El Salvador, a pesar de su limitado territorio, cuenta con una considerable riqueza de ecosistemas. Por su posición geográfica, latitudinal, historia geológica y su compleja topografía, se evidencian en el país distintos ecosistemas como aquellos asociados a los bosques salados, bosques pantanosos costeros de transición y bosques de la planicie costera. De igual forma encontramos morrales, bosques secos, bosques caducifolios de tierras bajas, bosques semi-caducifolios de tierras medias, robledales y encinares, pinares y bosques de pino/roble, bosques nebulosos de la cordillera volcánica, bosques pantanosos no costeros y vegetación de playa. Pero ¿Cómo podemos definir y caracterizarlos correctamente? Desarrollar una clasificación de los ecosistemas no es una tarea fácil, ya que se intenta delimitar en unidades discretas y discontinuas el ambiente natural que se caracteriza por su continuidad. En el país se han hecho algunos esfuerzos de clasificación generalmente basados en la vegetación. Las clasificaciones basadas en tipos de vegetación pueden ser útiles a nivel de ecosistemas si se usan criterios adecuados que evidencien las principales interacciones existentes entre los organismos presentes en el ecosistema.