Como una de las expresiones más auténticas del folclor musical del departamento del Huila, el Rajaleñas se conserva vivo desde su surgimiento en zonas rurales como urbanas de los diferentes municipios.
En el Huila, se utiliza en los campos, al verbo rajar, bajo la acepción popular de hablar de otros o cuando no están presentes, para mal o para bien. Es acostumbrado por ejemplo, que si alguien llega tarde o por coincidencia a una reunión, los conocidos le dicen: -que coincidencia...! Estábamos ensayando de usted o aquí rajando lo que paso tal día, "Rajar" es comentar cosas con cierta malicia, picardía, indirectas, son ingredientes especiales del Rajaleñas (Guzmán, L. C, 2006, p. 26)
Organología
El rajaleñas, como manifestación popular originada en las zonas rurales del Huila, se caracteriza por el uso del tono menor y se distingue de otros ritmos folclóricos del país gracias a su particular combinación de instrumentos, algunos heredados de distintas culturas y otros creados localmente con características sonoras únicas.
Instrumentos de cuerda
La guitarra: De seis cuerdas, es empleada en el rajaleñas en su versión marcante, de caja profunda, mástil largo y particiones de diapasón, que le dan una sonoridad destacada a sus bordoneos o bajos. En algunos grupos, una minoría, se incluye también una guitarra puntera, que toca en unión con él requinto, las entradas de cada vuelta en las tonadas. (p. 29)
El tiple: Es el instrumento al cual corresponden los rasgueos o surrungosungos del ritmo.Tiene dice cuerdas, repartidas en cuatro órdenes que incluyen bordones de doble sonido y requintillas, siendo en los órdenes altos, llamadas así las cuerdas cobrizadas y más gruesas, que suenan una octava por debajo de sus hermanas, las cuerdas tiples que dan nombre al instrumento. Aparte de rasguear suavemente, puede complementar algunas partes de melodías del requinto en arreglos acostumbrados en algunas localidades. (p. 29)
Requinto: Se asemeja al triple, pero su tamaño es mucho menor, lo mismo que más corto de su brazo y los espacios de la entrastadura. Le corresponde llevar la melodía en las introducciones y a veces contragolpes de adornos agudos en el acompañamiento. (p. 30)
Instrumentos autóctonos
La flauta de queco: Es un aerófono, muy similar a los utilizados en otras culturas y latitudes. La del Huila es de colocación traversa y puede clasificársela como de una flauta de bisel. Su medida es de unos 38 centímetros y si dependen su grueso y profundidad tímbrica del calibre de la caña de queco de Castilla en que está elaborada, normalmente, se busca afinarla en do mayor, siendo fácil por esa razón que el tono menor común de la ejecución, sea el la menor. Tiene siete agujeros, aunque ciertos constructores han intentado dotarla de un agujero para subir una octava, a pocos centímetros y hacia el lado de atrás de aquel en dónde está perforado el bisel, remplaza o complementa el uso del requinto tiple. (p. 30)
Cien patas: Elaborado en dos o tres artejos largos de caña de guadúa, a los cuales se ha quitado un sector de aproximadamente una cuarta parte de la materia fibrosa, para dejar al descubierto un espacio en el cual se colocan cascabeles vegetales o cabalongas, que se sacan de las semillas de la planta llamada cabrito, enhebrados en una fibra de cáñamo de rejo de cuero de chivo envuelta a lo largo del instrumento en forma de espiral, los cuales suenan al ser frotados con una varilla de guayacán o donde, únicas maderas capaces de soportar la intensa fricción en forma prolongada. (p. 30)
Chucho: alfandoque o huasá, tarro de guadua de cinco a siete centímetros de grosor, seco, al cual se introducen piedras y semillas de achirilla, para que produzca un sonido similar en cierto modo al de las maracas, instrumento que en sus versiones mas sofisticadas, es adelgazado interiormente y abierto por 1os dos extremos, en los cuales se colocan incrustadas varillas de. fibra de la misma caña como una rejilla que permite la salida del sonido y que junto con los tramojos de madera delgada atravesados en varios puntos de la longitud total enriquecen el número de los choques que se producen en el interior del chucho, con ganancia del timbre y posibilidades de maniobra en la interpretación. (p. 31)
La esterilla: Es un instrumento compuesto por diez a veinte segmentos de caña de "guache", de unos 15 a 20 centímetros unidos entre si en sus extremidades, por una cuerda delgada de fique o de cáñamo, de manera que permita pasarla en dos lazadas a lado y lado del instrumento, entre los dedos pulgar y meñique de las dos manos, para dejándolo colgar entre las manos juntas friccionar un lado con el otro, con lo que se consigue un sonido especial, en algo semejante al del güiro o la guacharaca, pero de una mayor riqueza de armónicos que en sincopa y diversas intensidades, enriquece el acompañamiento percusivo del rajaleñas. Es usual en otras regiones colombianas, como en Vélez Santander, en donde Se la usa acompasada con unos canutos de cañabrava enhebrados lado al lado, con la atadura en los extremos, que se entrechocan al tensar y aflojar rítmicamente las piolas y se llaman quibrillos. (p. 31)
El carángano: Quizás el más exótico de los instrumentos, de origen africano, es una caña de guadua de aproximadamente de tres metros de largo a la cual uno de los costados, una cuarta parte aproximada de la circunferencia, se le han levantado cuando estaba recién cortada seis o siete fibras de un largo cercano a loe dos metros, bajo los extremos de las cuales, se introducen dos cejuelas de madera de unos tres centímetros de espesor. Tocado a la manera clásica, tiene tres resonadores diferentes, puesto que aparte de la caja sonora constituida por la caña misma, las cuerdas golpeadas con dos mazos de madera por el interprete principal, son alternadamente frotadas en los extremos por dos ayudantes con vejigas de res infladas, que contienen semillas de calabaza o ahuyama que al prolongar su vibración generan una especie de Zumbido particular. Hoy su ejecución se cumple de forma parcial: en algunos casos, se cuelgan simplemente las vejigas en los extremos del carángano como una especie de decoración, o para evitar la complicación de cargarlo, se los sostiene con tirantes rústicos tejidos en cabuya, que penden de los hombros de dos miembros cualquiera del grupo, pero que dificultan el que trabajen los tres operadores necesarios para hacerlo funcionar. En otros casos, se han utilizado cajas abiertas como resonador y cuerdas, corcholatas o hasta latas vacías de cerveza, como elementos zumbantes. (p. 32)
Instrumentos membranófonos
La marrana: Adaptación en el gran Tolima de la Zambomba de ciertas provincias española se la llama zambumbia en el norte de Boyacá y los Santanderes, elaborada en calabazo, según el tamaño, emparchada en vejiga o piel de chivo, membrana en cuyo centro esta fijada una varilla de madera encerada que se fricciona con los dedos, para producir un sonido ronco y profundo. Se enriquece su sonido, mediante la apertura de escapes, o la presión de los dedos sobre el parche, que eleva el tono. En La Plata, sur occidente del Huila, se la respalda con el uso de instrumentos suplementarios como la trompa de calabazo, hecha de varios frutos secos de totumo, cortados y pegados entre si con cera negra artefacto que produce cinco notas bastante imprecisas. (p. 33)
La tambora: En algo semejante a la usual en algunas regiones de España y el Sur de América, la del Huila por razones de comodidad elaborada actualmente en lámina de madera contrachapada, debiera para mayor sonoridad construirse de tallo de fique o de palma vaciados. Puede usar dos diferentes clases de parche y afinaciones distintas para cada uno de ellos como consecuencia del material utilizado, porque el sistema de tensores consistente en piolas, bejucos en algunos casos o tiras de rejo en los menos, da la misma tensión a las dos membranas y solo por el espesor de la piel y su grado de curtimbre se pueden lograr diferencias tímbricas verdaderamente notorias entre los dos parches del instrumento, que deben tener, el de la mano izquierda, un sonido mas lleno y profundo que el otro para dar riqueza rítmica a los adornos y figuras percusivas. El diámetro de la tambora tradicional de doble respiradero, es de unas quince pulgadas y su altura entre parches de veintidós, pero debe considerarse a estas medidas como promedio de la observación de los usos, mas que como el producto de una serie de normas establecidas. La manera de ejecutarla da una personalidad definida a los diversos grupos rajaleñeros. (p. 34)
Referencias bibliográficas
Guzmán, L. C,Guzmán, L. C. (Neiva, Diciembre de 2006). SANJUANERO VISIÓN ESTÉTICA Y AMATORIA DEL BAMBUCO.
EL PÚBLICO TOLIMA. (s/f). Blogspot.com. Recuperado el 27 de abril de 2025, de http://elpublicotolima.blogspot.com/2015/11/intrumentos-folcloricos-del-tolima-se.html