ARTE
Privilegiada localidad por lo que a la riqueza de su patrimonio artístico se refiere -lo que ha motivado por parte del Gobierno Vasco la declaración de su casco histórico como Conjunto Monumental con la categoría de Bien Cultural Calificado-.
Plaza de San Martín de Agirre
La plaza de San Martín Agirre en su actual estado, pese a contar con una anterior disposición, es producto del último tercio del siglo XVII, constituyéndose en un espacio prácticamente rectangular. En su configuración interviene decisivamente la construcción de una nueva casa consistorial, obra realizada, a grandes rasgos, entre 1677 y 1693, si bien su efectiva finalización se produciría en 1730. Las trazas corresponden a Lucas de Longa, quien también asumió su concreción. Edificio monumental, nuevamente se impone la estética postescurialense, encuadrándose en el tipo más extendido, con un soportal en la planta baja y vanos regularmente distribuidos en la noble. También la casa adyacente fue diseñada por Longa, destinándola en principio a vivienda propia, aunque finalmente no se produciría tal circunstancia. Aspecto destacable es la plena continuidad entre ambos frentes. Justo enfrente de la mencionada construcción se situaba en principio el colegio de la Compañía de Jesús, sustituido a finales del siglo XVIII por el Real Seminario.
En cuanto a la construcción primitiva, subsiste la iglesia, ejecutada entre 1628 y 1677 con trazas de Mateo de Ocejo, aunque con ciertas reformas planteadas por Juan de Zaldúa. Fiel a los principios artísticos del periodo, repite el modelo más habitual en la orden, una cruz latina inscrita en un rectángulo, con capillas laterales comunicadas entre sí. En su retablo mayor, contratado en 1692 por Jacobo de Ayesta y Rafael Larralde, destaca sobremanera la imagen de San Ignacio de Loyola, efectuada en 1614 por Gregorio Fernández, imagen de gran calidad e indudable influencia en la zona. La actual fachada del edificio es obra del siglo XIX, al igual que la mayor parte de su interior, debiéndose esa labor neoclásica a Mariano José de Lascurain.
Parroquia de San Pedro (torre barroca)
La primera obra a considerar aquí es la iglesia parroquial de San Pedro. Ubicada en el extremo del recinto primitivo, se erigió en el mismo solar en el cual se situaba San Pedro de Ariznoa, primitiva iglesia del lugar. La historia constructiva del actual templo es larga y compleja, iniciándose en 1521, cuando Pedro de Lizarazu recibió cuatro ducados de oro por las trazas efectuadas para la capilla mayor. En cualquier caso, sería finalmente en 1527 cuando se dio inicio a la obra, realizándose entre ese año y 1555 el presbiterio y el primer tramo, denominado como crucero en ese momento. Responsable del diseño de esa última zona fue Miguel de Aguirre, encargándose de su concreción Andrés de Izaguirre primero y, a su muerte, Domingo de Guerra después. Es en 1569 cuando se da inicio a la segunda fase constructiva, asumida por Pedro de Ibarra, quien no cumpliría con el plazo acordado de seis años, de modo que en 1589, una vez que había fallecido ya, fue sustituido por su hijo Pedro Martínez de Ibarra. Pese a que éste debía finalizar el edificio en cuatro años, los problemas económicos de la parroquia siguieron retrasando la marcha de las obras, de modo que en 1604 el aludido maestro no llegó a un acuerdo con los patronos, quienes se dirigieron a Juan Pérez de Aróstegui, que fallece dos años después, sustituyéndole su hermano Domingo de Aróstegui. Un año más tarde, y cuando parecía posible poner fin al edificio, surgió un problema constructivo que retrasaría ese momento.
Los soportes realizados por Pedro de Ibarra no podían soportar el peso de las cubiertas que se estaban confeccionando. Así, fray Miguel de Aramburu, Juan de Apoita, Miguel de Garaizabal y Juan de Olate decidieron que esos soportes debían de ser derribados y nuevamente erigidos, siendo el propio Domingo de Aróstegui quien asume tal labor. Fallecido éste en 1609, Ignacio de Ansola dirige las obras entre 1611 y 1619, terminando definitivamente el cuerpo de la iglesia. En 1613 se decidió erigir una nueva sacristía, detrás de la cabecera, puesto que la anterior era pequeña. Nuevamente se alargan las obras. Aunque para 1626 se había realizado ya las paredes, la cubrición era de madera, de modo que es entre 1646 y 1648, previa nueva donación de un indiano, cuando Juan de Zaldúa y Juan Martínez de Aguirre realizan la definitiva bóveda de crucería, siguiendo la traza -que se conserva- otorgada por el primero de ellos. La actual torre, que sustituyó a una de carácter provisional, corresponde al diseño presentado en 1728 por José de Lizardi. El propio arquitecto asume junto con su hijo Pedro Ignacio la construcción en 1734, iniciándola al año siguiente y finalizándose en 1742, si bien es en 1743 cuando examinan la obra Juan Bautista de Inchaurandiaga e Ignacio de Ibero. Resultado de todo este esfuerzo constructivo es una planta de salón, con tres tramos y cabecera poligonal. En buena lógica, el presbiterio y el primer tramo muestra aún un acusado apego a las formas góticas, mientras que los otros dos tramos presentan soluciones propias del siglo XVI, con soportes toscanos y complejas bóvedas de crucería. La fachada-torre se halla dotada de un acusado carácter escenográfico, dado su sentido urbanístico, mientras que su alzado es ciertamente destacable. Igual ocurre con la portada que en su parte baja se sitúa, obra del último tercio del siglo XVI. Dadas sus características, su diseño y realización bien podrían corresponder al propio Pedro de Ibarra.
Ventana lateral de la Parroquia
Pórtico lateral de la Parroquia
En su interior, debemos citar en principio el retablo mayor, ejecutado aproximadamente entre 1535 y 1540. Después, en 1545 Juan de Anda, pintor vitoriano, se compromete a policromarlo, labor que inicia un año más tarde y finaliza en 1548. En el contrato se señalaba, además, que en el banco debían situarse relieves con los evangelistas en lugar de las realizaciones anteriores. Por otro lado, en 1563 el retablo fue elevado sobre un zócalo y en 1595 se retiró la imagen de la Piedad para en su lugar situar el sagrario, acordándose además en 1725 situar en este mueble la imagen de San Roque. A pesar de no existir referencias documentales al respecto, se ha apuntado la posible participación de Juan de Gante en la escultura realizada en la primera fase, mientras que en el caso de los evangelistas existe unanimidad a la hora de considerar autor de los mismos a Juan de Ayala II. Con una disposición de casillero, el retablo consta de banco, tres cuerpos y ático, utilizándose como soportes columnas abalaustradas y con una decoración propia del primer Renacimiento, esto es, grutescos, motivos a candelieri, conchas y tondos, entre otros. En las imágenes efectuadas en la primera fase se advierten pervivencias góticas, realizaciones sin excesiva calidad en última instancia, mientras que las de Juan de Ayala II resultan mucho más estimables, al tiempo que evolucionadas, cosa lógica por otra parte. Los retablos colaterales de Nuestra Señora del Rosario y de San Miguel fueron contratados en 1652 por Mateo de Zabalia, quien había dado traza para ello, finalizándolos para 1656, tras su fallecimiento, Juan de Zaldúa. Ubicados en su lugar al siguiente año, Bernardo de Elcaraeta se encarga de la escultura, realizada en su totalidad para 1661, mientras que el complemento polícromo corre a cuenta de José de Ganuza. Se trata de organismos clasicistas, correctos en su formulación arquitectónica, siendo la labor escultórica de Elcaraeta muy destacable. Además, en el lado del evangelio, bajo el coro, se sitúa el retablo del Cristo de la Agonía, que cobija la extraordinaria talla del escultor andaluz Juan de Mesa. Realizada para Juan Pérez de Irazábal en 1622, el Contador de Su Majestad la donaría en 1626 a la parroquia. El marco arquitectónico se debe a Juan de Apaeztegui, quien lo realizaría entre 1679 y 1680, realización plenamente barroca que subraya aún más, si cabe, la realización más personal y destacada del insigne escultor nacido en Córdoba. La sillería de coro fue ejecutada entre 1720 y 1722 por Tomás de Auzmendi y Antonio de Balzategui, según el diseño de Juan Bautista de Suso.
Situado en la sacristía, el retablo o políptico de San Miguel es un conjunto pictórico de procedencia flamenca, cuya predela se data hacia 1520, mientras que el resto de paneles se habrían efectuado en torno a 1530-1540 por algún maestro perteneciente a los círculos manieristas de Amberes, sustituyendo finalmente a la desaparecida escena de San Miguel una talla de San Pedro perteneciente al siglo XVII. A pesar de su desigualdad, se trata de un conjunto sobresaliente, que nos muestra a los donantes, pertenecientes a la familia Ozaeta. Por otro lado, el lienzo de la Trinidad pertenece a finales del XVI o principios del XVII, obra que se considera perteneciente a la escuela sevillana. Además, el lienzo de San Juan Bautista lo efectuó Diego de Mugarieta en 1674, mientras que mucho más destacables son los de San Nicolás Tolentino y San Lorenzo, identificados como obras del taller de Zurbarán; la Adoración de los pastores, relacionado con la obra de Ribera; un excelente San Jerónimo, atribuido a Francisco Collantes y la Virgen de los Dolores, magnífica realización sevillana del tercer cuarto del siglo XVII, emparentada con la obra de Valdés Leal. Por último, señalemos la existencia de una cruz parroquial del siglo XV, una custodia del siglo XVII y un relicario perteneciente al XVIII.
Parroquia de Santa Marina (Oxirondo)
Un tanto alejada del emplazamiento original, Santa Marina de Oxirondo se documenta ya a principios del siglo XIV, incorporándose algo más tarde la universidad de Oxirondo a la villa. La fábrica actual es, sin embargo, más tardía, toda vez que su reedificación se inició en 1542. Es Andrés de Leturiondo quien en ese año otorga trazas para la capilla mayor e inicia las obras, sustituyéndole diez años más tarde Pedro de Estiburu. Posiblemente esta intervención finalizaría en 1555, puesto que Martín de Igarza, Domingo de Guerra y Pedro Soraiz efectúan el correspondiente examen. Es precisamente el último quien otorgaría el diseño de las bóvedas. Tras fallecer Estiburu, en 1559 le sustituye Pascual de Iturriza, al cual releva, por idéntico motivo, Juan de Hemasabel en 1563. Ante el incumplimiento de los plazos por parte de éste, en 1576 se firma un nuevo contrato con Gaspar de Balzola, hallándose prácticamente finalizadas las obras de esta primera fase, correspondiente a la cabecera y primer tramo, en 1582, si bien el verdadero final ocurre en 1607, con el examen de fray Miguel de Aramburu, Juan de Apoita y Miguel de Garaizabal. Dadas las dificultades económicas, habría que esperar hasta 1648 para dar inicio a la segunda fase constructiva. Aunque es Juan Martínez de Aguirre quien asume las obras, cede su remate a Juan de Zaldúa, autor de dos dibujos de las bóvedas y planta de la iglesia, que han llegado a nuestros días.
Pared lateral de Santa Marina
Si bien el señalado maestro debía terminar la empresa para 1660, una serie de problemas provocan que en 1663 le sustituya Ignacio de Salsamendi, al que se le concede como plazo el año de 1672. Una vez más, en 1666 es Juan de Zumeta Larrañaga quien se encarga de las labores a realizar, y a su muerte, cuatro años más tarde, sus hijos Nicolás y Martín. Ya en 1672 son Miguel de Abaria y Martín de Garatechea quienes examinan la finalización de las bóvedas, habiéndose terminado ya el interior de la iglesia. En 1693 Juan de Aranceta y Esteban de Abaria se comprometen a realizar la cornisa externa, según el diseño, que también se conserva, de Lucas de Longa. Dos años después, Martín de Zaldúa elabora un nuevo diseño para la torre, adjudicándose el remate Esteban de Abaria, quien la finaliza para 1701. Además, señalemos que el pórtico se efectuó entre 1722 y 1726, la sacristía a principios de ese mismo siglo y que la fachada occidental es una realización neoclásica de Alejo de Miranda, obra acometida entre 1791 y 1798, periodo en el cual se realizaría el nuevo coro en el interior. Nuevamente nos hallamos ante una iglesia de tres naves y planta de salón, provista de ábside poligonal de escasa profundidad y con complejas bóvedas estrelladas, imponiéndose la unificación espacial y la coherencia del conjunto, pese a lo tardío de su finalización. En cuanto a la torre, se sitúa en el tercer tramo del lado de la epístola, sobre el basamento realizado con anterioridad. Mucho más avanzada que las propuestas clasicistas anteriores, es una obra muy destacable también, que tendrá repercusión en las labores de otros arquitectos de la zona.
Su retablo mayor es uno de los muebles litúrgicos más señalados de la península. Es Miguel de Irazusta, natural de Alkiza pero establecido en Madrid, donde ejecuta diferentes obras reales, quien otorga la traza en 1736. Si bien Andrés de Aldaeta contrata su ejecución, es finalmente el propio Irazusta quien debe encargarse de la construcción, desarrollada entre 1739 y 1743. Este organismo rococó posee un elevado banco, cuerpo único de tres calles y remate, adoptando como tipología el esquema de medio baldaquino. Provisto de un expositor con forma de templete, los elementos decorativos se sitúan preferentemente en los fustes de las columnas, con guirnaldas, colgantes, espejos, etc. La trascendencia del conjunto es enorme, no sólo por lo que a la arquitectura se refiere, ya que la escultura pertenece a Luis Salvador Carmona, caracterizándose por su elevada calidad. En el cuerpo único, situados en los intercolumnios se encuentran San Jerónimo y San Agustín, mientras que en la calle central San Abdón y San Senén escoltan a la titular, Santa Marina, sobre la cual se sitúa un relieve con su martirio. Ya en el remate se halla el Salvador, con la paloma del Espíritu Santo sobre él y escoltado por las virtudes cardinales. En cualquier caso, no termina aquí la aportación de estos maestros, extensible a algunos de los retablos colaterales y laterales. De este modo, en 1741 la cofradía de las Animas decidió efectuar un retablo lateral de su advocación, encargándose de la arquitectura Irazusta y de la imagen de Santa Teresa del remate Salvador Carmona. También a Irazusta debemos el retablo colateral de la Virgen del Rosario, siendo del mencionado escultor las imágenes de la titular y San José. Al otro lado, en el de la epístola, encontramos los retablos de San Miguel y el de San Roque y San Sebastián, contratados en 1756 por Tomás de Jáuregui, finalizándolos para el año siguiente, y debiéndose la efigie del arcángel a Salvador Carmona, mientras que el lienzo del segundo ha sido atribuido a Francisco Bayeu. Para terminar, señalemos la existencia de una cruz parroquial de la segunda mitad del siglo XV con modificaciones posteriores y una custodia correspondiente al segundo cuarto del siglo XVI que aúna características góticas con otras más avanzadas ya.
El Convento de la Santísima Trinidad.
Su origen se remonta a 1513, fecha en la cual se produciría la fundación de un beaterio en una casa situada en esa misma calle. A mediados del siglo XVI aceptaron el ofrecimiento del comendador Andrés Martínez de Ondarza, caballero de la Orden de Santiago, y su mujer Magdalena de Araoz, que serán los patronos del nuevo cenobio, con licencia del Obispado de Calahorra en 1557 y toma de posesión de la iglesia en 1566, abandonando su carácter de beatas y pasando a ser isabelinas para en 1962 constituirse en convento de clarisas. La clausura, sin embargo, tendrá un desarrollo poco homogéneo, por cuanto aprovecha sendas viviendas situadas a ambos lados de esa iglesia. Es esta una realización anónima del segundo tercio del siglo XVI, efectuada seguramente entre las dos fechas anteriormente citadas, con planta rectangular, cabecera poligonal, tres tramos y bóvedas de crucería estrelladas, mientras que al exterior, la espadaña fue realizada en 1728 por Bartolomé de Elcoro. Por lo que a la disposición de la clausura se refiere, la zona situada a la derecha del conjunto, tomando como referencia su visión externa, resulta más coherente que la del otro lado, anterior en el tiempo.
Convento de la Santísima Trinidad
Casa de Izaguirre Moia
Escudo de Casa Arrese
Casa Torre de Arrese
La imagen de la izquierda corresponde a la casa de Izaguirre-Moia. Esta casa tiene un pequeño mirador de madera en uno de los huecos a la plaza. Este mirador tiene un valor histórico, pues se dice que fue construído para que desde él el rey Fernando VII viera una corrida de toros.
En el número 30 se sitúa la Casa Torre de Arrese, palacio aglomerado del siglo XVI en el que se mantienen elementos propios de las torres medievales. Con todo, sobresale el magnífico balcón de esquina, elemento escenográfico en esviaje que bien podría deberse a Pedro de Ibarra.
El palacio Izagirre Moya se ubica al inicio de la calle, ocupando uno de los lados de la plaza de San Martín Agirre. Conserva en su fachada posterior elementos bajomedievales, si bien a partir de 1725 se desarrollarían importantes labores de cantería, entre las cuales destaca la erección de un piso más. A pesar de la fecha señalada, es perceptible el mantenimiento de fórmulas clasicistas propias del siglo anterior.
En la calle Goenkale conviene citar las casas señaladas con los números 2 y 3, que mantienen elementos propios del siglo XV, la llamada de Rekondo, con el número 1, que fue reconstruida en 1816.
Palacio de Acedo-Loiola
Edificio nº 3 de Goenkale
El edificio más señalado de esta calle, es la casa Loiola o Acedo-Loiola, que en realidad se sitúa fuera ya del núcleo medieval, en la continuación de Artekalea hacia Arrurriaga. Afortunado ejemplo de arquitectura civil del siglo XVII, ha sido objeto de una rehabilitación. Se trata de una realización sobria y compacta, al tiempo que netamente funcional.
Casa Egino-Mallea
Casa Egino-Mallea
El arrabal de Masterreka posee como edificio más señalado el palacio Egino Mallea, de planta rectangular y tres alturas, cuya realización se debe al maestro cantero Pedro de Ibarra. Aunque no llegara a terminarla, la extraordinaria fachada principal sería obra suya, frente en el cual se imponen los principios manieristas, con una concepción y desarrollo de sorprendente calidad.
Casa-Torre de Recalde
Palacio Urrutia-Espilla (Casa de Irizar)
El palacio Urrutia Espilla, conocido también como casa de Irizar, se señala con el número 33. Reedificado entre 1659 y 1664, sufriría una remodelación a fines del XVIII, perceptible sobre todo en el interior y al exterior en el ático que sobresale en altura. Con su escudo colocado en esquina, muestra una imagen sobria pero muy afortunada.
Palacio de Ondartza
Casa Torre Olaso (Vista lateral)
El arrabal de Bidekurutzeta fue desde un principio zona residencial de la villa, lo que explica la riqueza e interés de los edificios que en ese lugar hallamos. La casa torre del Comendador Ondartza es el número 1 de esta calle y posee elementos de tradición gótica, tratándose de una construcción de principios del siglo XVI.
Casa Jauregui
En La casa Jauregi, realización del siglo XVI pero muy modificada a principios del XX, si bien se mantuvieron el escudo y, sobre todo, el extraordinario relieve, de hacia 1500, que cubre el muro en su primer piso. Se trata de un bajorrelieve, a modo de tapiz, con los símbolos de los Evangelistas, dos figuras desnudas, un ciervo, un jabalí y parejas de reyes con un fondo vegetal, además de animales fantásticos, una escena cortesana, etc., todo ello inspirado en grabados de fines del siglo XV de origen germánico.
Real Seminario
Palacio de Arrizurriaga
Convento de la Compañía de María
Casa Usondo o Etxetxiki
Casa Etxetxiki (Fachada trasera)
En el arrabal de Zubieta la casa Usondo o Etxetxiki posee planta rectangular y dos alturas, palacio tardomedieval fechado a fines del XV que mantiene lógicamente estrecho parentesco con las casas fuertes medievales, si bien introduce como novedad una acusada tendencia a la horizontalidad.
Casa Torre de Laureaga o Etxeaundi
Casa Torre de Laureaga o Etxeaundi
La casa torre de Laureaga o Etxeaundi habría sido construida para el año 1544, si bien sufriría una ampliación en la primera década del siglo XVIII, con la intervención de Esteban de Abaria, entre 1723 y 1725 prácticamente se reedificaría su interior y ya en cronología neoclásica, a fines del XVIII, Alejo de Miranda construiría la escalera que une el jardín con el piso principal. El resultado es un edificio de planta rectangular, si bien en origen sería cuadrada, siendo aspecto destacable la presencia de dos tondos con sendos retratos a ambos lados del acceso principal, relieves de carácter estereotipado pertenecientes al siglo XVI y que animan un frente ciertamente sobrio.
Situado en el barrio de Zubiaurre, el palacio de Ozaeta se erigió entre 1549 y 1553. En su planta tiende al rectángulo y cuenta con tres plantas y ático. Su fachada principal posee garitones en los ángulos y otro menor en el centro, mientras que a ambos lados de la portada sendos leones sostienen los escudos de la familia. Igualmente destacada es la fachada lateral de la derecha, ya que en su planta baja cuenta con una galería de tres arcos rebajados.
Palacio de Ozaeta (Vista posterior)
Palacio de Ozaeta (Vista posterior)
Otros monumentos de interés
La calle Artekale cuenta con el número 10, la casa de Miguel de Argarate, interesante exponente de la arquitectura del siglo XVII. El contrato fue en 1648, encargándose de la construcción Pedro de Olaechea.
La casa con el número 15, por su parte, conserva la parte baja de la fachada renacentista, realización anónima de gran calidad e interés.
En el número 23 hallamos una reconstrucción del XIX, pero que reproduce un tipo propio del XVII.
En Barrenkale, por su parte, abundan los edificios relevantes.
Las casas número 3 y 15 mantienen en la planta baja de sus fachadas evidentes referencias renacentistas, mientras que la número 11, establecimiento de hostelería en la actualidad, y la 25 son del siglo XVII. En el caso de la última, el contrato de obra se efectuó en 1624, encargándose el maestro carpintero Domingo de Berroeta de la construcción.
De los siglos XVIII y XIX son los números 5, 10, 13 y 21.
En la calle San Pedro, antiguamente calle de Bidekurutzeta, número 4, se halla la casa de Azkarate Marutegi, conocida como casa Agirrebeña también. Si bien en origen sería un edificio bajomedieval, sucesivas variaciones acabarían otorgándole su aspecto actual. Así, ya en 1549 se produce una reconstrucción, con la participación de los maestros canteros Juan y Pedro de Elorregui y Pedro de Baliarrain. En 1617 se realizaría el destacado balcón de esquina con el que cuenta y a fines del siglo XIX la construcción de nuevos edificios a su lado provocaría que al exterior tan sólo podamos apreciar dos lienzos del muro, al tiempo que se producirían otras reformas en el mismo palacio. Corona su planta baja una cornisa con motivos renacentistas, al tiempo que conviene destacar la decoración de esa fachada principal, dada la utilización de placas cerámicas de origen germánico correspondientes a la primera mitad del siglo XVI, elementos que integraban una gran estufa en origen, con un programa iconográfico referido a Carlos V como dios del Sol, Helios. Componente excepcional, su pervivencia otorga obviamente mayor realce a esta construcción.
En el número 4 se sitúa la casa Iturritxo, situada prácticamente ante la casa del Comendador Ondartza. Pese a la rehabilitación sufrida, su exterior no ha sufrido modificaciones con respecto a la fábrica original, que corresponde al siglo XVI. Así, se impone su rotundidad y sobriedad, si bien conviene destacar el excelente escudo, del último tercio del mencionado siglo, que preside su fachada principal.
Corresponde el número 6 a la casa de Moiua Barrena, conocida también como palacio del Marqués de Rocaverde. Erigida entre 1662 y 1668, su diseño se debería a Lázaro de Arantzeaga y Juan de Zaldúa, si bien el incendio sufrido en la matxinada obligaría a su reconstrucción a principios del siglo XVIII. Destaca en su concepción la utilización de galerías de arcos, otorgándole un carácter abierto de enorme atractivo.
En el número 22 está la casa Iturbe, palacio urbano del siglo XVII que desgraciadamente nos ha llegado muy modificado, de modo que no se conservan las galerías diseñadas -sí se conserva la traza- en 1647 por Juan de Zaldúa.
La casa Untzeta corresponde al número 46, realización del siglo XVII que sufriría importantes modificaciones en el XIX, imponiéndose al exterior una concepción muy sobria. En la casa número 32 conviene destacar la existencia de elementos tardomedievales en su interior, concretamente una serie de ménsulas figuradas.
Por otro lado, existen otras construcciones barrocas, como son las casas de Agirremendiaratz y Mariaka, números 26 y 28, o la casa de Olaeta, con el número 36. En los números 42 y 44 hallamos sendos exponentes del siglo XIX.
Con el número 37 se señala la casa Zuloaga Bereterio, reedificada en 1663, si bien mantendría parte de los muros de la casa anterior. Además, los números 11, 18, 20, 22 y 24 corresponden a casas populares datables en varios casos en el siglo XVII.
Se sitúa en el barrio de Arruriaga la casa Argizain, con el número 8. Es una construcción barroca, con una fachada en la cual se impone la regularidad de sus vanos.
Frente al barrio de Urteaga se sitúa la casa torre de Gabiria, de planta rectangular y con elementos medievales, si bien fue ampliada a principios del siglo XVII.
En la salida hacia Antzuola está la casa torre de Artzamendi, edificio de planta cuadrada y dos alturas que correspondería a la segunda mitad del siglo XV.
Frente a ella se sitúa la ermita de San Miguel de Aritzeta, citada ya en el siglo XI, si bien en su estado actual manifiesta múltiples intervenciones mucho más cercanas en el tiempo.
En cuanto al palacio de Rotalde o Errotalde, también llamado de Santa Ana por su proximidad a la ermita de idéntico nombre, se encuentra cerca de la carretera a Elosu, más allá de Arruriaga. Pese a las variaciones posteriores, en esencia el edificio mantiene el carácter de su construcción a principios del siglo XVII, siendo nuevamente la sobriedad su principal cualidad.
Ubicado también extramuros de la villa, el palacio Rekalde, que alberga el Servicio Vasco de Documentación, sustituye una casa torre modificada en el siglo XVII y destruida en la matxinada de 1718, hallándonos actualmente ante una construcción decimonónica. Próximos a este edificio se encuentran la cárcel y el juzgado, de principios del XIX, en 1858 se trasladó aquí la Casa de Beneficencia y veinte años más tarde se erigió una ermita. Además, la casa torre de Moiua o Moutorre, en Mugertza, conserva la portada de principios del XVI, conociéndose intervenciones posteriores que, sin embargo, procuraron mantener el carácter primigenio de la construcción.
En cuanto a la escultura pública, conviene citar la obra Homenaje a Simón Arrieta, busto realizado por Lorenzo Ascasibar Elgueta en 1975 y que se sitúa en la plaza Simón Arrieta; la realizada en 1989 por Jon Balenciaga, sin título, para el barrio Masehategui; la realizada por el mismo autor en 1989 y que carece igualmente de título y, finalmente la de Vitoriano Larrañaga existente en el barrio San Antonio.
ELOSUA
En Elosua la iglesia de San Andrés sufrió diferentes modificaciones en el siglo XVII de la mano de Juan de Ansola. Con todo, las nevadas acontecidas en 1679 provocarían serios desperfectos en la iglesia, de modo que se procedería a su práctica reconstrucción en el siglo XVIII. Estas labores se iniciaron en 1733, otorgando un año más tarde José de Lizardi el diseño correspondiente. Ya en 1760, Javier Ignacio de Echeverría se encargó de reconstruir las bóvedas, mientras que la torre proyectada por José Antonio de Arzadun fue examinada por Francisco de Ibero en 1779. En su interior, el retablo mayor y colaterales son obras del barroco decorativo, siendo autor de los colaterales de Nuestra Señora del Rosario y San José Miguel de Igueregui, que los ejecutó entre 1733 y 1734, examinándolos José Antonio de Iparraguirre. Ya en Osintxu, la iglesia de San Emeterio y San Celedonio es una construcción de mediados del siglo XIX, ya que sustituye un anterior edificio desaparecido a raiz de las inundaciones acontecidas en 1834. Entre los caseríos de la zona, sobresalen Izagirre y Laspiur Gañekoa, que en origen fueron casas torres. En Mekolalde se sitúa la ermita de San Blas, que posee una excelente imagen de Nuestra Señora de la Encarnación de finales del siglo XIV o principios del XV; en Larriño las ermitas de San Marcial y San Martín; y en Elorregi la iglesia de San Prudencio, realización del siglo XIX, y la ermita de San Esteban. Por otro lado, en Amillaga destacan la ermita de San Juan, de hacia mediados del siglo XVI y provista de una cubierta de madera, y el caserío Albisua, construido a inicios del siglo XVI, si bien sufriría una reforma integral a fines del XVII, tal y como el soportal corrido con cuatro arcos de medio punto nos indica; en Ubera encontramos la iglesia de San Pablo, de una nave y con bóvedas de cañón de madera, la ermita de los santos Emetorio y Celedonio, además del caserío Martokua. En última instancia, en Basalgo sobresalen las modestas ermitas de San Antón y de Santiago.
ANGIOZAR
Parroquia de Angiozar
Virgen de Elizamendi
De los diferentes asentamientos que conforman el término municipal de la villa, en Angiozar encontramos la iglesia de San Miguel, con una nave, ábside ochavado, bóvedas de crucería de madera trazadas en 1594 y ejecutadas en 1624 y torre a los pies, obra ésta del siglo XVIII. Especial interés posee su portada, realizada en 1556 por Andrés de Menchaca, ricamente decorada, con San Juan y San Lucas en los nichos superiores del cuerpo, ángeles con elementos de la Pasión en las enjutas, los bustos de San Pedro y San Pablo en sendos medallones situados a los lados del remate, presidido, bajo el Padre Eterno, por San Miguel, a quien escoltan ángeles músicos. En su interior hallamos una Virgen de la leche realizada hacia los años finales del XV o principios del XVI, mientras que en el retablo mayor se sitúa una imagen de San Miguel de fines del siglo XV.
Ermita de S. Martín
Ermita de San Miguel de Monte
La ermita de San Cristóbal es una construcción sencilla, de una sola nave, provista de una bóveda de madera también y con un arco apuntado como acceso, con una imagen de Nuestra Señora de la segunda mitad del siglo XV.
También conviene señalar las ermitas de Elizamendi, San Vicente y San Bartolomé, esencialmente la primera, con una nave y bóveda de cañón, al tiempo que presenta un pórtico de madera.
Irigoien Zabala es un caserío construido en 1784, mientras que Irigoien Mazorriaga posee dos arcos en su fachada.
Eduegi, por su parte, posee un soportal de tres arcos de medio punto, si bien este frente es un añadido al núcleo primitivo, toda vez que este caserío se construiría entre 1520 y 1530, siendo reformado y ampliado a principios del siglo XVIII.
Amuskibar es otro de los caseríos reseñables, con planta rectangular y fachada con un soportal de tres arcos de medio punto al lado de la derecha, edificio que en su forma actual fue construido en 1732.
ELORREGI (S.PRUDENCIO)
UBERA
ERMITA DE SAN BLAS DE MURINONDO
La ermita de San Blas de Murinondo, muy próxima a Bergara, está situada a la salida de esta villa en dirección Eibar.
Esta ermita contiene en su interior un retablo de madera con tres figuras, la del centro es una virgen abridera del siglo XIV o XV que representa a Nuestra Señora de la Encarnación y a los lados se situan las imágenes de Santa Isabel y San Blas.
La imagen de la virgen abridera es actualmente muy difícil de encontrar en las iglesias, pues en un tiempo, a partir del concilio de Trento, este tipo de imagen fue considerada inadecuada y/o indecorosa, por lo que se supone que las existentes, se transformaron o fueron eliminadas directamente. En la guerra civil estuvo escondida en un caserío cercano, con lo que se puede comprender las dificultades y peligros por las que ha pasado esta imagen a lo largo de su historia.
Normalmente este tipo de imágenes disponían de una puerta de dos hojas en su parte central, y al abrirse mostraban un tríptico con escenas esculpidas o pintadas de la trinidad.
Detalle de la imagen interior