Aqui se relatan algunas de las gestas que realizó Patxiku a lo largo de su vida como práctico del puerto de Donostia - San Sebastian.
- El 7 de octubre de 1880, en compañía de los marineros Manuel Urrutia, Francisco Picabea y Manuel Fernandez salvó a la tripulación de una barca Noruega desfondada en alta mar.
- Allá por el 12 de marzo de 1895, un furioso temporal azotaba la costa Gipuzkoana. En la Zurriola el mar había arrastrado hacia dentro a un buque extranjero de ignorada nacionalidad. Debía llevar mucha tripulación y su situación era muy comprometida. Las autoridades de marina aconsejaban los medios que se podían poner en práctica para el rescate de los náufragos. Tripulando la lancha de salvamento, con once marinos más, Patxiku Muñoa no vaciló en lanzarse a un arriesgado salvamento. después de doblar la punta del monte Urgull la lancha navegó como pudo hacia la Zurriola, seguida por tierra por una masa de espectadores emocionados por lo que estaba aconteciendo. Frete al Mompas se tambaleaba el buque naufrago: se trataba del bric-barca Gobby, de nacionalidad sueca, con 15 marineros a bordo. Tras una dura faena se consiguió salvar a todos, dejando atrás el barco, que acabó destrozado contra las rocas de Mompas. La vuelta a puerto no fue nada fácil. Tras un gran esfuerzo, consiguieron llegar al puerto sanos y salvos.
- El 12 de agosto de 1897, cuando el pailebot "Colon" iba a encallar en las rocas de Urgull y ya se daban por perdidos nave y tripulación, Muñoa, acompañado por un plantel de bravos arrantzales, salió en la lancha de atoaje y consiguió remolcar la embarcación hasta la bahía. el espectáculo fué presenciado por numeroso público.
- Una mañana de 1900 el bergantin goleta "David Livigston" de nacionalidad danesa fondeaba en la bahía Donostiarra, al amparo de la isla , refugiándose del fuerte temporal. Al atrdecer recrudeció la marejada y Patxiku comprendió en seguida la necesidad del rescate de los 20 tripulantes del navío. Se oyeron tres disparos del bergantin, avisando del peligro que corria la tripulación. Era totalmente inútil utilizar el atoaje, pues hubiera sido destrozado nada más salir del puerto. Así, Patxiku tras dirigirse a los portalones del muelle para pedir doce voluntarios, se embarcan en la lancha de salvamento. Todo el vecindario del puerto se hallaba en el castillo, observando el dantesco espectáculo, pues apenas eran visibles ya la nave y la isla por la espuma del mar enbravecido. Por fin consiguió llegar al barco, dos de cuyos tripulantes habían perecido ya al lanzarse al agua para alcanzar la playa de Ondarreta. Finalmente fue salvada toda la tripulación. A la mañana siguiente al salvamento, no quedaban de la embarcación mas que algunos restos dispersos por la bahía. Los marineros rescatados hicieron vela esa misma noche en la casa del práctico en muestra de su agradecimiento.