Hay historias que no necesitan presentación. El Principito es una de ellas. Desde su publicación en 1943, esta obra de Antoine de Saint-Exupéry ha viajado por generaciones, idiomas y formatos, tocando fibras profundas en lectores de todas las edades. Aunque parece un cuento infantil, es en realidad una meditación poética sobre la vida, el amor, la pérdida, la soledad y la belleza de lo invisible.
Pero lo más fascinante de El Principito es cómo ha sido reinterpretado a lo largo del tiempo. En 2015, el director Mark Osborne nos regaló una película animada que reimagina la historia desde una perspectiva moderna y emotiva. Entre 2010 y 2015, se transmitió una serie animada francesa que convirtió al principito en un viajero interplanetario, enfrentando dilemas éticos y aventuras cósmicas. Tres versiones, tres estilos, tres formas de mirar las estrellas y todas con algo valioso que decir.
Antoine de Saint-Exupéry nació el 29 de junio de 1900 en Lyon, Francia. Fue escritor, poeta, periodista, pero sobre todo, aviador. Su pasión por volar marcó profundamente su vida y su obra. Durante los años 20 y 30 trabajó como piloto de correo aéreo, volando rutas peligrosas entre Europa, África y Sudamérica. Estas experiencias le dieron una perspectiva única sobre la soledad, el silencio del cielo, la fragilidad humana y la belleza del mundo visto desde arriba.
Durante la Segunda Guerra Mundial, se unió a las fuerzas aéreas francesas libres. En 1944, mientras realizaba una misión de reconocimiento sobre el Mediterráneo, desapareció misteriosamente. Su avión fue encontrado décadas después, pero su muerte sigue envuelta en cierto halo de leyenda como si él mismo hubiera regresado a su pequeño planeta.
El Principito, escrito mientras estaba exiliado en Estados Unidos, fue su despedida disfrazada de cuento. Muchos ven al aviador del libro como un reflejo del propio Saint-Exupéry, y al principito como su parte más pura, más soñadora. La rosa representa a su esposa Consuelo, con quien tuvo una relación intensa y complicada. El zorro, el rey, el farolero, todos los personajes son metáforas de la vida adulta, vista desde los ojos de alguien que nunca dejó de ser niño.
La historia comienza con un aviador perdido en el desierto que conoce a un niño venido de otro planeta. A través de sus relatos, el principito nos habla de su rosa, de los planetas que ha visitado y de los adultos que ha conocido. Cada planeta es una crítica sutil a los absurdos del mundo adulto: el rey que quiere gobernar todo, el vanidoso que solo busca admiración, el borracho que bebe para olvidar que bebe.
Pero el corazón del libro está en la relación con el zorro, quien le enseña que “domesticar” es crear lazos, y que lo esencial es invisible a los ojos. Esta frase, tan sencilla y tan profunda, resume el espíritu de la obra: lo que realmente importa no se puede ver, solo se puede sentir.
El estilo de Saint Exupéry es delicado, poético, lleno de silencios y de imágenes que parecen dibujadas con palabras. Las ilustraciones originales, hechas por el propio autor, son parte inseparable de la experiencia de lectura. Y aunque el libro es breve, cada página está cargada de significado.
La adaptación cinematográfica dirigida por Mark Osborne no es una traducción literal del libro, sino una reinterpretación que lo enmarca dentro de una historia nueva. Aquí, la protagonista es una niña que vive en un mundo rígido, controlado por su madre, quien ha trazado un plan de vida perfecto para ella. Todo cambia cuando conoce a su vecino, un viejo aviador que le cuenta la historia del principito.
La película alterna entre dos estilos de animación: CGI (Imágenes Generadas por Computadora) para el mundo real y stop-motion para el universo del principito. Esta decisión artística es brillante, porque marca la diferencia entre lo cotidiano y lo mágico, entre lo estructurado y lo imaginativo.
Lo más hermoso de esta versión es cómo logra conectar el mensaje del libro con la vida moderna. La niña aprende a mirar con el corazón, a valorar la imaginación, la amistad y la libertad. El final es conmovedor, y la música compuesta por Hans Zimmer y Camille le da un tono nostálgico y esperanzador.
La serie francesa, producida por Method Animation, presenta al principito como un viajero que recorre distintos planetas para resolver conflictos causados por la Serpiente, una figura que representa el mal, la corrupción y la pérdida de valores. Cada episodio es una aventura con un dilema ético, una lección y una resolución.
Aunque se aleja del tono filosófico del libro, la serie conserva el espíritu del personaje: su bondad, su curiosidad, su capacidad de ver más allá de lo evidente. El principito sigue siendo un niño que pregunta, que observa, que busca comprender. Y aunque ahora tiene más acción, más personajes y más tecnología, su esencia sigue intacta.
La serie es ideal para niños y jóvenes, y funciona como una puerta de entrada al universo del principito.
Es una historia que crece contigo. Lo que entiendes a los 10 años no es lo mismo que comprendes a los 30 o a los 60. Porque te recuerda que la imaginación es una forma de resistencia, que la amistad es un acto de valentía, y que el amor como la rosa del principito requiere cuidado, paciencia y entrega.
En un mundo que a veces parece gobernado por reyes vanidosos, contadores obsesionados con los números y adultos que han olvidado cómo era mirar las estrellas, El Principito nos invita a volver a lo esencial.
Escrito por Mari
19/08/24
Si quieres ver unos capítulos de la serie animada, aquí te dejo el link para que veas la primera temporada.
La intro está en su idioma (francés) pero lo demás está en español latinoamericano y los capítulos se dividen por partes.