Hno. Carlos CANTÚ MENDOZA
Nació en Monterrey, N.L.
el 5 de abril de 1927
Llamado por el Padre
el 5 de marzo de 1993,
en Monterrey, N.L.
a los 66 años
HERMANO CARLOS CANTÚ MENDOZA
* 11/04/1933 + 05/03/1993
Una vocación tardía, esa fue la vocación de Carlos y que se la planteó en el cenit de la vida, ya en un período de madurez, con un conocimiento del mundo y de conciencia clara del descubrimiento que hace de la palabra de Dios y de una serie de preguntas que se ha plantado, tanto sobre el camino que ha realizado en sus años de joven y de cómo fue su camino para acercarse a la fe. Recibir llamada de Dios que llega cuando ha llegado también la madurez, y cuál es su respuesta".
“Monterrey de las montañas, tú que estás a la par del río, que a veces, con la lluvia te haces una sopa, cuando sale de su cauce le río, que hasta la Virgen del Roble cuelga a secar su vestido…Dios puso entre las montañas un nuevo Edén y lo llamó Monterrey”.
Así escribieron los viejos poetas sobre la tierra que lo vio nacer un 11 de abril de 1933, muy de mañana, a quien en la vida llevaría el nombre de Carlos, hijo de un joven matrimonio (23 y 24 años), formado por el Señor Ernesto Cantú e Inés Mendoza, quienes vieron bendecido su hogar con otros hijos que Dios les envió, ellos fueron: Gloria, Roberto, Enrique, Ernesto y, como Enrique falleció a temprana edad, el último que llegó también recibió el nombre de Enrique.
Sus abuelos tuvieron en su vida un importante papel, tanto Don Apolonio Cantú y la Señora Paula Martínez, pero, sobre todo los maternos, Don José María Mendoza y Doña Tiburcia, quien cuidó a Carlitos desde los 8 años, en que murió su mamá; con su papá contó mucho más tiempo, ya que falleció hasta 1973.
El cariño y los cuidados maternos los recibió Carlitos de su abuela materna, quien se hizo cargo de su educación y crecimiento, ya que varios años vivió en su casa, en la población de los Naranjos, N.L. municipio de Juárez, N.L.
Sus estudios los comenzó en una escuela Primaria, que parece era una escuela Católica, la cual él no la consideró como buena, dejándola para dedicarse a grabador, oficio que había aprendido y, que con sus solo 10 años ya le permitía vivir con lo que ganaba.
Ya en Monterrey y, con once años, asiste a los oficios religiosos y comulga con frecuencia en la Iglesia Catedral.
Desde muy muchacho las fiestas le atrajeron mucho, él mismo cuenta que a los 13 años le gustaban muchísimo los bailes y asistía a ellos con regularidad, pese a las desveladas consecuentes y tener que ir al día siguiente a trabajar; fue un adolescente feliz, de su casa al trabajo y los fines de semana a la fiesta, siempre fue aventurero.
Momentos difíciles:
Desde tiempo atrás comenzó a tener problemas de gripas y de bronquitis, cosa que se le complicó y vino a ser tuberculosis, una enfermedad infecciosa, de origen bacteriano, que le llevó a la temprana edad de 18 años a la intervención de un pulmón y, en ese tiempo tuvieron que ponerle cera, que más tarde le ocasionó muchas molestias para expulsarla y, que desgraciadamente no desterró del todo la enfermedad.
Estudiante:
Carlos fue un joven lector, muy aficiona a distintos temas, que le llevó a ser un lector consumado, pero no a realizar estudios académicos. Fue hasta llegar con los Hermanos que se dedicó a obtener su certificado de Secundaria y a realizar, tanto estudios pedagógicos como religiosos.
A los 20 años y, a raíz de su enfermedad, se acerca más a Dios y comienza a relacionarse con los sacerdotes del Seminario Diocesano.
Uno de los sacerdotes, viendo sus buenas disposiciones y su conducta buena, lo invita y encamina a que se integre a la Acción Católica Mexicana. Tenía 28 años cuando se convierte en un miembro activo de esta organización.
Trabajó con el Señor Ramiro Palacios Vela, quien tenía un taller de publicidad, que daba trabajo a varios jóvenes, entre ellos entró Carlos a laborar como dibujante y grabador, fue caricaturista y escritor en el Porvenir. Carlos, muchas veces fue dibujante para la diaria caricatura, aunque nunca lo firmó.
Don Ramiro fue presidente de la Sociedad de Padres del Instituto Regiomontano, y cono- ciendo a los Hermanos, de tiempo atrás y, sabiendo las inquietudes religiosas que traía Carlos en la mente, lo pone en comunicación con los Hermanos, muy probable con los Hermanos Salvador Pérez y Jorge García, con quienes tenía don Ramiro mucha amistad y comunicación. Ellos escucharon a Carlos y le ayudaron a iniciar su discernimiento y lo recomendaron con el Hermano Pedro Vela, por entonces reclutador, él, a su vez, lo pone en contacto con el Hermano José Cervantes, Visitador del Distrito de México Norte.
Estudiado su caso de persona adulta y de no haber conocido antes a los Hermanos, le proponen que vaya a vivir a una comunidad.
La Comunidad escogida fue la del Instituto La Salle de Chihuahua, lugar donde va a iniciar una reflexión más directa, un conocimiento de la vocación, el apostolado y la vida de un Hermano de las Escuelas Cristianas. La comunidad de Chihuahua estaba formada por los Hermanos Everardo Márquez Padilla, Dtr, Rubén Sámano Álvarez, Juan Gómez Moreno, Antonio Deloya Catalán y Ramiro Montaño Sánchez[1].
[1][1] Datos sobre la comunidad de Chihuahua del Hermano Ramiro Montaño.
Terminada la experiencia y, con mayor conocimiento de lo que era ser Hermano, solicita formalmente su entrada al Noviciado de los Hermanos e ingresa al Noviciado el 5 de julio de 1973, junto con otros jóvenes postulantes, siendo él el mayor de todos.
Sus formadores fueron el Hermano Director Bernard Alphonse y los Hermanos Subdirectores Emilio Elcoro y Leopoldo Angulo, y el buen Hermano ecónomo, Gabriel Caballero, sus compañeros fueron los ahora Hermanos. Recibe el Santo Hábito, el Nuevo Testamento, un Crucifijo y un Rosario de seis decenas propio del Instituto.
Al finalizar el Noviciado pasa al Escolasticado en la Sultana del Norte, donde estará de 1974 a 1978 teniendo varios logros de estudios importantes ese primer año, ya que logra obtener los certificados de Primaria y Secundaria en sistema abierto y emprender el siguiente verano para cursar su carrera de maestro normalista, al presentar y pasar el examen propuesto. Su director fue el Hermano Guilebaldo Orozco García, quien supo guiar a Carlos, quien era mayor que su director.
Los veranos los aprovecha para iniciar sus estudios religiosos, asistiendo a la Universidad La Salle de México, en el programa de Educadores de la Fe, obteniendo el Diploma y el Certificado correspondiente el 5 de agosto de 1977; más tarde, estando en Guadalajara, sigue estudios Bíblicos en el Instituto Bíblico de esa ciudad.
En la Normal del Instituto Regiomontano se prepara para adquirir los conocimientos de pedagogía y psicología y demás asignaturas que le permitirían ejercer la docencia y, el 14 de junio de 1979 recibe su título de Maestro en Educación Primaria.
Si de joven no estudió, sí lo hizo ya de mayor. Lleno de entusiasmo se inscribió en la Normal Superior Nueva Galicia para cursar la carrera de Licenciatura en Pedagogía, la cual cursó en seis veranos, sacrificando sus vacaciones escolares, para lograr su superación. Su esfuerzo, dedicación y constancia se vio premiada el 7 de agosto de 1986 en que concluye esta etapa de su preparación académica.
Su vida apostólica:
Las siguientes comunidades fueron campo de trabajo del Hermano Carlos: Guadalajara, Monclova, Cd. Obregón y Tijuana y, en tres de ellas como maestro de sexto de Primaria, donde se mostró dedicado. Si bien, ya era mayor para los niños, supo adaptarse y hacer que los alumnos avanzaran en conocimientos y en valores y logró una relación de fraternidad.
Los cursos escolares 1978-79 hasta el 1980-81 los vive en el viejo colegio Febres Cordero de República, que ya está pensando en cambiar de rumbos.
Los cursos 1981- 82 y 1982 -83 es en la tierra de la danza del venado, la tierra Yaqui de Ciudad Obregón fue su campo de trabajo, ahora en la Secundaria. Fue un maestro muy atento a la preparación de sus clases, usaba mucho el “rotafolio”, aprovechando que era muy hábil para el dibujo y el diseño, lo cual lo aprovechaba para ilustrar sus clases.
Tenía muy buena disciplina y era apreciado por sus alumnos, lo único malo es que, a veces, en sus reflexiones o en pláticas les contaba a los alumnos algunas películas que llegaron, no a escandalizar, pero sí a causar ciertas molestias en algunas familias[1].
En el Curso 1983-84 lo cambian a Monclova, donde tiene algunos problemas de adaptación y termina el curso escolar en el Colegio Febres Cordero.
Tijuana:
Nuevos horizontes y nuevas formas de trabajo le esperan. Los superiores lo destinan al Centro de Formación Integral La Salle, de Tijuana, que fue su última comunidad y el último campo de trabajo. Llega a donde comienza México en agosto de 1985, lugar donde es recibido con los brazos abiertos y, donde, gracias a su carácter sencillo y a su forma de ser nada complicada, supo ganarse los corazones.
[1] Testimonio de su Coordinador en Cd. Obegón
En la ciudad de Tijuana se había fundado una obra educativa de Educación no Formal: el Centro de Formación Integral La Salle, a donde acuden, tanto jóvenes como gente adulta, con la finalidad de ayudar a las Parroquias en los movimientos propios de las mismas, así como la catequesis.
Además, fomentando la alfabetización de personas mayores, cursos bíblicos, talleres de artes y oficios, impartidos por maestros que en forma gratuita prestan dichos servicios.
La Comunidad Religiosa en los años que vivió en Tijuana estuvo dirigida por: Los Hermanos Enrique Vargas, quien fuera fundador de la obra en 1982, por lo cual el Hno. Carlos saboreó aún las emociones de una obra que comienza y va tomando rumbo. Su segundo director fue el H. Ramón Hernández, que motivó la participación en grupos fuera del Centro y actividades con drogadictos. El tercer Hermano Director fue el Hermano Enrique González Pérez, con quien tuvo un muy buen entendimiento y realizó muchas de sus últimas iniciativas y planeó cursos.
Tubo como compañeros de comunidad a los Hermanos Juan José Martín del Campo y a los Hermanos norteamericanos Thimotty Ford, más conocido como Bro.Thim y Juanito Linch.
Los Hermanos del Distrito de San Francisco apreciaron y valoraron su trabajo y así lo expresaron:
“Nos sentimos muy agradecidos de nuestros años que vivimos de asociación con él. En la vida comunitaria y en el propio proyecto del Centro. Durante mi tiempo de Visitador, en que conviví con Carlos, siempre me apoyó mucho. Cooperaba generosamente con sus ideas en los diálogos y discusiones que teníamos para asegurar el éxito en las distintas áreas que se atienden en el trabajo”[1].
[1] Hermano Mark Murphy FSC visitador del Distrito de San Francisco. La Salle en México Norte marzo 1992.
La vida del Hermano Carlos en Tijuana en fotos
Una de sus ocupaciones era la de preparar retiros para los alumnos y para los maestros, para permitir, sobre todo al maestro, profundizar su fe.
Activo con el Patronato del Centro La Salle. En la foto durante el día de muertos iban al Panteón a vender flores para recabar fondos. Clases bien preparadas que atraían a los alumnos. Cuando falleció el Hermano Carlos los alumnos pidieron que el salón donde daba sus clases se llamara Salón H. Carlos Cantú Mendoza,
Viaje a Europa
Con ocasión de la beatificación de nuestros Hermanos mártires de España, el Distrito de México Norte ha enviado a Hermanos que no habían tenido la oportunidad de asistir a algún curso o beatificación para que conocieran Roma y algunos lugares del Viejo Continente. Le tocó al Hermano Carlos, junto con el Hermano Ramiro Montaño y Pablo Rodarte, asistir a la Beatificación, por el Santo Padre Juan Pablo II, de los mártires, a quienes presentó de la siguiente manera: “De entre ellos recordamos, en primer lugar, la comunidad de ocho Hermanos de las Escuelas Cristianas de Turón (Asturias), quienes en 1934, juntamente con el Religioso Pasionista P. Inocencio de la Inmaculada, fueron conducidos a la muerte, sin oponer resistencia alguna. Junto con la comunidad ejemplar de Turón, tenemos hoy el gozo de proclamar Beato a otro Hermano de las Escuelas Cristianas, Jaime Hilario, inmolado en Tarragona en 1937. La trayectoria excepcional de este religioso, modelo de hombre de fe en búsqueda constante de la voluntad de Dios, se manifiesta por caminos insospechados”.
El viaje se inició el 7 de abril, para terminar al día siguiente de la beatificación, el 30 del mismo mes de 1990. Visitaron con anterioridad Alemania, donde el Hermano Carlos tenía a su sobrina Magdalena, casada con un alemán llamado Crhistopher y a sus dos hijitos, que vivían en el pueblo de Freudenberg, además, pasaron por Inglaterra, Francia, Italia y Alemania.
Al llegar a Roma se encontraron con el Hermano Argeo Blanco, quien fue guía para los viajeros, en la ciudad Eterna; además de las 4 Basílicas visitaron el Seminario Mexicano, donde Carlos saludó a dos seminaristas de la Diócesis de Tijuana que estudiaban en Roma.
Así, el Hermano Carlos realizó un sueño nunca planteado, pero ahora hecho realidad.
Cursos y Retiros que vivió:
Habiendo cumplido sus años de profesión temporal y, habiendo tenido la experiencia, tanto en su consagración, como en la misión y en la comunidad, realiza su retiro de preparación a la Profesión Perpetua, en el verano de 1982, después de un retiro de 25 días , donde se consagra por entero al Señor, sin ánimo de volver atrás: “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, postrado con el más profundo respeto ante vuestra infinita y adorable Majestad, me consagro enteramente a Vos para procurar vuestra gloria cuanto me fuere posible y lo exigiereis de mí…”
En el mes de diciembre de 1991 al 26 de enero de 1992, tiene la oportunidad de seguir el CREL para Hermanos mayores de 50 años, en San Martín, cerca de la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Uno de los Hermanos escribió: “en el CREL de Buenos Aires, nuestro Fundador surgió ante nosotros como un descubrimiento en el que nuestro asombro fue creciendo al seguir la trayectoria de su vida, la solidez de su doctrina y lo profundo de sus meditaciones. Se dejó conducir por el Señor por parajes inesperados, hasta consumar la obra que era la razón de su existencia y cumplir con el destino….
Esta experiencia fue parte de lo que vivió el Hermano Carlos en la tierra de las Pampas… el Hermano escritor termina con un agradecimiento: Todo esto lo soñé en Argentina, con los Hermanos que tuve la satisfacción de convivir y la alegría de admirar: Maurilio Barriga, Antonio Pulido, Ernesto Saucedo y Carlos Cantú…[1]
Fue, sin duda, una experiencia formativa muy importante para el Hermano Carlos, tanto desde el punto de vista de conocer Argentina y sus bellezas, como el trato con otros Hermanos y otras culturas y, a la vez, fue el momento en que inició la preparación para el encuentro definitivo con el Señor de la Vida, ya que estando en Buenos Aires se recrudeció la enfermedad que le llevó a la Casa del Padre.
El otro Carlos:
Como entró ya pisando la cuarta década de la vida, tenía gustos especiales: le encantaba llamar a las personas en femenino, por lo cual recibió el sobrenombre de “La Charala”; no lo hacía por molestar, sino para provocar ilaridad; en cuanto a sus diversiones, amaba ir al cine y le gustaban las películas mexicanas de “rompe y rasga”, algunas no del todo decentes, pero él las gustaba y cuando comentaba algo sobre ellas destacaba valores que había encontrado (sic), igualmente gozaba del teatro de revista, con cómicos hábiles en lenguajes especiales, que le hacían reír… Una diversión que le encantaba y le permitía el diálogo con las personas eran las idas a tomar café, pues para él eran ratos de solaz, de estrechar amistad y, muchas veces también de apostolado.
Obrero de la hora undécima
TESTAMENTO ESPIRITUAL del Hermano Carlos Cantú Mendoza:
En el último año de su vida, el Hermano Carlos escribió varios artículos para las Revista La Salle de ese año:
En julio escribió bajo el título ¡Ánimo, queridos Herma- nos!:
Muy queridos Hermanos:
…Pues, mis queridos Hermanos, no me queda otra más que la parte de la viejita del comercial: “echarles porras”. Le ofrezco al Señor mi vida y mi oración para que pronto me recupere y pueda trabajar con ustedes y, para que ustedes trabajen con mucho ánimo y ganas, para que todo este mundo nuestro sea más humano, más hermano. Que la gente vea que nuestra entrega es total, que le echamos ganas a lo que hacemos, que queremos lo mejor para los demás, que nos sacrificamos para que los demás sean felices.
Más… no basta que vivamos de porras, es importantísimo para nuestra vida y la de los que conviven con nosotros que descubran un “algo de fascinación” en nosotros, algo así como lo que movió a Moisés a acercarse a la zarza ardiente. Sí, tenemos que luchar para bajar a Dios con nosotros. Creo que es lo que quiere decirnos nuestro Padre Fundador con el espíritu de fe, hacerlo todo con la mira puesta en Dios. También nuestra Regla lo expresa maravillosamente: “Los Hermanos suben a Dios por la oración, todas las mañanas y bajan con todas las gracias que repartirán entre sus discípulos durante el día”.
¡Ah, mis queridos Hermanos! De veras que tenemos que luchar para descubrir esto, para entender la gran bondad de Dios al querernos hacer partícipes de su Poder. ¡Ojalá que cada uno de nosotros pudiera hacer propia la expre- sión de San Pablo: “No soy yo el que vive, sino que es Cristo, quien vive en mí”.
Por esto, vale mucho la pena que vivamos nuestra vida de oración, de meditación, de contemplación, en un estar atentos, preguntándole al Señor, ¿qué quieres que haga? Esto ha de ser siempre; en caso contrario nos envolverá la rutina, el aburrimiento y será nuestra autodestrucción. Hermanos, la verdad es que no nos queda más que implorar la Misericordia Divina y darle sentido a nuestra vida religiosa. Entonces, entreguémonos por los demás, sirvámosles, ayudemos a nuestros Hermanos. Para ello observemos las necesidades de nuestros Hermanos de comunidad ¿qué podemos hacer por ellos?, a la mejor solamente saludarlos. Después, veamos a los que están en nuestro servicio, ¿qué podemos hacer por ellos? Luego vayamos al trabajo en la escuela, ¿cómo me relaciono con los maestros y con los alumnos? ¿encuentran diferencia entre mi yo religioso, o no?, ¿Qué tengo que hacer para que se den cuenta que soy religioso?
Adelante, pues, mis queridos Hermanos, somos del equipo cuyo capitán es un Vencedor, entonces no podemos fracasar, porque Él nos asiste, Él nos da la gracia para que todas nuestras empresas triunfen. Si Él está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? Dejémonos arrebatar por su Espíritu, pidámosle que nos ayude a ser fieles y buenos servidores, imploremos su misericordia para que venzamos nuestro egoísmo, para que así Él nos use según su Voluntad. Si no nos entregamos, ¿para qué sirve nuestra vida? ¿qué no nos ha dicho Él “sin Mí nada podéis hacer?
Hermanos, si no tenemos fe, si no hemos descubierto nada de esto, pidámosle la fe, pidamos nuestra conversión… con Él no se juega, con Él siempre se va adelante, Él no se puede quedar estacionado, ni siquiera en primera fila.
¡Ánimo!, Hermanos, sembremos con gozo y alegría; todo lo que hagamos en su nombre vale muchísimo. Él nos tiene preparados grandes gozos y dichas, no solo arriba, sino aquí y ahora. ¿No lo están sintiendo? El cielo ya empieza desde aquí, hasta la eternidad.
Sus otros artículos se titulan: Ídolos del 92, Agua que no corre y Consejos de un padre a su hijo, que fue su ultimo escrito y, quizá, lo último que logró relacionar y redactar ya con el problema cerebral. Sí, son un legado, ya que con anterioridad poco o nada había escrito para todos los Hermanos.
Testimonios del final de la vida
Un postulante que estuvo a su lado, escribió lo siguiente sobre el Hno. Carlos: Una de las exclamaciones que, por última vez, oí en su lecho del hospital, fue la de:
¡Ya vámonos! y se aplican a tu fallecimiento, en camino hacia tu ciudad natal y a tu ansia por volver a la casa del Padre Celestial.
Tu enfermedad te sirvió como medio de unir tus sufrimientos a los de Cristo, logrando una purificación y grandes méritos para tu persona, tus familiares, tus amistades , los Postulantes y los conocidos.
En medio de tus dolores mostraste gran paciencia y, de tu boca no salieron reproches a los designios providenciales de Dios. Ante estos, solo tenías la pregunta: ¿Por qué yo, Dios mío?, seguida de una peti c:ión : ¡ Ya l¡. lévame, Padre mío ¡
La recepción de la Eucaristía que te traía a tu cuarto una monjita, te fortaleció en tus horas de sufrimiento, la visita a la Capilla del hospital, en tu silla de ruedas, de seguro te reanimó en tus penas .
Los brazos paternales de Dios, así como las manos maternales de María, te recibieron a tu regreso a la mansión celeste .
Que Dios lo tenga en su santa gloría, porque creo que supo ganársela con su sonrisa, con su optimismo. con sus ganas de vivir .
Es cierto, sí, que a veces lo llegamos a criticar, por lo cual le pido perdón y, por otra parte, le doy gracias por sus consejos, por su ejemplo de perseverancia, por su modo de aferrarse a la vida, pero que al final, solo Dios decide lo que ha de suceder y, lo que ha pasado en su viaje a Monterey, es su voluntad.
Hermano Carlos: Ahora que usted se encuentra ya gozando de lo que no podemos describir con palabras, ni nuestra mente alcanza a comprender y, que solo decimos que es "la gloria de Dios", quiero agradecerle por todo lo que nos dio: su tiempo, su esfuerzo y deseo por darnos clase y, más que nada, formarnos como Hermanos, de prodigarnos su amistad, sus oraciones, en fin, todo.
Carlos: Ahora sí que está Dios contigo, como siempre estuvo ese "Padre mío", que repetías durante tu enfermedad, en tus momentos de dolor y angustia, ahora lo puedes decir lleno de alegría y felicidad . Y, por esto me alegro desde lo más hondo de mi corazón. Luego de la larga purificación que Dios te pidió, estás con El.
Cuando en los dolorosos tratamientos a que eras sometido, a veces tu cuerpo se resistía a cooperar con tus abnegados enfermeros: Marcos, Eduardo y Roberto, algunas veces reconociste tu cobardía. Más cobarde fui y, que no soportaba verte sufrir y, no supe tener palabras de aliento para apoyarte y consolarte. Decirte, por esto, "perdón” ··creo que será suficiente, pero sé que comprenderás mi debilidad y pobreza.
Cartas enviadas al Hno. Carlos:
Sus amigos, especialmente de Tijuana, le escribieron bastantes cartas, como forma de hacerse presentes, de expresarle su cariño y lo importante que había sido su acción para ellos y desearle una pronta recuperación. Se presentan algunas de ellas:
"En nombre de Jesucristo doy contestación a su carta deseándole lo mejor para su salud y su persona.
Sus cartas se las leo a mi esposo, se las doy a que las lea y nos han ayudado bastante y le pido no deje de seguir escribiéndome, por favor, parce que nuestras relaciones van mejorando.
Gracias a Dios, a la Virgen Nuestra Madre Santísima, a mis súplicas y a sus consejos.
Otra carta
Le tengo 2 buenas noticias: una, que en enero, Dios mediante, voy a trabajar impartiendo lo que me enseñaron ustedes: Biblia, asesorada por el Hermano "Tim" y Adriana y, cuando pueda con usted. Dios me ayude en este compromiso.
Y, la otra, que si Dios me concede, nos vemos en enero o febrero del 93, ya que iremos a Guadalajara.
Le mandan saludar las Catequistas y mi esposo. De mí, el sincero cariño de su hermana en Cristo Jesús"[2].
"Por medio de la presente te envío un caluroso abrazo, esperando te encuentres bien de salud.
Estimado amigo: discúlpame por no haber contestado tu carta , pero no creas que no me acuerdo de ti y le pido mucho a Dios para que proto estés rebosante de salud .
He estado informándome de tu salud y me han dado buenas noticias de que ya estás mejorando día con día.
Platícame cómo te ha ido en tu nueva COMUNIDAD, cómo se portan los nuevos aspirantes a Hermanos?
¡Oh, se me olvidaba! Posiblemente vaya en abril a Guadalajara, de modo que te pones bien de salud para irnos a tomar nuestro cafecito y charlar mucho y me enseñes la Ciudad. Que nuestro Padre Dios te de bendiciones cada
día para que mejores y estés rebosante de salud .
Te desea tu amiga de siempre y hermana en Cristo Jesús"[3].
Llegada a la comunidad del Postulantado
Cuando llegó a Guadalajara fue directamente al Hospital de la Trinidad y, al descubrir su enfermedad, pidieron que lo sacaran, por no tener cómo atenderlo y que lo llevaran al Hospital San Francisco, donde sí lo podían aislar. Estuvo cerca de un mes y se le trasladó a la casa del Postulantado, aunque mucho de su vida lo hacía en la comunidad del Febres y, era muy penoso que tuviera que comer en mesa aparte, que los utensilios que usaba en la comida se tenían que incinerar, pues su enfermedad era muy contagiosa. Todo el día tenía que expectorar y esas expectoraciones venían acompañadas con sangre, producto de su mal pulmonar. Con todo, no perdía el buen humor.
La casa le ofrecía un ambiente de tranquilidad y renacen sus esperanzas de sanar. Su tiempo lo emplea en descansar, leer , reflexionar y rezar, bajo la sombra de un frondoso árbol, ver algo de televisión, escribir algunos artículos para la Revista La Salle del Distrito, acompañar a los Postulantes en los ejercicios espirituales y en las comidas , etc…
Al fin del mes de enero empieza a decaer su estado de salud física y metal, por lo que el Hno. Jorge Bonilla lo lleva a - hacerle unos análisis. Los resultados son tristes y desalentadore: le encuentran los pulmones totalmente infectados y, además, la tuberculosis se ha alojado en el cerebro.
Se le hospitaliza en el Sanatorio San Francisco de Asís, para que reciba las atenciones médicas, en ese momento ya paliativas, pues su estado era irreversible en su gravedad. Está cuidado por sus dos enfermeros Marcos y Eduardo, día y noche. Las visitas son cortas, pero constantes y, así se van turnando los Hermanos del Postulantado , del Colegio Francisco Febres Cordero y de sus familiares, venidos de Monterrey, entre ellos sus hermanos Ernesto y Enrique, con sus familias, para alentarlo con su presencia y sus palabras.
Sugieren llevárselo a Monterrey para seguirlo cuidando y levantarle el ánimo, pues cada día va perdiendo fuerzas físicas. Aprovechando una relativa mejoría, bajo su responsabilidad , los consejos médicos y la anuencia de los Superiores, su hermano Ernesto lo lleva en una Ambulancia bien equipada, con los cuidados de una Doctora y de sus 2 abnegados enfermeros; era el 5 de febrero de 1993.
Al salir de Guadalajara ya iba mal, sus signos vitales eran variables y, al bajar por la carretera a la Barranca de Oblatos, pese a los esfuerzos de la doctora y de sus abnegados enfermeros que lo cuidaron con gran cariño, falleció, ya continuaron hasta Monterrey con el cadáver para levantar el acta de defunción y comenzar los trámites para su velación y entierro.
“El mismo 5 de febrero, viernes, lo llevan a la Funeraria donde lo preparan y, una vez terminada esta acción lo revisten con el hábito de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y lo llevan para velarlo al Escolasticado.
La expresión de su cara era de paz y tranquilidad ; esa noche su velación, con la asistencia de sus familiares y Hermanos de la Ciudad de Monterrey, en el CLES.
El sábado 6 se celebra una Eucaristía de cuerpo presente en la Iglesia de Corpus Christi, de la Colonia Contry . A esta celebración asistieron sus amistades de infancia, las cuales también pudieron ver al Hermano Carlos por última vez y, comentaron sobre su semblante de tranquilidad y de paz que tenía. Los rastros de la sonda, del oxígeno, del extractor de flemas se habían borrado.
Como que estaba contento por morir en su tierra natal, como lo había deseado. Era el mediodía.
De ahí lo trasladaron al Parque funeral Guadalupe y lo sepultaron en la Cripta de los Hermanos Lasallistas.
El Hermano Visitador pronunció una oración fúnebre y acompañaron el momento los Hermanos de las comunidades cercanas y sus compañeros de Noviciado, los HH. Marco Antonio Moreno Siqueiros y José Antonio Mellado”[4].
ORACIÓN por el Hno. CARLOS CANTÚ MENDOZA
SEÑOR: Por el designio de tu Providencia amorosa, llamaste a tu Reino a nuestro Hermano Carlos.
Nosotros, que contemplamos lo eterno a través del velo de lo temporal, nos llenamos de tristeza al verlo partir. Con el fardo de su dolor a cuestas, la palidez de su rostro, pero… !Qué energía interior! ¡Qué valor ante el sufrimiento! ¡Qué lección tan grande nos da con su muerte!
Se alejó de nosotros por un largo camino doloroso, lo vimos sufrir, sufrir mucho por su enfermedad pulmonar. Pero fue tu voluntad que así lo dispuso, para que aquilatara su virtud por medio del sufrimiento.
Escuchó la llamada de tu Voluntad para que ingresara a la vida religiosa ya grande. No obstante, lo dejó todo, cuando ya tenía el porvenir en sus manos; cuando el sentido de la libertad está en plenitud. Él se ató voluntariamente con los votos religiosos y llegó hasta el final.
Obrero de la hora undécima, recibió la misma paga que el tempranero, así eres Señor de bueno, este es tu estilo, por eso te llamas Padre.
Señor, te pido que lo tengas en tu Reino, a pesar de sus pequeños defectos. Cuántas veces no podía trabajar con la intensidad que hubiésemos querido, por su enfermedad que llevaba a cuestas, pero él hacia lo que podía con la mejor buena voluntad…
Al querer regresar a Monterrey, Tú le saliste al encuentro y lo llamaste a tu Reino.
Señor: Una vez más te digo que me dio mucha tristeza verlo partir de entre nosotros, pero estoy seguro que es un Hermano más en la comunidad Lasallista del cielo.
Que el Hermano Carlos Cantú sea un intercesor más ante Ti y, que pronto mande su reemplazante, para que siga haciendo el bien, como él lo hizo.
Te lo pedimos por Tu Madre Santísima, Madre de las Escuelas Cristianas y por nuestro padre San Juan Bautista de La Salle. Amén.
Hno. Juan Ignacio Alba Ornelas
[1] Escrtido del Hermano Genaro Magallanes en La Salle en México Norte abril 1992
[2] ´Ángeles y Serafines 28 12 1992
[3] Rosa Esther Vargas Mendoza 6 de diciembre de 1992
[4] Reportaje del Hermano Ramiro Montaño.