En el mercado actual las empresas deben desarrollar “Ventajas Competitivas” con el fin de posicionarse de una manera única y diferente en el mercado y obtener resultados económicos sostenibles a través del tiempo. El conocimiento puede verse como un recurso para desarrollar estas ventajas y para aumentar los niveles de competitividad de las organizaciones.
Las organizaciones requieren de un modelo que les permita mantener y elevar la sostenibilidad, la competitividad y la calidad, y con ello responder al plan maestro establecido por la ONU en los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, cuyo enfoque es conseguir un futuro sostenible para todos; y son los modelos de gestión organizacional quienes coadyuvan a definir esta filosofía de gestión que asegure resultados de manera permanente.
A nivel mundial la investigación de operaciones se ha usado para generar conocimiento alrededor de diversos temas y las redes de valor no pueden ser la excepción; por ello, se proponen temáticas alrededor del uso de la optimización combinatoria, programación lineal, no lineal y entera, programación estocástica, optimización metaheurística o modelos de simulación como herramientas para la gestión de las redes de valor.
En ambientes competitivos, como los que enfrentan actualmente las organizaciones, es donde factores como la iniciativa, las actitudes y el comportamiento de los trabajadores, adquieren mayor importancia y justifican la gestión del talento humano basada en competencias, pues en ella se integran las motivaciones, los conocimientos, las habilidades y los valores que conforman la conducta humana, considerándose éste último como el fundamento de las ventajas competitivas de una organización y los procesos de integración de las redes de valor que conforman.
Dentro de la cadena de suministro de bienes y servicios, las actividades que generan valor son el diseño, la producción, la comercialización y la distribución, dado que se encuentran estrechamente relacionadas con la ventaja competitiva de las organizaciones. Es por ello que la implementación de redes de valor de ciclo cerrado, junto con el concepto de economía circular adquiere mayor importancia actualmente en las organizaciones, pues en ellas se maximiza la creación de valor a lo largo de todo el ciclo de vida, a través de su reutilización, reciclaje, re-manufactura, re-fabricación, comercialización y distribución de productos reacondicionados.
Las ciudades cuentan con una serie de actividades metabólicas para sustentar a sus habitantes, que a lo largo de la historia han generado grandes impactos ambientales y socioeconómicos, es por ello que el metabolismo urbano se concibe como parte fundamental en la competitividad y sostenibilidad de las ciudades, pues en él, se integran procesos técnicos y socioeconómicos orientados al crecimiento urbano, la producción de energía y la eliminación de todo tipo de residuos.
Reúne los sectores económicos que se centran en la creación, producción y comercialización de bienes y servicios intangibles, como el diseño, el arte y la cultural. El fomento de este tipo de economías a nivel mundial impulsa no sólo la creatividad, las habilidades y talentos individuales, sino que generan valor y competitividad regional, por medio del aprovechamiento de la propiedad intelectual.