Historia General de Viña del Mar
Por José Miguel Gil Zabala, Licenciado en Historia PUCV, Director del Departamento de Cultura de la I. Municipalidad de Viña del Mar
Período de las Haciendas
En 1543 arribó a la rada de Quintil, actual Valparaíso, el navío Santiaguillo, al mando de Diego García de Villalón. Este acontecimiento hizo que Pedro de Valdivia se trasladara a dicho puerto a recibir los auxilios que en él venían. La ocasión permitió que el conquistador pudiera darle una mirada al Valle de Peuco, actual Viña del Mar. El lugar era habitado por indios Changos, los cuales vivían de la pesca y recolección de mariscos.
En agradecimiento por el servicio prestado, Pedro de Valdivia entrega a García de Villalón las tierras ubicadas entre el estero del Marga Marga y el cordón de cerros ubicados al sur de éste. Poco después, proveniente del Perú, llega por tierra hasta Santiago la expedición de Alonso de Monroy, diciembre de 1543. Esto llena de felicidad al conquistador y por tal razón le concede, a uno de sus miembros, el portugués Pedro de Omepezoa, las tierras del otro lado del estero del Marga Marga (lado norte), tierras que por entonces sólo eran un arenal improductivo.
Lo cierto fue que ninguno de los primeros propietarios habitaron dichos predios, ya que García de Villalón, tras realizar un viaje a Perú, se radicó en el sur chileno y Pedro de Omepezoa, hizo otro tanto en Concepción y La Imperial.
El abandono en que quedaron estas tierras movió a Francisco de Riberos y a Juan Jufré a solicitarlas para sí al Cabildo de Santiago. De este modo en 1556 Riberos recibe la parte que fue de Omepezoa y Jufré, la que le correspondió a García de Villalón.
En 1580 el predio de Francisco de Riberos pasó a manos de su hijo Alonso. Hombre, laborioso y visionario, en 1585, plantó allí una viña y no contento con ello, extendió sus dominios comprando las tierras de Jufré a su viuda, doña Constanza Meneses. Con esta adquisición, se echan las bases de una gran hacienda que comprende desde, aproximadamente, lo que hoy es la Av. Argentina, o sea la primitiva Quebrada del Almendral, hasta, el estero de Reñaca.
Gracias a esta viña y desde entonces, las tierras ubicadas inmediatamente al norte del estero de Marga Marga, comienzan a ser conocidas como La Viña de la Mar. Este viñedo se emplazaba en las proximidades del estero hacia donde hoy están las canchas del Valparaíso Sporting Club y estarán en producción hasta que sean destruidas por el temporal y desborde del estero en el invierno de 1827.
Entre 1580 y 1692-95 se suceden varios dueños, pero la gran hacienda se mantiene como una sola unidad territorial. Sin embargo, en las postrimerías del siglo XVII, la Compañía de Jesús las divide y las vende por separado, volviendo a estructurarse la figura original, esto es: Hacienda La Viña de la Mar y Hacienda Las Siete Hermanas. En cuanto a esta última denominación, ella se debe a que existían siete colinas, que van de norte a sur llegando hasta el mar y que se emplazan entre el valle de Peuco y el estero de las Delicias. Éstas se conocieron con los nombres de: Primera Hermana (actual Cerro Castillo), Molle, Litre, Mayos, Hermana Honda, La Perdiz y Cabritería.
Dicha separación perdurará hasta 1748, fecha en que Francisco Cortés Cartavio compra La Viña de la Mar y posteriormente, aprovechando la expulsión de los jesuitas, quienes por entonces eran propietarios de Las Siete Hermanas, procede a rematar, el día 23 de marzo de 1776, ante la Junta de Temporalidades, la “Chacarilla de la Viña de la Mar”, en la suma de 4.750 pesos, pagaderos en el plazo de 8 años. Así ambas haciendas vuelven a estar unidas, pero el 2 de marzo de 1796, Juan Antonio Cortés Madariaga, vende a Antonio Cantuarias Las Siete Hermanas y el 16 de marzo de 1797, vende a Juan Antonio de La Carrera las tierras de La Viña de la Mar, que en la escritura figura con el nombre de “Santa Rita, alias la Viña de la Mar”.
Con la llegada del siglo XIX se inicia un período de grandes vicisitudes y aflicciones para los propietarios de ambas haciendas, consecuencia del acontecer histórico que vive el país, producto de la Guerra de Independencia y sus secuelas.
La quiebra financiera de José Manuel Cea, por entonces propietario de la hacienda Las Siete Hermanas, permitió que el 9 de mayo de 1840, el Tribunal del Consulado procediera a subastarla. Realizado el remate, Francisco Álvarez, comerciante de origen portugués, convino con el Síndico que pagaría en el plazo de tres meses y con el interés de 6 % el valor de la hacienda adquirida, que ascendía a la suma de $21.792 descontando la alcabala y derechos de pregonería. Este convenio fue aprobado por el Tribunal del Consulado.
Poco después, adquiere en $70.991 la hacienda de Viña del Mar. Con ello, la propiedad vuelve a unificarse y así permanecerá mientras viva su viuda, Dolores Pérez de Álvarez. Situación que comienza a modificarse con su muerte en 1873.
No obstante lo anterior, hay dos acontecimientos que serán trascendentales en la evolución histórica del valle y de las haciendas. Por un lado, la llegada del ferrocarril Valparaíso - Santiago el 6 de septiembre de 1855 y, el matrimonio de José Francisco Vergara con la nieta de Francisco Álvarez, Mercedes Álvarez, quien tras la muerte de su padre, el 13 de octubre de 1873, se convertirá en la propietaria de estas tierras.
Origen de la Ciudad
Continuando con el relato, debemos ahora fijar nuestra atención en la figura y actuación de quien será el gestor de la futura ciudad de Viña del Mar, don José Francisco Vergara Echervers. Nacido en el valle de Colina, Provincia de Santiago, el 4 de diciembre de 1833, se educa en la capital hasta recibirse como Ingeniero Agrimensor en la Universidad de Chile. Posteriormente, ingresa en el proyecto de construcción de la línea férrea Valparaíso – Santiago, cuya sociedad lo contrató como ingeniero ayudante.
Los servicios prestados a la empresa constructora por el joven Vergara fueron muy valiosos, sobre todo en la construcción y supervisión de los trabajos del túnel de San Pedro, Provincia de Quillota. Lamentablemente, en este punto de las obras, surgen dificultades económicas, razón por la cual decidió dedicarse a la agricultura, para ello toma en arriendo la hacienda de Viña del Mar, tierras que conoce bien debido a su larga estancia en el sector, producto de su participación en los trabajos de tendido de la línea férrea.
Gracias a sus constantes viajes de trabajo por el área de Viña del Mar, conoció a la joven Mercedes Álvarez, entonces de 18 años, nieta de doña Dolores Pérez. Su relación se transformó en amor y poco después, el 8 de agosto de 1859, contraen matrimonio.
La hacienda, en manos de José Francisco Vergara pronto muestra signos de prosperidad. Pero, dentro de él, comienza a desarrollarse una idea, la de fundar una villa. Esta, sin embargo, no se puede concretar hasta el fallecimiento del padre de Mercedes, su suegro Francisco Salvador Álvarez y de la madre de éste, doña Dolores Pérez, quien nunca permitió que las tierras se vendieran, tan sólo autorizó, en casos calificados, arriendos de largo plazo.
No obstante la actitud obstinada de doña Dolores, que a juicio del historiador Carlos J. Larraín “padecía de pasión territorial”, a su muerte (1873), en el valle y, especialmente a lo largo de la línea férrea y en la llamada calle del Comercio (actual calle Valparaíso), se habían instalado numerosas casa quintas, posadas, chinganas y modestas viviendas. Así también, surgieron pequeños negocios que eran como un arca de Noé, pues en ellos había un poco de todo procurando satisfacer las necesidades, siempre crecientes, de un vecindario en constante expansión.
Entre los vecinos más destacados de este naciente caserío podemos mencionar a Francisco Asta-Buruaga, Leandro Ramírez, Antonio Subercaseaux, Juan Prain, Isidoro Errázuriz, Juan de Dios Arlegui, Ignacio Valdés, Francisco de Paula, Rigau, Curletti, Prado, etc.
Ante el interés por adquirir terrenos José Francisco Vergara, pocos días después del fallecimiento de su suegro, acaecido el 13 de octubre de 1873, solicitó la posesión efectiva de los bienes dejados por éste, pues deseaba cuanto antes hacer realidad su sueño de crear una villa.
Tras el término de los trámites de posesión efectiva, levanta el plano respectivo, en el que figuran calles y plaza, manzanas y sitio para iglesia, cuartel de policía, escuela, juzgado, hospicio, matadero, cementerio, etc. José Francisco Vergara hace la presentación oficial ante el Intendente de la Provincia de Valparaíso, don Francisco Echaurren, quien da su aprobación con fecha 28 de diciembre de 1874.
El documento nombra las calles: De la Marina, Arlegui, Valparaíso, Viana, Álvarez, Montaña, Bolívar, Quillota, Avenida de la Libertad, Quinta, Echevers, Villanelo, Traslaviña y del Castillo. Figuran también el pasaje Bohn y la plaza de Sucre.
Tan veloz fue el interés y desarrollo de Viña del Mar, que el 22 de febrero de 1878, los vecinos, aprovechando que el Presidente de la República don Aníbal Pinto y su ministro del Interior don Vicente Reyes se encontraban en Valparaíso, elevaron a la Intendencia una solicitud pidiendo la creación de una municipalidad y autonomía comunal para Viña del Mar.
La solicitud fue firmada por los más connotados vecinos, entre los cuales podemos mencionar a los señores: Juan Venegas, Juan de Dios Arlegui, Antonio Subercaseaux, Benjamín Vicuña M., Augusto Kiel, Pedro Guarachi, Adolfo Wiegand, Adolfo Couve, Ricardo Stuven, Francisco Müller, Bonifacio Tapia, Enrique Bohn, Nemesio Vicuña, Alberto Mackenna, Lorenzo Escobar, Juan F. Nieto, Juan Prain, Antonio Iguíñez, José Luis de Ferrari y Atilio Alamos, etc. Ellos hacen presente a la autoridad que esta subdelegación va siendo cada día más numerosa y sus intereses van exigiendo cada día también una atención más cuidadosa.
Acogida favorablemente la petición, el supremo gobierno dicta el 31 de mayo de 1878 el Decreto de la Creación de la Municipalidad (Comuna) de Viña del Mar en el territorio de la Subdelegación Nº 23 del Departamento de Valparaíso.
Ahora bien, la instalación de la nueva municipalidad tiene lugar el día 4 de mayo de 1879 y sus miembros se reunieron en el Gran Hotel, acordándose, entre otras cosas, fijar el día 7 del mismo mes para hacer la designación de alcalde y regidores conforme a una orden de precedencia. Las reuniones iniciales se efectuarían en lo sucesivo en la casa habitación del subdelegado, que por entonces era don José Francisco Vergara.
La primera sesión ordinaria de la Municipalidad, realizada a las 17:50 hrs. del 7 de mayo de 1878, fue memorable. A ella asistió un gran numero de vecinos, quienes así veían concretarse una de sus más sentidas aspiraciones. Luego de ser electo el Primer Alcalde, don Antonio Subercaseaux, y los demás regidores, se procedió a designar comisiones de hacienda, policía, obras públicas, beneficencia e instrucción, etc.
Hecho esto se tomaron numerosos e importantes acuerdos, entre los que figura la urgente creación de una brigada de policía. Ello debido a que la Municipalidad de Valparaíso había anunciado que retiraría su personal asignado a atender estos menesteres en esta subdelegación, primera consecuencia directa de la segregación. Antes de concluir la sesión se acordó que el secretario, don José Tomás Ramos y Ramos, comprara un libro de actas y otro de recibos, con talones para el cobro de las contribuciones.
El primer Concejo Municipal quedó integrado por las siguientes personalidades: Primer Alcalde, don Antonio Subercaseaux; segundo alcalde, don Andrés Rojas y tercer alcalde, don José Luis de Ferrari. Regidores Titulares (Concejales), Augusto Kiel, Antonio Piña, Pedro Guarachi y Julio Bernstein; Suplentes, José Tomás Ramos y Ramos, Oscar Schroders y Roberto Guzmán. Todos ellos se desempeñaran hasta el 7 de mayo de 1882.
Consolidación de la Ciudad y carácter recreacional
El sostenido crecimiento de la población viñamarina queda demostrado en las cifras censales, las que muestran 1.300 personas en 1874 a 2.094 (V Censo año 1875); 5.563 (VI Censo año 1885); 12.772 (VII Censo año 1895); 28.502 (VIII Censo año 1907); 42.630 (IX Censo año 1920); 52.880 (X Censo año 1930); 70.013 (XI Censo año 1940); 98.470 (XII Censo año 1952); 131.417 (XIII Censo año 1960); 198.971 (XIV Censo año 1970) y 259.296 (XV Censo año 1982).
Luego de un período de consolidación urbana registrado entre 1874 y 1906, Viña del Mar se ve enfrentada a un gran desafío impuesto por la fuerza de la naturaleza. El terremoto de 1906 dejó un saldo de 117 muertos, varios centenares de heridos y unos diez millones de pesos en daños, y obligó a las autoridades de la época a reconstruir la ciudad.
Es así que se modificó el trazado de algunas calles, se crearon otras (ej: Av. Marina y Av. Del Mar-actual Av. Perú) y, sobre todo, los arquitectos crearon o adaptaron nuevos tipos de viviendas, con lo cual se satisfizo la demanda de hogares de un gran número de familias provenientes de Valparaíso que decidieron trasladarse a vivir a Viña del Mar.La comuna se fue poblando de casas, tipo chalet, de uno o dos pisos y amplios jardines interiores. También comienzan a surgir grandes casonas solariegas con caprichosas formas, tales como castillos, palacios y palacetes. Mención aparte merecen las hermosas casas - quinta, con atrayentes y muy cuidados antejardines, en los cuales las flores reinaban y las tradicionales palmeras (de todo tipo) daban un cálido toque exótico y algo tropical.
Bajo este contexto, la ciudad comienza a transformarse en un balneario recreacional y, luego, en un destino turístico-vacacional. Este cambio, si bien en sus inicios fue espontáneo, entre 1928 y 1936 adquiere características de empresa pública. En este último aspecto, si bien hay aporte de particulares, será el municipio local el que pasa a orientar , planificar y concretar las grandes obras y eventos que a partir de entonces se realizan en la comuna.
A los primeros balnearios (Miramar y Recreo), desarrollados con el esfuerzo y tesón de activos y destacados vecinos -como Teodoro Von Schroeders, Luis Barros Borgoño y Alfredo Azancot Levi- le siguen prontamente Las Salinas, Caleta Abarca y Playa Amarilla, en los cuales la Municipalidad tuvo un rol destacado.
Siglo XX
Además del turismo, la ciudad tuvo un importante rol como centro industrial desde sus orígenes. La Refinería de Azúcar de Viña del Mar (1873) y la empresa Lever & Murphy y Cía. (1883), en primer lugar y, a partir de la década de 1900, otros importantes establecimientos industriales. Formaron parte de la vida de la ciudad. Entre los rubros de la industria comunal se tuvieron fábricas de ladrillo, velas, fideos, textiles, almidón, aceites, lácteos, caramelos y dulces, productos químicos, etc.
A lo anterior se suma el arribo de importantes contingentes militares, representados por diversas escuelas y reparticiones que la Armada establece en el sector de Las Salinas (presentes aún) y por la instalación del Regimiento de Caballería “Coraceros”, desde 1917 hasta comienzos de la década de 1980. Este personal y sus familias, representan un importante agente dinamizador del comercio y del desarrollo social de la ciudad.
Con el transcurrir de los años, la calle Valparaíso, originalmente conocida como “Calle del Comercio”, fue adquiriendo importancia por la variedad de establecimientos comerciales que allí se instalaron. Prestigiosas tiendas, bazares, casas de empeño, joyerías, cafeterías y salones de té, bancos y otras instituciones, van a ir configurando el desarrollo de todo un núcleo comercial y social de gran importancia. A modo de simple ejemplo, podemos señalar que en 1934 la casa comercial “Columbia” tenía a la venta las primeras radios, discos de acetato del tipo 78 r.p.m., vitrolas y sus parlantes, además ofrecía, a modo de promoción, música bailable a quienes pasaban por su frente. Por aquel entonces emitía sus ondas radiales la decana de las emisoras viñamarinas, Radio Los Castaños, C.B. 111, inaugurada en 1930.
Pero el año 1928 será determinante para el desarrollo futuro de la ciudad. En efecto, el 7 de febrero el Sr. Presidente de la República, General don Carlos Ibáñez del Campo, promulga la Ley Nº 4283, la cual otorga a la Municipalidad autorización para contratar un préstamo por 14 millones de pesos; crea una Junta Pro Balneario y autoriza el funcionamiento de un Casino de Juegos. Gracias al crédito, la Junta Pro Balneario podrá hacer realidad éste y otros proyectos. En dicha Junta participan destacados vecinos quienes cumplieron su cometido durante los períodos alcaldicios de los Srs. Gastón Hamel de Souza y Manuel Ossa Saint Marie.
En cuanto al Casino, este trajo, con largueza, todos los beneficios esperados, permitiendo consolidar económicamente las siempre débiles arcas municipales. El recinto fue inaugurado con una gran fiesta la noche del 31 de diciembre de 1930, correspondiéndole a la esposa del Alcalde, Sra. Graciela Risopatrón, la histórica misión de lanzar la primera bolita en la ruleta de juegos, la que tras girar algunos segundos y dar uno que otro salto se detuvo finalmente en el número “negro 8”.
El comienzo de los años treinta será muy productivo en cuanto a obras de adelanto, entre ellas hay que destacar el Teatro Municipal, obra iniciada en 1925 pero inaugurada la noche del 11 de octubre de 1930 con la presentación de la ópera Thais; el Coliseo Popular de Plaza O’Higgins (hoy desaparecido); la Piscina Municipal de Ocho Norte (hoy desaparecida); baños públicos y vespasianas (hoy desaparecidos); remozamiento y creación de plazas; remodelación de la Cancha y Velódromo del Tranque (actual Sausalito, desde comienzos de los años 60); el Hotel O’Higgins, inaugurado en 1936; el Palacio Presidencial del Cerro Castillo, levantado con fondos fiscales fue inaugurado el 31 de enero de 1931 y; la pavimentación del camino costero Viña del Mar – Concón.
Otro acierto municipal se produce el 19 de febrero de 1941 cuando por iniciativa del Alcalde Sr. Eduardo Grove se compran la Quinta Vergara (128..530 metros cuadrados) y una parte de la Hacienda Las Siete Hermanas (173.370 metros cuadrados) en la suma de $ 9.532.750 pesos. Esta adquisición permitió que los vecinos y turistas pudieran tener a su disposición un gran parque y área verde destinado a al paseo y la recreación familiar, además de permitir preservar valiosas especies vegetales y arbóreas. La Quinta Vergara, es así un paseo romántico y atrayente, lleno de encantadores rincones, permite trepar por entremedio de sus perfumadas quebradas y laderas, disfrutando de uno los parajes más encantadores del Chile Central. A lo anterior se agrega también el gran palacio de estilo veneciano, antigua morada de la familia fundadora, construido por el arquitecto italiano Ettore Petri.
Actualmente el recinto alberga al Museo de Bellas Artes y sus importantes colecciones pictóricas, a la Escuela de Bellas Artes. Desde 1960, su parque recibe a miles de personas que vienen a disfrutar del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar y otros eventos artístico-culturales.
Promediando la década de 1950, la ciudad comienza a experimentar nuevos y significativos cambios en su fisonomía urbanística, las viejas casas quinta, chalet y mansiones, emplazadas principalmente en la zona céntrica y Población Vergara, comienzan a ser reemplazadas por edificaciones de altura, fenómeno que continúa hasta nuestros días.
En este proceso, la empresa privada es el gran motor que realiza la transformación, proyectando un nuevo tipo de vivienda aprovechando las ventajas que entrega el DFL 2, promulgado bajo la presidencia de don Jorge Allessandri R.