LEONARDO VALENTIN TIRADO (1927-1998)
Ahora que la naturaleza física de nuestro padre se disuelve y se diluye en ese mundo del cual formó parte, poder plasmar su unicidad es tarea imposible. Pues como decía Nietzsche "el que escribe es eternizador sólo de las cosas que se dejan escribir", y no se puede recoger la multidimensionalidad, la insondable profundidad e inefable proyección de un espíritu cuyo único constante es la evolución. Representar esa constante que subyace en el cambio es captar esa sublime esencia en pleno movimiento, tan imposible como revelar un secreto que pierde su naturaleza en ese mismo acto.
Tradicionalmente cuando nos acercamos a una biografía, se nos revelan datos en los que poco se adivina lo que realmente significó esa vida. Aunque siento fuerte tentación de separarme de ese modelo reconozco la dificultad que conlleva. Por lo tanto, usémoslo como punto de partida, coordenadas o puntos cardinales que nos guíen y dirijan en ese viaje a lo desconocido que hay en las alturas y abismos que constituyen el alma de esos seres que continúan proveyéndonos su luz inspiradora.
El día 6 de noviembre de 1927, nace en el barrio Arenales de Isabela, Puerto Rico. Aunque celebraba siempre su cumpleaños el 6 de diciembre se deduce que nació el 6 de noviembre ya que su nombre era el asignado por el almanaque a los que nacen ese día y la necesidad de los padres en esos tiempos era ocultar la verdadera fecha, ya que no disponían de medios para inscribirlos a tiempo. Como penúltimo hijo de la familia, cursó su escuela elemental con muchos sacrificios económicos por parte de su padre, madre y hermanos, graduándose en Mora como Valedictorian (Honor) de la clase de noveno grado.
A los nueve años de edad, su padre Ceferino, muere luego de una caída accidental, dejando a su viuda con cuatro hijos (Julio, Tomás, Leonardo, Agustín) y tres hijas, (Lola, María, Antonia). Un hermano, Felipe, murió poco después de nacer. Esto obliga a la familia a trabajar en conjunto cosiendo y tejiendo guantes por docenas para industrias que se los pagaban en volúmenes. También a los hermanos mayores se les ofreció cultivar unas fincas para sus dueños a cambio de un jornal y suelo para tener su modesta casa en madera. La necesidad para situar la casa surge luego de que en Septiembre de 1928 el huracán San Felipe (el único categoría 5 en nuestra historia) arrasara con su hogar, obligando a la familia a guarecerse debajo de un árbol de panas, teniendo Leonardo sólo diez meses de vida.
Ya en octavo grado sus hermanos habían decidido que él abandonase sus estudios y se incorporase a la fuerza productiva para ayudar al sustento de la familia, bajo el lema que “los hijos de los pobres lo que tienen que hacer es trabajar”(y no estudiar). Desconocemos cual fue la motivación que tuvo el joven Leonardo para mantener su decisión de estudiar por encima de lo determinado por sus hermanos mayores y en un ambiente que no mostraba claramente las ventajas de tal decisión. Su amigo Oscar Abreu nos refiere que siempre quisieron emular a Don Cándido Bernal, Superintendente Auxiliar en Isabela, del que le oímos hablar con admiración a su liderato y profesionalismo.
Cuando termina su escuela superior, trabaja de maestro en Planas, profesión que siempre amó, mientras comienza estudios universitarios. El 27 de abril del 1949, muere su madre Julia en sus brazos.
Un joven Leonardo es reclutado para la guerra de Corea.
Es reclutado para servir al ejército norteamericano en la guerra de Corea desde donde envía su sueldo para ayudar a sus hermanos. El 8 de septiembre de 1952 es descargado honorablemente con medalla de servicio y dos estrellas de bronce. Como compensación por dichos servicios se le sufraga el terminar sus estudios universitarios, primeramente dos años (Escuela Normal) bajo el programa hoy conocido como el G.I. Bill. En ese intervalo trabaja los fines de semana recogiendo pepinillos para pagarse el hospedaje y la transportación pública más económica desde Isabela a Rio Piedras. Es entonces cuando comienza a trabajar nuevamente de maestro en Cataño y continúa estudiando su bachillerato en cursos nocturnos, sabatinos y de verano.
Mientras cursa sus estudios, conoce a doña Liduvina González Vélez (Lin) con la cual contrae matrimonio en 1956 y forma una familia con dos hijos, Leonardo Iván y Wilmer Harry. Viviendo en Capetillo (Rio Piedras) brinda hogar a su hermano de crianza “Gango”, a su hermana Toña y hospedaje a hermanos de Liduvina mientras estos estudiaban.
Luego de cursar estudios de Administración de Escuelas obtiene un Diploma Profesional con el cual es nombrado ayudante del principal de escuela secundaria en Barceloneta.
Ya viviendo en Florida desde 1960 y siendo Principal de escuela, desarrolla una intensa actividad educativa que le llenó de mucha satisfacción. Aquí aspiraba a una calidad de excelencia en aspectos cognoscitivos y al desarrollo de conciencia ciudadana y responsabilidad cívica. Para ello tuvo la fortuna de contar con una excelente, prometedora y capacitada facultad de maestros con aspiraciones elevadas. Nos refieren que su forma de supervisar era la de un amigo y colaborador y no un fiscalizador. Le oímos referir que nunca entraba a un salón de clase sin el permiso del maestro. A raíz de esto, muchos compueblanos se identificaron decididamente con la vida de la escuela y su función en la comunidad. Por esta razón, requieren a los estudiantes de la escuela superior escribir un ensayo sobre “¿Cómo será el mundo en el año 2000?” donde su horizonte trascendiera las meras destrezas de comunicación y escritura e invitaban a un proceso mental creativo.
Atendiendo el desarrollo integral del ser humano promovió los deportes de pista y campo, convirtiendo el Día de Juegos en un evento regional y comunitario. Activó el consejo de padres y maestros donde se incorporó también a estudiantes y ciudadanos en trabajos de mejoras y restauración de la escuela, lo que contribuye a inspirar en ellos un respeto por la misma.
Se caracterizó por atender problemas de disciplina con entereza, valor y ecuanimidad. Siendo el Director de Escuela supo proveer transportación en su vehículo privado a los estudiantes provenientes de las zonas remotas que incluían largos caminos de piedra. También sufragaba el módico costo de los zapatos que proveía la escuela a los estudiantes que así lo necesitaban (según testimonios de ellos mismos).
Citaba a Walt Disney diciendo “disfruto mi trabajo y encima de ello me pagan”. Con su ferviente optimismo de siempre, infundió estímulo a maestros, estudiantes, padres y todo el que estuviera a su alrededor para que se atreviesen a luchar por sus más elevadas metas con confianza en ellos mismos. De esto él mismo da ejemplo al partir en 1963 hacia Valladolid España a comenzar estudios en Medicina, los cuales tiene que abandonar, temporeramente, un año más tarde por razones económicas.
Tras su regreso, comienza a cursar estudios conducentes a la maestría en Administración y Supervisión en un programa extramuros de la universidad de Nueva York (NYU) la cual obtiene con calificaciones sobresalientes.
En 1966 funda, junto a muchos otros compueblanos, el Centro Cultural de Florida. Este se inicia con una celebración en la escuela del Décimo Aniversario del Instituto de Cultura puertorriqueña. En otras actividades se presentó la Rondalla de Barceloneta, Juan Boria, Ruth Fernández entre muchas otras figuras de importancia. Esta gesta inicia un proceso de aprecio y conocimiento de lo que definía a los Florideños como pueblo. De esta forma, acrecentando el orgullo de lo que nos distingue, va aparejando de un proceso político que desemboca en el reconocimiento de nuestra identidad municipal en 1971.
Siempre le interesó conocer y preservar la historia de donde vivía. Un ejemplo fue con la figura de Dr. Francisco Vázquez Colón de donde deriva el nombre el barrio donde vivía. El Dr. Vázquez fue el primer médico que residió en lo que es hoy Florida luego de estudiar en España. Leonardo lamentó la destrucción de su casa con una arquitectura típica de hacendados del siglo XIX. De la misma forma, el historiador Juan Manuel Delgado señala que nuestro padre fue el primero en tratar de preservar el pozo de Junco, de particular valor histórico en Florida. En estos momentos es cuando escribe una breve historia del nuevo municipio donde pretende según sus palabras “trazar históricamente la lucha de nuestra gente por conseguir lo ya logrado y delimitar el porvenir” dando a conocer “el valor indescifrable de nuestros arquitectos de humanidad cuando de defender lo que nos es dado por Dios se trata”
Casa del Dr. Vázquez que Leonardo trató de preservar pero fue destruida para construir un centro de lavado de carros.
En su casa, la presencia y estudio de ejemplares de las obras destacadas de la poesía, literatura y folklore puertorriqueño servía de inspiración a la escritura de sus propios versos . Entre sus obras favoritas estuvo En la Brecha, el Valle de Collores y el libro Hombres Simbólicos de Ralph Waldo Emerson.
En Septiembre del 1966 (último domingo de las fiestas patronales) el edificio principal de la Escuela Secundaria fue destruido por un incendio de origen desconocido. Este acontecimiento, que tendría significado simbólico y transcendental en este pueblo donde todavía no había otro edificio público de tal envergadura, fue causa de un real sufrimiento para “Mr. Valentín”. No existen palabras para describir el sufrimiento que con mucha hidalguía sobrellevó mi padre por tal hecho, según pudimos percibir. Informando de lo que ocurría acudió en su auxilio, como todo buen hijo haría con su madre, sin el consuelo con que una lágrima pudiera callar el fuego de un alma sensible, con la entereza de una entrega a causas elevados, con la decisión inaplazable que parte de una convicción profunda en la relevancia de esa institución, y con la tranquilidad que sólo da el cumplimiento del deber.
Luego del incendio se llevó a cabo una invocación y se determinó que las clases continuarían.
Despreciando cualquier fortuna personal en momentos de infortunio colectivo, rechazó asensos a la posición de Superintendente Auxiliar en Manatí, lo cual eventualmente acepta cuando el Superintendente en propiedad, conmovido por tal integridad, le permite que dedique todo el tiempo que él quisiera a la reconstrucción física y espiritual de dicha escuela.
En un acto que nos marcó a muchos por su audacia, organizó las clases para que se impartieran en salones improvisados, se dividieron los más amplios, incluyendo la Biblioteca, se usó el comedor y el resto se relocalizó debajo de árboles. Modificó horarios acorde con las necesidades y reconstruyó expedientes destruidos en el siniestro solicitando copias a estudiantes y maestros . Dio ejemplo de lucha frente a la adversidad y al férreo destino humano.
Cuando finalmente es ascendido a Supervisor en la Región Educativa de San Juan y luego que Liduvina terminara su maestría (también en Administración y Supervisión), decide continuar su interrumpido pero nunca olvidado sueño de hacerse médico. Continua los estudios en la Universidad Autónoma de Santo Domingo desde 1969 donde finalmente termina en 1974. Aquí vio en el paciente distrófico una metáfora de la vida: donde su impedimento no es obstáculo para, trepando sobre su propio cuerpo, ponerse de pies. Realizó su internado en el Hospital Regional de Arecibo donde luego trabajó en la sala de Emergencias y finalmente en el Hospital Municipal de Manatí.
Posteriormente se acoge al retiro del servicio al gobierno para abrir su oficina privada en Manatí en 1978, la cual traslada a Florida en 1980. Aquí sirvió desde su oficina, desde su casa y en visitas a domicilio, siempre con la jovialidad y la alegría que le caracterizó. En esta época solía acudir en su vehículo a comprarle la recetas los pacientes de su propio peculio. Como relataban muchos de sus pacientes “Primero me curaba con sus chistes y después nos íbamos contentos”(esta paciente hasta olvido mencionar la medicina como segundo). Siempre alentó a todo colega que consideraba establecerse en Florida a que así lo hiciese y le ofrecía que usara su oficina el tiempo que se necesitase.
En 1996 cierra su oficina para ayudarnos en la Clínica Especializada en Circulación y contribuir a la formación de sus nietos con su inagotable amor y brillante modelo. Coincidiendo con Walt Disney, siempre consideró los niños una maravilla.
Su tiempo de solaz solía dedicarlo a tocar su inseparable cuatro , toda la música popular de los años 40 y 50, afición que aprendió de su tan querido abuelo "Papá Benito" y a recitar sus poemas. Siempre vivió una vida frugal siguiendo el lema de que “el hombre come para vivir y no vive para comer” . En la búsqueda de la dimensión interior señalaba que “el hombre lleva por fuera lo que le falta por dentro”. Valoró la primacía de la acción sobre las palabras y decía “lo que uno es habla tan alto que no deja escuchar lo que decimos”.
En sus últimos días atendió al funeral de su hermano menor Agustín que murió de repente. De igual forma, trató de dar aliento y alegría con sus chistes y recuerdos de su infancia a un hermano y hermana que se encontraban postrados en cama con condiciones terminales.
Estando cultivando su hortaliza, el jueves 29 de Enero de 1998, parte de este mundo sigilosamente por nuevos derroteros que lo habrían de elevar a la altura destinada a tales espíritus, haciendo bueno su lema de que “hay que irse a tiempo”. Un paciente que lo había conocido hacía tan solo dos semanas, al enterarse de su muerte, llorando desconsolado exclamó “Dios mío, por qué [será que] todo lo bueno en mi vida me dura poco?” En tan corta relación ya este paciente lo situaba como parte de esa poca bondad que había encontrado en su vida . ¡Que tributo! Con su elocuente ejemplo vivió lo que siempre fue la máxima de su vida cuando nos advertía que:
“Lo primero que tiene que ser un médico es ser gente”.
Leonardo I. Valentín González
14 de octubre 2005
Editado por Giancarlo Valentín
Versión 12 de enero de 2014