Centroamérica se ha constituido a partir de tres conglomerados étnicoculturales principales: el africano, el indígena y el europeo, los cuales, desde el siglo XVI han estado en relación continua, y como efecto han desarrollado sociedades múltiples, dinámicas y únicas.
Las llamadas historias oficiales o nacionales han negado, de manera reiterada y sistemática, las aportaciones genéticas, culturales e históricas de los sectores no europeos. Desde el punto de vista de James Scott (2000), tales aportaciones se han impuesto a la gran mayoría de la gente, mediante discursos públicos: refinados y discretos, como mecanismos de subordinación social, los cuales generan consecuencias políticas, económicas o sociales sobre grupos subordinados [2].
Los sectores subalternos o dominados han ideado históricamente variedad de estrategias y mecanismos para enfrentarse a esta situación; es así como surgen las resistencias: abierta, velada y negociada, según lo plantea Jan de Vos (1994) [3]. Dicha clasificación permite observar y analizar a los colectivos como sujetos constructores de su propia historia, etnicidad y luchas de reivindicación. Este desarrollo es indispensable para poder documentar cómo los actuales descendientes de africanos en Centroamérica son el resultado de ingeniosos y valientes mecanismos de sobrevivencia física y cultural, además de procesos de auto reconocimiento y auto definición.
Comunidad afrocentroamericana
Entre 1520 y 1820, aproximadamente unos 21000 esclavos africanos ingresaron a territorio centroamericano, cifra que incluye a los que fueron vendidos de forma legal y un aproximado de los que pudieron haberse vendido burlando los sistemas de aduanas [4].
Lovell y Lutz (2003) plantean que la presencia de esclavos africanos en Centroamérica no fue homogénea en todo el territorio, y que hubo principalmente mayor incorporación en las regiones del sur y del este. Esta situación se debió en gran parte a que la presencia indígena en estas regiones no fue tan significativa en términos numéricos, lo que obligó a la búsqueda de mano de obra entre los esclavos africanos [5]. Cabe destacar además que estas regiones (sur y este) centroamericanas sufrieron importantes disminuciones de la población indígena a causa de grandes epidemias; los efectos que tuvo la transferencia de enfermedades de un continente a otro continuaron durante todo el siglo diecinueve e inicios del veinte [6].
En cuanto a la procedencia, la mayor parte de los esclavos eran negros ladinos nacidos en otras partes de América, y solamente la minoría eran negros bozales [7]. Las regiones del sur y del este centroamericanos son las localidades donde el proceso de mestizaje de africanos, con indígenas y algunas castas, fue mucho más agudo.
A mediados del siglo XVII se empieza a documentar la presencia de los miskitos, producto del mestizaje entre indígenas mayagna y náufragos africanos, así como los garífuna en la isla de San Vicente (Antillas menores), trasladados en el siglo XVIII a la Isla de Roatán. En la actualidad, ambos pueblos se ubican desde Dangriga (Belice) hasta la Laguna de Perlas en Nicaragua, siendo el territorio indígena y afrodescendiente más grande de Centroamérica.
La incorporación de las personas de ascendencia africana y mulatos, producto del proceso de mestizaje, fue importante en las nacientes sociedades centroamericanas; esa participación fue marcada por la especialización [8] y por una muy bien definida territorialidad, dibujada por los sectores de poder [9].
Estas casas españolas, en especial las grandes, fueron motores del mestizaje. Los niños nacidos de mujeres esclavizadas de ascendencia africana cuyos padres eran españoles fueron a menudo manumitidos por el padre o liberados de la auto-compra. Pronto estos niños y muchos otros de ascendencia mezclada se movieron hacia los barrios indígenas circundantes, donde compraban solares para hacer sus propias vidas, mientras otros emigraron fuera de la ciudad para encontrar otra forma de vida [10].
A partir del siglo XVII, en algunos países centroamericanos se ha documentado la participación y responsabilidad de mulatos, negros y zambos en las milicias; por ejemplo, en Costa Rica se documenta entre 1650 y 1655 como Juan Fernández de Salinas y de la Cerna, en su cargo de gobernador organizó al menos dos milicias de gente negra, mulata y parda libre en las ciudades de Cartago y Esparza [11].
Para el siglo XVIII, es evidente la existencia de un número importante de negros, mulatos y pardos, libres descendientes de esas primeras generaciones, que se encuentran asentados a lo largo del territorio, en sitios como Santiago de los Caballeros y Villa de la Gomera, en Guatemala; El Realejo; San Felipe de Austria, en León; Santa María del Haro en Nueva Segovia; y Abierto en Granada, Nicaragua. Además de los pueblos de San Vicente en El Salvador y La Puebla de los Pardos en Costa Rica, por citar solo algunos. Muchos de sus pobladores se habían ubicado como jornaleros, comerciantes y milicianos, escalando en las estructuras de la nueva sociedad [12].
Para el siglo XIX, se dieron nuevas oleadas de migrantes afrodescendientes, provenientes del Caribe (Jamaica, Saint Kitts, Barbados, Cuba, etc.), que eran utilizados principalmente para el desarrollo de la producción bananera, construcción de infraestructura, y el Canal de Panamá entre 1904-1914.
De la negación de la ascendencia africana al reconocimiento
El concepto de afrodescendientes fue acuñado en la “Conferencia mundial contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia”, celebrada en Durban-Sudáfrica, 31 de agosto a 8 de septiembre de 2001. En este encuentro se reflexionó acerca de distintas culturas negras o africanas que emergieron de los descendientes de esclavos, traídos a través del mercado trasatlántico desde el siglo XVI hasta el XIX [13].
En los países centroamericanos, la lucha por la visibilización y la reivindicación de la presencia africana ha tenido experiencias y logros diferentes. La mayoría de los proyectos nacionales ha negado la presencia de la diversidad como un factor esencial de sus sociedades.
Por otro lado está la discusión sobre la cuantificación estadística de la población para conocer su procedencia histórica, legado cultural y monitorear las oportunidades para cada uno de los sectores poblacionales en los últimos años; y esto ha dejado en evidencia el peso que aún tienen los discursos añejos y racistas de la fundación de ciertas naciones, como es el caso de Costa Rica. Esta situación no es tan solo una cuestión técnica, más bien se trata de un factor que involucra criterios de tipo político-ideológico que no se han abordado de manera expedita para avanzar hacia relaciones interétnicas más equitativas.
En América Latina, la inclusión del enfoque étnico en las fuentes de datos demográficos y sociales, como censos de población, encuestas de hogares y registros de salud, forma parte de las nuevas demandas tendientes a una ampliación de la ciudadanía, para buscar una mayor participación basada en la diferencia y el pluralismo cultural. Es decir, ampliar la “titularidad de derechos” a los pueblos indígenas y afro descendientes requiere, entre otros asuntos, disponer de información relevante, confiable y oportuna, vista ésta como una herramienta técnica y política [14].
Desde esta perspectiva, la etnicidad es considerada como una forma de organización social capaz de constituirse y transformarse en la interacción de los grupos sociales, para designar así los procesos con los cuales los individuos se identifican y son identificados por otros; de este modo se atribuyen etnicidades particulares, sin permanecer atados a una entidad fija, definida desde el exterior [15].
Lamentablemente para América Latina, el tema de las desigualdades sociales está cruzado no solamente por el poder económico (que es de por sí un problema grave, que no ha sido resuelto), sino por las diferencias de género y definitivamente por las étnico-raciales. La pobreza, la exclusión, la falta de acceso a una buena cobertura de salud, educación y justicia: constituyen algunos de los principales problemas denunciados de forma reiterada por los sectores de ascendencia africana en Centroamérica [16].
Dichos problemas sociales se basan en el principio de la discriminación racial, la cual se puede entender como un esquema de pensamiento sustentado en la diferencia étnica y racial como vehículo para la discriminación. Esta última es la materialización del acto de desprecio y descalificación de un pueblo o persona por su procedencia, su acervo genético o su procedencia cultural, entre otros [17]. A continuación se exponen dos tipos de discriminación que conviven y se reproducen en las sociedades centroamericanas:
Ambos tipos de discriminación son los que comúnmente confluyen en la cotidianidad y son igualmente candentes o hirientes en su ejecución sobre una persona o pueblo. El primero refiere a las formas de discriminación que requieren de una confrontación explícita, es decir, requiere de una entidad discriminadora para ejercer su acción sin miramiento con la excusa de alguna condición de origen (étnica, nacional, genética, política, etc.). El segundo requiere de la búsqueda de estrategias o mecanismos (que a veces son conscientes y a veces no) para ejercer la discriminación; lo importante en esta última es que necesita de estereotipos y proceso de socialización [18].
Por ejemplo, para el caso costarricense, el 78% de una muestra nacional entrevistada considera que el sector afrodescendiente de la población tiene las mismas oportunidades que los no afrodescendientes, principalmente en la esfera política; y además, son una “minoría” totalmente integrada a la cultura nacional. En ese mismo estudio, el 93% de la población consideró que las personas de ascendencia africana tienen los mismos derechos de forma efectiva que el resto de la población [19].
Si bien en la región se han dado algunos avances, la mayoría de los países centroamericanos tiene una deuda histórica con la población afrodescendiente. La aplicación y ejecución de los postulados de la Declaración de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia a los que muchos países se han adscrito es prácticamente nula; y más bien, los avances, por pequeños que estos sean, nuevamente son el producto del esfuerzo de las organizaciones de base que han buscado la alianza con otros actores, como por ejemplo las universidades públicas. En algunos casos, ciertos países de la región realizaron avances en lo que respecta a la creación de instituciones dedicadas a promover el bienestar y el reconocimiento de los derechos de la población afrodescendiente (direcciones y secretarías de Estado, entre otras); muchas de esas instituciones carecen de suficiente apoyo político, lo cual se traduce en asignaciones de presupuestos exiguos que no les permiten cumplir adecuadamente con sus funciones y objetivos.
Acciones afirmativas: una deuda pendiente
A pesar de los discursos políticos, es evidente que Centroamérica no podrá gozar de un verdadero desarrollo sin la inclusión plena de todos los grupos poblacionales. Es imposible lograr sociedades más equitativas en la medida en que no se considere que todos los seres humanos requieran de igualdad en sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, y que los valores de igualdad, solidaridad y no discriminación deben convertirse efectivamente en resultados concretos del desarrollo humano.
En la lucha por la visibilización, el reconocimiento y la atención de la situación de la población afrodescendiente en Centroamérica, la Universidad Nacional de Costa Rica, a través del Instituto de Estudios Sociales en Población (IDESPO), conjuntamente con la Fundación Horizontes de Amistad, abrieron un espacio de reflexión sobre la situación afrodescendiente en el Simposio Movimiento Regional Afrodescendiente en Centroamérica: institucionalidad y desempeño organizacional celebrado en Heredia 16 y 17 de marzo de 2012. Los objetivos de dicha actividad fueron:
Analizar las expresiones sociales afrocentroamericanas desde una perspectiva institucional y desempeño organizacional.
Fortalecer el intercambio y la articulación de expresiones regionales de investigación, sobre el movimiento social afrodescendiente en Centroamérica y su institucionalidad.
Impulsar la difusión y comunicación de la producción científica y social de investigadores que aborden como objeto de estudio los pueblos afrodescendientes.
Este fue un espacio de reflexión, que se asumió como necesario, para cobrar conciencia de la situación de discriminación que vive esta población, mediante la revaloración de la historia de afrodescendientes en la región, así como la formulación de interrogantes sobre la situación actual, de manera que se pueda trazar el esbozo de una visión de futuro y la constitución de herramientas que permitan incidir sobre este.
En el simposio se logró una mayor comprensión de la situación actual de la población afrodescendiente centroamericana, y se intercambiaron las buenas prácticas y lecciones aprendidas sobre el cumplimiento de los compromisos surgidos a raíz de la Declaración y Programa de Acción de Durban, en cada uno de los países. Se plantearon también las grandes deudas como países y como región, que se tienen aún con la población afrodescendiente, y en general con las mal llamadas “minorías” que constituyen nuestros países.
Los ponentes incluyeron expertos y expertas de Panamá, Nicaragua, Costa Rica, Honduras y Belice, quienes, a través del análisis de sus propios países, aportaron para la creación de una agenda temática centroamericana. Como un segundo producto de este esfuerzo se presenta este trabajo, que es el resultado de algunas de las ponencias expuestas en el simposio y de un proceso de sistematización y análisis de los planteamientos colectivos ofrecidos en las mesas de trabajo.
Es importante anotar que uno de los objetivos de la sistematización de estas experiencias fue ofrecer herramientas que ayuden a combatir los prejuicios, el racismo y la discriminación presentes en las sociedades centroamericanas, que se deben, sobre todo, a la ignorancia sobre el tema.
Entre las propuestas más destacables por su aplicabilidad a varios estados se encuentran el levantamiento, análisis y difusión de información desagregada por raza y género, de modo que se pueda conocer el grado de discriminación racial y la desigualdad existentes. Adicionalmente, los participantes reiteraron la importancia de que los países se adhieran sin reservas a los instrumentos internacionales de derechos humanos de relevancia para los pueblos afrodescendientes; armonicen su derecho nacional a dicha legislación; y establezcan programas específicos para su implementación. También establecer vínculos con nuevos actores, tales como universidades; la necesidad de incluir no solamente el tema de la multiculturalidad a las agendas nacionales, sino particularmente lo afrodescendiente. Y finalmente, otro elemento de importancia en varios de los países de la región es la criminalización de las personas afrodescendientes.
Cada uno de los autores y autoras proponen contribuir con su experiencia al combate contra la invisibilización, el racismo y la discriminación a través del conocimiento de la situación que ha vivido la población afrodescendiente en distintos momentos históricos y lugares geográficos de la región centroamericana.
[2] Scott, J. (2000). Los dominados y el arte de la resistencia: discursos ocultos. México: Ediciones Era.
[3] De Vos, J. (1994). Vivir en frontera. La experiencia de los indios de Chiapas. Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social Instituto Nacional Indigenista. San José, Costa Rica. p. 67.
[4] Curtin, P. (1969). The Atlantic Slave Trade: A Census. University of Wisconsin Press. Madison, Estados Unidos.
[5] Lovell, G., Lutz, C. (2003). Perfil etnodemográfico de la Audiencia de Guatemala. Revista de Indias, LXIII(227), pp. 157-174.
[6] Lovell, G., Cook, N. (Ed.). (2000). Juicios secretos de Dios. Epidemias y despoblación indígena en Hispanoamérica Colonial. Quito, Ecuador.
[7] Término con el que se conocía a los esclavos nacidos en África, que no comprendían la lengua hablada en América. Estos eran los esclavos cazados directamente o comprados a intermediarios en sus lugares de origen. Provenían de diversas parcelas de África, que forman parte de los actuales territorios de: Cabo Verde, Guinea, Santo Tomé, Dahomey, Sierra Leona, Gambia, Angola, Minas (Costa de Oro), Nigeria, Mozambique y el Congo. Estaban diferenciados entre sí por sus orígenes y culturas; hay más de doscientas etnias, entre las que se pueden mencionar: jelofes, mandingas, susus, ashantis, yorubas, fulas, blafadas, wolof, cangás, congos, mozambos, carabalíes, angolas, fartis, etcétera. La mayoría de ellos eran musulmanes, otros de diversas creencias y prácticas animistas.
[8 ]Se definían ciertas tareas u oficios donde este sector poblacional era requerido.
[9] Dentro de las ciudades se definían barrios o regiones, donde los descendientes de africanos vivían; los mecanismos de control por este aspecto eran fundamentales para mantener el control de tal población.
[10] Lokken, P., Lutz, C. (2008). Génesis y evolución de la población afrodescendiente en Guatemala y el Salvador (1524-1824). En Cáceres Gómez, R. (Ed.). Del olvido a la memoria. San José: UNESCO para Centroamérica y Panamá. p. 17.
[11] Cáceres, R. (1999). La puebla de los pardos en el siglo XVII. Revista de historia, 1(39), pp. 86-87.
[12] Cáceres, R. (2008). Los silencios en nuestra historia. En Cáceres, Rina (Ed.), Del olvido a la memoria. San José: UNESCO para Centroamérica y Panamá. p. 13.
[13] Antón, J. (2007). Afrodescendientes: sociedad civil y movilización social en el Ecuador. Journal of Latin American and Caribbean Anthropology, 12(1).
[14] Antón, J., Del Popolo, F. (2008). Visibilidad estadística de la población afro descendiente de América Latina: aspectos conceptuales y metodológicos. CEPAL-Comisión Europea, Chile, 4.
[15] Solano, A. (2008), Percepciones y actitudes de la población costarricense hacia la población afrodescendiente, Pulso Nacional, N° 59, IDESPO, Costa Rica.
[16] Campbell, E. (2011). Un año para confirmar compromisos de inclusión, América latina en movimiento.
[17] Solano, A. (2008). Percepciones y actitudes de la población costarricense hacia la población afrodescendiente, Pulso Nacional N° 59, IDESPO, Costa Rica.
[18] Solano, A. (2008). Percepciones y actitudes de la población costarricense hacia la población afrodescendiente, Pulso Nacional, N° 59, IDESPO, p. 21.
[19] Ídem, p. 7.
M.Sc. Ana Sofía Solano Acuña
Académica, investigadora y docente
IDESPO-UNA
Consejo Editorial
Federico Guevara Víquez, Universidad Nacional, Costa Rica.
Irma Sandoval Carvajal, Universidad Nacional, Costa Rica.
Herberth Erquicia Cruz, Universidad Tecnológica de El Salvador.
Hugo González Calvo, Universidad Nacional, Costa Rica.
Edición
Ana Sofía Solano Acuña, Universidad Nacional, Costa Rica.
Angie Mariana Vargas Hernández, Universidad Nacional, Costa Rica.
Jacqueline Centeno Morales, Universidad Nacional, Costa Rica.
Rebeca Espinoza Herrera, Universidad Nacional, Costa Rica.
Asesor regional para Centroamérica de Horizontes de Amistad
José Luis Álvarez.
Compilación
Carlos Minott Maintlad
Jacqueline Centeno Morales
Edición del texto en inglés
Dafne Vargas Hernández
Diseño y diagramación
Mónica Calderón Solano
Rina Cáceres González
Académica de la Universidad de Costa Rica, profesora de Historia y ex directora del Programa Centroamericano en Historia de la Universidad de Costa Rica (Posgrado, doctorado). De formación africanista en el Colegio de México y la Universidad Iberoamericana.
Quince Duncan Moodie
Catedrático jubilado de la Universidad Nacional de Costa Rica. Doctor Honoris Causa del St. Olaf College, Northfield, Minnesota.
Darío Euraque
Doctor en Historia Latinoamericana, enfoque: Historia Centroamericana; Maestría en Historia, enfoque: Historia Latinoamericana; Maestría, Estudios Ibero-Americanos, enfoque: Cambio Social y Económico en Latinoamérica.
Sidney Francis Martin
Presidente de la Organización Negra Centro Americana (ONECA).
Alta Suzzane Hooker Blandford
Actual rectora de la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense (URACCAN), y coordinadora de la Red de Universidades Indígenas Interculturales y Comunitarias del Abya Yala. Impulsadora del Modelo Regional de Salud de la Región Autónoma Atlántico Norte de Nicaragua, RAAN.
Gersán Joseph Garzón
Representante de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Negras de Panamá. Profesor de la Universidad de Panamá. Investigador asociado al Instituto de Estudios Nacionales.
Angie Mariana Vargas Hernández
Académica de la Universidad Nacional de Costa Rica, actual investigadora y docente del Instituto de Estudios Sociales en Población (IDESPO) de la Universidad Nacional de Costa Rica. De formación socióloga, Licenciada en Sociología de la Universidad de Costa Rica, egresada de la Maestría en Salud Pública de la misma universidad.
Jacqueline Centeno Morales
Planificadora social, asistente académica del Instituto de Estudios Sociales en Población de la Universidad Nacional de Costa Rica.