"El general Martín Ruíz salió de la ciudad de Cañete por orden del gobernador para ir a poblar en lo que se llama Chiloé, porque no sólo se contentaba Rodrigo de Quiroga con restaurar lo que Francisco de Villagra había perdido, más poblar al rey una ciudad nueva-mente, reparando lo que tenía presente y acrecentando por sus capitanes lo de lejos, y tan sin costa del rey que se juntaron en breves días en la ciudad de Osorno ciento diez hombres, que era por donde se había de entrar a hacer la jornada: que como tuvieron nueva iba [a] aquel efecto, acudieron de muchas partes soldados para ir en su compañía. Viendo la orden que tenía y se reparaba para llevar bastimientos y casas pesadas por la mar, como hombres que sabían cierto poblar, y así todos los que quisieron embarcaron sus ropas y las demás cosas que tenían, quedando ellos a la ligera. Antes que pasase el verano salió de Osorno y llevó consigo algunos vecinos de la misma ciudad que tenían sus repartimientos de indios en comarcas de la ciudad que iba a poblarse. Estos para que le ayudasen a pasar los caballos y soldados [por] un brazo de mar que divide la tierra firme de Osorno de la isla de Chiloé, puestos todos en este desaguadero que corre la mar por él en sus menguantes y crecientes con más braveza que un río grande por impetuoso que venga, y es menester para pasar de un cabo a otro conocer el tiempo, porque muchas veces se ha visto perder los caballos y meter la corriente a los cristianos dentro en la mar grande y han escapado los que así han ido con gran trabajo, porque el pasaje que tienen en unas piraguas hechas de tres tablas y una por plan, y a los lados a cada un lado una, cosidas con cordeles delgados, y en la juntura que hacen las tablas ponen una caña hendida de largo a largo, y debajo de ella y encima de la costura una cáscara de árbol que se llama maqui, muy majada al coser: hace esta cáscara una liga que defiende en gran manera el entrar del agua. Son largas como treinta y cuarenta pies y una vara de ancho, agudas a la popa y proa manera de lanzadera de tejedor. De estas piraguas, que es el nombre que les tienen puesto los cristianos, que ellas se llaman en nombre de indios dalcas, se juntaron cincuenta. Reman a cada una conforme como es, de cinco arriba hasta once y doce y más; navegan mucho al remo. En estas piraguas pasó en cuatro días trecientos caballos a nado por la mar adelante hasta llegar a la otra costa, longitud de una legua castellana, y ciento diez hombres juntamente con los caballos, que fue un hecho temerario, porque de ninguna nación, griegos ni romanos, se halla escrito haber ningún capitán hecho caso semejante. Estando de la otra parte, informado de la disposición de la tierra, halló que no había camino por donde pudiese llevar el campo, si no era por la costa de la mar, a causa de ser montosa la mayor parte de la isla y llevar muchos caballos de carga. Tuvo muchos inconvenientes para que no hubiese efecto la jornada que llevaba, diciendo hechaba a perder el reino; en tiempo que tanta necesidad tenía de gente no convenía sacar ninguna más. Martín Ruíz, como hombre prudente y que entendía no se movían de celo que tuviesen del reino, sino de envidia, puesto como estaba con la gente junta y a pique de hacer viaje, pareciéndolo primero pesado tantas veces y resumido en que se hiciese, caminó la costa de largo ocho días. Al cabo de ello dejó el campo, con orden que caminase detrás de él, y pasó adelante con treinta soldados a caballo, para ver si había lugar conveniente donde asentar el campo, y desde allí buscar sitio para poblar, pues se hallaba en mitad de la isla, y viendo era bien poblada, halló un asiento y por ser tal pobló en él, junto a la mar, ribera de un río, rodeada de hermosas fuentes criadas de naturaleza de muy buena agua, y hermosa campaña abundantemente regalada de muchas pesquerías de toda suerte de pescados; púsole nombre la ciudad de Castro, y a la provincia, Nueva Galicia. Luego se informó de los indios y tomó por memoria los repartimientos que podía dar a soldados que con él habían ido, dejando justicia en nombre del rey. Después de nombrado consejo y puesto horca, se embarcó en un navío del rey y anduvo navegando hasta el archipiélago, que es de muchas islas, y esta isla grande es la principal de todas ellas: tiene de longitud sesenta leguas, y de latitud seis y ocho, y así al poco más o menos. Está apartada de la Cordillera Nevada cuatro leguas, y hay entre la isla y la Codillera un otro brazo de mar que tiene de ancho dos leguas. Este brazo de mar viene de hacia el estrecho de Magallanes, y rompió por aquella parte de que hizo tantas islas, y salió por estrota, que por donde Martín Ruiz pasó con las piraguas. Desde allí adelante va la costa hasta el estrecho de Magallanes áspera, aunque de muchos puertos, porque la mar va cerrando siempre con las faldas de la Cordillera Nevada y no hay ningún lugar donde púeda poblar ningún pueblo otro hasta el estrecho. Pues habiendo navegado por estas islas y tomado plática de todas ellas, echó en tierra al capitán Antonio de Lastur que llamase de paz los principales de una isla grande llamada Quinchao, de muchos naturales, el cual lo hizo tan bien que trajo la mayor parte de ellos consigo a dar la obediencia al general en nombre del rey, y para buen efecto dejó en la ciudad de Castro un capitán que la tuviese a su cargo y mandase visitar aquella provincia, con orden que si lo que él había repartido saliese alguna parte incierta lo remediase con la mejor orden posible, no permitiendo se hiciese agravio ninguno".
Alonso de Góngora Marmolejo (Carmona, hacia 1524-1576), "Historia de todas las cosas que han acaecido en el reino de Chile y de los que lo han gobernado", capítulo LVIII: "De cómo el jeneral Martin Ruiz de Gamboa, por órden del gobernador Rodrigo de Quiroga, fué a poblar la ciudad de Castro y de lo que hizo. Está esta ciudad poblada en cuarenta y tres grados.", pp. 251 - 253