Es un juego popular entre los infantes y adolescentes de todas las civilizaciones, pues, sus inicios nacen desde la clásica Grecia conocido bajo el nombre de escolias, y, en la Roma Imperial con el nombre del juego de los odres. Varios estudiadores etnológicos llegan a la conclusión que el origen de este juego esta ligado a la representación de la salvación del alma, basada en una obra de Dante Alighieri llamada La Divina Comedia, en la cual el personaje, cuando sale del purgatorio y quiere alcanzar el paraíso tiene que atravesar una serie de nueve mundos hasta cumplir su objetivo. En dicha obra el personaje se lo asocia con la ficha, misma que debe saltar de casilla en casilla con un solo pie, empujando la piedra que es la representación de su alma. Según Julio Cortázar en su libro La Rayuela, manifiesta que ““ La rayuela se juega con una piedrecita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrecita y un bello dibujo pintado con tiza preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrecita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra se sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas(rayuela, caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrecita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo, lo malo es que justamente a esa altura cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrecita hasta el Cielo, se acaba el golpe de la infancia y se cae en las novelas, en la angustia del divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia se olvida que para llegar al Cielo se necesitan como ingredientes una piedrecita y la punta de un zapato”.