El ballroom llegó a su vida como un refugio y una revolución. A través de este movimiento —una mezcla de danza, performance, identidad y resistencia— Zafiro pudo expresarse con libertad, sin filtros ni miedos. Fue en un evento en Pereira donde conoció este mundo por primera vez, y desde entonces, su vida cambió.
Poco después se unió a la Casa Karma, una familia dentro del ballroom. Allí encontró apoyo, hermanxs, y un sentido profundo de pertenencia. La Casa Karma no fue solo un grupo, fue una red de amor, de aprendizaje y de empoderamiento. Con ellxs, Zafiro no solo perfeccionó su arte, también sanó partes de sí que el mundo había intentado romper.
Hoy, Zafiro es una voz potente dentro y fuera del ballroom. Habla desde su experiencia, desde la vivencia y desde el corazón. Es un ejemplo de cómo el arte puede transformar vidas, de cómo resistir también puede ser bailar.