para abrirse a la hora de oración de la comunidad que fue el oficio de difuntos y a las 12hrs. en la Iglesia de San Juan Bautista de La Salle, se celebró una misa solemne de funeral estando la iglesia totalmente llena. Terminada la Eucaristía se formó el cortejo fúnebre que lo acompañaría al Parque Funeral Guadalupe.
Mensaje del Hermano Visitador Everardo Márquez:
En la liturgia de los fieles difuntos nos recuerdan consoladoras palabras evangélicas que rezan: “Partió y volvió a la casa del Padre. Cuando todavía estaba lejos, su Padre lo vio y se conmovió profundamente, y corriendo a su encuentro la abrazó y lo besó”[1] Esta fue siempre la confianza del Hermano Paul, la de saber que Dios es nuestro Padre y nos ama, nos acoge como hijos muy queridos, a pesar de nuestras debilidades.
Estamos participando en un acto, el más grande del culto cristiano, al que llamamos Eucaristía, que es acción de gracias. Al juntarnos como familia para despedir a nuestro querido Hermano, le damos gracias a Dios por el favor que nos ha hecho de haberlo tenido con nosotros durante muchos años, y por todo el bien que ha realizado en su apostolado por la educación.
Al igual que hace muchos años el Señor dirigió un mensaje a Abraham, también, en mayo de 1928, el Señor le pidió al Hermano Paul: “Abandona tu tierra y la casa de tu padre y ven a la tierra que te mostraré...” y este recio y decidido joven, de la región del Macizo Central el Puy, deja su Patria para entregarse como misionero, primero por poco tiempo en Cuba y Estados Unidos, para después pasar el resto de su vida , 59 años, en nuestra tierra mexicana.
Hay tres ciudades que lo recuerdan con todo cariño y en donde dejó honda huella de educador cristiano. Saltillo, Gómez Palacio y sobre todo Monterrey, en donde pasó 24 años de su apostolado en el cual, como grano de trigo, quiso ser enterrado para producir mucho fruto.
En muchas ocasiones hemos escuchado el pasaje del libro del profeta Daniel: “Los que enseñen a muchos la justicia brillaran como estrellas por toda la eternidad...”[2] Cuantas generaciones de jóvenes se han beneficiado de los sabios consejos, de la experiencia y ciencia que derramaba nuestro querido Paul; pero, sobre todo, de su gran ejemplo de compromiso y fidelidad a su vocación de Religioso Educador.
Un hombre que se entregó sin medida. Un hombre que dentro de su aparente adustez encerraba un alma sumamente sensible, que en ocasiones se externaba y demostraba su profundo sentimiento de cariño hacia los demás, y la necesidad que de él tenía. Recuerdo en una ocasión que lo visitaba me comentó: “ Hermano Visitador ¿es que ya han cambiado ahora el Evangelio?, ¿Se ha borrado de él? ...estuve enfermo y vinieron a verme?..., porque ya nadie me visita... aún cuando no era exactamente eso, porque su comunidad religiosa y amigos lo cuidaron siempre con extremo cariño y entrega; sin embargo, él sentía necesidad de compañía.
Podríamos enumerar muchos de sus rasgos humanos:
.- Su dedicación y preocupación al impartir sus clases...
.- su disponibilidad constante para ayudar al que lo necesitaba. Podemos decir que vivió en espíritu de servicio... todavía unas horas antes de morir andaba preocupado porque todo marchara bien en la caja de ahorro de los maestros, que siempre llevó con extrema exactitud y delicadeza.
.- su responsabilidad... ya débil, enfermo, pero siempre puntual y presente en los lugares de servicio...
.- claro que como humano tuvo sus debilidades y sombras, sobre todo por su carácter fuerte, pero estas son las que engrandecen a la persona, cuando sabe asumirlas y corregirlas...
Su gran calidad como maestro y catedrático quedó siempre manifiesta por los magníficos resultados de sus exalumnos, quienes al ingresar a la Universidad eran muy apreciados por su preparación.
Una persona sumamente apreciada por su seriedad y exactitud en cumplir con los requisitos que le pedían en su trabajo...Muchos de ustedes son testigos de como tenía las puertas abiertas en las oficinas de la Universidad...
Como una prueba final de su calidad humana, queremos recordar la distinción especial con la que lo honró el Gobierno de Francia con “Les Palmes Academiques”, por haber dedicado más de cincuenta años de servicio, como ciudadano francés, fuera de su Patria.
Pero lo que a todos nos ha impactado más en su vida, es su fidelidad como religioso. Seguros estamos que, desde el 7 de octubre de 1927, festividad de Nuestra Señora del Rosario -el cual fue su gran devoción-, en la que pronunció sus primeros votos, consagró irrevocablemente su vida al Señor, como nos dice nuestra Regla: “Respondiendo a la llamada del Espíritu Santo, el Hermano arriesga toda su existencia, libremente y sin ánimo de volverse atrás, en seguimiento de Cristo por el Evangelio” [3]
Para todos los que lo conocimos y los que de alguna manera tuvimos la fortuna de vivir con él en comunidad, damos fe de su profundo sentido de Religioso Consagrado, comprometido a vivir plenamente una vocación de Hermano en Comunidad “Juntos y por Asociación”-
Era el Hermano que estaba siempre en todos los ejercicios de comunidad: oración, Eucaristía, comidas, paseos, convivencias, momentos de solaz y esparcimiento... y eso hasta el final, pues, como hemos sido testigos todavía el día anterior a su fallecimiento les pidió a sus enfermeras, verdaderos ángeles para él en sus últimos días que lo llevaran a la Capilla...
Su gran devoción a la Eucaristía y a María Santísima, sobre todo por el rezo del Santo Rosario diariamente.
Pero lo verdaderamente grande y que debemos hacer notar en nuestro querido Hermano Paul, fue su FIDELIDAD. Podemos decir que es un verdadero monumento a ella... y no es fácil ser siempre fiel durante toda su vida. Él fue fiel porque siempre creyó en el valor de su vida como Consagrado, en la esencia de esa consagración a Dios. Fue fiel porque tuvo fe en la fidelidad de Dios quien nos da sus dones en forma irrevocable.
Fue fiel porque entendió su consagración religiosa como una amistad especial que Dios le brindó, al mirarlo con cariño y llamarlo por su nombre, la fidelidad no es sólo posible, sino que es actitud verdaderamente lógica y coherente, en una relación interpersonal basada en amor recíproco. En la lógica de la amistad, la suprema manera de ser fieles es creer en la fidelidad inquebrantable del amigo y apoyarse en su fidelidad.
Por eso, ahora damos gracias por esa fidelidad de Dios mostrada en el Hermano Paul, y por lo mismo, con toda seguridad creemos que él ha escuchado del fiel Amigo esas palabras de confianza: Al que permaneciere fiel, Yo le daré la corona de la vida...”
Este es el camino de la santidad que nos ha mostrado nuestro Hermano Paul, originario de una tierra de Santos, algunos de ellos canonizados como el Hermano Benildo... otros no, pero también santos, como el Hermano Bernardo Grousset
El Hermano Paul nos ha mostrado este andar en la santidad, a través de una vida sencilla, entregada, comprometida. Plena en el cumplimiento de sus compromisos con Dios y con sus Hermanos.
Que su ejemplo siga presente en nuestras vidas, para que al fin de nuestra existencia podamos, como él, presentarnos ante el Señor con las manos plenas, con la satisfacción y la alegría de haber cumplido con fidelidad nuestra vocación.[4]
Un escrito póstumo realizado por el Hermano José Cervantes que fue su compañero en Gómez Palacio y compartieron autoridad y cátedra, después su visitador, escribió un homenaje al buen compañero de camino, al Hermano que supo ser testigo y entregó su vida a un ideal y a un servicio en el surco de De La Salle.
EL ÉXTASIS SUPREMO: RECORDANDO A PAUL
“No sé qué pensará Paul al leer estas líneas, quizá sólo alce los hombros y se le salga de la boca un ¡Bohhh! Lo cierto es que, habiendo largamente convivido con él, siento que algo debe decir y no puedo silenciarlo, una vez que el polvo ha cobrado su precio.
Siempre me pareció que Paul no cambiaba, que era el mismo que conocí de niño y de joven. Pero la evidencia se impuso: un día qué en la plenitud de la noche, escuché ruidos y una voz que repetía ¿Hay alguien...¨ con sobresalto me di cuenta que era Paul. Bajé con rapidez a su cuarto y lo encontré inconsciente, frío, tirado en el suelo. Desde ese momento ví que exteriormente se comenzaba a apagarse, pero surgía el hombre interior, la suprema espiritualización de su vida.
Trataba de dominar este último agobio. Insistía en llevar las cuentas de la comunidad. Se le escapaba de su mente el remolino inflacionario y le parecía exagerado el gasto de gasolina...Por sobre estas pequeñeces surgía el anciano, el hombre sabio, cuya energía ahora era toda espiritual. Le impregnaba un santo abandono.
Hablaba aún menos y decía cosas sin importancia, pero su simple presencia cambiaba la trama de la vida y la hacía trasparente. Se percibía en él la diafanidad espiritual y la solides del sentido de la vida que había realizado.
Respiraba el hálito de una energía que ya no dominaba de los hechos, sino de otra esfera, la de la vida misma. Así nos daba su última lección esclareciéndonos, no el problema matemático difícil, sino el sentido espiritual de nuestras vidas.
Sus ojos, antes vivaces, poseían un nuevo brillo: la luz del infinito. Otrora impaciente y apresurado, ahora reflejaba paciencia, la benignidad, la armonía y la calma. Me recordaba la mirada que Miguel Ángel plasmó en el retrato del Creador, en la Capilla Sixtina. Hombres así transforman en persona toda la energía de la vida.
¿Cómo enfrentó Paul la muerte, la suprema crisis de la vida? Algo podemos barruntar, Para él no fue el ladrón que llegó desprevenidamente. Se había preparado.
A cada mengua de sus energías vitales aparecía un hombre con una nueva posibilidad, la de una persona más completa, más perfecta, pues las crisis superadas iban creando al hombre interior, precisamente cuando las energías del hombre externo sucumbían. Todo el empuje de la vida se iba transformando en un hombre que, por fin, alcanzaba la plena libertad.
En ese momento de la experiencia y la cercanía de lo absoluto, que dimanaba de la interioridad, todos percibimos que Paul llegaba a la plenitud de la entrega. Que su vida estaba rodeada de algo sagrado. Una claridad sobria iluminaba su mente; su mirada, fija solo en lo esencial se encaminaba a la meta. Y, sin embargo, también percibíamos que la energía física le abandonaba, el salir de la casa se le hacía inaccesible; luego, del mismo cuarto. No le quedaba ni siquiera la cama, sino el sillón como cabecera de muerte. Pero el encogimiento del espacio externo, lo suplía con una experiencia honda de espacio vial. Al fin, incapaz de asir el cosmos exterior, el viejo Paul tenía un mundo espiritual amplísimo.
Entonces cuando el mundo exterior se encoge y el espacio vital interior se dilata, ocurre la muerte. El espacio vital se reduce hasta, que no queda nada de él y el mundo espiritual vivido se ensancha al infinito. Este es el paso cordial ya audaz, para, de una vez por todas, llegar a Dios. Sí, el momento de la muerte es plenitud, cuando a ella nos hemos preparado.
Si comprendemos el dinamismo de este proceso de plena realización, observaremos una tendencia evolutiva: el hombre tiende a realizarse, a hacerse plenamente libre: esto impulsó a Paul a abandonar sus bellas tierras del Macizo Central, a vivir feliz en los áridos desiertos, y a dominar las ciencias matemáticas para hacerse útil a los demás.
Aceptaba sus capacidades y limitaciones de antemano. No era la fácil y elegante palabra un instrumento privilegiado de la comunicación y evangelización, era su vida. Preguntaba en una vez a los preparatorianos cómo podían escuchar sin pestañear a Paul en la catequesis. La respuesta fue aleccionadora: “Sí el Sr. Paul nos convence con una demostración matemática y es tan exigente y riguroso en su raciocinio, cuando nos habla de Dios, es que Dios existe.” Confirmada aquí la intuición genial de De La Salle: “Ni sólo maestros ni sólo catequistas, sino maestros que evangelizan anunciando la Palabra de Jesús.
Gracias Paul por mostrarnos que la plenitud se alcanza, quizá por primera vez en forma definitiva, en el momento de la muerte. Así llegaste a conquistar plenamente tu libertad. Un contemporáneo tuyo, Andrés Maulraux expresa este aparente absurdo de la vida con estas palabras:
“Ustedes conocen el dicho: Nueve meses se necesitan para hacer un hombre: sólo un día basta para deshacerlo. De sobra lo hemos vivido Usted y yo. Pero considere que no nueve meses, sino cincuenta años se requieren para hacer un hombre. ¡Cincuenta años de sacrificios, de lucha, ah... y de tantas cosas! Y cuando el hombre está hecho, nada le queda ya de su niñez, cuando por fin llega a SER HOMBRE a carta cabal, no sirve sino para la muerte”[5]
Maulraux no tenía fe, tú hubieras dicho: “No sirve para la vida”. Tú viviste el momento de plenitud en tu muerte porque la viviste en vida. Quien olvida la muerte olvida la vida.
El Dios, « le bon Dieu » como decías desde niño, que había marcado tu destino del Puy a México, Gómez Palacio, Saltillo y Monterrey, presente misteriosamente en cada uno de los momentos de tu existencia, te hacía vivir, moverte y ser... El mismo al inicio de tu vida, Él mismo que te recogió haciéndote corriente misma en la corriente de la Vida y fluyendo hasta la consumación eterna.
Gracias por haber respondido en plenitud y por alentarnos a vivir esta misma totalidad en la plenitud que también nosotros aspiramos a consumar en el momento de nuestra muerte.[6]
[1][1] Luc. 15, 20
[2] Dan 12,2
[3] RC- 22
[4] Oración fúnebre. Hermano Everardo Márquez Vtr- La Salle en México Norte mayo 1989.
[5] La Condition humaine André Maulraux
[6] H. José Cervantes Hernández “ EL EXTASIS SUPREMO” RECORDANDO A PAUL