Así como el uso de limaduras de hierro sobre un imán permite visualizar líneas de campo magnético que de otro modo serían invisibles, es posible cartografiar el campo gravitacional que domina el sistema solar. Aunque la influencia de los cuerpos masivos no es perceptible a simple vista, sus efectos pueden evaluarse simulando la dispersión de partículas a lo largo del sistema y analizando cómo sus órbitas se transforman debido a las perturbaciones de los planetas.
Afortunadamente, no es necesario sembrar el espacio con objetos reales; estos cambios orbitales pueden calcularse computacionalmente utilizando partículas ficticias. El resultado se presenta en este gráfico, que abarca desde las regiones próximas al Sol hasta más allá de Neptuno, contemplando excentricidades que van desde 0 hasta casi 1.
En la imagen, las zonas oscuras representan regiones de estabilidad sin perturbaciones significativas, mientras que las zonas amarillas señalan evoluciones caóticas; los tonos intermedios ilustran la gradación del impacto gravitatorio planetario. Los puntos blancos son los planetas de acuerdo a sus orbitas actuales. Finalmente, las estructuras verticales revelan las regiones dominadas por las resonancias orbitales, donde la arquitectura del sistema solar se hace plenamente visible.
La region próxima a la Tierra si bien es menos caótica que la de Júpiter también tiene su dinámica marcada por resonancias. En este mapa vemos la región entre la Tierra y Marte y la localización del auto Tesla que su dueño con total desparpajo envió al espacio en 2018. Varias resonancias con la Tierra y Marte son apreciables aparte de la dominante 2:3 con la Tierra.