Resumen:
En el año 1958, Mao Zedong impulsó la Campaña del Gran Salto Adelante y aplicó una serie de medidas que tenían por objetivo el crecimiento rápido de la economía china. A nivel económico y social, se potenciaron las comunas, se requisaron las propiedades privadas domésticas y se establecieron cuotas de producción. De ello derivó una hambruna en todo el país, especialmente en las zonas rurales. En este trabajo se analizan las condiciones de vida de los pueblos afectados por la Gran Hambruna a través de la obra de Mo Yan, Premio Nobel de Literatura 2012. Palabras clave: Gran Hambruna, Gran Salto Adelante, Historia Contemporánea de China, Mo Yan, Premio Nobel de Literatura 2012.
Abstract:
In 1958, Mao Zedong promoted the campaign of the Great Leap Forward and implemented a series of measures that were designed to attain a rapid economic growth. To reach these goals, the communes were enhanced, domestic private properties were confiscated and production quotas were established. This campaign provoked a massive famine throughout the country, especially in rural areas. In this paper the living conditions of people affected by the Great Famine are examined through the work of Mo Yan, Nobel Prize for Literature 2012. Keywords: Great Famine, Great Leap Forward, Contemporary History of China, Mo Yan, Nobel Prize for Literature 2012.
Introducción
Una de las campañas estatales llevadas a cabo por Mao Zedong fue la Campaña del Gran Salto Adelante. Su objetivo era que la producción industrial del país superara los niveles de los países del mundo capitalista. Para conseguirlo, Mao pensaba que era necesaria una transformación social, económica e ideológica radical que conduciría a una sociedad comunista y a un crecimiento industrial rápido. La campaña masiva de conservación del agua que se llevó a cabo entre 1957 y 1958 marcó el principio de la Campaña del Gran Salto Adelante. Muchos campesinos se vieron obligados a trabajar en proyectos remotos bajo condiciones muy duras, a menudo sin descanso ni comida suficiente. En el verano de 1958 se desplazaron muchos campesinos para participar en proyectos relacionados con el agua y se fusionaron algunas granjas para convertirlas en comunas gigantes. De hecho, el máximo exponente del Gran Salto Adelante fueron las comunas, entendidas como organizaciones sociales caracterizadas por el trabajo en común y la propiedad compartida. Además, se estableció una cuota nacional de producción de acero muy superior al año anterior y ello provocó más privaciones para los campesinos, que veían cómo, a veces, los productos agrícolas se perdían a causa de la prioridad que se daba a la producción y al transporte del metal. La hambruna empezó a aparecer en muchas partes del país, especialmente en las zonas rurales. Entre noviembre de 1958 y febrero de 1959, Mao trató de controlar algunos de los abusos de la campaña del Gran Salto Adelante, pero insistió en la colectivización del país y, además, para alimentar a las ciudades, incrementó la adquisición de alimentos del campo, por lo que la hambruna en las zonas rurales se acentuó y se extendió. La situación se agravó cuando Mao, en una conferencia que se celebró en Shanghái durante marzo de 1959, exigió una mayor exportación de cereales hacia las ciudades, en torno a una tercera parte de la producción total. Para entonces, la situación de hambruna ya era general y muy grave. Durante otra conferencia, en julio de 1959, en Lushan, Mao denunció a varios miembros del partido que criticaban el Gran Salto Adelante y empezó una campaña de represión. Entre 1959 y 1960, el hambre, las enfermedades y la tortura provocaron la muerte de millones de personas. No fue hasta finales de 1960 que empezaron a emitirse informes de hambruna masiva y a tomar medidas. Entre ellas, el mantenimiento de algunas tierras en manos privadas, la posibilidad de tener otros trabajos, el descanso durante el tiempo necesario y/o la recuperación de los mercados locales. Entre 1960 y 1961 se hicieron públicos los efectos de la catástrofe humanitaria y se importaron alimentos de Occidente. En primavera de 1961, después de diversas inspecciones y reuniones de miembros del partido, se puso final a la campaña del Gran Salto Adelante, pero se absolvió a Mao de cualquier responsabilidad. No fue hasta principios de 1962 cuando, en una reunión más amplia con miembros del partido, Mao perdió parte de su apoyo. La hambruna empezó a disminuir, pero en algunas zonas rurales muy perjudicadas seguían muriendo personas y la Gran Hambruna no se dio por superada hasta finales de 1962. El episodio de la Gran Hambruna fue objeto de tabú durante mucho tiempo debido al ambiente altamente politizado que pretendía suprimir el debate público (los políticos se limitaban a hablar de «tres años difíciles» cuando se referían al periodo 1959-1961) y también a los factores psicológicos que dificultan la comunicación y el debate de experiencias traumáticas (los supervivientes de tragedias prefieren no hablar de sus experiencias). No obstante, durante la década de los ochenta surgieron dos fenómenos culturales que activaron el debate y el despertar de algunos recuerdos: la literatura y el cine. A diferencia de las producciones literarias y cinematográficas de los años noventa, que mostraban más interés por los problemas que han comportado la incorporación de China en el mundo capitalista y la vida urbana contemporánea, las producciones de los ochenta se centran en las campañas estatales de carácter ideológico que llevó a cabo Mao durante su mandato, entre ellas la Campaña del Gran Salto Adelante y la consecuente Gran Hambruna. Esto es debido a que la infancia de los autores y directores surgidos en la década de los ochenta se sitúa entre los años sesenta y setenta, por lo que, ellos o sus familias, fueron testigos y/o víctimas de algunas de las consecuencias de estas campañas. En este sentido, se ha seleccionado al escritor Mo Yan (1955-) como uno de los autores que sufrieron directamente la Gran Hambruna. En sus obras se perciben el hambre y el sufrimiento a través de sus personajes. En este trabajo no se pretende aportar testigos nuevos ni realizar un estudio exhaustivo de las consecuencias de la Gran Hambruna, sino que se analizan una serie de obras de ficción que ayudan a entender este trágico episodio.
Mo Yan, el escritor del hambre y la soledad Mo Yan nació unos cuatro años antes de que se iniciara la Campaña del Gran Salto Adelante, en 1955. Su pueblo natal, Gaomi, se encuentra en la provincia de Shandong, al nordeste de China, una de las zonas rurales que se vieron más afectadas por la Gran Hambruna. Para entonces, el escritor tenía entre cuatro y siete años.
En el prefacio del compendio de relatos Shifu, harías cualquier cosa por divertirte, Mo Yan explica que las experiencias de su infancia, especialmente la soledad y la hambruna, le ayudaron a tomar la decisión de convertirse en escritor. La soledad, porque de pequeño pasaba mucho tiempo cuidando del ganado, totalmente solo, y para distraerse dejaba volar su imaginación y se inventaba historias. El hambre, porque un día descubrió que si escribía bien podría vender sus cuentos, ganar dinero y comer. Aunque la soledad y la hambruna por sí mismas no tienen por qué convertir a alguien en un buen escritor, Mo Yan reconoce que fueron experiencias que le ayudaron en su carrera porque le permitieron reflexionar sobre la supervivencia, las relaciones humanas y la vida en general:
«Cuando éramos pequeños éramos puros sacos de huesos: unos palillos con tripas grandes y redondas, y la piel tan tersa que era casi transparente; prácticamente podías ver al otro lado nuestros intestinos enrollados y retorcidos. Nuestros cuellos eran tan largos y delgados que era un milagro que pudieran soportar el peso de nuestras cabezas». «Y lo que nos carcomía por dentro era lo más sencillo del mundo: todo en lo que pensábamos siempre era en comida y en cómo conseguirla». Sin embargo, Mo Yan también habla de una época de intensas pasiones políticas, en la que los ciudadanos seguían al partido en su experimento comunista. Según Mo Yan, pasaban hambre, pero se consideraban las personas más afortunadas del mundo porque creían en sus ideas y estaban convencidos de que se estaban sacrificando por el bien del desarrollo del país y también de otras partes del mundo donde, probablemente, sus habitantes sufrían más que ellos:
«Dos terceras partes del planeta, creíamos, vivían en la más absoluta miseria, y era nuestro deber sagrado rescatarles del mar de sufrimiento en el cual se estaban ahogando. No fue hasta la década de los ochenta cuando China abrió sus puertas al mundo exterior, cuando comenzamos por fin a afrontar la realidad, como si despertáramos de un sueño». Mo Yan trabajó en una fábrica durante la Revolución Cultural (1966-1976) y se unió al Ejército Popular de Liberación el año 1976 para, según él, poder comer todos los días. Fue miembro del Partido Comunista desde 1978 y hasta el año 1984 no se inscribió en la universidad para estudiar literatura. Hoy es vicepresidente de la Asociación de Escritores Chinos y disfruta de una posición privilegiada como miembro del partido, actualmente más privilegiada todavía tras la concesión del Premio Nobel de Literatura en 2012. Todo indica que es un escritor favorable al régimen que propició la Hambruna, pero, como contraste, sus novelas son una crítica social y política de la época, especialmente del pasado más digerido que del presente por digerir. Es decir, critica los excesos de la burocracia comunista, los abusos de poder, la corrupción de los dirigentes y funcionarios, las debilidades del sistema, la política del hijo único, la devastación del medio ambiente, los episodios de pobreza y hambre o el aumento de la desigualdad social, pero no se pronuncia, por ejemplo, ni sobre Tian’anmen ni sobre Tibet, dos temas que no son fáciles de tratar aún. Es decir, es como si Mo Yan conociera muy bien cuál es la línea que separa lo que está permitido de lo que es censurable por parte del partido. Para conseguir decir aquello que quiere, manteniendo las cuotas de lealtad exigibles por el gobierno, Mo Yan utiliza muchas metáforas y a menudo se burla de él mismo como autor. Por ejemplo, en la novela La vida y la muerte me están desgastando, Mo Yan explica la historia del terrateniente Ximen Nao, ejecutado y condenado a reencarnarse a través de ciclos de vidas, muertes y transmigraciones en diferentes animales, pero manteniendo sus pensamientos y recuerdos como persona. En cada reencarnación sufre una nueva injusticia, reflejo de la situación social y política china de la segunda mitad del siglo xx y, en algunos momentos, Mo Yan se convierte en un personaje que habla y se ríe de él mismo:
«Amigo mío, a continuación voy a relatarte los acontecimientos que tuvieron lugar en el año 1958. Mo Yan ya lo hizo en muchas de sus historias, pero no decía más que tonterías que no se deben creer. Lo que voy a revelar es mi experiencia personal, una aportación muy valiosa para la Historia [...] Lo que me gustaría relatar son algunas experiencias que yo, un burro criado por un campesino independiente, tuve en 1958, un año muy especial. Haré todo lo posible por evitar entrar en cuestiones políticas, pero debes perdonarme si consiguen abrirse paso en mi relato». En otro fragmento de la misma novela, Mo Yan defiende la independencia de los campesinos y hace un llamamiento a la tolerancia apolítica, pero no queda claro que esté exponiendo lo que piensa realmente. El personaje que pide respeto es Lan Lian, el único campesino independiente que queda entre los personajes de la novela, la excepción de la comuna: «No, la agricultura independiente me exige estar solo. No necesito a nadie más. No tengo nada en contra del Partido Comunista y mucho menos contra el presidente Mao. No me opongo a la Comuna del pueblo ni a la colectivización. Sólo quiero que me dejen trabajar en soledad. Los cuervos son negros en todas las partes del mundo. ¿Por qué no puede haber uno solo que sea blanco? Eso soy yo, un Cuervo blanco»
Existen disidentes chinos, como Liao Yiwu y Ai Wei Wei, que dicen que, como Mo Yan no critica directamente al gobierno en sus novelas, no utiliza la literatura para defender los derechos humanos y, por tanto, hace apología del autoritarismo. De hecho, Mo Yan es un escritor que no se ha manifestado ni a favor ni en contra del gobierno, tampoco ha respondido a las críticas recibidas por los disidentes y ha aceptado el Premio Nobel de Literatura. Parece ser que con esta actitud ha conseguido publicar sus novelas en muchos países, incluso en China, y ha evitado la censura del gobierno de su propio país.
Explicar la Hambruna desde el realismo mágico Muchas de las novelas de Mo Yan se pueden ubicar en el realismo mágico, un género que muestra lo irreal o extraño como cotidiano. Aunque esta característica podría relacionarse con el género chuanqi (transmisión de lo extraordinario) de la dinastía Tang (siglos viii-x), lo cierto es que suele identificarse a Mo Yan con el realismo mágico latinoamericano, concretamente con la figura de Gabriel García Márquez. Ello es debido a que existen similitudes entre los temas que preocupan a los dos escritores y a que, en ambos casos, los países que representan se encuentran en vías de desarrollo. No obstante, aunque los principios de estilo, de la creación y de la trama se parecen, el ámbito de vida y los antecedentes culturales son distintos y, por tanto, su aspecto y su «color» también lo son. Cuando a Mo Yan le dieron el Premio Nobel el año 2012, desde México se decía que era un García Márquez que unía a China y a Latinoamérica y, de hecho, se afirmaba que la obra Grandes pechos, amplias caderas de Mo Yan podría ser el Cien años de soledad chino. García Márquez, en sus obras, expresa la insatisfacción ante el gobierno y, a su vez, critica la parte pesimista de la cultura tradicional. Se puede apreciar un pensamiento orientado al misticismo, el fatalismo y el pesimismo, así como el culto hacia el deseo primitivo y la esencia humana. Por ejemplo, en el siguiente fragmento de Cien años de soledad, donde se habla de la muerte de uno de sus personajes, García Márquez recurre a las flores amarillas como símbolo de la buena suerte y hace que toda la escena resulte muy triste, pero a su vez llena de belleza. El instante acaba resultando mágico: «Entonces entraron al cuarto de José Arcadio Buendía, lo sacudieron con todas sus fuerzas, le gritaron al oído, le pusieron un espejo frente a las fosas nasales, pero no pudieron despertarlo. Poco después, cuando el carpintero le tomaba las medidas para el ataúd, vieron a través de la ventana que estaba cayendo una llovizna de minúsculas flores amarillas. Cayeron toda la noche sobre el pueblo en una tormenta silenciosa, y cubrieron los techos y atascaron las puertas, y sofocaron a los animales que durmieron a la intemperie. Tantas flores cayeron del cielo, que las calles amanecieron tapizadas de una colcha compacta, y tuvieron que despejarlas con palas y rastrillos para que pudiera pasar el entierro». En el caso de Mo Yan, sus novelas están llenas de leyendas, cuentos populares, entrecruzamientos, metáforas, símbolos y extravagancias para reflexionar sobre la cultura tradicional y lamentarse de la ignorancia y el poco desarrollo social. Una de las obras donde esto se pone de manifiesto es La vida y la muerte me están desgastando, que, como ya se ha comentado anteriormente, tiene un argumento extravagante por sí mismo, ya que el protagonista pasa por diversas reencarnaciones animales sin perder su condición humana. Las injusticias que sufre en cada una de sus vidas, consecuencia de las crisis económicas, políticas y sociales de diferentes épocas de la historia reciente de China, son tan extremas que resultan difíciles de explicar sin herir la sensibilidad del lector. Para Mo Yan, la Hambruna es una de las experiencias más dramáticas que existen y él mismo dice haberla sufrido en su propia persona durante tantos años que acabó siendo consciente de la importancia que la comida tiene para el ser humano. En el siguiente fragmento de La vida y la muerte me están desgastando, donde el personaje principal está reencarnado en un burro, se habla del Hambre y de la Muerte. Mo Yan compara las personas hambrientas con animales crueles y utiliza recursos que dan color y magia (luces verdes de ojos amenazadores o el alma que sale del cuerpo del animal, que en el fondo tiene conciencia humana y que ve, desde la distancia, lo que hacen con el cadáver): «Escuché los gritos de terror que profería mi esposa y los niños, así como algunos sonidos de pillaje y lucha entre los hambrientos. Un golpe pesado en la cabeza me dejó aturdido y sacó mi alma de mi cuerpo para que surcara los cielos que se extendían sobre mi cabeza mientras observaba cómo el pueblo cortaba y desmembraba el cadáver de un burro hasta convertirlo en un montón de pedazos de carne». Así pues, el realismo mágico le sirve a Mo Yan para describir escenas de mucha dureza en situaciones extremas vividas por los seres humanos, como es el caso del episodio histórico de la Gran Hambruna. Las metáforas, las exageraciones, las extravagancias e incluso el humor facilitan su lectura, sin perjudicar ni el desarrollo objetivo del argumento principal ni el de la lógica, y también dan una cierta ambigüedad a las críticas que el autor hace del gobierno, promotor de las campañas que han conducido a estas tragedias humanas. Además, despiertan la imaginación del lector, que puede dar nuevas explicaciones según su propia experiencia. Hambruna en tierra natal de Mo Yan En el año 1959, en las zonas rurales de China, incluida la tierra natal de Mo Yan, en el nordeste del país, disminuyó la producción de cereales porque hubo sequías, pero también porque se produjeron una serie de errores políticos (especialmente una mala gestión de las comunas). Ese año, la producción de los alimentos bajó un 15 por 100 respecto al año anterior, y durante los años 1960-1961 se obtuvo el 70 por 100 de lo que se había producido en 1958. Durante aquellos años también se estaba llevando a cabo una campaña de producción de acero y se priorizaba el transporte del metal y los productos industriales por delante de los productos agrícolas. Además, disminuyó la disponibilidad de los alimentos en algunas zonas porque se instauró un sistema de planificación centralizado en el cual los habitantes de las ciudades tenían derecho a una cantidad de alimentos que recibían los campesinos, que a su vez tenían la obligación de ceder una cuota obligatoria de su producción. Como resultado, los campesinos sólo tenían derecho a las cantidades residuales de cereales. Cuando la situación se agravó y llegaron los años de la Gran Hambruna, casi no quedaba nada para los campesinos. Por tanto, no sólo la caída de la producción de alimentos sino también las desigualdades en los mecanismos de distribución de los alimentos fueron los desencadenantes de la Gran Hambruna, especialmente en las zonas rurales. Por otra parte, se estaban destruyendo los incentivos de los campesinos como consecuencia de la práctica de los cinco «vientos»: el «viento» del comunismo (suministro gratuito de comida, aumento de la distribución para igualar los pueblos más pobres con los más ricos, cierre de los mercados libres, confiscación de la propiedad privada, transición hacia las comunas, aumento en las inversiones locales para los proyectos de riego y construcciones industriales), el «viento» de las directrices ciegas (órdenes que no respondían a la realidad del momento, como el establecimiento de cuotas de producción completamente irreales), el «viento» del autoritarismo (trabajo agotador de los campesinos, con racionamiento de la alimentación y entregando parte de la producción), el «viento» de los altos cargos del partido (apropiación de parte de la comida aunque las condiciones de pobreza de los campesinos fueran extremas) y el «viento» de la exageración de la producción (aumento de la exigencia en la producción y despilfarro estatal de los alimentos sobre la base de datos falsos). Durante el otoño de 1959, esta situación pasó a ser insostenible y desempeñó un papel muy importante en la generación de la Hambruna.
Mo Yan, en su novela Rana, presenta la vida en las zonas rurales de China desde la perspectiva de un médico de familia y, aunque se centra en el tema del control de la natalidad, se muestran diferentes escenas de Hambruna extrema: «El padre de Chen Er y Chen Mei, Chen Bi, fue conmigo a la escuela y más tarde fue mi amigo en la adolescencia. Nos incorporamos en el año 1960 a la Escuela Primaria de Dayanglan. Era una época de hambruna, así que todos los acontecimientos inolvidables que guardo en mi memoria de entonces están vinculados, sin duda, con la comida. Imagino que todavía recordará la famosa historia de que comíamos carbón. Mucha gente estaba convencida de que era un invento burlesco. No obstante, le juro por mi tía que era verdad». Recientemente se han publicado estudios basados en la recopilación de datos de los archivos oficiales y entrevistas con los supervivientes, testigos y funcionarios. El Partido Comunista había querido encubrir la realidad y había mantenido en secreto muchos de estos documentos. Aún hoy, muchos de ellos tienen un acceso muy restringido. De hecho, las autoridades no hablaban de hambre cuando se referían al periodo central de la campaña, 1959-1961, y lo suavizaban refiriéndose a los «tres años de desastres naturales» o los «tres años difíciles». Según el estudio de Jisheng Yang, treinta y seis millones de ciudadanos chinos murieron de hambre entre 1958 y 1962 y cuarenta millones no pudieron nacer, con lo que se deduce que la pérdida de población china de aquellos años fue de setenta y seis millones.
Aun así, la población global china aumentó durante las décadas de los cincuenta y los sesenta y representó uno de los mayores crecimientos demográficos de la historia, pero este crecimiento no se distribuyó uniformemente. La pérdida de población se dio sobre todo en las zonas rurales. En 1962, el presidente Liu Shaoqi advirtió a Mao de que la historia los responsabilizaría del hambre sufrida por tantas personas y decidió iniciar un programa de recuperación económica e incentivar la producción, pero pronto fue acusado de querer volver al capitalismo y fue víctima, más adelante, de los ataques de la Revolución Cultural. Otros estudios se centran en los retrasos en el crecimiento y en los efectos en personas adultas que han sobrevivido a la Gran Hambruna. La idea de partida es que las personas expuestas al hambre durante la infancia pueden convertirse en adultos de menos altura de la que hubieran tenido en condiciones normales. No obstante, el hambre también puede causar una selección entre los supervivientes, es decir, los niños que en condiciones normales tienen poca altura es menos probable que sobrevivan al hambre, con lo que los supervivientes pueden ser iguales o más altos de lo previsto. Una de las conclusiones cuantitativas es que la hambruna en los primeros cinco primeros años de vida provoca un retraso en el crecimiento de entre uno y dos centímetros, pero los efectos de la selección pueden provocar alturas entre uno y dos centímetros superiores a lo esperado entre los adultos de las zonas rurales. Este tipo de estudios son importantes porque a menudo se interpreta que si las poblaciones crecen en altura es porque hay una mejora en las condiciones económicas del país y podría ser una interpretación errónea si se han dado episodios de hambruna extrema en el pasado. Mo Yan, en una de sus novelas más recientes, Canvis, habla de sí mismo, de su vida como estudiante, trabajador, militar y escritor, y de las personas que le han rodeado desde su infancia. Cuando la novela se sitúa en otoño de 1969, diez años después de la Gran Hambruna, Mo Yan hace referencia al aspecto físico saludable de unas compañeras que, a diferencia de él, se alimentaron bien durante la infancia y enfatiza el hecho que se trate de hijas de cuadros del partido:
«Eren filles de quadres del Partit Comunista que vivien a la granja estatal d’allà a la vora i, com que les havien alimentat bé, havien pujat sanes i amb la pell blanca. Venien de famílies riques i duien vestits de colors. De seguida t’adonaves que no eren de la mateixa classe social que nosaltres, uns pobres nanos de poble. Les teníem en un pedestal, però elles no es dignaven ni a mirar-nos». Por tanto, se afirma que la pobreza y el hambre no afectaban de la misma forma a toda la población y que a veces, la comida podía llegar a las familias de los cuadros encargados de dirigir las comunas aunque las condiciones de pobreza de los campesinos fueran extremas. Estrategias de supervivencia en la realidad y en la ficción La apertura de algunos archivos, aunque todavía muy restringida, y el acceso de los historiadores a documentos oficiales están permitiendo denunciar no sólo los millones de muertos derivados de la Gran Hambruna, sino también la destrucción de la agricultura, la industria, el comercio y la generación de desastres ambientales irreversibles. En estos documentos se puede encontrar, entre otros temas, la descripción de algunas estrategias de supervivencia, incluidos el canibalismo, la matanza selectiva y los asesinatos masivos. Se trata de medidas extremas y pueden resultar terribles, pero los supervivientes no son necesariamente héroes y la mayoría de las veces la supervivencia no está rodeada de gloria sino más bien de miseria, dolor y recuerdos horribles. El canibalismo es una consecuencia más de la pobreza extrema vivida durante los años de la Gran Hambruna. Aunque el gobierno intentó esconderlo, a finales de 1959, cuando el problema del hambre empeoró, aumentó el número de denuncias de casos de canibalismo. Por ejemplo, en Linxia (Gansu) se abrieron más de cincuenta instancias desde finales de 1959 hasta el verano de 1960. Durante aquellos meses se comía cualquier cosa, desde la cal arrancada de las paredes de los edificios hasta las hojas y cortezas de los árboles, pasando por el carbón. En la novela Rana, Mo Yan cita este hecho varias veces:
«Chen Bi cogió otro trozo y empezó a comer más rápido. Entonces le pasó a Wang Dan un pedazo muy grande. Nos tocaba a nosotros probar. Después de verlos a ellos, ya habíamos aprendido a comer carbón, así que lo rompimos y mordisqueamos un poquito para averiguar su sabor. No estaba mal, aunque era un poco áspero. Chen Bin nos señaló un trozo de carbón que tenía una parte amarillenta y brillante, parecía ámbar, y al mismo tiempo nos invitó a probarlo con generosidad». Pero cuando se acababa el carbón, se comían las ocas, los perros y los gatos, y cuando ya no quedaba nada, no había otra opción que comer los cuerpos de las víctimas del hambre. Algunos de los documentos oficiales, en los que se presentan casos reales, así lo reflejan: «In Dahe comune’s Number 2, big brigade Zeng Bifa’s wife cooked and consumed the flesh taken from the body of Zheng’s nephew after he had died. Another village, Liu Chengyu, also attempted to consume his dead nephew’s body, but was stopped by some cadres from the commune. He was discovered by the cadres after he had already cut the body into pieces ready for cooking». En 1992, Mo Yan publicó La República del vino, una novela que explica la investigación que Ding Gou’er debe llevar a cabo para descubrir un posible caso de canibalismo en la tierra de los vinos y licores. En este caso, los sospechosos no son los campesinos hambrientos, sino los miembros de alto rango del partido que presuntamente se comen a los hijos de los obreros. Como es habitual, Mo Yan escribe en un contexto surrealista, muy exagerado, a menudo con humor y ello permite que el lector pueda continuar leyendo fragmentos tan duros como el siguiente:
Aunque los actos de los que practican canibalismo en el contexto de esta novela no son consecuencia del hambre sino de un comportamiento criminal y de abuso de poder, se puede pensar que el autor ha optado por mezclar distintas cuestiones. Los campesinos que aparecen en el texto sí que están hambrientos y sufren una miseria extrema, pero los que sufren más son sus hijos, víctimas de las escalas sociales más altas que organizan grandes fiestas a base de carne de niño. Por tanto, Mo Yan presenta el canibalismo de una manera indirecta, critica la corrupción del país, utiliza un lenguaje grosero, directo, crudo y satírico, y sugiere un tema tabú, el canibalismo, un tema real, una estrategia de supervivencia ante el hambre, del que no se ha hablado hasta hace bien poco. Esta novela se publicó en 1992, hace más de veinte años y Mo Yan fue capaz de tratar un tema complejo y delicado desde un ángulo que evita la transgresión frontal y, por tanto, logrando que no sea censurado. Conclusiones Los años de la Gran Hambruna causaron millones de muertos en China, especialmente en las zonas rurales. Las cifras varían mucho en función de la fuente consultada, porque se pueden considerar sólo las muertes directas registradas o se pueden añadir las muertes estimadas no registradas, las muertes indirectas o las de aquellos que no llegaron a nacer. En cualquier caso, aunque se han presentado algunos datos, no es el objetivo de este artículo cuantificar las consecuencias de las medidas económicas, políticas y sociales que se tomaron durante la Campaña del Gran Salto Adelante para conseguir un desarrollo rápido de la economía de China. Lo que se ha pretendido es dar información acerca de cómo se experimenta el hambre desde la perspectiva de un escritor que ha sobrevivido a dicha tragedia y qué personajes ha creado para facilitar al lector la comprensión de las consecuencias más generales de dicha campaña. Mo Yan, Premio Nobel de Literatura 2012, es uno de los exponentes de la literatura más apreciados de finales de los ochenta, la literatura escrita por una generación que sufrió en su propia piel, durante su infancia, los efectos de la Gran Hambruna. Además, Mo Yan proviene de una familia de campesinos de una zona rural del nordeste de China, una de las zonas más castigadas por la falta de alimentos. La posición ambivalente de Mo Yan, miembro del partido y a la vez crítico con las políticas del pasado, es bastante frecuente entre los escritores chinos, pero Mo Yan conoce bien los límites de sus críticas y ello explica, en parte, por qué su obra ha llegado a todos los rincones del mundo. Su lenguaje realista y mágico, las exageraciones, el equilibrio entre lo que está permitido y lo que no, la no transgresión frontal, la delicada elección de los temas que trata y hasta el humor en escenas extremadamente duras han permitido que Mo Yan sea no sólo aceptado por el gobierno, sino que también pueda mantener su estatus oficial e incluso reciba su protección y más, desde 2012, tras recibir el Premio Nobel de Literatura. Los escenarios de las obras de Mo Yan son rurales. Las zonas rurales fueron las más afectadas debido a que la producción de alimentos disminuyó como consecuencia de unas condiciones climatológicas adversas, pero también por la distribución desigual de la producción entre las ciudades y el campo. La disponibilidad de alimentos fue disminuyendo en las zonas rurales de forma alarmante en aquellos años hasta que la situación se volvió insostenible. La colectivización, las cuotas de producción inalcanzables, el autoritarismo, los privilegios de los altos cargos y la exageración de la producción desmotivaron y destruyeron los incentivos de los campesinos, agravando mucho la situación. La Campaña del Gran Salto Adelante se dio por finalizada el año 1961, pero los efectos de la Gran Hambruna no se dieron por superados oficialmente hasta finales del año 1962, aunque se puede intuir que los efectos indirectos duraron muchos años más.