No es ningún secreto que en El Salvador se tiene problemas serios, problemas de educación, problemas de economía, problemas de diálogo entre otros muchos, también nos encontramos una sociedad extremadamente polarizada, llena de odio y aferrada a ideales pobres, ideales que han fallado en el pasado pero que se siguen adoctrinando como si fueran nuevos ante una sociedad que ha olvidado su historia.
Si se escruta la historia del país, se encontrarán muchas similitudes con la actual historia y es que aquel viejo refrán de “Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla” parece fuertemente encarnada en la sociedad salvadoreña, sociedad que ni le interesa seguir repitiendo ni le interesa saber qué pasó en el pasado.
Algunos hechos interesantes de traer sobre la mesa podrían ser por ejemplo el caso de Anastasio Aquino, un personaje que al ver cómo sus hermanos indígenas eran maltratados y violados, se alza a un levantamiento campesino. Su voz llegó a tener tanta popularidad que los mismos indígenas y campesinos de la zona lo ven como un líder mesiánico, un libertador de esclavos, tanto así que el mismo Anastasio se autoproclama rey de los Nonualcos en la iglesia del Pilar en San Vicente. Sin embargo el poder llega a corromper a las personas y Anastasio no fue la excepción, de líder pasó a ser un tirano que castigaba con el mismo rigor o quizás peor a sus adversarios.
Así se tienen muchas historias similares en el país, personajes que hoy en la sociedad pueden ser vistos como héroes o como tiranos.Otro dato histórico reciente, es la guerra civil. Una guerra en donde se ven dos bandos importantes, el ejército versus la guerrilla. Para muchos aquella batalla era vista como: Los buenos versus los malos o como los malos versus los buenos. En esta historia también se encontrarán diferentes héroes de guerra luchando contra los tiranos, esto dependerá de la perspectiva del lector pero hay algo que no queda a la perspectiva de nadie sino que es una verdad, y es que era una guerra de salvadoreños versus salvadoreños, hermanos luchando entre sí, peleados por varios factores sociales creados por ellos mismos, y que ante una diferencia fuerte decidieron matarse mutuamente, cosa que ya había sucedido en el pasado.
Pero los tiempos pasan, ahora una sociedad posguerra se ve de cara a problemas que ya antes también se había encontrado, pero que surgen en nuevos contextos movidos por diferentes fuerzas. Los salvadoreños se ven a ellos mismos como unos “luchadores”. Ya un poeta los describe como “Los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo”. Los salvadoreños se sienten orgullosos de no hacerle mala cara a nada con tal de sacar a sus hijos adelante Parece ser que sus hijos son el motor y motivación que les da las fuerzas para vender todo y hacer de todo. Para 2019 el promedio de PAES fue de 5.52 pero a los salvadoreños que luchan diariamente motivados por el bienestar de sus hijos pareciera que no dan tanta importancia a esto, si no más bien solo se preocupan en llevar el sustento diario a sus familias.
Hoy nuevos partidos políticos surgen, motivados por no ser como los viejos partidos políticos, surgen nuevas opciones para no ser como los que engañaron y robaron en el pasado. Pero la historia cobra factura para aquellos que no la conocen, algunos viejos políticos que ya tuvieron su oportunidad parecen haber tenido alguna “transformación milagrosa” y han puesto sus ojos en estas nuevas opciones, son los nuevos partidos reciclando viejos políticos y si se sabe de historia también se sabe en que terminaran estas nuevas opciones.
Entonces aquí una pregunta fuerte de responder y que puede llegar a escandalizar: ¿Qué esperamos de una sociedad engañada, una sociedad pobre y una sociedad ignorante? Los salvadoreños hemos vivido peleando por nuestros líderes mesiánicos por generaciones. Por años, cada partido político se ha vendido como la solución a todos los problemas del país. Sin duda alguna nuestra ignorancia y fanatismo nos ha llevado hasta donde estamos y nos seguirá llevando si no somos capaces de romper con la historia cíclica. El poder de elegir gobernantes teniendo una perspectiva crítica y coherente debe ser prioridad para cambiar de verdad a los gobernantes, pero el poder de ser autocríticos con nosotros mismos, conocer nuestra historia, luchar por el acceso al conocimiento deben ser prioridad para cada uno de nosotros como individuos.
“Los mismos de siempre” no son más que un espejo de la sociedad salvadoreña, un espejo incómodo que muchos prefieren tildar y excluir para no identificarse con ellos, pero aunque no nos guste forma parte de todos nosotros como salvadoreños. Sin duda alguna, insultar al que piensa diferente a mí no me hace diferente a esos mismos de siempre. Este espejo incómodo llamado sociedad salvadoreña suele ser difícil de mirar, pero aún podemos trabajar en construir juntos una sociedad diferente. Trabajando juntos como hermanos que somos de una misma patria, ya lo hemos demostrado antes ayudándonos en momentos difíciles, San Agustín de Hipona tiene una frase muy importante “Ama y haz lo que quieras. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos”. Ya en el pasado nos hemos odiado mutuamente y eso no nos llevó a nada productivo. Salvadoreños es momento de repensar nuestro modo de proceder.
José Ángel Rivas - Estudiante UCA
Arquitectura UCA El Salvador. Correo: 00050414 @uca.edu.sv“Es tiempo de reflexionar de nuestra vida, que hacemos por la humanidad, o por los demás, es tiempo de actuar, sentir por el que sufre, sumarnos a una voz que clame por justicia, respeto; no es tiempo de divisionismo, mismo que se hace notar por medio de las redes sociales por el cansancio (hartazgo dentro de la sociedad), es momento de predicar con amor, transformar vidas, es una realidad dura en la que no nos logramos acostumbrar.
He sido de esos jóvenes que me ha tocado viajar diariamente a la capital a estudiar, pues soy de otro departamento, recuerdo con nostalgia esos madrugones de las 3:30 am para caminar unas 8 cuadras para abordar uno de los 3 buses para llegar a clases de las 7:00 am (a las 4 am los buses interdepartamentales van muy llenos y los asientos ocupados); pero con sueños en mente, un placer por aprender, de prepararme y poderle dar a mi familia lo que no me pudieron dar, y a la población humilde de donde yo vengo, mi solidaridad como parte de solución de sus problemas, porque en realidad, la verdadera visión del universitario a posteriori, es ese humanismo, que nuestro sacrificio nos lleve a servir a los demás.
Me he dado cuenta del estrés y desesperanza que están viviendo muchos jóvenes como amigos míos, compañeros y ex compañeros, sedientos de una palabra de aliento como por ejemplo: ¨todo estará bien, o vos podes, ya va a pasar esto¨, son palabras que transforman, que liberan, pero que sé, no es suficiente, estamos viviendo momentos duros, en donde en la mayoría de veces, no se encuentra la suficiente concentración para estudiar en casa (me identifico), por la misma preocupación de la familia debido a la crisis no solo sanitaria, sino que debemos lidiar también con poder cubrir los gastos económicos en casa, pero, no todo es malo, a pesar de las borrascas después de la penumbra, vienen signos de esperanza, en donde el país nos llama, nos necesita, aunque nos cueste saberlo o aceptarlo.
Es tiempo de reflexionar de nuestra vida, que hacemos por la humanidad, o por los demás, es tiempo de actuar, sentir por el que sufre, sumarnos a una voz que clame por justicia, respeto; no es tiempo de divisionismo, mismo que se hace notar por medio de las redes sociales por el cansancio (hartazgo dentro de la sociedad), es momento de predicar con amor, transformar vidas, es una realidad dura en la que no nos logramos acostumbrar.
El sacrificio y los golpes en la vida nos ayudan a crecer, a veces he sentido que no puedo más, pero lo que una vez un profesor me enseñó y lo recalco: debemos de ser ejemplo, dar ánimo y esperanzas al que se siente mal, estamos ya a la merced de concluir nuestro primer ciclo en línea, podemos decir que no fue fácil porque muchas veces no asimilamos algo o algunas dudas no fueron respondidas, se que extrañamos estudiar en la biblioteca, extrañamos viajar y caminar por el claustro académico y sus instalaciones, sin embargo, no nos debemos desanimar, debemos demostrarnos mucha perseverancia, fe en que las cosas van a mejorar, en lo personal, no fue nada sencillo, por vivir en un lugar con internet inestable, pero debemos levantarnos, que se nos forme una sonrisa en nuestro rostro, la lucha diaria continua, somos una luz en el camino de los demás aunque no lo sepamos, y aunque a veces no lo sintamos tan siquiera, pero lo somos.
Juan Ricardo Herrera - Estudiante UCA
Ciencias Jurídicas UCA El Salvador. Correo: 00309318@uca.edu.svFoto: Ernesto Amaya, marcha del Pride 2019, San Salvador
“Te quiero cerca
Pero no te quiero poner cerco
Quiero la libertad de amar sin sufrimiento
Sin etiquetas inventarnos algo nuevo
No acomodarnos a seguir algún libreto
Por eso te comparto este corazón nómada...”
Rebeca Lane – Corazón Nómada
28 de junio. Veintiocho de junio es por los que dejaron la vida para que yo pueda caminar de la mano de la persona que quiero, para que un hombre trans, una mujer trans, puedan vivir con un poco menos de miedo de aparecer muertos a dos cuadras de llegar a su casa, para que la mujer “poco femenina” se crea más libre y sin vergüenza de ser lo que quiere ser, sin que tenga que ocultar sus gustos; ¿qué pasa en éste mundo? se pregunta la gran mayoría, que ahora “todo es diferente”, que ahora “por todo se alteran”, pero tengo 23 años y lo que más veo y vivo es homofobia, odio, feminicidios, discriminación por lo que alguien más es, exigiendo respeto en la violencia, porque alguien rompe con las barreras de lo que han construido como normativo aquellas personas que viven en la ignorancia o quieren y prefieren hacerlo, o simplemente se aferran a lo alguna vez fue pero ya no es.
Las temáticas sobre sexualidad en el ámbito académico salvadoreño tienen una baja producción e impacto en el país. El antropólogo Rafael Lara-Martínez (2012) dice que tanto el cuerpo y la sexualidad son sistemáticamente borrados de los discursos públicos y oficiales, y como resultado obtenemos que son remitidos al silencio y al tabú. En definitiva, esto es algo que comúnmente se repite en todos los temas incómodos entre las personas (Gómez, 2016).
El orgullo gay ha ido penetrando la sociedad pero, como hemos visto, esto siempre ha sido conflictivo. Tras este movimiento, hay grupos de individuos excluidos o subestimados simplemente por no caber dentro de los parámetros establecidos por lo que alguna minoría dicta o no, de modo que ha emergido una cultura gay que promueve supuestos, preconcepciones y estilos de vida como legítimos, invalidando otras prácticas de las personas o a los individuos per se. No podemos negar que la idea de orgullo gay ha servido para materializar espacios y obtener derechos; sin embargo, llama la atención que lo que se considera como parte de la comunidad LGBTIQA+ se haya construido sólo marcando sus diferencias en la orientación sexual.
Debemos admitir que el movimiento ha obtenido logros políticos en términos de derechos humanos, así como en la creación de un lenguaje y formas culturales, lo cual ha sido de suma importancia en el plano de la ciudadanía, pero como un único mecanismo de ser-libre, no ha funcionado.
La fragmentación del movimiento gay y la reivindicación de diferentes identidades sexuales con agendas propias como la lésbica, bisexual, transgénero, pansexual, transexual, etc.; nos evidencia que las necesidades son diversas, porque las personas somos diversas.
Hablar de “diversidad sexual” se convierte en una estrategia para representar y legitimar la complejidad de las expresiones de una comunidad LGBTIQA+. Aunque ello pudiera provocar que se disuelvan las necesidades de las minorías, su principal desafío es hacer que las personas se representen personas por igual. Y claro, no sólo basta con luchar contra la discriminación sino construir toda una agenda activista que contemple la exigencia de políticas públicas que salvaguarden esa diversidad sexual (González, 2010).
Dejemos un poquito “el otro”, y pensemos cómo está ese “yo” y qué podemos hacer para ser mejores, para ayudar a los que no pueden ver como nosotros, dejar de discriminar, de crear libertad. Y creer y aceptar, que hay más de lo que podemos ver y sentir cada uno de nosotros en lo individual, que cada uno es único y eso ya nos hace diferentes, ¿qué si estoy orgullosa de ser parte de la comunidad LGBTIQA+? no, estoy orgullosa de ser y de cada vez ir callando menos de lo que soy y quiero llegar a ser.
Hoy se marcha, hoy se lucha, por un mundo mejor para los que estamos, para seguir creciendo por el tiempo que nos queda, y los que vienen, para dejar un mundo mejor y que si tu hijo es gay, tu hija bisexual, tu sobrino trans o lo que sea que sienta quién sea que quiera, que no tenga miedo de decirlo y sienta tranquilidad al salir a la calle, que nadie juzgará lo que le gusta, cómo siente y ni mucho menos poner en duda a su persona por su sexualidad.
Queda mucho por hacer y no hay otra forma de alcanzar algo que salir y buscarlo.
Katherine Chicas - Profesional UCA
Psicología UCA El Salvador. Correo: 00115114@uca.edu.svYa no pienso en egresar, ahora pienso en sobrevivir a esta realidad que golpea tan fuerte. Pienso en la gente que no tiene comida, pienso en las medidas que cada vez son más duras, pienso en la cantidad de contagios y en la curva, pienso en que la cura jamás debe ser peor que la enfermedad.
El primer sueño que tuve al entrar a la universidad fue con el día en que terminara todas mis materias, durante los años de mi carrera veía cómo los egresados hacían sus camisas y se tomaban fotos, las compartían en todas las redes y se sentían orgullosos. Pero creo que perdí parte de esa experiencia, y no por las causas que hubiera esperado, vino una pandemia, a eso le sumamos la incapacidad de un gobierno y un golpe de una realidad que solo conocí en películas.
El 2019 no fue mi mejor año, pero jamás me imagine que el 2020 me iba a traer lo que vivimos. De hecho, si algo bueno podía sacarle al año pasado, era que iba a empezar la recta final de la carrera, un año más y eso era todo, 6 como meta, lo demás es vanidad.
Ahora estoy acá, en mi último año como estudiante de Comunicación Social, he perdido la experiencia de mis prácticas profesionales (por las que me quejé toda la carrera y ahora pagaría por vivir), no conozco mucho a mis catedráticos, de mis compañeros solo sé en redes sociales cuando comento con puntos para que me digan qué personaje soy o me den una canción que, según ellos, vaya conmigo.
Si pudiera sacar algo bueno de esto, podría decir que ahora sé a quienes quiero cerca, voy a valorar más a los pericos que cantaban todos los días a partir de las 5:30, incluso quiero participar más en clases porque no es lo mismo que tener que esperar la notificación de un correo que responda a mis consultas.
Pero antes de vivir todos los aprendizajes que pudiera tener, voy a necesitar sanar, no sé si el virus me va a alcanzar, pero he llorado muchas veces de desesperación y angustia, he pasado madrugadas enteras jugando Parchís para no pensar en la ansiedad y en la incertidumbre, he intentado leer, cocinar, hacer ejercicio, hacer mi espacio de estudio con horario y todo, pero hay días en que me gana una nostalgia y una desolación que no me puedo quitar de encima tan fácilmente, a eso súmenle las tareas, las clases, los pendientes y la convivencia familiar (porque no es fácil), he llegado a la conclusión que, con virus o sin él, voy a tener que sanar después de esto.
Ya no pienso en egresar, ahora pienso en sobrevivir a esta realidad que golpea tan fuerte. Pienso en la gente que no tiene comida, pienso en las medidas que cada vez son más duras, pienso en la cantidad de contagios y en la curva, pienso en que la cura jamás debe ser peor que la enfermedad.
Jamás quise hacer tan cierta la frase “Entramos para aprender, salimos para servir” hasta que vi que, si mis estudios no van a aportar a esta sociedad tan fracturada, no me servirán de nada. Egresar ahora va a significar haber salido adelante no solo con las materias, sino con una enfermedad que ha afectado al mundo entero, con múltiples golpes a la estabilidad emocional, a la economía. No tendré una camisa que diga que egresé, pero sí voy a sentir el orgullo de haber llegado hasta ahí.
Gabriela Aquino - Estudiante UCA
UCA El Salvador. Correo: 00055216@uca.edu.svEmpezaré contando un poco lo que la pandemia ha significado para mí, en mi labor docente como una nueva experiencia en docencia virtual.
Si a inicios del año, cuando me fue entregada mi carga académica, me hubieran dicho que este ciclo iba a tener que impartir mis clases de forma totalmente virtual, no lo hubiera creído. Jamás lo hubiera imaginado. Pensar que con tanta ilusión y alegría me presenté ante mis estudiantes aquel 9 de marzo para el inicio del ciclo y tan sólo dos días después, el rumbo de todo esto cambiaría.
Fue al finalizar aquella tarde del 11 de marzo que mis alumnos se acercaron para decirme y mostrarme en sus teléfonos lo que había indicado el presidente a través de Twitter. Me preguntaron ¿qué haremos?, ¿esta suspensión nos incluye?, ¿mañana no venimos a la U entonces?
En ese momento guardé silencio y callé, estaba en shock. Soy sincera, por mi mente pasaron muchas cosas. No sabía ni qué decir. Pensaba en esas tres semanas perdidas de clase, todo pasó como si fuera una película en cámara rápida por unos segundos y sólo respondí que esperaríamos indicaciones de las autoridades; que estuvieran pendientes de la información oficial.
A partir de ese instante, la hora y 15 minutos que tardó en llegar la notificación oficial ¡fue eterna! En ese momento sentí tantas cosas, desde angustia, preocupación, frustración y mucha tristeza. Sabía que tenía que activar un chip diferente, pero no estaba preparada.
Sin duda, pensar que una clase 100% práctica iba a tener que ser impartida de forma virtual, me generó mucho estrés, mucha ansiedad, implicaba muchos cambios, implicaba nuevos retos. Como docentes, sinceramente no estábamos preparados para este cambio. Un cambio que dio un giro de 360°. Humildemente acepto que en este proceso he cometido errores, he fallado, he llorado, me he enojado, he gritado, me he estresado, me he frustrado, me he desesperado, me he sentido frustrada, me he sentido triste, me he sentido humana; pero sobre todo me he dedicado un 200% en dar lo mejor de mí. He aprendido nuevas técnicas y metodologías de enseñanza, he aprendido nuevas herramientas tecnológicas, nuevos programas, a usar diferentes plataformas, me he esforzado para que cada clase y el material preparado, tenga la misma calidad de siempre, de una clase presencial, sin embargo no ha sido fácil.
La docencia es una vocación que se lleva en el corazón y en estos momentos de cuarentena y encierro, parte de esa vocación de servicio a los demás, nos hace sentir en el corazón la ausencia de
nuestros estudiantes, nos hace sentirnos solos detrás de una computadora, sin esa interacción, sin ver a nuestros estudiantes, sin poder estar junto a ellos, sin poder compartir experiencias.
Hoy por hoy, las aulas están vacías. La UCA está desolada y nos damos cuenta que esos espacios toman vida cuando docentes y alumnos estamos presentes. Ahora apreciamos el significado que representan esos espacios, como lugares de convivencia, de compartir, de relacionarnos, de enseñar y aprender juntamente. Con esta experiencia aprendemos que la universidad la hacemos todos como comunidad, como miembros de un equipo que busca formar personas y buenos profesionales.
Quizás no todos los estudiantes valoren el esfuerzo que cada docente hace para preparar una clase. Quizás los alumnos desconocen todo el tiempo invertido que hay detrás de cada material compartido. Muy probablemente ellos piensen que sólo subimos el material a una plataforma y listo. Pero sólo los docentes sabemos lo que este cambio ha implicado: aprender nuevas tecnologías, prestar un equipo, conseguir la forma de apoyarse en otros compañeros para salir adelante, etc.
Los alumnos desconocen que detrás de cada docente preparando una clase y haciendo funcionar un aula virtual en Sakai hay un maravilloso equipo de apoyo, dando capacitaciones, apoyando cuando las plataformas colapsan por el uso, un equipo que está resolviendo dudas e inquietudes de los docentes que también estamos aprendiendo en este nuevo camino.
Nadie dijo que la cosa iba a ser fácil, pero este nuevo reto sin duda nos hace más fuertes, más capaces. Creo sin temor a equivocarme que todos hemos aprendido de todos, que este reto nos ha hecho más creativos, más fuertes, más empáticos, más conscientes y más humanos, nos ha solidarizado con otros y nos ha enfrentado a nosotros mismos, a nuestro miedo más grande: el impartir una clase en modalidad 100% virtual.
Personalmente siento tanta tristeza y se me llena el corazón de nostalgia de no estar en contacto con cada uno de los estudiantes que forman parte de la carrera, pero después de dos meses impartiendo clases de forma virtual y que si no hubiese sido por el coronavirus, como docentes no hubiéramos perdido el miedo, no hubiéramos dado este gran salto. Ahora, siento la satisfacción personal de poder decir: “Lo he logrado, bienvenida docencia virtual”.
Tatiana Espinal - Docente UCA
UCA El Salvador. Correo: tespinal@uca.edu.svSin duda la pandemia de COVID-19 será un hito histórico en la humanidad. La pandemia ha servido para que las autoridades gubernamentales se den cuenta que el país que tiene más reconocimiento o valor no es el que tiene recursos en armas y poderío militar; sino el que tiene un adecuado sistema de salud, educación y que sabe cubrir con las necesidades básicas de una sociedad.
Miranda, P. (2020).
Luego, de la pandemia vendrá sin lugar alguna una crisis económica que tomará años superar. Algunos son optimistas y piensan que tardará tres o a lo mucho cuatro en volver a tener una economía estable (CEPAL, 2020). El problema resulta ser mucho mayor en nuestra realidad salvadoreña, pues la gran mayoría de la población se dedica al comercio informal, el cual en los planes económicos muchas veces ha sido olvidado.
Posiblemente en América Latina, el objetivo sostenible de erradicar la pobreza, el hambre y la desigualdad será difícil lograr pues, la postpandemia según la OIT (2020) traerá 195 millones de empleos perdidos, aun la misma organización alerta que podría brotar con más fuerza el fenómeno del trabajo infantil.
En el ramo de educación será difícil pensar en un regreso seguro a las aulas. Pues, para la niñez Latinoamérica, los centros de estudios públicos no permiten esa distancia física recomendada. Sin duda será un fenómeno por observar los próximos años pues, permitirá saber si el tiempo de clases virtuales afectó el aprendizaje de los estudiantes. Algo “positivo” de la crisis se podría pensar que permitió visibilizar la brecha digital de la sociedad salvadoreña pues no todos los hogares a nivel nacional cuentan con internet o con computadora y que urge como país solucionar esa desigualdad.
Otro hecho que cobrará importancia en la postpandemia será la importancia de la salud mental, el cual como país por años ha sido una temática poco priorizada o dejada de lado por algunas autoridades. Durante la pandemia el personal de primera línea ha estado sometido bajo jornadas largas y extenuantes de trabajo en una situación atípica laboral, para algunos esta pandemia ha implicado estar separados mucho tiempo de sus seres querido y para otros la pandemia ha arrebatado la vida de un ser querido, el cual contexto actual no ha permitido poder llevar un duelo normal.
Muchos estudios permiten ver claramente los efectos psicológicos ya producidos desde la cuarentena como el miedo, la frustración, el aburrimiento, insomnio, tristeza, la duda en las autoridades sanitarias y gubernamentales, etcétera. Para el gremio salud y los afectados por la enfermedad misma el estigma y el estrés postraumático que en algunos casos se prolonga por varios años (Brooks, et al., 2020). Sin lugar a duda es tiempo de empezar a mitigar la crisis postpandémica pues solo de esa forma evitaremos salir de una crisis para empezar otra peor.
Erick Mejía - Estudiante UCA
Licenciatura en PsicologíaCorreo: 00052419@uca.edu.svS. Kadisha. (2013). Highspeed bubble[fotografía].
En una sociedad caracterizada por la libertad de expresión que afortunadamente poseemos, cada persona tiene su opinión, sesgos y subjetividades, que al expresarse lamentablemente pareciera que, más que un proceso de dialogo, es una confrontación; ejemplo de ello es casi cualquier noticia o comentario sobre coyuntura política en este año 2020 ¿Pero por qué un mismo fenómeno puede verse de tantas maneras? ¿Cómo eso es una evidencia de problemas mucho más profundos en nuestro país?
Cada persona posee un perfil socioeconómico, geográfico y psicológico que delimita su rango de observación y experiencia de la realidad en su totalidad. La mayoría tenemos un estado habitual, una determinada residencia, actividad recurrente, lista de amigos, oficio constante, entre otros. Así, los salvadoreños nos acostumbramos a nuestra sección de la vida, encasillándonos en una suerte de burbuja figurativa que contiene solamente lo que nosotros conocemos de ella. El vivir en El Salvador será pues, visto diferente por un individuo considerado de clase media a alguien de escasos recursos.
Cuando interactuamos en sociedad, solemos interesarnos por grupos afines a nuestra subjetividad, con los cuales sentirnos en comunidad y comodidad. En consecuencia, buscamos cimentar nuestras creencias en búsqueda de aquellos que las aprueben.
No solo sufrimos sesgos cognitivos, sino que, además, con frecuencia los buscamos. Interpretamos los hechos a través del prisma de nuestras creencias, leemos los periódicos y buscamos la compañía de personas que nos confirman en nuestras creencias y, por tanto, nos empecinamos en ellas, ya sean correctas o erróneas. (Tirole, 2016).
Lo que sucede, es que por muy diferente que sean percibidas las cosas por cada uno, la realidad es una sola, sin importar las burbujas personales, enfrentamos entonces con la subjetividad con la objetividad. De tal forma, sin un rompimiento de este encierro burbuja al resto de contextos en la sociedad, estamos expuestos a los sesgos adquiridos en ella. Y es este el motivo último que da respuesta a nuestra primera pregunta, el por qué hay visiones tan diferentes de un solo hecho.
Para acercarnos a la objetividad, debemos valorar la realidad total rompiendo nuestras burbujas y acceder a la de otros, siendo capaces de tener empatía para comprender las posturas ajenas, los fenómenos que no vemos, y emitir opiniones que puedan poseer una dimensión argumental y crítica. Sin embargo, esto no puede conseguirse tan a la ligera, porque el que no todos sepamos de lo que sucede fuera de nosotros y cómo discutir de manera constructiva, es porque a la mayoría no se nos enseñó. Es en este punto, donde las burbujas adquieren una consecuencia sociológica y antropológica.
Conseguir salir de nuestras burbujas requiere entonces de dos cosas:
Primero, poseer un conocimiento académico multidisciplinar para comprender la realidad en todas sus dimensiones. Es por ello, que tener una educación accesible y de calidad es imperativo para tener una sociedad consciente y capacitada para en primera instancia, entender los fenómenos que acontecen, y en segunda, para poder manejarlas y solventar las problemáticas emergentes. Pero, tal como podemos constatar en las estadísticas del MINED donde se nos muestra que la población no escolarizada en 2018 ascendía a 883,663, el acceso a la misma es limitado y se convierte en un catalizador de ignorancia y profundización de las burbujas, ya que no permite la soltura y desarrollo de las personas.
Segundo, una constancia y experiencia de un cambio de estado. Presenciar otros contextos para comprender de primera mano y romper la “miopía” que se tiene sobre los fenómenos que de otra forma solo se quedarían en estadísticas y cifras, que por su naturaleza no logran expresar lo que realmente significan en sí mismas, de qué manera los datos se manifiestan en la vida de quienes dan origen a los mismos.
Si una de las premisas está ausente en la visión de un individuo, la construcción de una criticidad verdadera está lejos de cumplirse. Si nos quedamos solamente en una esfera académica, no podremos constatar ni concebir adecuadamente las consecuencias directas de un fenómeno, y en caso contrario, el solo vivir y experimentar una realidad sin el sustento académico de la misma, limita en gran medida su comprensión.
Como país, requerimos una educación en habilidades blandas como el debate y la oratoria para saber discutir y lograr sacar algo de los inevitables choques de posturas, necesitamos una educación integral y de gran acceso. Pero, esto no pasará mientras el sistema en todas sus dimensiones, como la económica y política, no madure o se estabilice. Requerimos que aquellos que puedan hacer un cambio lo hagan, pero, sobre todo, necesitamos saber que lo merecemos y que debemos exigirlo. La crisis del COVID 19 requiere poner prioridad en otras áreas, pero no por ello debemos olvidarnos de los problemas que volverán a emerger como coyuntura pasada la misma.
Rommel Ernesto Campos - Estudiante UCA
Licenciatura en EconomíaMiembro de la Liga Universitaria de Debate (LUD)Correo: 00043119@uca.edu.svSe afirma que el mundo está cambiando. ¿Acaso en algún momento dejó de cambiar? ¿Acaso ahora no estará cambiando un poco más para una parte de la población a la cual nunca le tocó sufrir un cambio? No se menosprecia, por supuesto, las experiencias individuales que cada persona ha pasado. Más bien, a partir de ellas se cuestiona y se debe plantear entonces, que el mundo posiblemente ahora ha cambiado también para nosotros, los y las privilegiados/as; pero la historia nos dice que la mayoría de cambios de los que posiblemente no nos dimos ni cuenta han sido cargados por aquellos y aquellas que nadie ve: los y las olvidados, los y las pobres.
©Óscar Flores Vásquez, San Luis Talpa, carretera a Comalapa
Como afirma Galeano en su poema, allá en algún lugar que podría ser la nada, existen los nadies. Los nadies son dueños de nada. Sueñan los nadies con que llueva la buena suerte. Los nadies, que se ocultan con otros nombres en los discursos de cientos y cientos de los otros: “la población”, “los sectores vulnerables”, “las comunidades de escasos recursos”, entre muchas más formas en las que la narrativa de los demás, que bien puede ser la narrativa de otros, se dirigen a los y las nadies. ¿Alguna vez se dimensiona, entonces, los rostros de los y las nadies? ¿Quiénes son?
Que son pobres, dirán. ¿Qué es ser pobre entonces? Alguien que tenga una pizca de noción de economía dirá: “Aquella persona que posee un ingreso que no puede comprar todo lo que necesita y sufre”. Y es que todos y todas los que estamos en este sistema, lógicamente, responderían esto o tendrían una respuesta similar. De esta respuesta, se extraen las siguientes palabras: ingreso, compra.
¿Acaso los nadies tienen ingreso? ¿Acaso alguna vez los otros fueron tan amables de darles algo llamado ingreso? Porque curiosamente, estos otros que despojaron de todo a los nadies, en su egoísmo, también los despojaron de la oportunidad de poder vivir sin miedo a morir en el camino, en la lucha. Los nadies no pueden comprar, porque comprar se ha convertido en un privilegio, en ese factor místico que es el motor de las historias que cuentan aquellos que salieron en la búsqueda de una vida un poco más digna: Un misterio y una ilusión.
No obstante, los nadies no solo necesitan comer para vivir. Puede parecer sorpresivo para los otros, aquellos que tienen la capacidad de decisión política de un país, que solo recuerdan a los nadies cuando necesitan que sean un número en período electoral. Los nadies necesitan que se les reconozca como seres existentes, que se les brinde aquello que para nosotros podrán ser derechos y garantías básicas de la supervivencia, pero para ellos simplemente han sido cosas imposibles.
¿Quién somos nosotros, privilegiados y privilegiadas, de decirle a los y las nadies que deben querer y que no? ¿Quiénes somos para no escucharlos y escucharlas? ¿Quiénes somos para juzgar a los nadies por sus deseos? Pareciera ser que, tristemente, les quitamos la libertad de la diversidad de poder ser, de los distintos rostros que pueden tener. ¿Es justo? Por supuesto que no.
El mundo ha cambiado. Pero sigue siendo el mismo para los nadies. Un mundo que los mandó y sigue mandando al olvido, en el que la libertad y la justicia solo quedaron y quedan como palabras bonitas figurando en un discurso sin acción, sin praxis. Los nadies no quieren ser otros, solo quieren ser alguien.
Reflexión a partir del poema Los Nadies de Eduardo Galeano.
Cristina Montoya - Estudiante UCA
Licenciatura en EconomíaCorreo: 00028217@uca.edu.sv© Reuters. Brote de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) en El Salvador
“Por otro lado los esquemas teóricos de su explicación son realmente de risa... sus brillantisimas ocurrencias, son de carcajada, son de nivel primario.¿Quién paga entonces toda esa actividad absurda?", Ellacuría, 1979.
En los últimos meses, hemos visto un enfrentamiento político entre los poderes de Estado Ejecutivo y Legislativo; así como un sinfín de decretos y leyes por parte de ambos aparatos estatales. Al parecer, esta no es una guerra contra el Covid, sino más bien se ha convertido en la guerra de los decretos que son lanzados como balas ante oponentes que siguen discutiendo su pequeña lucha de poderes, como un par de niños malcriados, enemistados entre sí. Parece que los protocolos de política han sido sustituidos por órdenes en Twitter y por mesas de Consejos de Ministros altruistas que creen que con esta clase de heroísmo salvarán a la nación.
Pero el chiste no acaba ahí, ya que muchos respetables “Padres de la Patria” han mostrado una vez más que en tiempos de crisis parecen ser más importantes las negociaciones partidistas. Su incapacidad para legislar con coherencia es evidente muchas veces, a esto podemos añadir los votos que no logró el “desafuero” de uno de los líderes políticos más importantes en sus arcas, que ha vendido la imagen de los legisladores con el papel de los incapaces a la población salvadoreña.
Por supuesto que el diálogo y las negociaciones entre Estados son formatos obsoletos del pasado, lo cool hoy es contar con las TICs para ordenar y ejecutar decretos ejecutivos; a esto añadamos la actitud del no ceder que ha presentado el honorable presidente de la República, que no deja más que en evidencia su inmadurez y actitud aniñada de “estás conmigo o estás en mi contra”. Pero también el presidente ha logrado innovar en su nueva modalidad de rendir informes de cuentas a través de cadenas nacionales, dejando en el pasado aburridos informes escritos y auditables por la corte de cuentas.
Lo que de verdad causa temor son las constantes violaciones a los Derechos Humanos que se han visto en estos últimos meses. Al parecer, a la mayoría de salvadoreños se les ha olvidado los Convenios de Ginebra que prohíben el castigo humano en campos de concentración o
lo que actualmente podríamos identificar como Centros de Contención (Informe IDHUCA, 2020) en donde muchas personas están contenidas contra su voluntad. Algunas de ellas ya han cumplido su tiempo establecido, pero ni siquiera han sido confirmadas o no de ser portadores de COVID. Otro caso extraño es el de una chica que salió a comprar un pastel para festejar el día de la madre y fue acribillada por elementos de la Policía Nacional que actualmente están detenidos por la FGR.
Lo que verdaderamente causa temor, es la actitud tomada por muchos salvadoreños que ven con buenos ojos estas medidas. Una sociedad que desconoce a niveles extremos la terminología de Derechos Humanos. Acá tenemos que agregar aquel fanatismo enfermo, careciente de fundamentos y racionalidad por parte de muchas personas. Académicos y especialistas internacionales han criticado el comportamiento frente a la pandemia del actual ejecutivo, la misma Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos ha pedido a El Salvador investigar Violaciones a los Derechos Humanos; sin embargo, esto resulta una burla para muchos “fanáticos”. No son más que una confabulación para detener y despotricar al glorioso Señor presidente de la República.
A este tema tenemos que añadir el comportamiento que algunas personas han tenido al violar la cuarentena, para dedicarse a colocar carteles en la ciudad, sin ser detenidos como a lo mejor sí fueron detenidos algunas personas para llevar el sustento diario a sus familias. Al parecer al presidente le importa poco que los salvadoreños violen la cuarentena siempre y cuando sea para defender sus ideales y no tanto por aquellos miles de “codiciosos y vanidosos” que salen a diario a las calles de la multimillonaria ciudad de San Salvador a trabajar.
José Ángel Rivas - Estudiante UCA
ArquitecturaMiembro del Consejo Estudiantil de UCA El Salvador Correo: 00050414@uca.edu.sv1. Breve cronología
20 de marzo
La Asamblea Legislativa recibe petición del Gobierno para negociar la emisión de bonos y créditos por $2,000 millones, compensando económicamente a las empresas afectadas por los cierres ordenados por Bukele, a raíz del COVID 19.
Según el ministro de Hacienda, los $2,000 millones servirían para “nutrir” el Fondo de Emergencia, Recuperación y de Reconstrucción Económica del país, por los efectos de la pandemia a causa del COVID-19 (Velásquez & Rivas, 2020).
29 de marzo
Según (Pacheco, 2020), se crea el Comité del Fondo de Emergencia, Recuperación y Reconstrucción Económica para supervisar la ejecución de los $2,000 millones en deuda que la Asamblea Legislativa le aprobó al gobierno. Nayib Bukele juramenta a los miembros del Comité (sólo 10 presentes) conformados por:
- Ernesto Castro (Secretario Privado de la Presidencia)
-René Vásquez (Representante de Cámara de Comercio e Industria).
- Agustín Martínez (Representante de la ANEP).
-Cinco ministros: Salud, Hacienda, Economía, Obras Públicas y Turismo.
- José Ángel Quirós (Representante de FUSADES).
- Omar Serrano (Representante de la UCA).
-René Alberto Raúl Vásquez (Representante de la ESEN).
11 de mayo
Las cinco instituciones de la sociedad civil que conforman el Comité presentan una carta de renuncia por no existir condiciones necesarias para que pudieran cumplir con sus responsabilidades (Molina & Velásquez, 2020).
2. Posturas sobre la renuncia de los miembros.
a. Postura gubernamental
Presidencia de la República hace un COMUNICADO OFICIAL en donde se informa a la población: “Representantes de sector privado y academia renuncian al Comité supervisor del fondo de emergencia tras rechazar someterse a revisión patrimonial […] ellos debieron someterse al escrutinio público y no quisieron hacerlo”.
En conferencia de prensa, Ernesto Castro dijo que la renuncia de los representantes del sector empresarial en el Comité se debió a que sus miembros debían presentar declaraciones patrimoniales ante la sección de Probidad, además de otros requerimientos.
Nelson Fuentes (Ministro de Hacienda) confirmó que el sector privado conoció en las reuniones del Comité toda la información sobre la gestión y uso de los fondos de la emergencia de COVID 19 “Nada estaba oculto, todo el trabajo se ha hecho con transparencia”.
Además, Javier Argueta (asesor jurídico de la Presidencia) dijo sobre la renuncia: “La Ley de Procedimientos Administrativos dice que no se puede delegar la competencia y en todo lo que aprobaron hay una responsabilidad. [...] En ninguna reunión se negó información, siempre se actuó bajo legalidad y se les escuchó cada aporte”.
b. Postura de organizaciones civiles (extraído de la carta de renuncia)
En la carta se alega que nunca se presentó a la Asamblea Legislativa la reforma al Decreto 608 que el Comité preparó de manera conjunta (los 11 miembros). Iniciativas como transferencias directas, programas alimenticios, entre otros, se han gestionado fuera del Comité.
El Comité acordó que de los $2,000 millones, 70% sería para atender la Emergencia del Covid-19 y 30% iría a los gobiernos municipales (estos no debían exceder los $600 millones). Pero la reforma que presentó el Gobierno diferente al acuerdo anterior establecía que: $600 millones irían a las municipalidades, $450 millones para transferencias monetarias a las familias y $950 millones para cubrir las deficiencias de ingreso en el Presupuesto General del Estado 2020 generado por el COVID-19.
Razones que motivaron la renuncia (de forma resumida):
•Como sociedad civil, se careció de las facultades de control necesarias para cumplir sus respectivas funciones.
•No se ha proporcionado un plan detallado de trabajo y una hoja de ruta para atender la pandemia por sector, así como los lineamientos para determinar prioridades en la asignación de los recursos.
•No se han brindado informes sobre el fondo ya gestionado por el Gobierno Central.
•Después de varias reuniones, no ha sido posible concretar ninguna de las propuestas realizadas por la sociedad civil.
•Aprobación de decretos que riñen con el respeto a la Constitución y los derechos humanos (incumplimiento a Sala de lo Constitucional).
•Declaraciones del gobierno sobre el trato a contagiados que contrastan con los reclamos públicos visto en medios sociales, dejando ver improvisación y falta de planificación.
3. Detalles que hay que tomar en cuenta antes de continuar
La Ley de Procedimientos Administrativos regula todo lo que pueda ser la administración pública (gobiernos, ministerios, alcaldías y concesiones). Hay competencias que son indelegables. ¿Qué significa eso? Imaginemos el nacimiento de 2 órganos: Órgano A y Órgano B. Los 2 hacen trabajos específicos y diferente uno del otro: trabajos que los caracterizan o son su esencia. Así que, por principio teórico, el Órgano B no puede delegar su trabajo o competencia al Órgano A… eso es básicamente.
Esta ley aplica para la ciudadanía solamente cuando ellos van a llevar procedimientos contra la administración para saber contra quien pondrán demanda/queja. Es decir, que las facultades expresadas en dicha ley no aplican para personas fuera de la administración pública. Los miembros que renunciaron al Comité no están obligados a cumplir esta ley.
La Ley sobre el Enriquecimiento Ilícito de Funcionarios y Empleados Públicos es la ley que regula el enriquecimiento ilícito (entendido como el incremento del patrimonio de un funcionario público con significativo exceso respecto de sus ingresos legítimos durante el ejercicio de sus funciones la cual no puede explicar de forma justificada) en nuestro país y en redes sociales se ha hecho viral.
“Decreto 608” se refiere al decreto legislativo que autorizó el Gobierno para adquirir dos mil millones de dólares para crear Fondo de Emergencia, Recuperación y Reconstrucción Económica ante los efectos de la pandemia de COVID-19. Se menciona con frecuencia porque, aparte de describir cómo (se supone) usarán ese fondo, también se estipula la creación de un Comité encargado de dirigir y supervisar las actividades de dicho fondo y proponer presupuesto extraordinario para la gestión de los recursos.
4. Breve análisis jurídico y mis reflexiones
Fundamentando lo explicado antes, en términos más específicos, la Ley de Procedimientos Administrativos obliga a las instituciones públicas a que todos los servicios y procedimientos que realizan sean eficientes y prácticos: “servirá para eliminar los procesos burocráticos de la administración pública, así como para agilizar las solicitudes y respuestas de los ciudadanos” (LatamLex, 2018). El art. 2. de esta ley dice que “se aplicará al Órgano Ejecutivo y sus dependencias, [..] los Órganos Legislativo, Judicial [..] y, en general, a cualquier institución de carácter público [..]. Esta Ley será aplicable a los concesionarios de la Administración Pública.
El gobierno ha expresado que la renuncia de los miembros al Comité se debió a que no querían que les revisaran sus bienes, conforme a la Sección de Probidad.
Sé que algunos estarán confundidos con esto, así que explicaré esto usando algunos artículos (prestar atención a lo sombreado):
Ley sobre el Enriquecimiento Ilícito de Funcionarios y Empleados Públicos
Art. 3.- Dentro de los sesenta días siguientes a que tomen posesión de sus cargos, los funcionarios y empleados públicos que esta Ley determina, deberán rendir por escrito declaración jurada del estado de su patrimonio, ante la Corte Suprema de Justicia por medio de la Sección de Probidad.
… y según esta ley, ¿quiénes son funcionarios públicos?
Art. 2.- Para los efectos de esta ley se consideran funcionarios y empleados públicos:
Las personas que con ejercicio de autoridad o jurisdicción o bien sin él, por elección popular, por elección de la Asamblea Legislativa, por nombramiento de autoridad competente o por designación oficial,
participen de manera principal o secundaria en las funciones o actividades públicas de los organismos, dependencias o instituciones centralizadas o descentralizadas del Estado o del Municipio.
2º.- Las personas que de cualquier manera administren, manejen bienes o fondos del Estado o del Municipio, o dispongan de ellos ya sea por disposición de la ley, de los reglamentos o por designación oficial.
El art. 5 de esa misma ley establece quiénes deben presentar declaración jurada del estado de su patrimonio y se menciona un listado. Resalto el siguiente numeral:
24o.- Los demás funcionarios o empleados públicos, que sin estar comprendidos en los anteriores ordinales, pero estando contemplados en los artículos uno y dos de esta Ley, fueren requeridos por la Corte Suprema de Justicia directamente o por medio de la Sección de Probidad.
… y eso nos dirige al artículo anterior.
Se discute en redes sociales que ellos NO SON FUNCIONARIOS PÚBLICOS y que, por eso, pedirles que declaren su patrimonio carece de sentido legal… y desde ese punto tienen razón.
Pero los artículos mostrados pueden llegar a refutar esa idea, pues de algún modo estuvieron cerca de procesos administrativos en relación a fondos del Estado. Pero eso conlleva a darle un ojo al Decreto Legislativo 608, específicamente éste artículo:
Art. 12.- Créase el Comité del Fondo de Emergencia, Recuperación y Reconstrucción Económica, encargada de la dirección y supervisión de todas las actividades del Fondo; que deberá proponer al Órgano Ejecutivo el presupuesto extraordinario establecido en el artículo 11 para su aprobación y presentación a la Asamblea Legislativa, para su respectiva aprobación. El Comité administrará dicho presupuesto una vez que éste sea aprobado por la Asamblea Legislativa.
¿Se acuerda de las palabras sombreadas en el art. 2 de la Ley de Enriquecimiento Ilícito? Se hizo énfasis de esa forma porque en ese artículo dice que es funcionario público quien maneje bienes o fondos del Estado o del Municipio. Mas el art. 12 del Decreto 608 dice que el Comité propondrá un presupuesto extraordinario al Órgano Ejecutivo el cuál la Asamblea analizará. No son ellos los que manejan directamente los fondos, sólo sugieren al gobierno cómo se debería proceder (usted puede verificar las funciones del Comité en el art. 14 de este Decreto).
Recordando un poco el art. 8 de la Constitución de la República: Nadie está obligado a hacer lo que la ley no manda ni a privarse de lo que ella no prohíbe.
Pero esa es sólo mi postura. Lo que es cierto es que las leyes suelen ser muy ambiguas, dando lugar a muchas interpretaciones. No existe un “tribunal interpretativo” que haga que exista una sola interpretación. Así que usted puede verlo como quiera.
5. Mi opinión
Hasta este punto, seguramente me querrá preguntar: ¿por qué haces todo esto? La verdad, como ciudadano, tengo incertidumbre sobre el futuro de nuestro país y poco a poco las cosas se están tornando oscuras… y no, no hablo del COVID-19.
Siempre he dicho que lo primero que el gobierno debe hacer es seguir las recomendaciones que dan los profesionales para dar pasos seguros ante la crisis. Ahora parece que los “pasos seguros” se han dirigido a un propósito diferente. Lo dejo a su imaginación...
Bukele ha dicho en sus redes: “Les encanta pedir transparencia, rendición de cuentas y probidad. Pero cuando se les pide lo mismo, es casi una blasfemia. Piden que nos dejemos ayudar. Pero cuando se les da VOZ y VOTO en el manejo de FONDOS PÚBLICOS, no quieren ser fiscalizados”.
Esto es totalmente opuesto a lo argumentado por las organizaciones civiles, quienes aseguran (de forma resumida) que se les dio VOZ pero no VOTO. Curioso, ¿no?
Como breve flashback, solamente 6 de más de 60 funcionarios cumplieron en su momento lo que manda la Constitución de la República y la Ley sobre el Enriquecimiento Ilícito de Funcionarios.
Según EDH, el 30 de julio de 2019 (un día después de la respuesta de la Sección de Probidad) se venció el plazo que establece la ley para que Bukele, Ulloa y los miembros de su gabinete presentaran su declaración de patrimonio. Rogelio Rivas aseguró que, por la carga laboral y el plan territorial, no habían podido presentarla.
En resumidas cuentas, los funcionarios del gabinete de gobierno no presentaron su declaración patrimonial… curioso, ¿no?
Que hayan renunciado miembros fuera del gobierno de un Comité fiscalizador de fondos es preocupante. Ahora, ¿quién nos confirma cómo se están manejando los fondos? En otras palabras, ¿quién o quiénes aseguran la transparencia? Según Panorama Económico, estamos con una deuda pública de largo plazo de $3,645.8 millones y $490 millones en el aumento del saldo de LETES (papeles de deuda que se venden en el mercado financiero nacional con plazo máximo de 1 año donde su aprobación está incluida en el Presupuesto y no necesita ratificación) hasta marzo. La suma de $4,135.8 millones en endeudamiento público 2020 es el mayor saldo de deuda registrado en El Salvador desde 1992… ¿cómo lo pagaremos?
Si el sector privado y academia tiene razón en cuanto a la falta de información de los fondos gestionados hasta el momento, ¿para qué continuar en el Comité? Se sugirieron reformas en cuanto a la distribución de los fondos, así como más propuestas y discusiones en contraste con la crisis. Pero si se les ignora o no se les toma en cuenta en las decisiones finales, esto me lleva a hacerme una sola pregunta: ¿será que el Comité sólo fue creado para que aprobaran los $2000 millones?
No lo sé. Lo cierto es que esto puede propiciar, en plena crisis, lo que tanto hemos temido: el aumento de la corrupción y el incumplimiento de los derechos humanos.
Basta con mirar un rato las noticias y las redes sociales para hacerse una idea. Desde políticas sanitarias implementadas que han consistido en poner a la PNC y a la Fuerza Armada al mando para evitar que la gente incumpla la cuarentena (como Costa Rica decía, “a base de armas”) hasta la utilización de comunicación de crisis; interpretar las leyes a conveniencia; justificar, con la Ley de Enriquecimiento Ilícito y la Ley de Procedimientos Administrativos, cuestiones a personas que no tienen nada que ver; el uso de las fake news para desinfomar (manipulación mediática); supuesta falta de insumos a los médicos; falta de apoyo económico a las familias del sector informal; incumplimiento de los derechos humanos… en fin, un rollo.
No todo puede justificarlo el COVID-19. Las cosas como son
Quiero resaltar unas palabras: “El gobierno les establece fechas según su número de DUI para poder salir a comprar, ¿comprar qué? Si la gente no tiene dinero ni para comer porque han perdido sus empleos y para agravar la situación, no han recibido ayuda ni del bono de los $300, ni de las canastas. La población anda evadiendo los controles policiales, como si fueran indocumentados en su propio país”.
Hablando sobre las redes sociales, siempre hay opiniones a favor y en contra del gobierno. Por ejemplo, puedes encontrar muchos hashtags de Twitter o Facebook (entre los más famosos, #BukeleDictador, #Nayibfascista, #devuelvanlorobado o #losmismosdesiempre). Lo cierto es que esos hashtags se han hecho simples clichés; así como las personas que hacen sátira de cosas que ni siquiera entienden, criticando a personas que dicen ser “iluminados” cuando ellos mismos cometen ese error. Eso sin contar los insultos, claro.
Nadie aquí tiene la verdad absoluta. Puede pensar lo quieras de mí, pero así como usted, trato de apoyar con simples acciones como quedarme en casa o fomentar el pensamiento positivo. No llegamos a comprender aún qué es el coronavirus, pero lo que nos ha quedado claro es que no es ninguna broma. Es horrible padecerla (según testimonios) y aún más pensar que en algún momento puede contraerla y posiblemente morir. Por eso, seamos empáticos con los enfermos de este virus, así como con los médicos y enfermeras que hacen esfuerzos grandes para sacar adelante la salud del país. Ellos merecen nuestro aplauso eterno.
Concluyo este capítulo recordando la importancia del pensamiento crítico. Lea, infórmese de lo que pasa (por fuentes confiables), pida asesoría en algún tema complejo y, de esa forma, fórmese un pensamiento propio. Sólo así evitaremos la ignorancia en temáticas tan importantes como esta. Si tiene un comentario entonces hágala, pero con respeto.
Además, agradezca lo que tiene. Hay personas que han sufrido en esta crisis (y no sólo enfermos, sino familias del sector informal que han quedado sin ingresos económicos).
Espero de corazón que tenga excelente salud. Si no es así, tenga fe que será así muy pronto. ¡Que reine siempre el pensamiento positivo! Bendiciones y gracias por leer.
Luis Galdámez - Estudiante UCA
Licenciatura en Economía Correo: 00179018@uca.edu.svQue la literatura nos ayude a llevar luz a los rincones olvidados, donde nuestros hermanos sufren.
El Salvador tiene 34% de pobres, según un censo de 2018. 750 mil salvadoreños tienen un trabajo informal. 600 mil no tienen ningún tipo de acceso al agua. Se especula que las cifras son mayores.
“Es momento de cuidarnos y luchar juntos para que el país se salve” he leído en diferentes redes sociales, pero, ¿Cuándo termine la pandemia ya no lo será tiempo para ayudar? La respuesta evidentemente es un no, porque incluso en medio de esta enfermedad hay personas que están siendo excluidas. Esto me hace pensar que todo este tiempo hemos estado viviendo un “todos contra todas”. Y aunque el sistema funciona así desde hace muchos años. Constantemente reflexiono hacia dónde miramos como comunidad, como familia, o como sociedad en general. Desviar nuestra mirada hacia nuestros intereses, o hacia nuestras comodidades es algo común, pero cuando lo tenemos ¿Por qué no la desviamos hacia los más vulnerados? Hacia aquellas personas que viven en olvido y en el sigilo, hacia aquellas personas que borran del mapa y parece que viven en el solitario exilio en su propio país.
En El Salvador siguen resonando aquellas voces que fueron cortadas, pero que de cierta manera aún viven en algunos, parece que aún se vive en épocas pasadas, donde la única preocupación del gobierno es quién llegará después, donde la tierra llora y la gran mayoría la ignora. Se lucha por un porvenir destruido porque cegamos el presente en ruinas.
Correr para ver quién llega primero no es el modo de avanzar. Al contrario, cada escalera que se sube en esa dirección es un paso a la catástrofe. ¿De qué sirve si avanzamos pero dejamos a los demás atrás? A pesar de que es una opinión personal, también me parece un poco de sentido común, ese sentido que le hace falta a muchos “lideres”, entonces recorrer largos caminos se vuelve una obligación para muchos, y esto se vuelve inhumano con respecto a las condiciones de vida de la población, sobretodo de las personas pobres, quienes, al parecer, se han convertido en una propiedad del Estado, donde son los de arriba quienes deciden por ellos.
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¿Acaso la privatización del agua no es una realidad actual? Pues, en letras aún no, en hechos, muchos sectores de la sociedad civil lo viven diariamente, lo “extraño” es que los sectores donde hay más capital no sufre esto, pero las zonas clase media y baja se limitan a vivir esta realidad desde hace años por “asuntos técnicos”.
Sectores de la población ni siquiera tienen un baño, y no tienen dinero para comprar un nuevo garrafón de agua, porque ni siquiera esas empresas llegan a los sectores empobrecidos. Parece que El Salvador y América Latina tiene un cierto fanatismo por las sonrisas tristes, y tiende a romantizar aquellas situaciones de desigualdad donde recorrer largos senderos peligrosos son ejemplos de superación, donde la lástima es una herramienta de muchos, y donde dar una moneda en la calle creen que es la solución de un pueblo que, evidentemente está roto por la tristeza, por la falta de dignidad, la inmunidad hacia los poderosos, la falta de libertad y la desigualdad.
Para las personas sin techo esta es una época desfavorecida, aunque les han prometido llevarlo a albergues “para mientras” y aunque evidentemente luego de esta pandemia volverán a habitar las calles con la mano alzada, hay que buscar la manera para que esto cambie, sino ¿de qué sirve tanta inteligencia?, que el cambio comience en nosotros, principalmente en ser solidarios, y en reconocer que cualquier época es para compartir, por más mínimo que sea, y que esta vez, se invierta más de manera más humana en la ciencia, en los desprotegidos, en vez de ver quien se arma más.
Diego Rosales - Estudiante UCA
Licenciatura en Comunicación SocialMiembro del Programa de Liderazgo Ignaciano Universitario Latinoamericano de UCA El Salvador. Correo: 00387519@uca.edu.svLas medidas adoptadas fueron acertadas, ejecutadas antes de que el virus dijera presente en el territorio, pero la gran mayoría aplicaban solamente para el sector formal de la economía.
Wuhan, provincia de Hubei, China central. Cerca de 14,489 kilómetros separan a esta populosa ciudad asiática de San Salvador, capital de El Salvador. El mes de enero de 2020 apenas iniciaba cuando se dispararon las alarmas en Wuhan: una serie de casos de neumonía originados por una causa desconocida mantenían en vilo a las autoridades sanitarias. Pocos días después dicha causa sería nombrada como COVID-19, un nuevo miembro de la familia del coronavirus. Al cabo de algunas semanas la situación se volvió incontrolable y China tuvo que tomar medidas drásticas.
Y como la vida nunca deja de presentarnos ironías, incluso el Presidente de El Salvador, Nayib Bukele, se encontraba en China en busca de futuros apoyos económicos e infraestructurales para el país cuando el virus comenzaba a cobrar protagonismo. Pero en el territorio salvadoreño todo se mantenía en absoluta normalidad, dentro de lo que cabe.
Tres meses después, el 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaraba al COVID-19 como pandemia mundial, y el mismo día el Gobierno de El Salvador ordenaba la suspensión de clases en todo el territorio nacional. Esta fue una de muchas medidas que se fueron adoptando los días posteriores, tales como la prohibición de viajes provenientes de China, Corea del Sur, Italia, Irán, Francia, Alemania y España respectivamente, así como el cierre total del Aeropuerto Internacional Monseñor Óscar Arnulfo Romero para vuelos comerciales, el consiguiente cierre total de todas las fronteras, y finalmente, el estado de excepción solicitado por el GOES a la Asamblea Legislativa. Pero la medida más drástica y que hizo explotar por un momento la burbuja en la que vivimos muchos salvadoreños, fue la cuarentena domiciliar obligatoria, decretada por el Presidente Bukele en cadena nacional de radio y televisión el 21 de marzo en horas de la noche.
La cultura salvadoreña no es, precisamente, la más civilizada del mundo, y esto se evidenció durante el transcurso de esos días. En redes sociales las personas compartían fotografías de supermercados abarrotados, consumidores con canastos llenos de paquetes de papel higiénico, mascarillas vendiéndose en cantidades industriales (desabasteciendo así a quienes sí las necesitaban: los hospitales), peleas entre tuits a causa de la innecesaria y dañina politización del contexto, entre muchas otras reacciones. Pero muy pocos se acordaron de aquellos estratos sociales a los que el salvadoreño promedio le teme y estigmatiza, donde el supermercado es un lujo, donde las mascarillas no serán nunca bienes de primera necesidad, y donde la mayoría de políticos solo ven votos, no rostros.
Aquel tema tabú volvía a reclamar su merecida atención, y esta vez era imposible voltear la mirada ante una verdad irrefutable: en El Salvador hay desigualdad social.
Fueron estas personas, las que sobreviven con el “coyol quebrado, coyol comido” como lema, las principales afectadas con la –bien justificada– cuarentena domiciliar obligatoria decretada por el Gobierno.
Las medidas adoptadas fueron acertadas, ejecutadas antes de que el virus dijera presente en el territorio, pero la gran mayoría aplicaban solamente para el sector formal de la economía. Ese sector al que el Presidente Bukele se aseguró de blindar para que no dejaran de percibir sus salarios en los días que la cuarentena tuviera validez. Y aunque también anunció la entrega de un bono de $300.- por familia - a aquellos hogares que se vieran directamente afectados por la emergencia nacional, que consumieran menos de 250KW/h y que no reciban un salario fijo, la realidad no dejaba de golpear a las personas más necesitadas.
La desigualdad social no solo se observa en aspectos económicos, sino también en el acceso a la información, inclusión, educación, servicios básicos, e incluso, cultura. En medio de una las crisis sanitarias más fuertes en los últimos años, donde una de las recomendaciones principales es la de lavarse las manos con abundante agua y jabón, hay zonas del país donde hacerlo no es una opción, no por falta de voluntad, sino por algo peor: falta de agua.
En El Salvador son cientos de miles las personas que no tienen acceso al agua, y en los tiempos del coronavirus esta cruda realidad podría convertirse en mortal.
Mientras para algunos la cuarentena domiciliar es más llevadera con cable, internet y Netflix a la mano, para otros el tener bocado que comer el día siguiente es considerado una victoria. Sin agua, sin energía eléctrica, en algunos casos sin hogar, sin recursos, sin familia. Esta pandemia ha venido a desnudar muchas de las carencias que estas personas afrontan día con día, y si en épocas de “normalidad” es una odisea, atravesar una crisis sanitaria en estas circunstancias se vuelve una verdadera prueba de supervivencia. Ante esto, es importante que el salvadoreño comience a valorar, y más importante aún, actuar.
La gente tiene hambre, y esa necesidad fisiológica no da crédito a la magnitud de lo que esta pandemia significa. El 30 de marzo cientos de personas salieron a las calles para reclamar su bono de $300, ignorando las medidas de distanciamiento social, y a pesar de que las indicaciones dadas por el Gobierno no señalaban entrega de dinero para ese día, el clamor y desesperanza de esas personas era incuestionable. Finalmente, algo sí era evidente en medio de toda la algarabía: afuera, solo estaban aquellos que conocen el significado de desigualdad, no por suposición, sino porque la viven.
Guillermo López Vigil - Estudiante UCA
Licenciatura en MercadeoMiembro del Programa de Liderazgo Ignaciano Universitario Latinoamericano de UCA El Salvador. Correo: 00068319@uca.edu.svEs irónico saber que las recomendaciones para protegernos del virus es lavarse las manos constantemente, cuando en muchos lugares de nuestro país este líquido vital no cae a diario y que incluso cuando cae es limitado.
Las condiciones con las que viven muchos salvadoreños son muy precarias, gran parte de la población sufre o es vulnerable a la pobreza y esto lleva a muchas limitaciones que de una u otra forma los perjudica.
Pero podemos preguntarnos ¿Cuál es la razón de esta causa? o ¿Cómo se podría mejorar esta situación? La desigualdad en el país es muy grande, podríamos decir en gran parte que esto es por el poder adquisitivo solo en un porcentaje bajo de la población o por un sistema desigual ante la población del país.
Pobreza podría ser el término con el que se define la falta de recursos para sobrevivir y que por ende conlleva a situaciones de mucha carencia no solo para una persona en específico sino que esta gira alrededor de un grupo; en un país donde las necesidades básicas son muy precarias y donde la mayoría de trabajos son informales, según un estudio de FUSADES, del 2018, que indica que de cada 10 personas 7 laboran en el área informal, cabe preguntarse ¿Cómo se podrá sobrellevar una crisis de salud como el covid-19?
Según la Organización Mundial de la Salud en los humanos dicha enfermedad causa infecciones respiratorias que pueden ir desde el resfriado común hasta enfermedades más graves como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS)
Esta situación lleva a algo muy trágico pero eficiente para contrarrestar la pandemia “el distanciamiento social” que implica evitar los lugares concurridos o aglomeraciones, trayendo como consecuencia el cierre de muchos lugares como centros de estudio, trabajos, plazas, entre otras. Dejando a las personas en un estado de restricción para no salir de sus casas, es decir una cuarentena domiciliar.
Todo esto afectará en muchas áreas a El Salvador y al mundo entero. Esta pandemia no distingue credo, color de piel, sexo, ideologías políticas; impactando más sobre aquellos más vulnerables, tal es el caso de todos los vendedores informales que sostienen a su familia. El comercio ha descendido mucho a raíz de la pandemia, también se ve afectada la vida de todos los ancianos que buscan sobrevivir y especialmente de aquellos que están solos y abandonados.
Es irónico saber que las recomendaciones para protegernos del virus es lavarse las manos constantemente, cuando en muchos lugares de nuestro país este líquido vital no cae a diario y que incluso cuando cae es limitado.
Ademas se unen otros factores como el despido de empleados, la falta de recursos para sobrevivir durante la cuarentena que viven familias, entre otras, vuelven a El Salvador en un estado carente. Aun con el empeño que las diferentes entidades del país ponen para sobrellevar la situación se quedan cortas con todas las heridas abiertas que tiene la nación a causa de su pobreza.
Ante esta situación y la realidad de nuestro país, queda repetir las medidas de prevención para la enfermedad, son necesarias ya que aún desde nuestras limitantes podemos brindar nuestro granito de arena, quedándonos en casa ayudamos no solo a nuestra familia, amigos, vecinos sino a El Salvador. En general y al mundo entero.
Esta pandemia lo que nos pide es que nos unamos como hermanos aunque estemos separados pero pensando en la necesidad del otro y buscando la forma de cómo ayudarle. Solo nos queda tener esperanza, brindar todas nuestras fuerzas y ante todo confiar en Dios y que esta situación pronto terminará.
Carlos Iraheta - Estudiante UCA
Licenciatura en Comunicación SocialMiembro del Programa de Liderazgo Ignaciano Universitario Latinoamericano de UCA El Salvador. Correo: 00369319@uca.edu.sv