Origen y contexto histórico
La ciudad atravesaba un momento de profundas transformaciones. El auge industrial había generado prosperidad económica, pero también una creciente necesidad de renovación cultural y urbana. En plena época de modernización arquitectónica, con la expansión de la clase media y la llegada de nuevas ideas artísticas y tecnológicas, Medellín buscaba redefinirse más allá de la fábrica y el comercio. En ese contexto, las Bienales de Arte de Coltejer surgieron como un intento de tejer la modernidad desde la cultura, integrando a la ciudad en los debates del arte contemporáneo internacional.
Las Bienales de Coltejer fueron eventos pioneros y emblemáticos para el país, sus tres ediciones en la ciudad, en 1968,1970 y 1972 fueron muy significativas para catapultar a Medellín como ciudad de arte contemporáneo. Las Bienales no solo promovieron el diálogo entre el arte local, nacional e internacional, sino que dejaron un legado importante para el desarrollo del arte en Colombia, pero, ¿Cuál era el contexto del país en los años en donde se dieron las Bienales?
El desarrollo de la primera Bienal de Coltejer se vio atravesado por un complejo contexto social, económico y político. El país estaba bajo el régimen del Frente Nacional, un acuerdo bipartidista entre liberales y conservadores que buscaba estabilizar la política nacional tras décadas de violencia, consolidando un poder presidencialista fuerte.
El país vivía tensiones derivadas de la desigualdad, con movimientos sociales y estudiantiles que empezaban a cobrar fuerza, y un ambiente internacional permeado por las luchas revolucionarias y los cambios culturales. Estos cambios e influencias comenzaban a cuestionar los modelos tradicionales de desarrollo y poder.
La Bienal de 1968, fue un evento que, ademas de celebrar los 60 años de la empresa Coltejer, se convirtió en un símbolo cultural en medio de un país en transformación política y Social.
Dado que el espacio adecuado para los primeras Bienales (1968-1970) fue la Universidad de Antioquia, que para aquella época se encontraba en los trabajos para su Ciudadela Universitaria, se contó con la presencia de algunos estudiantes “Por ese motivo, se presentó como el lugar idóneo para alcanzar el objetivo de masificar y democratizar el arte moderno y posmoderno que se propusieron sus organizadores según lo expresaron en los catálogos del evento” Ardila F. (2019). No obstante, la coyuntura de la época permeó gran parte de la I y II edición de la Bienal, debido a que los estudiantes de la Universidad, no se encontraban en el sitio, estos se encontraban protestando.
El presidente de Coltejer, Rodrigo Uribe Echavarría, enmarcó las bienales dentro de las obligaciones de una empresa moderna con la comunidad, buscando impulsar un amplio movimiento social de progreso cultural. Coltejer veía esto como parte del desarrollo del país, que no debía limitarse a lo material, sino incluir los valores espirituales de la cultura.
Buscaron reunir obras que dieran cuenta de indagaciones y rupturas disciplinares en el arte, superando las denominaciones obsoletas de pintura o escultura. El objetivo era fomentar expresiones que significaran aportes nuevos al lenguaje plástico, incluyendo el arte óptico y cinético, el arte lumínico, el arte blando y el arte de programa.
La Bienal buscó que Medellín se convirtiera en un centro del arte latinoamericano de relevancia internacional. Este objetivo se cumplió al atraer a críticos, jurados y periodistas de renombre internacional (como Giulio Carlo Argan y Marta Traba), logrando amplia mención en publicaciones internacionales. Al igual que eventos como la Bienal de São Paulo o Venecia, la de Coltejer permitió la confrontación y circulación de propuestas artísticas de diferentes naciones del mundo.
Las Bienales de Arte Coltejer (1968-1972) se consolidaron como los eventos de arte de vanguardia más ambiciosos y relevantes del siglo XX en Colombia, distinguiéndose por ser un proyecto cultural y artístico financiado exclusivamente por la empresa privada Coltejer.
Además de buscar la actualización cultural y la internacionalización de Medellín, un rasgo esencial fue su carácter didáctico, masivo y de democratización, pues fueron concebidas como un "Museo transitorio o Escuela viva del arte contemporáneo" para la "gente corriente" y no solo para los especialistas. Para lograr este alcance popular, se ofreció la entrada gratuita, se implementaron horarios extendidos, y se eligieron espacios no convencionales para la exhibición, como el campus de la Ciudad Universitaria y el recién construido Edificio Coltejer, lo que garantizó una asistencia masiva que alcanzó los 478.000 espectadores en 1972. Este impulso pedagógico se reforzó con un programa educativo que incluía cursos gratuitos, conferencias, guías y publicaciones didácticas como el “Diccionario de términos estilísticos”, con la finalidad última de formar un "ciudadano moderno" conocedor de los lenguajes del arte contemporáneo.
En 1968, Medellín se convirtió en epicentro del arte contemporáneo iberoamericano con la inauguración de la I Bienal Iberoamericana de Pintura Coltejer, un evento que marcó un antes y un después en la historia cultural de la ciudad. La bienal fue concebida como una conmemoración de los sesenta años de la fundación de la empresa textil Coltejer, pero trascendió su propósito inicial al inaugurar un espacio de diálogo entre el arte local, nacional e internacional¹.
El proyecto fue liderado por el artista y gestor cultural Leonel Estrada, quien, junto con un pequeño grupo de críticos y ciudadanos, buscó generar una plataforma para el intercambio artístico global. Su visión encontró respaldo en Rodrigo Uribe Echavarría, presidente de Coltejer y apasionado coleccionista de arte². La alianza entre ambos permitió que Medellín acogiera una bienal con vocación internacional, transformando la ciudad industrial en un laboratorio experimental de las artes plásticas.
La primera edición, inaugurada el 4 de mayo de 1968, contó con la participación de 60 artistas provenientes de once países iberoamericanos, y exhibió 160 obras en el pabellón de física de la Universidad de Antioquia³. Entre los artistas invitados destacaron Sarah Grilo (Argentina), Santiago Cárdenas y Bernardo Salcedo (Colombia), y Fernando de Szyszlo (Perú). El jurado —compuesto por Jean Clarence Lambert, Alexander Cirici Pellicer y Dickens Castro— otorgó el primer premio al colombiano Luis Caballero por su obra La cámara del amor, un políptico en óleo que introdujo por primera vez la noción de intervención espacial en su trabajo⁴.
A pesar del entusiasmo institucional, la recepción del público local fue inicialmente desconcertada. Medellín, habituada a la pintura figurativa y al paisaje, se enfrentó por primera vez a propuestas de arte conceptual, abstracción geométrica, Pop Art, grafiti y Environmental Art⁵. En palabras del artista Carlos Rojas, la Bienal fue “lo mejor para Medellín desde la Colonia”, una declaración que reflejaba la magnitud del impacto cultural del evento⁶.
Más allá de su carácter expositivo, la I Bienal Coltejer sentó las bases de una colección corporativa de arte contemporáneo —una de las más antiguas de Colombia— y consolidó a Medellín como destino internacional para el arte moderno. En los años siguientes, las Bienales Coltejer continuarían ampliando sus horizontes, convirtiéndose en un referente de innovación artística en América Latina⁷.
¹ ⁵ Bienal de Arte de Antioquia, “Historia,” disponible en https://bienalantioquia.com/historia/.
² ⁴ Guggenheim Museum, “Bienales de arte Coltejer 1968, 70 y 72: seis años de revolución cultural en Medellín, Colombia,” disponible en https://www.guggenheim.org/articles/map/bienales-de-arte-coltejer-1968-70-y-72-seis-anos-de-revolucion-cultural-en-medellin-colombia.
³ ⁷ Revista de Estudios de Arte (Universidad de los Andes), “La Bienal de Coltejer y la transformación del arte en Medellín,” disponible en https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/hart/article/view/3519/2637.
⁶ Rojas, Carlos. Las Bienales de Coltejer: Una Ventana Abierta. Medellín: Suramericana, 2000, p. 4.
Dos años después de la primera edición, Medellín fue el escenario de la II Bienal de Arte Coltejer, inaugurada en 1970. Esta segunda versión consolidó el carácter internacional del proyecto y amplió significativamente su alcance, tanto por la diversidad de obras y artistas como por la profundidad de su propuesta curatorial¹.
La exposición fue curada por un equipo de renombre internacional: Vicente Aguilera Cerni (España), Lawrence Alloway (Inglaterra) y Giulio Carlo Argan (Italia), quienes imprimieron al evento un enfoque más amplio y contemporáneo². Gracias a su gestión, la Bienal se abrió a 26 países y reunió 324 obras de 171 artistas, entre los cuales 40 eran colombianos³. El lugar elegido fue el Museo de Arte y Antropología de la Universidad de Antioquia, un espacio que albergó instalaciones, esculturas, obras cinéticas y piezas conceptuales, superando los límites de la pintura bidimensional que había dominado la primera edición⁴.
Los curadores, además de responder a las críticas recibidas por la Bienal inaugural, desempeñaron un papel clave en la proyección internacional del evento. Desde publicaciones como Art in America y Art Forum, difundieron el espíritu experimental de Medellín, posicionando a la ciudad dentro del circuito del arte contemporáneo⁵. Entre los artistas invitados destacaron Luis Tomasello, quien obtuvo el primer premio por su obra Atmósfera cromoplástica; Sergio Camargo, con uno de sus célebres reliefs; y Lygia Clark, con una de sus esculturas interactivas de la serie Bichos⁶.
Sin embargo, una de las obras más comentadas fue 500 sacos plásticos, del colombiano Bernardo Salcedo, una pieza conceptual compuesta por montones de heno seco embolsados y numerados. La obra “puestos ahí porque sí, porque ahí están y no en otra parte” representó un desafío para el público y para el propio director de la Bienal, Leonel Estrada, quien se enfrentó a las reacciones de una sociedad aún aferrada a la tradición figurativa⁷. La instalación generó controversia, incomprensión e incluso indignación, pero también simbolizó la apertura de Medellín hacia las vanguardias internacionales.
La acogida del público fue masiva: más de 170.000 personas visitaron la exposición, entre ellas figuras destacadas del mundo del arte como Barbara Duncan, miembro de la junta del Metropolitan Museum, y Gene Baro, crítico de Art News y Art in America⁸. La II Bienal de Arte Coltejer no solo amplió los horizontes del arte en Colombia, sino que consolidó a Medellín como un referente cultural del continente, capaz de dialogar de tú a tú con las grandes capitales del arte moderno.
¹ ⁴ ⁷ Bienal de Arte de Antioquia, “Historia,” disponible en https://bienalantioquia.com/historia/
² ⁵ ⁶ ⁸ Guggenheim Museum, “Bienales de arte Coltejer 1968, 70 y 72: seis años de revolución cultural en Medellín, Colombia,” disponible en https://www.guggenheim.org/articles/map/bienales-de-arte-coltejer-1968-70-y-72-seis-anos-de-revolucion-cultural-en-medellin-colombia
³ Revista de Estudios de Arte (Universidad de los Andes), “La Bienal de Coltejer y la transformación del arte en Medellín,” disponible en https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/hart/article/view/3519/2637
La III Bienal de Arte Coltejer, inaugurada en 1972, representó el punto culminante del proyecto cultural que transformó a Medellín en un epicentro internacional del arte contemporáneo. Esta edición, la más ambiciosa de todas, reunió a 220 artistas de 29 países y exhibió más de 600 obras en el recién inaugurado edificio Coltejer, símbolo de la modernidad arquitectónica de la ciudad¹. La respuesta del público fue inmensa: 478.000 espectadores visitaron la muestra, lo que supuso un aumento del 531% respecto a la primera bienal y del 281% en comparación con la segunda².
El equipo curatorial estuvo conformado por tres figuras de reconocimiento internacional: Jasia Reichardt (Polonia), Gillo Dorfles (Italia) y Brian O’Doherty (Estados Unidos)³. Su mirada amplió el horizonte de la Bienal hacia nuevos lenguajes experimentales, destacando las tendencias del arte conceptual, el Land Art, el Arte Povera y las manifestaciones performáticas. Además, los curadores participaron activamente en la selección de las obras adquiridas por Coltejer, fortaleciendo así la colección corporativa iniciada en 1968⁴.
Entre los artistas participantes figuraron nombres clave del panorama latinoamericano e internacional como Feliza Bursztyn, Antonio Caro, Álvaro Barrios, Julio Alpuy, Bernardo Salcedo, Hans Haacke y Gregorio Vardanega⁵. Una de las propuestas más provocadoras fue la del argentino Carlos Ginzburg, integrante del Grupo de los Trece, quien presentó Piedra, obra perteneciente al movimiento del Land Art. Además, realizó una acción performática titulada El artista: artista mendigo, en la que recorría la exposición pidiendo limosna con un tarro y carteles en el cuerpo, cuestionando la institucionalización del arte y el rol del artista en la sociedad⁶.
La III Bienal también fue escenario de uno de los episodios más relevantes del arte conceptual latinoamericano: la participación del Centro de Arte y Comunicación (CAYC) de Buenos Aires, dirigido por Jorge Glusberg. El CAYC presentó tres exposiciones paralelas —Arte de Sistemas, Arte de Sistemas en Argentina y Hacia un perfil del arte latinoamericano— que introdujeron en Medellín un enfoque político y sistémico del arte experimental⁷. Glusberg definía el “arte de sistemas” como una práctica basada en la comprensión de los procesos que ordenan la experiencia del mundo contemporáneo, en sintonía con las teorías de la Systems Esthetics formuladas por Jack Burnham⁸. En el contexto latinoamericano, esta noción adquirió un carácter propio, vinculado a la resistencia cultural frente a las dictaduras del Cono Sur y a la construcción de una identidad artística regional⁹.
Pese a su éxito de público y a su impacto en la escena internacional, la Bienal de 1972 fue la última patrocinada por Coltejer. La crisis del sector textil obligó a la empresa a retirar su apoyo, poniendo fin a una etapa dorada de experimentación y apertura cultural¹⁰. Sin embargo, su legado perduró: en 1981, el espíritu de las Bienales resurgió con la creación de la IV Bienal “Formar, informar y recrear” y el Primer Coloquio de Arte No Objetual Latinoamericano, reafirmando el papel de Medellín como laboratorio artístico del continente¹¹.
¹ ¹¹ Bienal de Arte de Antioquia, “Historia,” disponible en https://bienalantioquia.com/historia/
² Revista de Estudios de Arte (Universidad de los Andes), “La Bienal de Coltejer y la transformación del arte en Medellín,” disponible en https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/hart/article/view/3519/2637
³ ⁴ ⁵ ⁶ ¹⁰ Guggenheim Museum, “Bienales de arte Coltejer 1968, 70 y 72: seis años de revolución cultural en Medellín, Colombia,” disponible en https://www.guggenheim.org/articles/map/bienales-de-arte-coltejer-1968-70-y-72-seis-anos-de-revolucion-cultural-en-medellin-colombia
⁷ ⁸ ⁹ International Center for the Arts of the Americas (ICAA), “Arte de sistemas (GT-113-B),” disponible en https://icaa.mfah.org/s/caycfiles-es/item/1476402
La Bienal de arte que se está realizando en Medellín este año es la Bienal Internacional de Arte de Antioquia y Medellín (BIAM 2025). Comenzó el 2 de octubre y se extenderá hasta el 25 de noviembre de 2025. Es una experiencia artística de gran escala que ofrece acceso gratuito para el público, llevando el arte no solo a Medellín sino a 15 municipios de las nueve subregiones de Antioquia. Esta bienal recupera el legado de anteriores bienales emblemáticas que posicionaron a Medellín como un referente artístico internacional.
El tema central de esta edición es "La Libertad", explorando cómo el arte rompe barreras, desafía paradigmas y actúa como catalizador de transformación social en Colombia y el mundo. El evento presenta a más de 160 artistas que exhibirán alrededor de 300 obras en lugares variados, desde museos hasta espacios no convencionales en la región. La BIAM se posiciona como un espacio para el diálogo entre artistas locales e internacionales, promoviendo la creación compartida y redes de colaboración.
La BIAM 2025, es aquel legado que dejó las bienales de Coltejer en sus tres ediciones, reflejando el ambiente de la ciudad en cojunto con obras de artistas locales, regionales e internacionales.
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Grupo 3
Sara Rodríguez Rodas Sara García Salomé Callejas
Daniel Molina Yulibeth Martínez