Investigar y demostrar los beneficios de los abonos orgánicos en términos de medio ambiente, salud humana y bienestar de los agricultores. Evaluando su capacidad para mejorar la calidad del suelo, reducir la contaminación del agua y el aire, y proporcionar condiciones de trabajo seguras y saludables para quienes los producen y para los que lo utilizan.
Definir los tipos de abonos orgánicos que se producirán, considerando su composición, proceso de elaboración y potencial impacto en la mejora del suelo y la sostenibilidad agrícola.
Crear estándares de calidad que aseguren la efectividad y seguridad de los productos, tanto para el medio ambiente como para los seres humanos.
Analizar las prácticas de manejo, para garantizar la seguridad de los agricultores durante la aplicación de los abonos orgánicos.
Evaluar la exposición de sustancias químicas y riesgos ocupacionales asociados con la producción.
El proyecto se centra en la creación, exposición y comercialización de abonos naturales, con el objetivo de analizar su rentabilidad y contribuir al cuidado del medio ambiente. En El Salvador, el uso de fertilizantes químicos es común en aproximadamente el 85% de los cultivos, lo que puede tener graves consecuencias para la salud humana y el medio ambiente. Estos fertilizantes pueden causar enfermedades como cáncer, problemas respiratorios e infertilidad, además de afectar a los trabajadores que los fabrican debido a la inhalación de gases tóxicos.
La producción de abonos orgánicos en El Salvador busca resolver problemas graves de salud y medio ambiente causados por fertilizantes químicos. Estos abonos orgánicos, hechos de materia natural, son seguros para las personas y el entorno, proporcionando frutos saludables y ricos en vitaminas. Además, reducen riesgos como cáncer y problemas respiratorios, protegiendo a consumidores y trabajadores agrícolas. Innovar con abonos orgánicos también combate plagas y hongos, y mejora suelos debilitados, promoviendo una agricultura más limpia y sostenible.
2 Corintios 9: 6-12
“El que siembra poco, poca cosecha; el que siembra mucho, mucha cosecha. Cadauno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, y no de mala gana ofuerza, porque Dios ama al que da con alegría”.
Promover el uso de abonos orgánicos en los cultivos ayuda a reducir la exposición de las personas a productos químicos nocivos. Esto contribuye a una mejor salud general, tanto para los agricultores que trabajan la tierra como para los consumidores que se benefician de alimentos libres de pesticidas y fertilizantes sintéticos.
El uso de abonos orgánicos protege los ecosistemas terrestres, fomentando la regeneración del suelo y preservando la biodiversidad. Estas prácticas agrícolas sostenibles evitan la deforestación y la erosión del suelo, mientras que permiten el cultivo a largo plazo sin agotar los recursos naturales.
Este proyecto surge en respuesta a la problemática medioambiental derivada del uso de fertilizantes y abonos químicos, los cuales, tras una prolongada exposición, dañan suelos, contaminan el agua y afectan la calidad del aire. La propuesta radica en la producción de abonos orgánicos a partir de desechos vegetales, promoviendo la reutilización con el fin de enriquecer tanto los cultivos como el suelo donde se desarrollan. Esta iniciativa pretende ofrecer alternativas más sostenibles para el sector agrícola.
La innovación principal de este proyecto es la elaboración de abonos orgánicos a partir de residuos vegetales, los cuales cumplen con la misma función de los fertilizantes químicos, pero con el beneficio adicional de mejorar la fertilidad del suelo, respetando y cuidando el medio ambiente. Estos abonos permiten la sostenibilidad de los cultivos sin comprometer su rendimiento, aportando nutrientes que contribuyen al equilibrio ecológico.
Los abonos orgánicos tienen una historia de miles de años, donde antiguas civilizaciones descubrieron el valor de utilizar estiércol, compost y otros desechos naturales para mejorar la fertilidad del suelo. Estos materiales naturales no solo aportan nutrientes a las plantas, sino que también mejoran la estructura del suelo y promueven la biodiversidad.
El uso de abonos químicos se remonta al siglo XIX con el avance de la química agrícola. A lo largo del siglo XX, el desarrollo de nuevas tecnologías transformó la agricultura, incrementando la productividad, pero también generando impactos negativos en el medio ambiente.
Organoclorados (hidrocarburos clorados), son compuestos químicos sintéticos de amplio espectro, cuya propiedad más destacada es su alta estabilidad química, muy solubles en grasas e insolubles en agua.
Organofosforados (hidrocarburos clorados), son compuestos químicos sintéticos de amplio espectro, cuya propiedad más destacada es su alta estabilidad química, muy solubles en grasas e insolubles en agua.