Trabajar y moldear la palma hasta convertirlas artículos tradicionales como lo son los tortilleros, fruteros, bolsas, tapetes de mesa, joyería diversa y hasta rosarios, han permitido que Antonia Mejía González y su familia, hayan encontrado su principal fuente de ingresos, mismos que varían día a día y que por lo general no son estables. En la opinión de Antonia Mejía, hace falta que la ciudadanía valore el trabajo de los artesanos, pues en la mayoría de los casos sus creaciones no son valoradas como se debe y como consecuencia el regateo se convierte en su principal enemigo a la hora de vender sus piezas.