La llegada del pueblo mazahua a la región central de México fue registrada en las crónicas chichimecas, las cuales señalan que arribaron con los pueblos matlatzinca y ocuilteca al Valle de Toluca. Especialistas en la materia consideran que fueron una de las cinco tribus de la migración chichimeca comandada por Xólotl, ocurrida en el siglo XIII.
Fray Bernardino de Sahagún describe que tenían las mismas costumbres que los del Valle de Matlatzinco, considerándolo una derivación de los otomíes porque ambos provienen de los chichimecas.
El Centro Ceremonial Mazahua, ubicado en el municipio de San Felipe del Progreso, permite a este pueblo indígena difundir su cultura; así mismo, muestra testimonios materiales de su propia historia.
El pueblo mazahua o "jñatjo" es el más numeroso de la entidad, al haber identificado el Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), a 132 mil 710 personas hablantes de su lengua. Se encuentra asentado en la región noroccidental y centro-occidental del Estado de México, mayoritariamente en 13 municipios rurales que son: Almoloya de Juárez, Atlacomulco, Donato Guerra, El Oro, Ixtapan del Oro, Ixtlahuaca, Jocotitlán, San Felipe del Progreso, San José del Rincón, Temascalcingo, Valle de Bravo, Villa de Allende y Villa Victoria.
Desde principios del siglo XVI, los mazahuas han ocupado esta zona, que está integrada por una serie de montañas, lomas y valles en los que predomina el clima frío.
De los municipios donde se asienta el pueblo mazahua, nueve tienen un alto grado de marginación: Almoloya de Juárez, Donato Guerra, Ixtapan del Oro, Ixtlahuaca, San Felipe del Progreso, San José del Rincón, Temascalcingo, Villa de Allende y Villa Victoria; dos, un grado medio: El Oro y Jocotitlán; dos, un grado bajo de marginación: Atlacomulco y Valle de Bravo, lo que significa que se trata de una región y un pueblo con grandes necesidades sociales y económicas.
La economía de las comunidades mazahuas se basa en la agricultura de bajo rendimiento, particularmente de maíz, cuyo cultivo constituye su actividad económica fundamental, la cual se complementa con los ingresos obtenidos por la elaboración de artesanías, así como los que consigue la población migrante, en actividades de los sectores secundario y terciario.
La artesanía mazahua es amplia y variada; se puede observar desde la elaboración de tapetes, colchas, manteles, servilletas y el quexquemetl atuendo más significativo, principalmente, los cuales son bordados a mano por mujeres que dan vida a figuras zoomorfas, fitomorfas, principalmente en cálidos tonos y acabados. Sobresale la cerámica de alta temperatura que realizan los artesanos mazahuas del municipio de Temascalcingo con diseños sencillos y llamativos.
Así mismo, el trabajo de filigrana de la región de Plateros en el municipio de San Felipe del Progreso, trabajo que se ha proyectado fuera del contexto local con artículos como pulseras, charolas, árboles de la vida, anillos, aretes y prendedores, en donde también reflejan su cosmovisión.
La falta de empleos, el bajo rendimiento de la parcela agrícola y la presión demográfica, son causas de la migración tanto temporal como permanente, de hombres y mujeres mazahuas hacia los centros urbanos, principalmente a las zonas metropolitanas de las ciudades de Toluca y México.
El vestido de la mujer mazahua, constituye una preservación cultural, está compuesto de falda de manta blanca que remata con bordados de motivos zoomórficos o florales. Sobre esa falda, usa otra de satín, de colores fuertes, como el amarillo, rosa mexicano, morado, verde, lila y azul rey.
La mujer mazahua también utiliza una faja de lana muy larga, hecha a mano, que alcanza para darle varias vueltas a su cintura. La blusa es del mismo material y color que los de la falda. El vestido se adorna con un collar de cuentas de papelillo, de numerosos hilos, cuyo color contrasta con propio vestido.
El adorno se complementa con grandes arracadas de filigrana y con cintas que utiliza en sus trenzas, que pueden ser de color rojo, verde o guinda.
La indumentaria del hombre consta de camisa, pantalón de manta blanca y huaraches; en algunos lugares es común que se amarre una faja en la cintura semejante a la de la mujer. Sin embargo, este tipo de vestimenta paulatinamente entra en desuso, debido a su remplazo con prendas industrializadas.
El pueblo mazahua ha conservado sus expresiones culturales mediante la lengua, la tradición oral, la música, la danza y las artesanías; su forma de vestir, su visión del mundo y sus prácticas rituales y religiosas, las cuales han sido transmitidas de una generación a otra, y más recientemente en su Centro Ceremonial Mazahua.
La lengua materna constituye el principal vínculo de comunicación e identidad dentro de la familia y la comunidad. Sin embargo, el desuso de la lengua es más frecuente, ocasionando con ello que en los censos de población el número de hablantes de esa lengua sean menor en proporción a la población total.
En la organización social tradicional de las comunidades mazahuas, destacan las figuras vinculadas a sus prácticas religiosas, como los mayordomos, fiscales y mayordomitos, que son elegidos de acuerdo a sus costumbres y con la periodicidad que marca el cargo. Sus funciones, por lo general se refieren a la organización de sus ritos y festividades.
Otra característica importante la constituye la faena que es una forma de organización social para realizar trabajos de beneficio comunitario.
La unidad social entre los mazahuas la constituye la familia, que puede ser nuclear o extensa. Entre ellos un compromiso de matrimonio requiere de por lo menos tres visitas previas a la casa de la novia, por parte de la familia del novio.
Como parte importante de sus tradiciones, conservan cantos y alabanzas en su lengua materna; además, ejecutan diversas danzas tradicionales como son: las pastoras, concheros, santiagueros, romanos y los viejitos; éstas se encuentran vinculadas a las ceremonias de tipo religioso.
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