La Colonia
Rodrigo de Bastidas fue el primer español conocido que se acercara por las costas de Cartagena de Indias. Fue notario en Sevilla y antes había acompañado a Cristóbal Colón en uno de sus viajes a América.
A su paso por la bahía, por equivocación la bautizó como Golfo de Barú. Ya en 1503 la Reina Isabel la Católica expediría una Real Provisión donde el nombre de "Bahía de Cartagena" aparecería en remplazo del apelativo que Bastidas le pusiera; esto, según se dice, por consejo del reconocido cosmógrafo Juan de La Cosa, quien fuera asesor de la Reina y que por cierto estaba con Rodrigo de Bastidas en aquella expedición descubridora.
Se dice que la similitud de la bahía con la de Cartagena de Levante en España fue la inspiración para De La Cosa y la Reina.
Don Pedro de Heredia llegó al poblado indio de Calamar (donde hoy está el Centro Amurallado) buscando un sitio con agua corriente para acampar allí.
Feroces encuentros con los indígenas de la región no faltaron, y Heredia, luego de explorar las tierras cercanas decidió fundar a Cartagena de Poniente, a diferencia de Cartagena de Levante, en España. Esto sería el 1 de junio de 1533.
Al poco tiempo ya estaba trazada la ciudad dentro de la zona, repartidas tierras entre los colonizadores y nombrados todos los cargos correspondientes para el nacimiento legal del poblado, donde meses atrás Pedro de Heredia había pensado en establecer sólo un campamento provisional.
La Colonia
Para la llegada del pirata Baal, Cartagena de Indias aún estaba sin fortificar y fue blanco fácil del francés.
La víspera del matrimonio de una sobrina de Heredia, temprano en la mañana, entraron sorpresivamente los piratas en la ciudad, y ya dentro comenzaron a tocar los instrumentos de guerra. Los cartageneros, creyendo que era la música de fiesta de la boda, acudieron desarmados y tarde se dieron cuenta de su equivocación, cuando la ciudad ya estaba completamente ocupada.
Don Pedro de Heredia se batió a espada y en franca lid en su propia casa con los invasores, mas la ventaja numerosa del enemigo le obligó a salir huyendo y esconderse en las cercanías junto con sus familiares.
El precio del rescate por la ciudad fue de 200.000 pesos en oro que bastaron para satisfacer la codicia de los franceses quienes luego abandonarían la villa.
La Colonia
Le tocaría el turno en 1559 al francés Martin Cote de atacar a Cartagena de Indias, estando aún desprotegida.
Don Juan de Bustos Villegas, entonces Gobernador, lideró una contraofensiva consistente en trincheras y púas envenenadas colocadas en los sitios donde desembarcarían las naves enemigas.
El cacique Maridalo de la Isla de Carex (Tierrabomba) participó también en la defensa con quinientos indios flecheros.
Sin embargo, los franceses que eran más de mil hombres, penetraron las defensas y se tomaron la ciudad llevándose un cuantioso botín.
La Colonia
El primer invasor inglés que pisaría nuestras tierras fue John Hawkins.
En julio de 1568 aparecieron en las costas cartageneras cuatro navíos grandes y siete pequeños al mando de Hawkins, quien le envió una carta al entonces Gobernador de Cartagena de Indias, Don Martín de las Alas, comunicándole que tenía a su disposición mercancías y esclavos para poder montar una feria comercial.
Este truco le había funcionado al inglés en otras ciudades donde entraba tranquilamente para luego dar el golpe definitivo y apoderarse del lugar. Mas el Gobernador de las Alas no cayó en la trampa, negó el permiso solicitado por el pirata y dio la voz de alerta para defender la ciudad.
Fueron ocho días de intenso bloqueo y fuego por parte de la escuadra de Hawkins, durante los cuales los cartageneros emplearon la táctica de cambiar de sitio los cañones cada vez, dando la impresión de tener una artillería mayor. Hawkins desistió en su empeño y juró volver con más poder en un futuro, mas nunca cumplió dicha promesa.
Cartagena de Indias, con el paso del tiempo, llegó a convertirse en un puerto importante para la Corona Española, y en blanco de todas las miradas de las potencias rivales, que deseaban cortar tajada en las riquezas que constantemente llenaban la ciudad.
Su puerto profundo y seguro, su cercanía a la desembocadura del Río Magdalena (principal entrada fluvial al Nuevo Reino de Granada), su proximidad al Istmo de Panamá (por donde pasaban todos los tesoros del Perú), su ubicación estratégica en pleno centro de la Cuenca del Caribe, le valieron el título de "Ciudad", otorgado por el Rey Felipe II en 1574; y más tarde, le concedió un escudo de armas con "dos leones rojos y levantados, que tengan una cruz en el medio, asida con las manos y tan alta como los leones, hasta arriba, en campo dorado, y encima de la cruz, una corona entre las cabezas de dichos leones, con su timbre y follajes".
Al año siguiente (1575) otro título engrandecería a la ciudad: "Muy noble y muy leal" con el cual se reconocía la labor de los súbditos cartageneros en pro de la Corona Española.
Luego del pirata inglés Hawkins, otro invasor (paisano suyo) habría de visitar las playas de Cartagena de Indias: Sir Francis Drake. El nobiliario título recién le fue otorgado por la Reina Isabel de Inglaterra en reconocimiento por la aventura de dar la vuelta al mundo atravesando el Estrecho de Magallanes (era el segundo hombre en el mundo que lo hacía) y de haber saqueado a las colonias españolas en el Pacífico.
Drake arribó a Cartagena de Indias con una poderosa flota y un ejército bien entrenado. Entraron en una noche oscurísima por la Boca Grande hasta llegar a Punta del Judío (donde hoy está el Club Naval). Otro escuadrón intentó ingresar por la Bahía de las Animas pero una cadena de barriles flotantes les cerró el camino a la altura del Fuerte del Boquerón (hoy Fuerte San Sebastián del Pastelillo).
Drake continuó entonces por la Península de Bocagrande hasta llegar al lugar (desprotegido en esos días) que hoy ocupa el baluarte de Santo Domingo, donde encontró resistencia pero al amanecer ya la ciudad era suya.
El inglés comenzó a negociar con las autoridades de Cartagena de Indias -que se habían guarecido en la cercana población de Turbaco- el rescate de la ciudad.
Para presionar, se inició la quema de por lo menos doscientas casas en la ciudad mientras no le pagaran en el plazo acordado. Y en esto estaba Drake cuando encontró entre los papeles del despacho del Gobernador una carta en que se le avisaba al funcionario de la llegada del "pirata" Drake a costas americanas. Indignado, el inglés montó en cólera y ordenó tumbar a cañonazos una nave de la catedral, que estaba en construcción.
Por fin, ante tal destrucción, las autoridades de Cartagena de Indias pagaron la suma de 107.000 ducados. Drake se llevó asimismo joyas, las campanas de la ciudad y piezas de artillería.
El Rey Felipe III implantaría en 1610 el Tribunal de Penas del Santo Oficio de la Inquisición en la ciudad.
La Inquisición fue creada en la Edad Media (1223); era un tribunal de índole religiosa que se dedicaba a "rescatar" de las garras del pueblo enfurecido a todas aquellas personas que atentaran contra la fe católica (herejes) para poder juzgarlas como se merecían. De amplia expansión en todos los países cristianos de Europa, la Inquisición tuvo en España, sin embargo, un carácter algo desviado de los objetivos primarios.
Además de aplicar la justicia en términos religiosos, fue un instrumento de la Corona Española para poder ejercer una presión e influencia políticas en todos los sectores, casi que independientemente del Vaticano.
Debido a la forma particular de juzgar y sentenciar a los acusados (tormentos, torturas), se tuvo un concepto erróneo de la mentalidad de los inquisidores, quienes no fueron sino simplemente unas personas muy apasionadas con su trabajo, muy convencidas de lo que hacían y que en algún momento llegaban a abusar de su investidura para cometer crueldades en pro de las ideas religiosas.
Muchos tormentos para sacar confesiones se aplicaron en Cartagena, entre ellos el potro, el cordel, el jarro de agua, la gota de agua, etc. Uno de los delitos más perseguidos en Cartagena de Indias fue la brujería, que se practicaba bastante.
La Inquisición funcionó en Cartagena de Indias hasta la revolución del 11 de noviembre de 1811, regresando en 1816 con el Pacificador Pablo Morillo para luego ser desterrada definitivamente en 1821 con la liberación de Cartagena de Indias por parte del ejército patriota.
El 13 de abril de 1697 llegaría el Barón de Pointis a Cartagena de Indias, con una gran flota que comenzaría a bombardear la ciudad al día siguiente.
Desembarcó en la Isla de Tierrabomba con su soldados y bucaneros para atacar el Castillo San Luis de Bocachica, defendido por Don Sancho Ximeno, quien habría de responder al ataque con valentía y que luego sería traicionado por sus propios soldados, la mayoría negros esclavos, los cuales aprovecharon la primera oportunidad para entregar las armas y abrirles las puertas del castillo a los franceses.
Pointis reconoció el valor de Don Sancho entregándole su espada al tiempo que le dijo: "No debe un caballero como vos estar desarmado".
Luego los franceses avanzaron poco a poco hacia la ciudad hasta tomarse el Castillo de San Felipe, desde donde cañonearon sin piedad la Puerta de la Media Luna para abrirle una brecha en la cual entraron adueñándose de la situación en el arrabal de Getsemaní, no sin antes batirse en contienda con los últimos defensores que quedaban en el sitio.
Tras acordar la capitulación con las autoridades de Cartagena de Indias, Pointis entró triunfante en la ciudad y asistió a un Te Deum celebrado en la Catedral por orden suya. Los invasores estarían casi un mes en la ciudad, durante el cual robaron y saquearon a todos los habitantes y sustrajeron joyas religiosas, incumpliendo así con la capitulación antes dicha.
Pointis abandonó Cartagena de Indias el 1 de julio de 1697, traicionando y dejando además a un escuadrón de sus piratas sin la parte del botín por lo que estos volvieron sobre lo que quedaba de la ciudad y terminaron de saquearla, llevándose dos millones de pesos oro.
Cartagena de Indias escribiría en 1741 una de las páginas más memorables en su historia militar, cuando el 13 de marzo de ese año llegó a sus costas la gran flota del Almirante Sir Edward Vernon, probablemente la más grande reunida hasta ese entonces. Con 186 barcos era muy superior a la famosa "Armada Invencible" de Felipe II, que contaba con 123.
La flota inglesa disponía de 23.600 combatientes, 186 navíos y 2.000 cañones. Cartagena contaba para su defensa con 3.600 hombres, 6 navíos de guerra y unas formidables fortificaciones.
La primera vela inglesa aparece en Punta Canoa y se inicia el bloqueo del puerto. La flota se despliega a todo lo largo de la costa.
Vernon comenzó con intenso fuego sobre el Castillo San Luis de Bocachica, defendido por el coronel Des Naux. Después de 16 días cae el Castillo, que es tomado para avanzar más adelante sobre la ciudad.
Don Blas de Lezo, quien estaba al mando del Virrey Don Sebastián de Eslava en ese entonces, mandó quemar y hundir las naves en que estaba defendiendo la costa interior de Tierrabomba. Sin embargo, Vernon logró salvar uno de los botes, evitando así que los naufragios de los mismos obstaculizaran el ingreso a la Bahía de Cartagena de Indias.
Seguidamente cayó sobre el Fuerte Santa Cruz de Castillogrande, que fue evacuado sin estar de acuerdo con esto Blas de Lezo, que no le quedó otro remedio más que incendiar también los últimos botes comandados por él, a ver si sus restos fueran suficientes para bloquear el acceso a la Bahía de las Animas esta vez. Nuevamente Vernon logró salvar el último barco y penetró luego en la bahía.
Cuando los ingleses llegaron al Castillo de San Felipe, luego de tomarse La Popa, se encontraron con una fuerte defensa y con el imprevisto de que las escalas usadas para el asalto eran muy cortas. Error fatal: cayeron muchos soldados bajo el fuego de los españoles desde lo alto del castillo y tuvieron que ordenar la retirada con muchas bajas.
La flota, sin embargo, siguió con el cañoneo desde el mar pero las enfermedades tropicales, las bajas y los heridos fueron determinantes a la hora de amenguar la fuerza de los invasores y obligarlos a abandonar el área, no sin antes destruir las fortalezas que estaban desprotegidas, quemar el barco español que tenían en su poder y cañonear la ciudad hasta el último instante.
En Inglaterra, amigos de Vernon habían mandado acuñar medallas con la figura de Blas de Lezo arrodillada ante Vernon y con la leyenda: "el orgullo español humillado por el Almirante Vernon". Dichas medallas conmemorativas fueron objeto de burlas por mucho tiempo.
Al Virrey Don Sebastián de Eslava le fue otorgado el título de "Marqués de la Real Defensa de Cartagena de Indias". Blas de Lezo, en cambio, murió olvidado meses después de la retirada de los ingleses.
Cartagena de Indias desde sus inicios como ciudad clave del Imperio Español fue siempre el objetivo militar de países entonces rivales como fueron Inglaterra y Francia. Por esto, la fortificación de la plaza era más que indispensable para poder asegurar la victoria en caso de incursiones enemigas.
El proceso de fortificación de toda la ciudad y sus alrededores comenzó en la Colonia en pleno siglo XVI y siguió hasta finales del siglo XVIII, a pocos años de la época de la Independencia. El Fuerte del Boquerón, el primero en Cartagena de Indias, surgió por la necesidad de cubrir la entrada a la Bahía de las Animas, para dificultar cualquier desembarco o penetración masiva en las proximidades. Dicho fuerte estaba ubicado donde hoy está el Fuerte de San Sebastián del Pastelillo, en la Isla de Manga. El Boquerón era auxiliado a su vez por baterías, que impedían el libre acceso por alguna de las rutas de invasión hacia la ciudad.
Hubo dos baterías en cercanías de los Baluartes de Santa Catalina y San Lucas, donde hoy es El Cabrero, que protegían el acceso por tierra desde el norte; dos baterías más se hallaban en Punta Icacos (donde hoy está el Hotel Caribe) y que defendían la entrada por el sur; y dos baterías en el sitio que hoy ocupa el Baluarte de Santo Domingo, protegiendo el acceso frontal desde el mar y desde la península de Bocagrande.
Estas defensas no eran suficientes, sin embargo, para proteger la ciudad, que cayó ante las invasiones de Martin Cote y Francis Drake, y esto obligó a la Corona Española a diseñar un proyecto de fortificación serio, realizado por el ingeniero italiano Bautista Antonelli, para convertir a Cartagena de Indias en la plaza mejor fortificada en América.
En el siglo XVII las entradas a la bahía por Tierrabomba eran protegidas por el castillo de San Luis de Bocachica, al sur; y el de San Matías, que reemplazó las baterías de Punta Icacos. Este cruzaba fuegos con la Plataforma de Santángel, ubicada al norte de Tierrabomba y que desapareció por su ineficacia.
El Fuerte de Santa Cruz de Castillogrande se ubicaba en la Punta del Judío (donde hoy está el Club Naval) y cruzaba fuegos con el Fuerte de Manzanillo, localizado en la isla del mismo nombre, al otro lado del canal.
El Baluarte del Reducto se ubicaba en uno de los extremos de la entonces Isla de Getsemaní y cruzaba fuegos con El Boquerón, lo mismo que la Puerta de la Media Luna, por donde la ciudad se comunicaba con tierra firme.
En el Cerro de San Lázaro se encontraba el fuerte del mismo nombre, que años después se transformaría en el Castillo San Felipe con reformas y añadiduras que lo harían más poderoso.
En el siglo XVIII fue cuando la construcción militar cobró mayor importancia en Cartagena de Indias. El ingeniero militar Don Juan de Herrera y Sotomayor se encargaría de reparar aquellas edificaciones destruidas en la invasión de Vernon.
Se restauraron el Castillo de San Luis de Bocachica y el Castillo de San Felipe de Barajas.
Se rehabilitaron las baterías de Chamba, San Felipe y Santiago, ubicadas en la costa exterior de Tierrabomba.
Se rehabilitaron a su vez otras dos baterías en la Isla de Barú: Varadero y Punta Abanico.
Se reconstruyeron los fuertes de Manzanillo y Castillogrande.
Otro ingeniero, Juan Bautista Mac Evan, se destacaría por la concepción del proyecto del Castillo de San Fernando de Bocachica (realizado por Lorenzo de Solís y Antonio de Arévalo) el cual reemplazó a San Luis, que de todas maneras había quedado inservible.
También se proyectó el Fuerte de San Sebastián del Pastelillo. En la segunda mitad del siglo XVIII, Don Antonio de Arévalo sería el encargado de rematar la fortificación de la plaza para hacerla inexpugnable en su totalidad.
Arévalo reforzó el Castillo de San Felipe con baterías laterales, haciéndolo más fuerte aún.
Construyó la Escollera de la Marina, que corría desde el Baluarte de Santa Catalina hasta el de Santo Domingo y servía para proteger las murallas de las olas del mar.
Concluyó el Castillo de San Fernando en Bocachica y sus baterías respectivas: Angel San Rafael (hoy restaurada), San Francisco Regis y Santiago.
También se le abona el haber construido el Espigón de Santa Catalina (mal conocido hoy como La Tenaza), que servía para repeler las incursiones terrestres provenientes de la zona de Marbella.
Construyó La Tenaza, ubicada enfrente de los baluartes de Santa Catalina y San Lucas; como también las baterías de Más, Crespo y el Hornabeque de Palo Alto, que hoy no existen.
Realizó la Escollera de Bocagrande, impresionante obra submarina destinada a impedir el paso de navíos por la Boca Grande, entre Punta Icacos y Tierrabomba.
La última obra de Arévalo fue la construcción de las bóvedas a prueba de bombas ubicadas entre el Baluarte de Santa Catalina y el de Santa Clara, obra que culminaría el cierre sistemático de la ciudad amurallada.
Esta también fue la última edificación militar levantada por España en Cartagena de Indias, ya en las postrimerías del siglo XVIII, cuando el siglo XIX aguardaba con la revolución de la Independencia.
Período Colonial de Cartagena
Desde el nacimiento de Cartagena de Indias en 1533 hasta la Declaración de Independencia Absoluta de España, en 1811, transcurrieron casi tres siglos en la Epoca de la Colonia, cuando Cartagena fue de las más importantes ciudades de la Corona Española en tierras americanas.
Y esta primacía la convirtió en blanco de las potencias rivales, que no escatimaron esfuerzos para sitiarla, saquearla, destruirla. La "muy Noble y muy Leal" ciudad de Cartagena de Indias escribiría páginas enteras en la historia del Nuevo Mundo, destacándose por el valor de sus pobladores y gobernantes.
La Independencia de Cartagena
La segunda ciudad de Suramérica (después de Caracas) en declararse independiente de España fue Cartagena de Indias, el 11 de noviembre de 1811, comenzando así una serie de sucesos de suma importancia y en los cuales pagaría cara la osadía de enfrentar al Imperio Español.
Fueron diez años durante los cuales habría tanto victorias como derrotas. Fue una época de vital importancia en la que se forjaría el destino de libertad y emancipación de las provincias americanas.
Declaración de la independencia absoluta de España (1811)
La Independencia
Había en Cartagena de Indias a finales de la primera década del sigo XIX una división entre sus gentes producida por la existencia de dos partidos: los toledistas y los piñeristas. Los toledistas eran comandados por José María García de Toledo y los piñeristas los dirigían los hermanos Germán y Gabriel Gutiérrez de Piñeres.
Hubo una pugna por la Presidencia de la Junta Suprema de Gobierno, creada para dirigir los destinos de Cartagena de Indias mientras la situación en España se restablecía.
Dicho cargo lo ganaría en elecciones García de Toledo. Los hermanos Piñeres, en su frustración, idearon una campaña encaminada a ganarse el apoyo del pueblo: la independencia absoluta de España.
El orgullo partidista y patriótico de los Piñeres estaba en juego. Los hermanos decidieron reunir al pueblo estimulándolo a presionar para realizar la declaratoria de independencia absoluta. El 11 de noviembre de 1811 la Junta Suprema de Gobierno se reuniría en el Palacio de Gobierno para tratar ciertos temas, entre ellos el de la declaratoria de independencia absoluta, propuesto por Germán Gutiérrez de Piñeres, quien hacía parte de la Junta.
Los cartageneros convocados por los Piñeres que estaban reunidos en el barrio de Getsemaní, esperaban con impaciencia el transcurso de la crucial reunión. Llegó entonces la noticia de que se aplazaría una vez más la susodicha declaratoria y la multitud enardecida y arengada por los piñeristas, entró en la Plaza de la Aduana de donde sacó de la Sala de Armas el aprovisionamiento suficiente para presionar por la fuerza, si era necesario, a la Junta de Gobierno.
Entró la turba al propio Palacio de Gobierno, y en medio de recriminaciones a los aplazadores, lograron que los allí reunidos firmaran el Acta de Independencia Absoluta de España, toledistas, piñeristas (que regresaban al poder por la fuerza) y demás.
Más tarde la Junta ordenó la lectura del "Bando" para hacer pública el Acta, jurando separarse definitivamente de la Corona Española.
Período Republicano
Epidemia de cólera azota a Cartagena (1849)
La República
Para mediados del siglo XIX Cartagena de Indias contaba con 18000 habitantes aproximadamente, y esta cifra se vería notablemente reducida por la peste de cólera que azotó la ciudad en 1849, sumiéndola aún más en la progresiva decadencia que sobreviniera con el comienzo del período republicano.
Cierto día en que murieron unos pescadores que la jornada anterior estaban mar adentro, supuestamente se desató la epidemia del cólera. En el mercado público cayeron otras personas. Más tarde se daría el diagnóstico medico: "cólera morbo", enfermedad que aparecía por vez primera en América.
La peste se diseminó por toda la ciudad y los fallecimientos masivos obligaron a la autoridades a cavar una fosa común enorme en el Cementerio de Manga. En la desesperación, cada tanto tiempo se disparaban cañonazos para "purificar" el aire con el humo de pólvora, mas esto no hacía sino asustar a los vecinos.
Las autoridades tomaron medidas encaminadas a asistir a los más afectados, en su mayoría gente humilde, de escasos recursos. Un espíritu de solidaridad se sintió entre todos, pobres y ricos, puesto que la epidemia atacaba sin discriminación.
Luego de cinco semanas, la peste fue disminuyendo su expansión, hasta desaparecer; pero se desplazaría con su carga de muerte a las poblaciones ribereñas del río Magdalena.
Se dice que en Cartagena de Indias aproximadamente la tercera parte de la población murió.
Durante la República, Cartagena de Indias fue decayendo poco a poco y con el paso de los años perdería la vitalidad y preponderancia que ostentara durante la Colonia. De poderoso y bien resguardado puerto negrero comercial, pasó a una simple villa cuyos fuertes, baluartes y murallas fueron testigos mudos del ocaso de la ciudad. Ya no serían sino reliquias, recuerdos de un pasado glorioso que no volvería a repetirse para quedarse estancado en el pozo del olvido.
Es en el siglo XX cuando la ciudad renacería de entre las cenizas para reafirmarse entre las más influyentes en el futuro de Colombia, convertida ya en puerto turístico, industrial y comercial, dentro de los mejores de la Cuenca del Caribe.
La República
Rafael Núñez gobierna a Colombia (1880 - 1894)
Uno de los más sobresalientes estadistas de Colombia en el siglo XIX fue el Dr. Rafael Núñez, cartagenero que le indicaría a la Nación la senda de la estabilidad política, social y económica.
Hijo de Francisco Núñez García y Dolores Moledo García, nació el 28 de septiembre de 1825 en Cartagena de Indias, cuando el país recién se acomodaba en su nueva condición de Estado soberano e independiente de España.
Su carrera sería brillante, siempre al servicio de sus compatriotas, pasando por cargos como juez en Panamá, Secretario de Estado, Gobernador de Cartagena de Indias , Representante al Congreso, Vicepresidente del Congreso, Secretario de Gobierno durante el período del General José María Obando, Secretario de Guerra y Marina con Manuel María Mallarino, diputado, senador, Secretario del Tesoro Público, entre otros.
Asistió a la Convención de Rionegro, para la creación de la Constitución de 1863, que implantaría el régimen federal en Colombia, con el cual no estaría de acuerdo Núñez por lo inadecuado para el país.
Al año siguiente viaja para establecerse como Cónsul en Liverpool, de donde regresaría en 1875 para ser lanzado como candidato a la Presidencia de la República, en elecciones que perdería con Aquileo Parra. Sin embargo, para las votaciones de 1878 resulta elegido Presidente y comienza la unificación del fragmentado país bajo el famoso lema "Regeneración o Catástrofe", siendo reelegido en los años de 1880 y 1884.
Es en este período cuando se gesta la transformación total de la Nación amparada en la redacción de la Constitución de 1886, de la cual fuera el principal impulsor. A pesar de las guerras intestinas, la violencia y la batalla entre partidos políticos, la Carta Magna de Colombia sale adelante y logra ser instaurada para bien de todos. En ese mismo año de 1886, Núñez es reelegido para la Presidencia y adelanta obras en lo económico.
Fundó el Banco Nacional (más tarde Banco de La República) a la vez que reemplazó la moneda de oro por el papel moneda, lo que renovaría el atrasado sistema económico nacional. Firmó un Concordato con el Vaticano, vigente hasta hoy, luego de lo cual se retiraría de la Primera Magistratura para cederla al Vicepresidente Carlos Holguín.
Regresaría a su casa de El Cabrero en Cartagena de Indias en 1888, para luego en 1893 ser reelegido por última vez Presidente de la República, mas esta vez no alcanzaría a asumir el mandato al morir repentinamente el 18 de septiembre de 1894.
Fue Núñez uno de los más ilustres cartageneros que tuvo la Patria, y su legado aún perdura, pasado más de un siglo desde que asumiera el poder por primera vez.
El renacimiento de Cartagena (Siglo XX)
La República
Después de alcanzada la independencia definitiva de España en la segunda década del siglo XIX, Cartagena de Indias se vió sumida en una época de decaimiento que duraría más de cien años.
Parte del origen de este declive se ubica en la Independencia, cuando vendría el Sitio de Morillo, que fue catastrófico para la ciudad por la mortandad humana que causó. Luego aparecerían las guerras internas en el país que más de una vez afectaron la tranquilidad de la ciudad. Llegaría el cólera, para colmo de males, reduciendo de nuevo la población de la ciudad considerablemente.
El comercio que en la Colonia fuera de los más activos en la región sufrió un revés al perder la ciudad la importancia que ostentara en esa época, viendo impotente el crecimiento de la población de Barranquilla, localizada a orillas del río Magdalena, cerca de su desembocadura, y que se convertiría en el más importante centro económico hasta hoy.
Los abandonados fuertes, baluartes y murallas de la decaída ciudad, fueron testigos mudos del prolongado sopor en que se sumergió con el paso de los años y del que sólo saldría bien entrado el siglo XX. Es en la década del 50 cuando la Ciudad Heroica se despereza luego de tan larga pausa.
La intermitente navegación por el Canal del Dique es restablecida luego de que este fuera debidamente dragado y reestructurado para el servicio permanente de la ciudad en 1951.
El oleoducto de Mamonal proveniente de Barrancabermeja, iniciaría una etapa de reactivación económicacon el advenimiento de la industria petroquímica que llegaría para quedarse.
Más tarde Cartagena de Indias se comunicaría eficientemente con el interior del país mediante la vía Troncal de Occidente.
La renaciente ciudad se constituiría con el tiempo en importante puerto marítimo para el comercio nacional, compitiendo a la par con Barranquilla.
El florecimiento de una nueva actividad económica, el turismo, ampliaría los horizontes de progreso para Cartagena de Indias, que volvería a ver en su historia y su centro amurallado la riqueza perdida en otros tiempos, que en una oscura época se consideró un "estorbo" para el desarrollo, mas ahora se le mira con otros ojos, por el valor incalculable que representa.
Declarada Monumento Nacional en 1959, y Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad en 1984 por la UNESCO, Cartagena de Indias, hoy una ciudad alegre y cálida, se proyecta como una de las metrópolis líderes en Colombia con miras en un futuro promisorio lleno de esperanzas y bienestar.