Entender las competencias educativas nos ayuda a ver la educación como algo más que solo transmitir conocimientos. Se trata de formar personas que sepan actuar, pensar y convivir en distintos contextos de la vida real.
Al clasificar las competencias en básicas, genéricas y específicas, es más fácil como docentes o futuros profesionales organizar lo que queremos lograr en el aula y adaptarlo a las necesidades de los estudiantes.
Finalmente, educar por competencias no solo forma a alguien para conseguir un empleo, sino también para vivir con ética, ser parte activa de la sociedad y enfrentar los retos diarios con responsabilidad y criterio.