La metanfetamina (desoxiefedrina) es un psicoestimulante. Es un agente agonista adrenérgico sintético, estructuralmente relacionado con el alcaloide efedrina y con la hormona adrenalina. El compuesto es un líquido aceitoso a temperatura ambiente, insoluble en agua. El clorhidrato de metanfetamina se presenta como cristales blancos, muy solubles en agua o etanol.
La sustancia bloquea las señales somáticas (como fatiga, sueño, hambre) que advierten sobre el deterioro funcional progresivo. En estos casos, una vez que la sustancia abandona el organismo, estos sujetos pueden experimentar, en cierto estado, agitación psicomotora, a veces asociados con delirios persecutorios.
En los casos más graves, el sujeto es inoperante socialmente y llega a cuadros de Disociación psíquica que apenas pueden distinguirse de los que caracterizan a una esquizofrenia paranoide. Estas manifestaciones psiquiátricas de toxicidad se producen por sobredosificación y en casos de adicción crónica a dosis altas (especialmente por vía parenteral); estos casos se denominan psicosis anfetamínica en la práctica clínica.
Aunque la estructura química de la metanfetamina es similar a la de la anfetamina, sus efectos sobre el sistema nervioso central son más pronunciados. La molécula de metanfetamina tiene la habilidad de cruzar muy fácilmente la barrera hematoencefálica. Esta habilidad permite que los niveles de sustancia en el cerebro alcancen unas 10 veces los niveles en sangre, logrando ejercer su acción casi exclusivamente sobre el sistema nervioso central.