¿Murió?... Sólo sabemos
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Antonio Machado, 1915
Elaborado: Paola Molina Sevilla y José de la Rosa Canales
Rafael Navarro González, nació el 25 de abril de 1959 en la Ciudad de México, desde joven mostró una profunda curiosidad por los fenómenos naturales que observaba. Realizó sus estudios en la carrera de Biología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), institución en la que comenzó a desarrollar su interés por la evolución química, un campo que estudia cómo; las moléculas simples pudieron transformarse en los primeros compuestos orgánicos que posiblemente dieron origen a la vida.
Durante su formación universitaria, se integró como voluntario a proyectos de investigación en el entonces Centro de Estudios Nucleares de la UNAM, donde comenzó a estudiar el papel de moléculas como el cianuro de hidrógeno (HCN) en la química prebiótica de la mano de la Dra. Alicia Negrón-Mendoza. Aquellos primeros trabajos marcarían la dirección de toda su carrera científica.
Posteriormente realizó estudios de doctorado en la University of Maryland en los Estados Unidos, donde profundizó en la investigación sobre el papel del HCN en la evolución química. Tras concluir su doctorado en 1989 regresó a México para integrarse al Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, donde fundó el Laboratorio de Química de Plasmas y Estudios Planetarios, donde propuso una amplia gama de investigaciones relacionadas con la química prebiótica, la evolución de atmósferas planetarias y la búsqueda de vida extraterrestre.
Navarro-González y su equipo diseñaron experimentos para simular condiciones presentes en lugares como Titán, la mayor luna de Saturno. Mediante descargas eléctricas y otras fuentes de energía lograron reproducir la formación de compuestos orgánicos complejos, similares a los detectados por sondas espaciales en esa atmósfera, la cual es rica en metano y nitrógeno. Estos experimentos ayudaron a comprender cómo la química orgánica puede desarrollarse en otros mundos diferentes a nuestro planeta.
Otro de sus aportes fundamentales fue el estudio de la fijación abiótica del nitrógeno en la Tierra primitiva y en Marte temprano. Navarro-González demostró experimentalmente que las descargas eléctricas, como los relámpagos, podían romper el enlace de la molécula de nitrógeno atmosférico y producir compuestos reactivos como HCN o óxidos de nitrógeno. Estos compuestos habrían sido esenciales para el desarrollo de la química prebiótica y el surgimiento de la vida en la Tierra. También realizó importantes investigaciones sobre ambientes hidrotermales, a través de experimentos de laboratorio que reproducían altas temperaturas y presiones, demostrando que también en estos sistemas se pueden formar moléculas orgánicas relevantes para entender algunos procesos prebióticos.
El interés de Navarro-González por comprender otros planetas también lo llevó a explorar algunos de los ambientes más extremos de la Tierra. A finales de la década de 1990 participó en expediciones científicas al Desierto de Atacama en el norte de Chile, considerado uno de los lugares más áridos del planeta. Allí analizó suelos extremadamente secos para evaluar su similitud con el suelo de Marte. Sus estudios demostraron que ciertas regiones de Atacama son excelentes análogos del ambiente marciano, por lo que se han convertido en sitios de prueba para instrumentos científicos destinados a futuras misiones espaciales. Su trabajo tuvo un impacto directo en la exploración de Marte. Cuando se descubrieron percloratos en el suelo marciano, Navarro-González demostró que estos compuestos pueden destruir la materia orgánica durante ciertos análisis térmicos.
Este hallazgo ayudó a reinterpretar los resultados de las misiones Viking que se llevaron a cabo en la década de los setenta del siglo pasado, que no habían detectado compuestos orgánicos en el planeta rojo. Por, lo que participó como investigador en experimentos científicos vinculados a misiones a Marte, como Sample Analysis at Mars (SAM) a bordo del rover Curiosity, así como en las misiones Mars 2020 y ExoMars.
Además de su intensa actividad científica, Navarro-González fue un promotor incansable de la astrobiología en México. Fue cofundador y presidente de la Sociedad Mexicana de Astrobiología (SOMA), impulsó reuniones académicas internacionales y formó a numerosos estudiantes que hoy continúan desarrollando esta disciplina. A lo largo de su carrera publicó más de cien artículos científicos y recibió reconocimientos internacionales, entre ellos la Medalla Alexander von Humboldt y el Premio TWAS en 2009.
El Dr. Rafael Navarro-González falleció el 28 de enero de 2021. Sin embargo, su legado continúa vivo en sus contribuciones científicas y en el creciente papel de México en la investigación astrobiológica internacional. Su trabajo nos recuerda que la ciencia avanza gracias a la curiosidad, la perseverancia y la capacidad de mirar más allá de nuestro propio planeta para comprender el universo. Como homenaje a su trayectoria, el equipo científico de la misión Curiosity decidió nombrar una colina del cráter Gale de Marte con su nombre. Este reconocimiento simboliza el legado de un científico que dedicó su vida a estudiar los procesos químicos que podrían conducir al surgimiento de la vida en otros mundos.
https://www.astroscu.unam.mx/rmaa/RMxAC..55/PDF/RMxAC..55_Obituario-LXXVIII.pdf
https://www.youtube.com/live/q2xlGDRMsV4?si=iPdWaZqsYltNwQKq
Por Ma. Elena Aguilar Mena (1) e Irma Lozada-Chávez (2)
(1) Instituto Nacional de Infecciones Respiratorias: hipatia.aguilar@gmail.com
(2) Universidad de Leipzig, Alemania: ilozada@bioinf.uni-leipzig.de
Eran las 11:20 del 24 de diciembre de 1968 cuando el Dr. Ramiro Iglesias Leal se encontraba analizando el primer trazo del electrocardiograma del astronauta William Anders, el cual se enviaba por telemetría desde la órbita lunar en el Apolo 8, a 386.000 km de distancia con el Tierra. La misión Apolo 8 fue la primera nave espacial tripulada que orbitó la Luna, tomó la primera fotografía de la Tierra, hizo uso de la nueva tecnología de la telemetría (ahora tan usada en el terreno médico), y contribuyó a la llegada de la humanidad a la Luna en el Apolo 11 en 1969. Así empezaría una misión de vida para el Dr. Ramiro Iglesias, considerado como el pionero de la Medicina Espacial en México.
La investigación científica del Dr. Iglesias estuvo enfocada en la identificación y análisis comparativo de las variables que modelan el funcionamiento del sistema cardiovascular (SCV) humano bajo las condiciones de la gravedad terrestre (1G) y en ausencia de gravedad (0G). Sus investigaciones muestran que los astronautas presentan diversos cambios en el SCV a partir de la segunda semana bajo gravedad cero (0G), por ejemplo: el diafragma se desplaza unos 5-6 cm arriba de lo normal, el tamaño del corazón disminuye entre 10 y 15%, el gasto cardiaco y el volumen total de sangre también disminuyen entre 10 y 20%. Los resultados de sus investigaciones lo llevaron a proponer el modelo del “hombre cósmico”, cuya tesis principal plantea que la raza humana está destinada a convertirse en una especie multi-planetaria y emprender su próxima gran migración hacia la Luna, a Marte y a otros planetas antes de terminar el siglo XXI. Las ciudades espaciales del Dr. Iglesias estarían compuestas por 10 mil o hasta 10 millones de habitantes, quienes sufrirían “adaptaciones positivas” bajo presiones selectivas de gravedad 0G a lo largo de un siglo, las cuales favorecerían la reproducción, nacimiento, inteligencia, estatura, y el retraso del envejecimiento humano.
Sin lugar a dudas, la hipótesis del “hombre cósmico” es visionaria y atrevida, se basa en un proceso evolutivo de tipo darwiniano, principalmente gradual y direccional. Esta hipótesis presenta múltiples problemas científicos para sostener, entre otras predicciones, la acción de la selección natural de forma efectiva y persistente en poblaciones humanas reducidas. No obstante, recientes estudios en diversos organismos han demostrado que el proceso de selección natural también persiste en el espacio, pues se ha observado la reproducción y adaptación diferencial de diversos rasgos en plantas, hongos, invertebrados, bacterias y virus.
El Dr. Iglesias fue médico cirujano de profesión (UNAM 1955), con estudios de especialización en Medicina Interna (1958), Cardiología (1960), y Medicina Aeroespacial (1964-1968) realizados en Francia, Inglaterra, y Estados Unidos, respectivamente. Fundó, presidió y perteneció a varias sociedades relacionadas con el cosmos, la cardiología, y la medicina espacial en México y el extranjero. Fue miembro fundador y el primer Presidente de la Sociedad Mexicana de Ciencias de la Vida en el Espacio en 2000, actualmente Sociedad Mexicana de Astrobiología (SOMA). También ejerció como Director de diversas instituciones mexicanas e internacionales dedicadas a la medicina y la exploración espacial. Recibió innumerables reconocimientos, entre el que destaca el premio de la Academia Internacional de Astronáutica en el 2002 por su libro “La ruta hacia el hombre cósmico”. El Dr. Iglesias siempre estuvo al tanto de SOMA, participaba en sus congresos y charlas de divulgación, muy concurridas por jóvenes estudiantes. Al término de su plática en el XI Congreso Nacional de Astrobiología, celebrado en 2018 en Cuernavaca, agradeció muy conmovido los esfuerzos y entusiasmo que han mantenido a SOMA por 20 años. Ramiro Iglesias no sólo sembró en otros la inquietud de la medicina y la exploración espaciales, sino también abrió múltiples caminos a las nuevas generaciones de médicos, médicas, astrobiólogos y astrobiólogas en México.
“Todos los cambios que experimentan los astronautas en el espacio son reversibles al regresar a la Tierra”, reportaba el Dr. Iglesias, “todos excepto uno, los astronautas regresan con una visión distinta de la vida y de la solidaridad humana, pues contemplan a la Tierra como una nave espacial en la que viajamos juntos 7,500 millones de seres humanos, sin fronteras ni diferencias raciales, políticas o religiosas. Regresan profundamente preocupados por el futuro de la humanidad y de nuestro planeta”.
Lecturas recomendadas:
El Hombre Cósmico: La evolución del Hombre en el Espacio. CienciaUAT, vol. 1, núm. 4, abril-junio, 2007, pp. 16-19
Iglesias Leal, Ramiro. La Luna: primer continente cósmico. CienciaUAT, vol. 2, núm. 1, julio-septiembre, 2007, pp. 26-31
Iglesias Leal, Ramiro; Alfaro, Jorge Kuri. Examen clínico cardiovascular en el espacio. CienciaUAT, vol. 3, núm. 1, julio-septiembre, 2008, pp. 28-33
Iglesias Leal, Ramiro. La teoría de la “selección natural” de Darwin se cumple también en el espacio exterior. CienciaUAT, vol. 4, núm. 1, julio-septiembre, 2009, pp. 26-27
In memoriam: David Gilichinsky (1948 — 2012)
Por Irma Lozada Chávez
Centro Interdisciplinario de Bioinformática, Universidad de Leipzig, ALEMANIA
ilozada@bioinf.uni-leipzig.de
El legado científico principal de David Gilichinsky es demostrar a una comunidad científica escéptica que el hielo congelado permanentemente (permafrost) contiene organismos viables que han sido inmovilizados en suelo de hielo solidificado por hasta 5 millones de años. El permafrost constituye ~20% de la superficie de la Tierra y posee una profundidad de varios cientos de metros, donde se han encontrado bacterias aeróbicas y anaeróbicas, formadoras y no formadoras de esporas, actinobacterias, cianobacterias, algas verdes, levaduras, micromicetes, protozoarios y virus, así como también sus productos metabólicos, pigmentos (clorofila y feofitina), enzimas biológicamente activas dentro y fuera de la célula, gases biogénicos y DNA. Las aportaciones de Gilichinsky constituyeron un gran descubrimiento que motivó el estudio microbiológico en hielo con una edad estimada de 25 millones de años en la Antártica, lo cual también motivo el interés astrobiológico de la posible vida preservada en hielo sobre los 4 mil millones de años en Marte.
Gilichinsky participó en numerables expediciones sobre hielo alrededor del mundo, y fue el primero en desarrollar los métodos para perforar el permafrost sin el uso de fluidos perforadores que pudieran contaminar los núcleos de hielo, así como también desarrolló diversos métodos para almacenar y manipular apropiadamente las muestras congeladas. De esta forma, Gilichinsky se convirtió en el pionero de la investigación microbiológica en hielos. Estuvo mucho tiempo a cargo del Laboratorio de Geocriología en Pushchino, Rusia.
En lo que sería su último artículo científico, publicado en Febrero de este año en PNAS, Gilichinsky y su equipo de trabajo reportan la regeneración de la planta Silene stenophylla a partir de las semillas (que poseen tejido placental) provenientes de los frutos inmaduros depositadas en las madrigueras fosilizadas de marmotas del género Urocitellus parryii, las cuales se encontraban sepultadas en elpermafrost del Pleistoceno tardío, con una edad aproximada de 28 – 32 mil años. La actividad biológica de muchos otros géneros de plantas también fue obtenida. Gilichinsky y colaboradores hicieron un estudio fenotípico comparativo entre las plantas regeneradas y las plantas existentes (actualmente) del mismo género encontrando que presentan una morfología diferente en la fase de floración, además que las plantas regeneradas produjeron el doble de los capullos-brotes, mientras que las plantas actuales producen raíces más rápidamente.
Gilichinsky explicó estos resultados en la Escuela Avanzada de Astrobiología en Brasil el pasado diciembre del 2011, y también mostró los primeros indicios del mantenimiento de metabolismo básico activo a –15°C, una de las estimaciones más extremas reportadas a la fecha. Gilichinsky apoyó incesantemente la idea de buscar un pool genético antiguo de vida pre-existente que hipotéticamente desapareció de la superficie de la Tierra hace mucho tiempo. Es claro que la fascinación de Gilichinsky por la vida habitando los hielos era insaciable, y que aún tenía una agenda plagada de preguntas por resolver. La escuela que generó Gilichinsky con admirable gentileza, entusiasmo y energía, entre los que se encuentran Chris McKay, continuará trabajando con varias de las interrogantes de este admirable personaje que habitó la Tierra prácticamente sobre los hielos permanentes.
Lecturas recomendadas:
David Gilichinsky, Tribute. Astrobiology, 2012, 12(3):169. http://online.liebertpub.com/doi/pdfplus/10.1089/ast.2012.2230
Regeneration of whole fertile plants from 30,000-y-old fruit tissue buried in Siberian permafrost. Yashina S, Gubin S, Maksimovich S, Yashina A, Gakhova E, Gilichinsky D. Proc Natl Acad Sci U S A. 2012 Mar 6;109(10):4008 – 13. Epub 2012 Feb 21.http://www.pnas.org/content/early/2012/02/17/1118386109
Microbial populations in Antarctic permafrost: biodiversity, state, age, and implication for astrobiology. Gilichinsky DA, et al. Astrobiology. 2007 Apr;7(2):275 – 311. http://online.liebertpub.com/doi/abs/10.1089/ast.2006.0012
Por Luis Delaye Arredondo
Departamento de Ingeniería Genética, CINVESTAV Irapuato, MEXICO
ldelaye@ira.cinvestav.mx
Lynn Margulis fue, sin lugar a dudas, una de las investigadoras en ciencias de la vida más importantes del siglo XX. Su teoría sobre el origen de la célula eucarionte revolucionó nuestra manera de entender la evolución de la vida en la Tierra. De acuerdo a esta teoría, las mitocondrias y los cloroplastos se originaron a partir de dos eventos independientes de endosimbiosis de bacterias de vida libre con una célula hospedera ancestral (Sagan L, 1967). Si bien se conoce el tipo bacteriano que dio origen a las mitocondrias y a los cloroplastos (Rickettsias y Cianobacterias, respectivamente), la identidad de la célula hospedera ancestral (el nucleocitoplasma actual) continua siendo un misterio.
La teoría de Lynn Margulis nos muestra en parte, cómo ocurrió una de las transformaciones evolutivas más importantes de la biósfera, ni más ni menos que el origen de la célula eucarionte. Sin embargo, la contribución de Lynn a las ciencias biológicas no termina aquí. Radical en su visión, Margulis sostuvo que la simbiogénesis juega un papel crucial en el origen de las nuevas especies (Margulis and Sagan, 2002) y apoyó también la hipótesis de Gaia (Margulis, 1998), la cual sugiere que la biósfera contiene mecanismos cibernéticos que mantienen las condiciones planetarias aptas para la vida. Si bien, las dos hipótesis anteriores no son reconocidas como verdaderas por el grueso de la comunidad científica, el punto de vista de Margulis nos fuerza a pensar nuevamente la biología desde sus bases.
Quienes tuvimos la suerte de haber conocido a Lynn Margulis, aunque sea solamente a través de sus pláticas y encuentros casuales en reuniones científicas, recordaremos siempre su fascinación por la vida y su extraordinaria energía.
Lecturas recomendadas:
In memoriam: Lynn Margulis. NASA: http://astrobiology.nasa.gov/articles/in-memoriam-lynn-margulis-1938 – 2011/
Margulis Lynn. 1998. Symbiotic Planet: A new look at evolution. Basic Books, ISBN 0−465−07271−2.
Margulis Lynn and Sagan Dorion. 2002. Acquiring Genomes: A Theory Of The Origins Of Species, Perseus Books Group, ISBN 0−465−04391−7.
Sagan, L. (1967). «On the origin of mitosing cells». Journal of Theoretical Biology 14 (3): 225 – 193.
Lo perdimos un 30 de julio de 2002, un accidente automovilístico se llevó su alegre presencia, su cálida compañía, su inagotable ingenio.
Miembro fundador de SOMA, profesor, investigador, divulgador, escritor, amigo, nos dejó un legado de charlas y escritos de divulgación.
Publicación "El Muégano Divulgador" dedicada a su memoria.
Obituario escrito por el Dr. Arcadio Poveda Ricalde.
Miguel Ángel Herrera - Charla sobre Sistemas Extrasolares 31 agosto 2001.