RESUMEN HISTORICO
EN LOS ALBORES DE LA HISTORIA
Bergara considerada históricamente como capital del alto Deba, ha sido un cruce de caminos donde el comercio floreció a partir de la Edad Media.
Tiene un aire severo, una paz recogida, distinción arquitectónica, elevación y grandeza que corresponden a su historia y a su actual esfuerzo trabajador. ¿Que fué de Bergara en sus albores? Comenzó en sus dólmenes neolíticos, descubiertos por Barandiarán y Aranzadi en Iru-Kurutzeta: al menos nos aseguran la existencia de un poblado en lo alto, para su mejor defensa, obsesión del hombre primitivo.
Pasados muchos años, nos escontramos con una defensa perfeccionada, en Elosua; un castillo en 1202, entregado, como los que por Guipúzcoa había a Alfonso VIII. "Iglesia de San Andres de Elosua" El Santuario de Elosu fué: templo, cobertizos, casa de sacristán, torre, etc., no hay noticias de la primitiva ermita aunque se sabe fué Anteiglesia y en el siglo XVI la elevaron a Parroquia.
En la ribera del río Deba, entre dos sierras, que forman un espacioso valle, yace la villa de Bergara, con cuatrocientos vecinos, divididos en dos Parroquias, un Colegio de la Compañía (Jesusitas) y un convento de monjas (Trinidad): su origen fué sobre un antiguo lugar "San Pedro de Ariznoa".
Lindando con Bergara, con el río Deba como frontera, se encontraba Oxirondo, que pertenecía a Elgueta, la cual había sido erigida en villa en 1335. Los de Oxirondo no debían estar en buenas relaciones con los de Elgueta. Por otra parte, geográficamente, eran más de Bergara que de Elgueta, ya que de esta villa les disanciaba varios kilómetros.
Oxirondo a la sazón lo componian un grupo de aldeas, cuyo núcleo central radicaba en la Antiglesia de Santa Marina. El actual templo se edifico en el siglo XVI, pero para 1305 exisía ya otro de más humildes proporciones y era realengo. El 16 de Junio de 1348, se suscribió la anexión de Santa Marina de Oxirondo a la villa de Bergara.
En 1391 se unía a la villa de Bergara la universidad de Uzárraga. Nos estamos refiriendo a Anzuola. Siguiendo el ejemplo de Oxirondo firmaron el 20 de Enero de dicho año una escritura en virtud de la cual, y en condiciones similares a los de Oxirondo, entraban a formar parte de la villa de Bergara.
Una de las más antiguas anteiglesias de Guipúzcoa, es la de San Juan de Uzárraga que data del año 1305 aunque hay indicios de que ya existía en el siglo XIII.
Historia
Bergara fue fundada como villa por el rey castellano Alfonso X, otorgándole el fuero de Vitoria, por privilegio dado en Sevilla el 30 de julio de 1268. Dispuso así la creación de un pueblo en el lugar llamado de Ariznoa. El mismo rey, para que esta villa se poblase mejor, libró otro privilegio en Avila el 27 de mayo de 1273 por el cual mandó que todos los hijosdalgo que hubiesen venido o viniesen a poblarla y ser vecinos de la misma, fuesen quitos de todo pecho, pedido enmienda y yantar. Estas libertades y franquezas fueron confirmadas por Fernando IV en Burgos el 22 de marzo de 1304, Alonso XI en la misma ciudad el 2 de mayo de 1343, Enrique II también en Burgos el 10 de setiembre de 1373, Juan I así bien en esta ciudad el 15 de agosto de 1379, Juan II en Alcalá el 21 de junio de 1408. Finalmente lo fueron por los Reyes Católicos en Medina del Campo el 25 de marzo de 1482. Para conseguir mejorar su población, solicitó y obtuvo de Alonso XI otro privilegio, fechado en Sevilla el 20 de mayo de 1344. Redúcese a disponer que los hijosdalgo y labradores que moraban en algunos lugares de la comarca y quisiesen ser vecinos de la misma villa, manteniéndose en sus solares, gozasen el fuero de ésta, siendo juzgados por su alcalde. Esto debía, sin embargo, entenderse para el caso de que no hiciesen semejante vecindad por eximirse del pago de los pechos y derechos debidos al rey o a algún otro derecho.
Los habitantes de Bergara tuvieron con los de ésta por los años de 1346 algunas disensiones. Hubo con este motivo de una y otra parte algunos robos, quemas de mieses, casas y otros daños. Al fin ambas vecindades llegaron a tener una pelea armada. Como resultado los vergareses hicieron retroceder a los de Elgeta a su pueblo, después de haberles muerto sus principales caudillos, que fueron García de Berraondo, Iñigo de Irazabal y Ochoa Martínez de Iribe. Así resulta de la carta de perdón que el concejo de Elgeta y los interesados de éstos dieron al de Bergara y en particular a Pedro Martínez de Munabe, García Pérez de Angua y Martín Campo, el primero alcalde y los otros jurados de la segunda al tiempo de dichos sucesos. Otorgose esta escritura el 2 de mayo de 1348 por testimonio de Fortún Ortiz, escribano público de Mondragón, con intervención de varias personas principales, entre ellas Lope Díaz de Rojas, alcalde mayor de la provincia, lo que prueba la importancia que se le dio al asunto en cuestión.
Incorporación de Santa Marina de Oxirondo (1348)
El privilegio obtenido en 1344 y las desavenencias con Elgeta determinaron, a juicio de Gorosabel, la incorporación que la parroquia de Santa Marina de Oxirondo hizo a la vecindad de Bergara. Este hecho se realizó por escritura de concordia otorgada en la iglesia de San Pedro a 16 de junio de 1348, ante Fortún Ortiz, escribano de Mondragón; y no en 20 de enero de 1384, como suponen Garibay, Isasti, y los diccionarios de la Academia y Madoz. Consta que dicha agregación fue confirmada por Enrique II en Burgos a 10 de setiembre de 1373; y si dichos autores vieron algún privilegio de la fecha que citan, debe ser nueva confirmación hecha por Juan I. Las obligaciones contraídas por las partes interesadas en dicha escritura fueron bilaterales y recíprocas. En ella los moradores de dicha parroquia dijeron que entraban en la vecindad de Bergara con los solares y caserías que tenían, por sí y sus herederos por siempre: se obligaron además a pagar al concejo de Bergara todas las contribuciones comunes. Esto no obstante, reservaron a salvo el enterrorio, los diezmos, primicias y ofrendas de su iglesia; es decir, que ésta quedó con la misma independencia anterior. El concejo de la villa de Bergara, al paso de aceptar la expresada unión de Oxirondo, se obligó en el mismo instrumento a amparar y defender en todo a sus moradores como a vecinos suyos. Las palabras que usaron aquéllos para esta anexión fueron las siguientes: "e cada uno de ellos sobre si entraron vecinos del dicho lugar de villa nueva de Vergara por sí e por sus solares e caserías que han y por sus herederos que hubieren de haber y heredar; e otorgaron e prometieron que con las casas e caserías y bienes que han hoy día e hubieren adelante, muebles e raíces, ganados y por ganar, por si e por sus herederos, que las sus casas e caserías hubieren de heredar, poseer y gozar dicho concejo de la dicha villa nueva de Vergara para siempre jamás, e de estar ellos y sus hijos e sucesores, que las sus caserías e bienes hubieren de heredar en mejoría de la dicha villa nue-va de Vergara, e pagar e facer partir todos los provechos e derechos e todas las otras facenderas con el dicho concejo en uno en reconocimiento de vecindad todo el tiempo con el dicho concejo por siempre jamás, e de mantener, e de guardar vecindad e firmeza en poblamiento e provecho del dicho lugar de villa nueva de Vergara en cuanto pudieren e supieren, e de no se partir de la vecindad en ninguna manera en lo que han, ni sus herederos, que los sus solares e caserías e bienes hubieren de heredar so pena e postura de seis maravedís por cada uno, e pagada la dicha pena y postura de los dichos seis maravedís o no pagada, que todo el tiempo valga e tenga e sea firme e valedero todo lo que sobredicho es: y a mayor abundamiento obligaron todos sus bienes habidos y por haber, y juraron e prometieron de guardar e cumplir así, etc.
Enrique IV dispuso por medio de R. O. del 26 de setiembre de 1472, un procedimiento de carácter rotativo por el que se habían de realizar las Juntas Generales, señalando que, entre otras villas, éstas tuvieran lugar también en Bergara, precedidas de las de Hondarribia y seguidas por las de Mutriku. (Ref. Cartulario Real de Enrique IV a la provincia de Guipúzcoa, SEV, 1983).
El rey Pedro el Cruel, concedió a la villa de Bergara dos privilegios. Uno fue librado en Valladolid el 12 de setiembre de 1351, mandando que cuando los hijosdalgo notorios de padre y abuelos de esta villa y su tierra fuesen a dar algún servicio o moneda, a que no estaban obligados, los recaudadores de tales pechos no les prendasen, y antes bien les guardasen sus franquezas. El otro fue dado en las cortes celebradas en la misma ciudad el 30 del propio mes y año a instancia del concejo de Bergara. Dispónese por él que en las caserías del término de esta villa y en las que estaban a una legua alrededor de ella, no se vendiese vianda alguna a regatería o por menudo. Estos dos privilegios y los demás anteriores obtuvieron la confirmación de varios monarcas de Castilla: (Enrique III, en 1391, Juan II, 1420) que confirmaron en general todos los fueros, buenos usos y costumbres de esta villa.
Incorporación de Uzarraga (1391)
La antigua universidad de Uzarraga, hoy villa de Antzuola, se unió a la vecindad de Bergara en virtud de escritura de concordia celebrada el 20 de enero de 1391. v. ANTZUOLA.
Diferencias con sus colindantes
Bergara tuvo también algunas diferencias con Azkoitia sobre los respectivos términos jurisdiccionales y pastos de ganados; las cuales se arreglaron por una sentencia arbitral dictada el 28 de mayo de 1415. Las tuvo igualmente en la segunda mitad del s. XVIII, y se renovaron con calor, con la villa de Beasain, sobre el lugar de nacimiento de San Martín de la Ascensión, uno de los mártires del Japón el año de 1597; es decir, sobre si fue natural del uno u otro pueblo, con el apellido de Loinaz o de Aguirre.
Las primeras ordenanzas (1490)
Desde tiempo inmemorial hubo en esta villa dos bandos o parcialidades, que se disputaron su dominación. Uno se titulaba de Ozaeta, el otro de Gabiria, cuyas cabezas eran los respectivos señores de estas antíquisimas casas solares ambas oñacinas. Cada uno de ellos nombraba alternativamente por años el alcalde y tenía su gobierno propio, de lo cual dimanó una serie de altercados, muertes, heridas, quemas e insultos. Tan graves y tan perturbadores fueron estos escándalos y desmanes, que no solamente llamaron la atención de la hermandad de la provincia sino aun de los mismos Reyes. La casas-torre fueron arrasadas en 1437. Para extirpar el mal de raíz, hicieron una ordenanza en Córdoba el 20 de julio de 1490; por lo cual dispusieron ciertos capítulos, reducidos a lo siguiente: 1º Que no hubiese en esta villa semejantes bandos ni linajes, sino que todos los vecinos de ella formasen un solo cuerpo, que se llamase Bergara. 2º Que no hubiese en adelante más que un alcalde ordinario, dos fieles, un procurador síndico, y un escribano de concejo, cuya elección se hiciese el día de San Miguel de setiembre de cada año. 3º Que hubiese además seis diputados, para atender a una con los otros oficiales a las cosas y hacienda del concejo. 4º Que las llaves del arca donde solían depositarse los privilegios de la villa estuviesen en poder de los dos fieles del concejo, y no en el de las personas singulares de los linajes, como hasta entonces. 5º Que la misma manera de elección establecida para la villa de Bergara se observase en las parroquias de Oxirondo y Uzarraga respecto de sus fieles y jurados. Tales fueron las primeras ordenanzas municipales de esta villa, cuya ejecución llegó a poner algún orden y remedio a sus divisiones y disensiones interiores de tiempos anteriores.
Relaciones Moyua, Oxirondo, Zubieta
Los habitantes del barrio de Moyua y los parroquianos de Santa Marina de Oxirondo tuvieron entre sí algunas diferencias sobre si los vecinos de Zubieta, que pertenecían a esta parroquia, debían contribuir en las fogueras y otras derramas con los primeros o con los segundos. Promovióse un pleito sobre el particular ante el alcalde de esta villa. Pero, antes de su determinación, por escritura otorgada el 21 de noviembre de 1491, los comprometieron las partes con el bachiller Juan Pérez de Uriarte, Pedro López de Garitano, Juan de Irazabal y Juan de Moyúa. Fallaron éstos el negocio, declarando que la colación y anteiglesia de Santa Marina de Oxirondo y los vecinos de Zubieta y Moyua debían formar un solo cuerpo y contribuir en uno todas las fogueras, facenderas, pechos y derramas. Por lo demás, mandaron que los de Moyua pagasen por sí solos los tributos, pechos y derechos, que por sus caserías acostumbraban pagar al señor de Guebara, como a patrono de dicha iglesia.
Concordia administrativa entre los barrios (1497)
Como consecuencia de las anexiones en el territorio de Bergara hubo tres parroquias (Oxirondo, Uzarraga y Vergara), cuya respectiva extensión y vecindario eran próximamente iguales. Por lo mismo el concejo de Bergara acostumbró repartir entre ellas las derramas y demás cargas comunes para terceras partes, así como también los oficios de república, honores, rentas y emolumentos. Siguiendo tal método de gobernación, la villa de Bergara logró en el año de 1430 una real provisión, por la cual se mandaba que sus alcaldes, procurador síndico y escribano fiel, debían ser nombrados entre vecinos del cuerpo de la misma, o sea intramurales. Las vecindades de Oxirondo y Uzarraga suplicaron contra semejante disposición una novedad de su constitución municipal. Esto fue el origen de un largo y reñido pleito, que pendió en la Real Chancillería de Valladolid. No se tiene a la vista este expediente, pero consta que durante el término probatorio obtuvieron dichas anteiglesias una real provisión de la misma superioridad de fecha 14 de febrero de 1492, mandando que la villa de Bergara no les hiciese agravio, ni les pusiese estorbo para la justificación de su derecho. Esto se debió a que el alcalde de dicha villa había procedido a prender a los testigos que las primeras habían presentado en la información que tenían que dar. Sin haberse terminado todavía dicho pleito, las partes contendientes llegaron a otorgar el 11 de julio de 1497 una concordia, que fue confirmada por los Reyes Católicos en Medina del Campo el 30 de agosto del mismo año. Sus capítulos principales fueron los siguientes: 1º La gobernación del concejo de Bergara estará dentro del cuerpo de la villa, y se compondrá de un alcalde, un procurador síndico, dos regidores, un escribano fiel y un jurado encargado de la cárcel, todos vecinos intramurales o de sus arrabales. 2º Los límites para este efecto serán: por la parte de arriba, las casas de Bidekuruzeta; por la de abajo, el arroyo que baja entre las heredades del hospital y la casa de Martín García de Egino. 3º Los vecinos de la villa, sus arrabales y de las parroquias de Oxirondo y Uzarraga se reunirán el día de San Miguel de setiembre de cada año con el objeto de hacer la elección del nuevo regimiento. 4º Esta elección se verificará por medio de cuatro electores, debiendo ser uno de éstos de la villa, otro de los arrabales, el tercero de Oxirondo, el cuarto de Uzarraga. 5º Se observará la costumbre inmemorial de que los vecinos de estas últimas dos parroquias nombren entre sí a dos regidores y un jurado, para que formen parte del ayuntamiento de Bergara. 6º Además de los concejales expresados, habrá dos diputados de la villa y arrabales, dos también de Oxirondo y otros tantos de Uzarraga, nombrados por los respectivos vecinos. 7º La elección del alcalde de hermandad se hará alternando entre la villa con sus arrabales, y las parroquias de Oxirondo y Uzarraga. 8º La de los procuradores junteros de la provincia se verificará también alternativamente entre la villa con sus arrabales y las expresadas dos parroquias de fuera del cuerpo de la misma. Pese a las cláusulas de esta anexión. Oxirondo conservó amojonado su antiguo término, tuvo fieles regidores propios, el goce de sus montes, y la administración económica particular. Hallábase también encabezada por separado de la villa de Bergara en 42 fuegos según resulta del capítulo IV, título IX de los Fueros y hacía con independencia sus repartimientos con autorización de las juntas provinciales. Como consecuencia de este estado anómalo de cosas, la universidad de Oxirondo tuvo varias diferencias y pleitos con el concejo de la villa de Bergara. Uno ocurrió en unión con Uzarraga de mediados a fines del s. XV sobre oficios de república y repartimiento de cargas.
Reconocimiento de la autonomía de Oxirondo (1541)
Tuvo otro pleito en particular a consecuencia de haber pretendido el concejo de Bergara que los vecinos de Oxirondo no pudiesen comprar ganado de cerda hasta que los de dicha villa se proveyesen de él. La determinación de este negocio fue favorable a la expresada parroquia, pues por real ejecutoria despachada por la chancillería de Valladolid el 30 de enero de 1541 se declaró que los de Oxirondo pudiesen comprar libremente cada vez que se ofreciese y hubiese menester. En la misma época siguieron otro expediente contencioso sobre si la vecindad de Oxirondo podía tener o no de por sí, con independencia del gobierno municipal de Bergara, carnicerías y otras tiendas de venta de bastimentos, cuya ejecutoria, librada a 6 de octubre de 1548, fue igualmente favorable a la expresada parroquia.
La reconstrucción de Ozaeta (1549)
Se construyó entre los años 1549 y 1553 por el señor de ella Beltrán López de Gallaiztegui, no sin gran oposición de los moradores de la villa que veían de nuevo en peligro la paz y tranquilidad del pueblo, temerosos sin duda de que renacieran las antiguas y cruentas luchas con sus rivales los señores de Gabiria. Esta oposición, que llegó al extremo de impedir por fuerza y violencia la reconstrucción de la casa fuerte, obligó a D. Beltrán a recurrir a la Chancillería de Valladolid en pleito con el concejo de la villa, para conseguir autorización y amparo de su derecho, que logró por Real Cédula fechada en Octubre de 1549. La antigua casa-torre allanada en 1457 por mandato de las Juntas y del Rey de Castilla, Enrique IV, ocupaba un lugar distante unos 50 m. de la actual, al lado opuesto del río, en el ángulo que forman la carretera general que conduce de Bergara a Mondragón y el camino vecinal que baja de la ermita de San Martín.
Bergara fue durante los ss. XVI, XVII y XVIII, centro comarcal del mercado del trigo, único en Gipuzkoa junto con los de Segura y Tolosa, privilegio que le disputó Arrasate en varias ocasiones. Su ámbito, que llegaba incluso hasta Markina y Lekeitio, abarcaba principalmente las cuencas del Deba y del Urola. La importancia de esta ruta fue grande, teniendo en cuenta que la salida natural de Vitoria al mar era, en esta época por el valle del Deba, siendo navegable desde Altzola. Este tráfico provocó la proliferación de posadas en la jurisdicción de Bergara en los referidos siglos.
Se suscitó en 1607 otro pleito a consecuencia de haber los del regimiento de Bergara procedido a nombrar por alcalde de sacas de la provincia a Juan de Azcarate en la tanda correspondiente a la población de Oxirondo. Esta se querelló de semejante hecho a la Junta General del mismo año, la cual anuló el nombramiento, como hecho contra las ordenanzas provinciales, e hizo traer arrestados por medio de un alcalde de hermandad a cuantos tuvieron parte en él. Pero, al mismo tiempo, asumiendo en sí la autoridad, eligió por alcalde de sacas al propio Azcarate, de cuyo hecho reclamó Oxirondo, y se recurrió la decisión a la Diputación. Seguido el asunto ante esta corporación en la vía contenciosa, por sentencia dictada por la misma se declaró nula la elección hecha en Azcarate, cuya determinación se confirmó por la Chancillería de Valladolid, librando a 9 de octubre de 1609 la correspondiente real carta ejecutoria. La parroquia de Oxirondo ganó en el mismo tribunal en 30 de septiembre de 1611 otra ejecutoria del pleito seguido con Bergara sobre la facultad de poner postura al pescado fresco y otras cosas, que se llevasen a vender a la misma vecindad para el consumo de sus moradores.
Intentos de segregación de Oxirondo
Antzuola se separó de la vecindad de Bergara en el año 1629. La parroquia de Santa Marina de Oxirondo trató de seguir su ejemplo. Según refiere Gorosábel, Bergara se adelantó a hacer un convenio con García de Haro, juez de comisión; reducido a servirle con 4.000 ducados de plata doble, a fin de que dicha parroquia continuase bajo su dependencia. Los vecinos de ésta por el contrario solicitaron en el consejo de hacienda su exención y villazgo y por su concesión ofrecieron pagar, no sólo los 4.000 ducados propuestos por Bergara, sino 400 más. La Provincia se opuso a las pretensiones de Oxirondo, y el resultado fue que en fecha 1 de mayo de 1630 logró Bergara un real privilegio por el cual se desestimó la separación promovida por dicha parroquia. Pero no se aquietó ésta con una determinación tan contraria a sus deseos sino que suplicó de ella, y ofreció pagar por su emancipación otros 600 ducados, o sea en todo 5.000 ducados de plata doble. No tardó la villa en salir a la causa, ofreciendo pagar igual cantidad; tanto era el empeño que mostraban ambas partes en este negocio. Este pleito se falló en Madrid por el conde del Castrillo, juez de comisión del donativo, el 24 de enero de 1631, declarando no haber lugar a la separación de la expresada parroquia: mandando al propio tiempo que corriese la gracia hecha a Bergara, pagando los 5.000 ducados de plata doble, que tenía ofrecidos. El barrio de Oxirondo, no desengañado todavía, pidió la revocación de esta sentencia, ofreciendo pagar por su separación la suma de 6.000 ducados de plata y la misma oferta hizo la villa de Bergara en sentido contrario. Al ver tanta puja, cualquiera diría que éste era un negocio comercial y de almoneda de efectos públicos. De todos modos, es claro que el gobierno se hacía muy poco favor en la admisión de semejantes aumentos de precio para la resolución de un incidente; en el cual parece que sólo debía atenderse a la justicia de la causa y a la conveniencia pública, y no adjudicarla a quien diese más dinero por la resolución. Esta se decretó por la real junta del donativo el 14 de junio de 1631, mandando que corriese la gracia hecha a la villa de Bergara, pagando los 6.000 ducados de plata ofrecidos, cuya determinación se confirmó en providencia de 29 de julio siguiente. En su consecuencia, se expidió la real carta ejecutoria de todo este negocio en Madrid el 20 de octubre del mismo año y quedó así terminado este asunto, después de haber gastado ambas partes mucho dinero.
El 18 de febrero de 1651 el concejo de Bergara y la vecindad de Santa Marina de Oxirondo celebraron una escritura de concordia ante Juan de Olariaga, dirigida a conciliar los respectivos intereses. Sus capítulos principales comprendieron en resumen los puntos siguientes: 1º Que la parroquia de Santa Marina de Oxirondo y sus vecinos quedasen unidos para siempre a la jurisdicción de la villa de Bergara, bajo la dependencia de los alcaldes de la misma, formando todos un solo cuerpo y concejo con nombre de villa de Bergara. 2º Que el día de San Miguel de cada año se juntasen todos los vecinos hijosdalgo de toda la jurisdicción, que tuviesen casas propias en ella, de entre los cuales se sacasen a suerte cuatro electores del nuevo ayuntamiento. 3º Que la villa se hacía cargo de todas las deudas y censos que tenía contra sí la parroquia de Oxirondo. 4º Que el alcalde debía ser elegido de entre los vecinos, que tuviesen casa con familia en el cuerpo de la villa, entendiéndose por tal desde la calle de Bidecuruceta hasta lo último de Masterreka. 5º Que cada vecino trajese dos carteles, escribiendo en cada uno de ellos los nombres de dos personas, una del cuerpo de la villa y la otra extramural, y que fuesen electores las contenidas en las dos primeras cédulas, que saliesen a la suerte. Este arreglo obtuvo la real aprobación y es el que desde entonces rigió en las relaciones entre la villa de Bergara y su barrio de Oxirondo, hasta la época (1860), en que ha dejado de tener efecto en virtud de la ley municipal del 8 de enero de 1845. Conforme a las disposiciones de la misma, el ayuntamiento de Bergara se compuso de un alcalde, dos tenientes de alcalde y 13 regidores pudieron recaer la elección de ellos, ya sea entre vecinos del cuerpo de la villa, ya extramurales, puesto que la ley no hace distinción.
Algunos de sus vecinos y grupos de campesinos de los alrededores promovieron diversos alborotos en Bergara durante la violenta matxinada de 1718 ocasionada por el traslado ordenado por Felipe V de las aduanas a los puertos de mar y frontera. Entre el 4 y 5 de setiembre grupos armados quemaron varias casas robando joyas y destruyendo documentos. Huyeron de la villa el marqués de Rocaverde y Juan Antonio de Recalde que sorprendidos en Otxandio hallaron trágica muerte. La tranquilidad fue restablecida por las tropas españolas. El 11 de noviembre penetraba en Bizkaia el general Loya al mando de 3.000 hombres. La libertad de comercio fue sin embargo restablecida al poco. [E. J. L.: H. G. S. B., t. VI, cap. X]. No participó en la matxinada de 1766, que tuvo lugar por la carestía de los granos. Atacada el 21 de abril por los amotinados de Elgoibar en número de unos 700 hombres, les rechazó sin permitir la entrada, cogiéndoles además 13 prisioneros, suceso por el que la Provincia y la autoridad superior militar le manifestaron su gratitud. El rey y el consejo de Castilla le dirigieron asimismo las siguientes cartas satisfactorias. "Habiéndose informado al rey por el conde de Aranda la fidelidad, espíritu y valor con que se ha distinguido usted en las pasadas revoluciones contra los amotinados de la villa de Elgoibar, manifestando su entereza y amor a la justicia, y la lealtad al rey, tan propia de su antiguo timbre, me ha mandado su magestad significarle a usted la satisfacción y agrado de su magestad, y que tendrá presente esta honrosa acción, para atender a usted en las ocasiones que ocurran de su beneficio y ventajas. Dios guarde a usted muchos años. Aranjuez 27 de mayo de 1766. Manuel de Roda. Señores justicia y ayuntamiento de la muy noble y muy leal villa de Vergara". Real cédula: "El rey. Justicia, regimiento, caballeros y vecinos de la noble y leal villa de Vergara. La gran fidelidad y valor con que os distinguistéis en los alborotos acaecidos en esa provincia me sirvieron de mucha satisfacción, y os lo manifesté así por medio de mi secretario del despacho de gracia y justica. Y ahora que en vuestra carta de 3 del corriente me dais nuevas pruebas de vuestro amor y lealtad a mi persona, quiero aseguraros mayormente del aprecio que hago de vuestro buen celo y acertada conducta, que siempre los tendré presentes, como lo experimentaréis en las ocasiones que se ofrezcan de vuestro beneficio y satisfacción. De Aranjuez a 14 de junio de 1766. Yo el rey. Manuel de Roda. Carta del Consejo. En el consejo se ha visto la carta que usía dirigió a el señor conde de Aranda en punto a el celo con que se opuso, y la felicidad con que disipó el motín ocurrido en la provincia: ha reconocido lo mucho que usía se ha distinguido en la tranquilidad en medio de tan críticas turbulencias, y me manda el consejo lo haga así presente a usía, y el particular concepto que le ha adquirido esta nueva prueba de su fidelidad, y que usía remita a el consejo por mi mano una relación impresa de las que ha publicado, para que consten en él estos distinguidos hechos. Dios guarde a V. S. muchos años, como deseo. Madrid y junio 28 de 1766. Ignacio de Igareda. Muy noble y muy leal villa de Vergara".
En agosto de 1791 Jovella-nos visita Gipuzkoa siendo Bergara el destino principal de su viaje. Al llegar al Seminario, comprobó Jovellanos que estaban "todos fuera", se encuentran en un partido de pelota, por estar de vacaciones. Va a casa de Vicente Lilí, donde saluda a la familia de éste y a "la condesa, mujer de Gaitán de Ayala". Va a la posada y allí van a cumplimentarle, en ausencia del presidente del Seminario, el viceprincipal, el maestro de Matemáticas y dos seminaristas. Todo el domingo 28, permanece en Bergara, "pueblo situado en lo más estrecho de una cañada, que forman dos montañas altísimas". Sale a la iglesia del Seminario "que es la de los jesuitas" y se incorpora con la Comunidad. En la parroquial de San Pedro, en la capilla del Cristo, contempla "un Crucifijo del tamaño natural, que me pareció del Montañés, y es ciertamente obra digna del Buenarrota". Acerca del templo dice: "La iglesia es por la manera de las de esta provincia, grande, de gusto gótico, sobre columnas colosales, con la diferencia de que no son redondas, sino compuestas de columnitas tan pequeñas que parecen los junquillos de las estrías relevadas". Añade un cálculo demográfico: "Esta villa tiene como mil vecinos, pues se le cuentan 4.000 almas de comunión". La tarde del domingo la destinan a ver el Seminario Vascongado, cuyo censo lo trascribe: Seminaristas: 76; Maestros residentes: 10; Idem. externos y de habilidades: 12; Camareros y sirvientes: 22. Haciendo un total de 120 personas. Sobre el funcionamiento del Seminario, hace Jovellanos unas anotaciones en el Diario que tienen su interés. Sobre estudios, señala dos fases: la primera abarca "las primeras letras, Latinidad, Propiedad, y Retórica, Matemáticas, dos cátedras"; a partir de los diez y ocho años "pasan los seminaristas a la clase de académicos". Observa que las "camas, los dormitorios, el tinelo o comedor, todo está limpio, y en los niños no se advierte desaseo: llevan todos su pelo, cosa que no apruebo y en general tienen aire bastante suelto". Los mayores "salen por la noche; concurren los días festivos a las tertulias, donde bailan hasta las nueve, que es la hora de cena". Los días de fiesta tienen concierto: "de cuatro a cinco en verano, y de siete a ocho en el invierno". Don Gaspar dice asistir este domingo al concierto de "unas sonatas de Pleyel", "tocaban seis seminaristas con los maestros". Luego, dice, "fueron a divertirse al juego de pelota". Después de la tertulia, en la que "se habló mucho de Agricultura", fueron, por la noche, a casa de Gaitán de Ayala. Concluye el día con el propósito de salir de viaje hacia Vitoria, a las cuatro de la mañana. La salida del lunes, día 29, la realiza a las cinco con "niebla muy húmeda". En su segundo viaje a Gipuzkoa, en setiembre de 1797, también para en Bergara: "todo el pueblo rebosa en alegría; hay fiesta de San Martín, baile público en la plaza. ¡Qué bulla! ¡Qué alegría! Su vista me llena de placer; el pito y el tamboril, los gritos de regocijo y fiesta, los cohetes, la zambra y la inocente gresca que se ve y oye por todas partes, penetra al corazón más insensible. ¡Dichoso yo si lograse trasladar esta sencilla institución a mi país, en la plaza del nuevo Instituto, empezando con los alumnos! Veremos; lo mismo ayer en Vitoria. Así se ve en estas gen-tes un carácter de alegría y franqueza que les es peculiar".
Hacia el 9 de agosto de 1794, unos soldados ocupan la zona de Bergara, dispuestos a evitar el avance de las tropas francesas. El 25 de noviembre, Bergara es evacuado por las tropas españolas antes de que lle-gue una división francesa procedente de Lekunberri. Bergara es ocupado y saqueado: los franceses se apoderan de gran número de municiones y de 5.000 fusiles, así como de vasijas y adornos eclesiásticos de oro y de plata. El 2 de diciembre, los franceses deben evacuar Bergara y retirarse a Tolosa, debido a la ofensiva de las tropas españolas, lanzada desde el puesto de Elgeta, en número de 5.000 soldados. El 29 de junio de 1795, los franceses se apoderan de Bergara y de Elgoibar.
Serapio Múgica, en la G. P. V.-N., da los siguientes datos: "Como pueblo situado en la orilla del río Deva, ha sufrido en los barrios bajos grandes inundaciones que han ocasionado perjuicios de mucha consideración, y se recuerdan todavía la de 1830, que fue imponente, y la del 30 de junio de 1834, que superó en mucho a la anterior. A consecuencia de una manga extraordinaria que cayó en la jurisdicción de Vergara y pueblos del contorno, salieron de madre todos los ríos y riachuelos, descargando sobre los poblados cantidades inmensas de agua, como puede juzgarse por los resultados causados. En el barrio de San Antonio arrastró siete casas, sin dejar vestigio de su existencia, y la ermita que le da nombre; en el de Zubiaurre, tres casas; en el de Mártires, cinco, y la parroquia; en el de Zubieta, quince; en el de Mugerza, dos; caserías destruidas, siete; molinos, cinco, y una fábrica de adobería. Total de edificios desaparecidos, 47. Otros muchos edificios, molinos, etc.; quedaron muy deteriorados, y los puentes que no llevó la crecida, quedaron resentidos."
Bergara fue atacada por sorpresa al amanecer del 5 de setiembre de 1834 por 2.000 carlistas que, mandados por Bartolomé de Guibelalde, no pudieron apoderarse de la villa. La reina recompensó tan heróica defensa por medio de la R. O. de 19 del mismo mes y año, resolviendo entre otras cosas lo siguiente. 1º Que se hiciese entender del modo más solemne cuán satisfecha se hallaba su magestad del bello ejemplo de fidelidad y valor dado por la villa de Bergara, a su gobernador, guarnición, milicia urbana, y habitantes que tomaron parte en la defensa, todos los cuales habían merecido su real aprecio. 2º Que las familias de los individuos de tropa y milicia urbana que hubiesen fallecido en la defensa, fuesen atendidas con las pensiones y auxilios posibles. 3º Que para perpetuo testimonio de esa gloriosa defensa se colocase en el centro del escudo de armas de la villa de Bergara un sobrescudo, en el cual se vean las iniciales de Isabel II, y sobre ellas una corona mural. Su gobernador el capitán Juan Antonio de Uzuriaga, fue ascendido al empleo inmediato y todos los individuos de tropa y mili-cia heridos o que se hubiesen distinguido más condecorados con la cruz de Isabel II. Sitiada por el general carlista Zumalacárregui, después de la rendición de Ordizia en 3 de junio de 1835, capituló sin resistencia y su milicia urbana pasó a la plaza de San Sebastián, donde continuó prestando sus servicios hasta la terminación de la guerra. Después del desastre que sufren los liberales en el Alto de Deskarga, sucumbirá esta guarnición liberal al verse totalmente abandonada por las tropas de la reina. En Bergara, pues, establece D. Carlos su cuartel general, haciendo su entrada en la villa el 10 de junio. Será este mismo mes, en Bergara, donde tendrá lugar el debate entre la camarilla palaciega y D. Carlos, que querían comenzar el sitio de Bilbao, y Zumalacárregui y otros que querían tomar el camino de Vitoria y Castilla. La toma de Bilbao suponía para la causa carlista dinero para financiar la guerra y un mayor apoyo internacional, pero el proyecto de Zumalacárregui era mucho más viable militarmente. Al fin Zumalacárregui, Villarreal, etc., se sometieron a los deseos del rey de tomar Bilbao, cosa en la que fracasaron.
Compromiso estipulado entre el capitán general D. Baldomero Espartero, cristino, y el teniente general D. Rafael Maroto, carlista, por el que se da fin a la primera guerra carlista de 1833-1839. Sus preparativos fueron lentos y laboriosos iniciándose probablemente a comienzos de 1839, a los 6 ó 7 meses de haber sido nombrado Maroto Jefe de Estado Mayor del Ejército por D. Carlos M.ª Isidro. Ver CARLISMO. Intervino como mediador entre ambos generales el comodoro inglés Lord Hay, asesorado por su ayudante y secretario Joaquín María de Satrústegui.
Durante estas negociaciones Maroto fue cediendo, poco a poco, en sus pretensiones presionado por el avance de las tropas de Espartero y por la impaciencia claudicacionista del comandante de la división carlista de Vizcaya, Simón de la Torre. La base, hastiada de la guerra, no quiso transigir sin embargo en la cuestión referente a los Fueros. A pesar de haber repudiado la prosecución de la guerra por una cuestión puramente dinástica (Elgueta, 25 de agosto de 1839), la mayoría de las tropas carlistas declaró no estar dispuesta a entregar las armas hasta que las Cortes garantizaran el establecimiento foral. Este fue el obstáculo insalvable que había hecho naufragar a todas las negociaciones. El 26 de agosto Espartero trata de salvar la situación presentando a los marotistas el artículo siguiente: Se confirman los Fueros en cuanto sean conciliables con las instituciones y leyes de la nación... Maroto se muestra dispuesto a aceptar, pero Urbistondo e Iturbe, jefes de las divisiones castellana y guipuzcoana, se niegan a hacerlo. Sólo acepta La Torre. "No sé bajo qué estandarte seguirán luchando los carlistas -dice el coronel británico Wylde, corresponsal del vizconde Palmerston- como no sea bajo el de Paz y Fueros". Las conversaciones se congelan y al día siguiente ambos generales ordenan la movilización de sus tropas. La insubordinación de La Torre, en ese momento, hace cobrar al drama un carácter irreversible: Espartero entra en Oñati (28 agosto). Maroto transige nuevamente y manda un despacho aceptando la reapertura de negociaciones. Es en Oñati (29 de agosto) donde tiene lugar la redacción definitiva del convenio que había de sellar la suerte del país y del ejército carlista.
Su articulado es el siguiente: Artículo 1.°. El capitán general, don Baldomero Espartero, recomendará con interés al Gobierno el cumplimiento de su oferta de comprometerse formalmente a proponer a las Cortes la concesión o modificación de los fueros. Articulo 2.° Serán reconocidos los empleos, grados y condecoraciones de los generales, jefes, oficiales y demás individuos dependientes del ejército del Teniente general don Rafael Maroto, quien presentará las relaciones con expresión de las armas a que pertenecen, quedando en libertad de continuar sirviendo, defendiendo la Constitución de 1837, el trono de Isabel II y la regencia de su augusta madre, o bien de retirarse a sus casas los que no quieran seguir con las armas en la mano. Artículo 3.° Los que adopten el primer caso de continuar sirviendo, tendrán colocación en los cuerpos del ejército, ya de efectivos, ya de supernumerarios, según el orden que ocupan en la escala de la inspecciones a cuya arma correspondan. Artículo 4.° Los que prefieran retirarse a sus casas, siendo generales o brigadieres obtendrán su cuartel para donde lo pidan, con el sueldo que por el reglamento les corresponda: los jefes y oficiales obtendrán licencia ilimitada o en retiro según su reglamento. Si alguno quisiere licencia temporal, la solicitará por el conducto del inspector de su arma respectiva y le será concedida, sin exceptuar esta licencia para el extranjero; y en este caso, hecha la solicitud, por el conducto del capitán general don Baldomero Espartero, éste les dará el pasaporte correspondiente, al mismo tiempo que dé curso a las solicitudes recomendando la aprobación de S. M. Artículo 5.° Los artículos precedentes comprenden a todos los empleados del ejército; haciéndose extensivos a los empleados civiles que se presenten a los doce días de ratificado este convenio. Artículo 6.° Si las divisiones navarra y alavesa se presentasen en la misma forma que las divisiones castellanas, vizcaína y guipuzcoana, disfrutarán de las condiciones que se expresan en los artículos precedentes. Artículo 7.° Se pondrá a disposición del capitán general don Baldomero Espartero los parques de artillería, maestranzas, depósitos de armas de vestuarios y víveres que estén bajo la dominación y arbitrio del teniente general don Rafael Maroto. Artículo 9.° Los prisioneros pertenecientes a los cuerpos de las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa y los de los cuerpos de la división castellana que se conformen en un todo con los artículos del presente convenio, quedarán en libertad, disfrutando de las ventajas que en él mismo se expresan para los demás. Los que no se convinieren sufrirán la suerte de los Prisioneros. Artículo 10.° El capitán general don Baldomero Espartero hará presente al Gobierno para que éste lo haga a las Cortes, la consideración que se merecen las viudas y huérfanos de los que han muerto en la presente guerra, correspondiente a los cuerpos a quienes comprende este convenio -Espartero -Iturbe -Cuevillas -Francisco Fulgosio- Cabañero -Díez Mogrovejo -Lasala -José Fulgosio -Eguía -Selgas -López Cabañas -Lagartu.
Una vez efectuado el trámite de la redacción, los generales carlistas tratan entonces de hacer cumplir el convenio a sus tropas. El 30 de agosto sólo acuden a Bergara Maroto y La Torre; los voluntarios, a pesar de no conocer el texto del tratado, recelan del mismo. Urbiztondo y La Torre marchan entonces a gestionar la rendición de sus batallones volviendo a la noche con la firma de sus comandantes. El día 31 comienza el desfile de las tropas que vienen a entregarse. El primero en llegar a Bergara fue Urbiztondo trayendo a regañadientes a la división castellana. Luego apareció Iturbe con una brigada guipuzcoana -el resto de los guipuzcoanos se niega a acudir- y La Torre con los 8 batallones vizcaínos. Estos últimos aceptan el convenio pero se niegan a entregar las armas hasta conocer el veredicto de las Cortes marchando a continuación a Elorrio. En los días sucesivos acuden a Bergara diversas partidas y el 5 de septiembre se acogen al convenio varios batallones guipuzcoanos. La totalidad de los batallones acogidos en Bergara asciende a 16: 5 batallones castellanos, 3 guipuzcoanos y 8 vizcaínos. Se niegan a aceptar el convenio: 13 batallones navarros, 6 alaveses, 5 guipuzcoanos, 1 castellano y 2 cántabros. Muchos de estos hombres atraviesan la frontera el 14 de septiembre junto con el pretendiente. Otros emigraron a América o Filipinas. El 25 de septiembre se rinde el castillo de Guevara, último reducto carlista. Un mes después las Cortes españolas confirman, mediante la decisiva cláusula "sin perjuicio de la unidad constitucional de la Monarquía", los Fueros vascos.El Convenio de Vergara había resultado una promesa entre tantas; su incumplimiento, sin embargo, tuerce definitivamente el rumbo de la historia vasca
Durante ésta (1872-1876) los registros civiles de Bergara serán quemados por Lizarraga, jefe carlista, el 15 de agosto de 1873. Según él, la obra impía de la revolución liberal estaba simbolizada por el matrimonio civil, que era la negación de la religión y de la familia.