PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
La desigualdad de género en la política es una rémora discriminatoria que persiste y que impide a más de la mitad de la población, las mujeres, una participación equitativa en la esfera política. Las mujeres tienen una posición estructural de desventaja social, debido a su discriminación histórica de los ámbitos sociales y económicos y su dedicación a tareas que tradicionalmente les han sido asignadas y que han impedido su integración igualitaria respecto a los hombres en la gestión y la participación política.
La desigualdad de género equivale al estancamiento del progreso social, debido a que las niñas y las mujeres representan la mitad de la población mundial, es decir, ellas son la mitad del potencial para el avance de la sociedad. Este problema es algo muy común en estos tiempos, debido a la falta de oportunidad de trabajo hacia la mujer, y muchas veces las mujeres tienen mejores aportes hacia la política, dan cosas más sustentables. En El Salvador ocurren muchos casos de machismo y de feminismo, pero el que más se da es el machismo.
¿Cómo podemos detener el machismo y el feminismo?
¿Qué podemos hacer si somos víctimas del machismo o del feminismo?
¿Qué podemos hacer para que los niños y niñas aprendan que los dos géneros valen por igual?
MARCO TEÓRICO
La igualdad de género es un concepto que cada vez encontramos más en nuestro día a día: en las noticias, en nuestros puestos de trabajo, en las redes sociales, ¿alguna vez te has preguntado qué significa exactamente? ¿Por qué se sigue reivindicando la igualdad de género si todas las leyes reconocen los mismos derechos a hombres y mujeres? ¿Qué diferencia hay entre igualdad y equidad?.
Según Naciones Unidas, la igualdad de género se refiere a “la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades de las mujeres y los hombres, y las niñas y los niños”. Por tanto, el sexo con el que hayamos nacido nunca va a determinar los derechos, oportunidades y responsabilidades que podamos tener a lo largo de nuestra vida. La igualdad de género es por tanto un principio jurídico universal, mientras que la equidad de género introduce además un componente ético para asegurar una igualdad real que de alguna forma compense la desigualdad histórica que el género femenino arrastra en cuanto a representación política o mercado laboral, entre otras. La equidad debe aplicarse en el género tal como se aplica en otros ámbitos, como por ejemplo en el sistema tributario, donde cada persona paga más o menos en función de lo que tiene.
Aunque las cuestiones de género llevan años en la agenda internacional, es un hecho que las mujeres y las niñas, sufren discriminación y violencia por el simple hecho de haber nacido mujer en todo el mundo. El informe de la OCDE “Perseguir la igualdad de género: una batalla cuesta arriba” lo deja bien claro cuando asegura que ningún país en el mundo, ni siquiera aquellos más igualitarios, ha alcanzado aún la igualdad de género. Precisamente los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que deben cumplirse en 2030, establecen en su objetivo número 5 “lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y niñas”.
La participación política de las mujeres es una de las asignaturas pendientes en todo el mundo. Resulta curioso (y muy satisfactorio) saber que el país con mayor igualdad de representación de ambos sexos en su Parlamento es Ruanda, con un 64% de mujeres diputadas; le sigue Bolivia, uno de los países donde Ayuda en Acción trabaja, con más del 52% de mujeres diputadas.
Un tercio de los países en desarrollo aún no han logrado la paridad de género en el acceso a la enseñanza primaria, pese al avance que se dio gracias a los Objetivos del Milenio (2000-2015). África Subsahariana es una de las zonas prioritarias de trabajo para Ayuda en Acción; allí muchas niñas aún tienen graves dificultades para matricularse en el colegio, y más aún en enseñanzas secundarias: a medida que las niñas van convirtiéndose en mujeres, la brecha de género y la desigualdad son cada vez mayores (en muchos casos, por ejemplo, las niñas son obligadas a casarse como única salida a una situación de extrema pobreza). Se estima que cada día, 37.000 niñas son obligadas a casarse, lo que supone más de 15 millones al año.
Igualdad de género: acceso al mercado de trabajo y desigualdad salarial
Según Naciones Unidas, existe una diferencia salarial del 24% entre mujeres y hombres en todo el mundo. El Informe del FEM al que antes hacíamos mención reconoce que si hablamos de igualdad de género en el ámbito laboral, si continúa la tendencia actual, llegaremos a conseguirla en el año 2234. Sin duda, no lo veremos.
Igualdad de género: legislación
Hasta hace cuatro años, aún había 52 países en el mundo en el que la igualdad de derechos y deberes entre hombres y mujeres no estaban reconocidos en sus Constituciones.
En España, además de tener el principio de igualdad reconocido en nuestra Constitución, también contamos con la Ley 3/2007 para la igualdad efectiva de hombre y mujeres, que no hace más que añadir motivos para poder llegar a la igualdad de género en nuestro país.
En 2016 había en el mundo 244 millones de personas migrantes; casi la mitad de ellas son mujeres. En Centroamérica y México, la cifra de mujeres migrantes llega incluso hasta el 52% de mujeres migrantes.
En la primera década del siglo XXI, la cifra de mujeres migrantes aumentó en un 80%, exponiéndose a situaciones en la que parten en desventaja con respecto a los hombres. Las cifras y la especial vulneración de estas mujeres migrantes, la mayoría de las veces en situación de pobreza, no se acompaña de medidas legislativas para protegerlas de manera especial.
IGUALDAD RACISTA
El racismo es la teoría según la cual un grupo sería superior a otros de diferentes razas o etnias. El racismo procura un orden jerárquico entre los grupos étnicos con el fin de justificar los privilegios y ventajas de las que usufructúa el grupo dominante.
Con el fin de oponerse al racismo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adopto en el año 1965 la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racional y determinó el día 21 de marzo Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racional.
Existen varios tipos de racismo por los que las personas se pueden sentir discriminadas o ser víctimas de desigualdades:
En el racismo aversivo se pretende la igualdad de derechos y la libertad para que cada grupo viva su propia cultura abiertamente. En cambio, las actitudes racistas se producen mediante la distancia con la otra persona, falta de empatía o mostrando frialdad.
Este tipo de racismo está basado en la superioridad cultural del propio grupo, por lo que este asume que otros grupos diferentes suponen una amenaza cultural. En este tipo de racismo no hay derecho a la igualdad y se cree que las personas que son de una raza diferente a la propia deben someterse al grupo predominante.
El racismo simbólico aboga por el derecho a ser iguales, pero con matices: el derecho a ser iguales existe, pero para ámbitos puntuales o ciertas situaciones. Un ejemplo que explica el racismo simbólico es la libertad que tiene cada grupo para vivir como quiera, pero en áreas limitadas para dicho grupo.
Es el tipo de racismo menos tolerante. Entiende que una raza es biológicamente superior a las demás, que amenazan con degenerar la raza que es considerada principal. El racismo biológico no cree que los miembros de otras razas debían tener ningún derecho.
IGUALDAD SEXUAL
La discriminación sexual existe más allá de la que penaliza a las mujeres frente a los hombres. Las personas que toman una opción sexual no preestablecida sufren marginación, problemas laborales, acoso, prisión e incluso, pena de muerte en varios países. Con la misma convicción que luchamos contra la desigualdad entre hombres y mujeres, tenemos que combatir la que afecta a una minoría representativa. Estamos hablando de gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales.... personas cuyos derechos se ven vulnerados y restringidos por haber optado libremente por una identidad sexual determinada.
Cuando se habla de diversidad sexual se hace referencia a las diferentes formas de expresar el afecto, erotismo, deseo, las prácticas amorosas y sexuales entre las personas; éstas no se limitan a las relaciones de pareja entre un hombre y una mujer, por lo que incluye la heterosexualidad, homosexualidad y bisexualidad. El término diversidad sexual cuestiona la idea de que hay una única forma de ejercer la sexualidad y los afectos, haciendo visible la existencia de otras formas de expresarlos. Incluye también la idea de que la identidad de género de una persona puede ser independiente del sexo con el que nació y su orientación sexual.
Orientación sexual
La orientación sexual es la capacidad de cada persona de sentir atracción emocional, afectiva y sexual por otra persona. Comúnmente se consideran las siguientes categorías:
Bisexualidad, sentir atracción emocional, afectiva y sexual por otras personas ya sean hombres o mujeres, independientemente de su sexo o género;
Heterosexualidad, sentir atracción emocional, afectiva y sexual por personas de sexo o género distinto al propio; y
Homosexualidad, sentir atracción emocional, afectiva y sexual por personas del mismo sexo o género.
En muchos países puede hablarse de auténtica persecución ante la diversidad sexual, con normas que consideran ilegales las relaciones homosexuales y que contemplan penas de cárcel y hasta de muerte.
A ello se suman los alrededor de 70 países que castigan con penas de cárcel o castigos físicos las relaciones entre personas del mismo sexo, y las diversas formas de intolerancia, discriminación y persecución en otros países donde la homosexualidad no está ilegalizada. En algunos casos son dirigentes políticos quienes hacen gala de una agresiva homofobia, como el presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, quien llegó a decir públicamente que los homosexuales son "peores que cerdos y perros", o como algunos políticos de Letonia, Lituania, Bulgaria o Polonia que se opusieron a la celebración de actos de apoyo a la igualdad del colectivo LGBTI.
IGUALDAD DISCAPACITADA
Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), una persona con discapacidad es aquella que tiene alguna limitación física o mental para realizar actividades en su casa, en la escuela o trabajo, como caminar, vestirse, bañarse, leer, escribir, escuchar, etcétera.
La mujer con discapacidad se enfrenta a una doble discriminación, por el hecho de tener una discapacidad y por ser mujer. Si comparamos su situación con los dos grupos de referencia (mujeres sin discapacidad y hombres con discapacidad) la discriminación es patente en todos los órdenes de la vida, y se acentúa en el ámbito de la violencia de género.
En el mundo, las personas con discapacidad tienen dificultades para ejercer con plenitud sus derechos, debido a obstáculos sociales y culturales en virtud de sus condiciones físicas, psicológicas y/o conductuales; los espacios públicos no están planeados en función de sus necesidades y sumando esto sufren, en su mayoría, una doble discriminación pues el género, la condición socioeconómica, la raza y la etnia pueden acentuar esta situación.
La promoción y protección de los derechos humanos de personas con discapacidad y su plena inclusión en la sociedad para que puedan desarrollarse en condiciones de igualdad y dignidad, deberá realizarse mediante una serie de acciones transversales para que se respete su derecho al trabajo, a la educación, a la salud, así como el garantizar la accesibilidad física, de información y comunicaciones para personas con discapacidades sensoriales, mentales o intelectuales. las personas con discapacidad, que a menudo son consideradas por la sociedad como asexuadas, son infantilizadas y sobreprotegidas, y no se las ve como potenciales parejas, madres o padres. Sin embargo, las personas con discapacidad tienen el derecho a vivir y disfrutar de su sexualidad y con los apoyos necesarios para lograr su autonomía, tener y cuidar de sus hijos e hijas.
Desde la huelga sexual de las mujeres de Liberia que allanó el camino hacia la paz, el "Día Libre de las Mujeres" en Islandia para reclamar la igualdad económica hasta la repercusión mundial del movimiento #MeToo, la historia nos enseñó que el cambio es posible a través del activismo colectivo. El cambio, sin embargo, no se trata solamente de grandes titulares, victorias legales y acuerdos internacionales: la manera en que caminamos, pensamos y actuamos todos los días puede generar un efecto dominó que beneficie a todas las personas. A medida que nos introducimos en la nueva década y hacemos un balance de los avances a nivel mundial en materia de derechos de las mujeres, únete a Generación Igualdad para promover la igualdad de género mediante estas simples acciones diarias.
Exigir una cultura de igualdad en el trabajo
Desde el acoso sexual hasta la brecha salarial de género, las mujeres enfrentan una lista completa de prácticas discriminatorias en lo que se refiere al lugar de trabajo. Exige un ambiente de trabajo progresista a través de la representación equitativa de mujeres en los altos cargos y juntas directivas, la igualdad de remuneración por trabajo de igual valor y el dictado de cursos de formación sobre igualdad de género.
Las mujeres suelen hacer grandes sacrificios profesionales para tener una familia, lo que repercute en su bienestar personal y económico. Una manera de igualar las condiciones es luchar por la aprobación de políticas unificadas de licencia parental que ofrezcan un período amplio de licencia remunerada a las madres y los padres biológicos y adoptivos. Es importante alentar a los padres a desempeñar un papel activo en la crianza de sus hijas e hijos. Los programas de reinserción laboral también pueden ayudar a las mujeres a recuperar la formación que pudieran haber perdido cuando están listas para incorporarse en el mercado laboral.
Ejercer tus derechos políticos
Por desgracia, las mujeres siguen estando insuficientemente representadas en los cargos políticos más altos. Hasta 2020, las mujeres sólo ocupan el 25 % de los escaños en los parlamentos nacionales y representan menos del 7 % de la dirigencia mundial. ¿Cuál es la manera más fácil y directa de marcar una diferencia? ¡Votar! Y considera votar por las mujeres.
Infórmate sobre las próximas elecciones y difunde cuáles son las candidatas fuertes. Regístrate para votar si no lo has hecho y consulta con tus amistades y familiares para asegurarte de que también se hayan registrado. Posteriormente, asiste a las elecciones. (Es lo menos que puedes hacer, teniendo en cuenta lo mucho que lucharon las mujeres por el derecho al sufragio).
Así mismo, puedes causar un impacto donando tiempo o dinero. Ayuda a correr la voz con el mínimo esfuerzo mediante la realización de llamadas o el envío de mensajes de texto en favor de tu candidata preferida. Si estás lista o listo para asumir un mayor compromiso, participa a tiempo completo en una campaña política, alienta a las mujeres que conozcas a postularse para un cargo o lanza tu propia campaña.
Enseñarles a las niñas lo valiosas que son
Incluso antes de llegar a la pubertad, las niñas de todo el mundo ya han internalizado creencias sobre su lugar, valor y papel en la sociedad como personas dependientes, vulnerables o incapaces, y se les enseña que deben actuar de esa manera, lo que refuerza los estereotipos de género y les impide desarrollar todo su potencial.
Es difícil desaprender este tipo de creencias. Por este motivo, es muy importante abordarlas desde temprana edad. Recuérdales a las niñas que forman parte de tu vida que son fuertes, capaces y se merecen el mismo respeto que los niños. Asegúrate de que entiendan de que son mucho más que su apariencia: elogiadas por su inteligencia, fortaleza, capacidad de liderazgo, destreza física y muchas áreas más.
Anima a las niñas a alzar la voz y hacerse valer. Contrarresta las narrativas y el lenguaje que las persuada de no hacerlo: diles que son "audaces", no "mandonas". Demuéstrales que sus pensamientos importan pidiéndoles su opinión y escuchándole cuando hablen. Y si eres madre/padre o profesor/a, invierte en juguetes, libros y películas que sean neutrales en materia de género. Muéstrales a las niñas las posibilidades de su potencial y permitirles jugar como deseen. Hazles saber que no existe una manera correcta o incorrecta de ser una niña.
La nigeriana Chimamanda Ngozi (Abba, Enugu, 1977) es una conocida activista y escritora defensora de los derechos de las mujeres. Ha escrito varios best sellers, entre los que destacan: Americanah, Todos deberíamos ser feministas, Alrededor de tu cuello y Cómo educar en el feminismo. Su escritura, además de desmontar tópicos sobre África y sobre las mujeres, resulta cercana al contar experiencias que puede vivir cualquier persona, y empodera a las mujeres más allá de las diferencias de género.
Esta mujer yemení (Taiz, 1979) fue premio Nobel de la Paz en el año 2011 y se ha convertido en una emblemática luchadora por los derechos de las mujeres en el mundo árabe promoviendo su educación y mostrándose partidaria de leyes que eviten que las niñas menores de 17 años puedan contraer matrimonio. Es activista política y periodista, y vive en el exilio desde el año 2015 puesto que fue amenazada de muerte. Cambió la niqab tradicional por una hiyab en colores vivos, que dejan ver su rostro, y ha invitado a las mujeres a seguir sus pasos, pues considera que la práctica de cubrir la totalidad de la cara no es algo dictado por el islam sino algo cultural.
En España, Clara Campoamor (Madrid, 1888 - Lausana, 1972) es una de las figuras más destacadas en la lucha por los derechos de las mujeres (igualdad de género, sufragio femenino, divorcio, emancipación de la mujer…). Trabajó como telefonista, funcionaria y secretaria, y se licenció en Derecho. Como abogada defendió los derechos de las mujeres y, en 1931, llegó a ser diputada. Fue una gran defensora del derecho al voto de la mujer, la no discriminación por razón de sexo y la igualdad jurídica. Además, es un ejemplo de superación. Tras la muerte de su padre tuvo que dejar los estudios y comenzar a trabajar para ayudar a su familia. No fue hasta los 32 años que pudo matricularse en bachillerato, pero fue capaz de terminar sus estudios de derecho en dos, convirtiéndose, con 36, es una de las pocas mujeres licenciadas de la época.
Esta brasileña, precursora del feminismo en su país tras conocer los movimientos feministas europeos y estadounidenses, tuvo mucho que ver en la inclusión de la igualdad de sexo en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Tanto es así, que Bertha Lutz (São Paulo, 1894 - Río de Janeiro, 1976) luchó en su país para lograr el voto femenino a partir de la creación de la Federación Brasileña para el Progreso Femenino. En el año 1929 participó en la Conferencia Internacional sobre la Mujer en Berlín y fundó en su país la Universidad de la Mujer. Además, fue diputada en el Congreso y se esforzó para lograr cambios en la legislación laboral que igualaran a hombres y mujeres, incluyendo la equidad en la retribución.