En la clase de religión, exploramos temas relacionados con la espiritualidad, la ética y las diferentes tradiciones religiosas del mundo. A través de lecturas, discusiones y actividades, reflexionamos sobre preguntas fundamentales acerca de la existencia, el propósito de la vida y la moral. También analizamos cómo las religiones influyen en la cultura, la sociedad y el comportamiento humano. Fomentamos un espacio de diálogo respetuoso donde se promueve el conocimiento de diferentes creencias y se desarrollan valores como la tolerancia, la empatía y la responsabilidad ética.
presentación del curso: ¿Qué es la religión?
Introducción: LA COMPLEJIDAD DEL SER HUMANO (¿QUÉ ES EL HOMBRE?)
Juan Ramón Jiménez: "Soy animal de fondo de aire"
El ser humano ha sido objeto de reflexión y estudio a lo largo de la historia, desde la filosofía y la religión hasta la ciencia. La pregunta "¿Qué es el hombre?" abarca una complejidad que va más allá de una definición simple. Somos seres biológicos, pero también poseemos una dimensión emocional, intelectual y espiritual que nos distingue y nos conecta con lo trascendental.
Esta complejidad es bellamente expresada en el poema "Animal de fondo" de Juan Ramón Jiménez, donde el poeta dice: "Soy animal de fondo de aire". Con esta frase, Jiménez capta la esencia dual del ser humano: somos animales enraizados en la tierra, pero también seres espirituales que aspiran a algo más elevado, a algo que trasciende nuestra materialidad. Esa conexión con el "aire" representa nuestra capacidad para soñar, crear y reflexionar sobre lo inmaterial, sobre el misterio de nuestra existencia.
Así como el poema sugiere que somos seres que habitan entre lo terrenal y lo etéreo, la religión intenta dar respuesta a esta dualidad. Nos muestra que, aunque somos seres físicos, nuestra verdadera naturaleza está en esa profundidad interior, en ese "fondo" que busca lo eterno, lo divino, lo esencial. En esta búsqueda de sentido, la religión y la espiritualidad nos invitan a descubrir quiénes somos realmente, tanto en nuestra dimensión terrenal como en nuestra aspiración hacia lo trascendental.
El Reportaje "nuestro cerebro altruista" de Eduard Punset nos muestra un fotograma que nos explica de manera esquemática el funcionamiento del cerebro humano, dividido en cuatro áreas con diferentes funciones:
Cerebro amarillo: Controla el sistema autónomo, encargado de funciones vitales como el ciclo de sueño, la regulación del sistema inmune, y otros procesos involuntarios relacionados con la supervivencia.
Cerebro naranja: Maneja el sistema emocional, generando emociones que permiten la adaptación al entorno. Este cerebro actúa en coordinación con el cerebro amarillo para influir en la supervivencia.
Cerebro verde: Representa el cerebro racional, responsable de la lógica, la resolución de problemas y la comprensión de la realidad. Aunque similar al cerebro de los primates, su desarrollo ha sido fundamental para el avance humano.
Cerebro azul: La última etapa evolutiva, relacionada con la construcción simbólica, permite la interpretación de la realidad y el desarrollo de conceptos complejos como el lenguaje, la ética, la espiritualidad y la autoconciencia.
Estas áreas cerebrales a menudo entran en conflicto, lo que genera tensiones en la toma de decisiones y en la adaptación a diferentes situaciones. Además, subraya la importancia de las relaciones humanas, la previsión del futuro y las decisiones éticas como claves para la existencia humana.
El ser humano es una criatura compleja, dotada de una variedad de elementos que lo hacen único en su existencia. Estos elementos se entrelazan para formar la esencia de nuestra humanidad, y al explorarlos, comprendemos mejor nuestra naturaleza y nuestro lugar en el mundo.
Uno de los aspectos más distintivos del ser humano es su capacidad de lenguaje. Somos capaces de articular palabras, de expresarnos de manera escrita y de desarrollar formas pluriformes de comunicación. El lenguaje nos permite conectar con los demás, compartir ideas, transmitir emociones y construir puentes entre culturas y generaciones.
A través de la autoconciencia, el ser humano se reconoce a sí mismo como un ser biográfico, con una historia personal que le da identidad. Esta conciencia de sí mismo impulsa la creación de proyectos, el desarrollo de metas y la búsqueda de un propósito en la vida. Somos seres con la capacidad de tomar decisiones, de ejercer nuestra libertad y de actuar con autonomía, viviendo en la constante interacción entre nuestro mundo exterior e interior.
Los valores son otro pilar esencial de nuestra humanidad. Estos nos proporcionan una referencia trascendente que guía nuestras acciones y nos compromete éticamente. Valores como la virtud son realizables en la vida cotidiana y nos orientan hacia el bien común. En nuestra búsqueda de trascendencia, nos convertimos en creadores de cultura, forjando nuestra identidad social a través de la transmisión de tradiciones y el legado cultural que dejamos a las futuras generaciones.
El humor es una manifestación única de la distancia que podemos tomar frente a la realidad. Es un recurso tanto personal como social, que nos permite enfrentar los desafíos con ligereza y sabiduría. El arte, en su capacidad expresiva, añade otra capa a esta experiencia humana, permitiéndonos contemplar la belleza, concentrarnos en lo abstracto y expresar nuestra creatividad de maneras que trascienden lo cotidiano.
Finalmente, la religión nos lleva a preguntar por el sentido de la vida, a buscar respuestas más allá de lo tangible. Nuestra sed de trascendencia y nuestra comprensión unitaria de la realidad nos conducen hacia lo social y lo ritualizado, donde encontramos un marco para nuestras preguntas más profundas y nuestro deseo de conexión con lo sagrado.
Todos estos elementos juntos forman el tejido complejo y fascinante de lo que significa ser humano. Comprenderlos y desarrollarlos nos permite no solo vivir con mayor plenitud, sino también contribuir al bienestar de los demás y al progreso de la humanidad en su conjunto.
H. Gardner publicó su obra “Inteligencias múltiples” en 1983. En ella habla de inteligencias múltiples y elabora un modelo que recoge ocho inteligencias dinámicas que se pueden trabajar. Los sistemas educativos deberían estar configurados para trabajar con todas, no sólo apoyarse en las inteligencias lógico-matemática y verbal-lingüística.
Inteligencia verbal-lingüística: relacionada con la habilidad para el lenguaje, escritura, retórica y comunicación verbal.
Inteligencia Lógico-Matemática: capacidad para resolver problemas complejos, pensar de manera lógica y realizar cálculos matemáticos.
Inteligencia visual-espacial: habilidad para visualizar y comprender el espacio, las relaciones espaciales y las representaciones gráficas.
Inteligencia Musical: relacionada con la capacidad para apreciar, componer y entender la música, reconocer patrones musicales.
Inteligencia Corporal-cinestésica: Implica la habilidad para utilizar el cuerpo de manera coordinada y expresiva, como en deportes, danza o artes escénicas.
Inteligencia Interpersonal: habilidad para relacionarse y comprender a otros, incluyendo empatía, comunicación efectiva y percepción de emociones de otros.
Inteligencia Intrapersonal: relacionada con la autoconciencia, introspección y comprensión de uno mismo, emociones y motivaciones personales.
Inteligencia Naturalista: Implica la capacidad para observar y comprender la naturaleza, las plantas, los animales y el entorno natural.
En el 2000, la pareja D. Zohar e I. Marshall publicaron la obra “Inteligencia espiritual” donde la describen y la califican de “inteligencia plena”. Ellos mantenían que es la inteligencia que habilita para las otras inteligencias y se desarrolla en interacción con las mismas. Piensan que es un régimen-modo cerebral distinto a la habitual, que nos distingue de los animales, que tiene una frecuencia medible en 30 megahercios. Presuponen que es una facultad de la persona, que no es una novena inteligencia, sino que es una forma de comprensión de la realidad por encima del esquema de las inteligencias múltiples, es decir, lo que realmente nos hace personas.