¿Qué fue el movimiento de los ferrocarrileros?
El movimiento ferrocarrilero de 1948 - 1959, fue uno de los movimientos sociales más importantes en la historia de México. Los ferrocarrileros de base, de forma silenciosa y clandestina, organizaron lo que hoy se conoce como el movimiento ferrocarrilero que tuvo su auge entre 1958 y 1959, y tenía como fin combatir el charrismo sindical, expulsar a los líderes impuestos, demandar incremento salarial, recuperar su independencia política y reconquistar el espíritu de lucha obrera perdido en la década pasada.
Los antecedentes se remontan a el año 47´, el cual comenzó de la par de un proceso de denuncia por parte los obreros (más específicamente, los ferrocarrileros), hacia el STFRM (Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana) y la FNM (empresa de Ferrocarriles Nacionales de México); por esta razón, surgieron varios líderes con las intenciones de cambiar el panorama ferrocarrilero de ese entonces. Principalmente, se buscaba promover 2 estrategias: La depuración y la moralización, cuyos objetivos eran limpiar la corrupción y estructura anárquica del sindicato; además de mejorar las condiciones laborales, con aumento de salarios y mejor comunicación obrero-líder sindical.
Durante este periodo de tiempo, el sexenio (1946 - 1952) del presidente Miguel Alemán Valdés se encontraba en vigor; gobierno cuyas políticas económicas y laborales apuntaban a una dirección opuesta a los intereses de los trabajadores, entre algunas de las medidas que se implementaron:
Modernización de algunas empresas del sector paraestatal y despidos.
Control salarial.
Devaluación del peso.
Alza del costo de vida.
Estas condiciones causaron descontento de los trabajadores, que buscaban exhaustivamente cambiar las políticas internas del STFRM. La solicitud de aumento salarial revivió la tradición de lucha política del gremio ferrocarrilero, y generó el despertar de los líderes locales y nacionales. Tal fue el caso de Demetrio Vallejo, que en el 47 manifestó públicamente su inconformidad por los bajos salarios obtenidos y las agresiones que recibían sus compañeros por parte de las autoridades.
En este año la administración del gobernador Alemán destinó sus esfuerzos a incrementar el control y la represión, disminuir la influencia de la izquierda y combatir la independencia sindical; una tarea que se le facilitó en gran medida, por el descontento que había de los trabajadores hacia su organización sindical actual.
El 28 de Agosto de 1948, Jesus Díaz León, un títere del gobierno de Aleman, apodado “El Charro”, por su afición a la práctica; actúo en contra de Valentín Campa y Luis Gómez Z (ambos líderes sindicales del STFRM) , acusándolos ante la Procuraduría General de la República por un supuesto desfalco que ascendía los 226 000 pesos; algo, que no era más que una estrategia para destituir los puestos de Campa y Gómez en el sindicato, y vaya que le funcionó.
A partir del 8 de octubre, la policía del Distrito Federal inició la persecución de Gómez y Campa. Fue hasta ese momento cuando los ferrocarrileros comprendieron que las acciones asumidas por Díaz de León no eran solo acusar a dichos líderes, sino que en realidad lo que se pretendía era acabar con la línea comunista y la oposición en el sindicato y aumentar el control de este por parte del Estado.
El 13 de Octubre el Comité Ejecutivo General y el Comité de Vigilancia y Fiscalización del STFRM acordaron la suspensión temporal del secretario general Díaz, por “querer dividir al sindicato en complicidad con el gobierno”. Al día siguiente, Jesús Díaz de León, apoyado por el ejército y la policía, tomó por asalto las oficinas generales.
Para el 26 de octubre, Luis Gómez Z. y otros dirigentes del sindicato ferrocarrilero estaban ya en la cárcel, consumándose de esta manera, en trece días, el “charrazo” del gobierno alemanista.
El gobierno alemanista impuso nuevos líderes sindicales que atendieran a sus intereses, y no los de los trabajadores. Se encarcelaron a los antiguos líderes de sindicatos ferrocarrileros, a grandes rasgos, por delitos inventados. El control de las empresas sobre los trabajadores era más intensa, haciendo modificaciones contractuales que los forzaba a más horas de trabajo y suprimía divisiones. Dejaron de celebrarse elecciones sindicales, puesto que se imponían los líderes. Fomento de corrupción y desmoralización de los trabajadores, suprimiendo sus derechos y acallando disidencias.
Lo anterior, sumado a los diferentes movimientos en otros sectores laborales que se estaban llevando a cabo: movimiento tortuguista de 1954, el movimiento de las oficinas de Balderas en 1955 y el movimiento de la sección 15, en 1957. No fueron más que si un cóctel para encender la llama de la lucha por los derechos de los oprimidos ferrocarrileros.
Plan del Sureste.
Debido a que el comité ejecutivo del charro no atendió las peticiones de los trabajadores donde se solicitaba un aumento salarial de 350 pesos, y a cambio les ofrecieron una demanda de 200 pesos, la sección 13 de Matías Romero esbozó un plan de lucha que comprendía cinco grandes acuerdos:
Rechazar los 200 pesos propuestos por los dirigentes “charros” y el plazo de 60 días concedidos a la empresa.
Aprobar el aumento de 350 pesos acordado por la Gran Comisión Pro-Aumento General de Salarios.
Deponer al comité ejecutivo local y al comité local de vigilancia y fiscalización y elegir a los sustitutos.
Emplazar al Comité Ejecutivo General del sindicato a reconocer a los nuevos dirigentes y a exigir a la empresa el aumento de 350 pesos.
Designar una comisión para unificar a las secciones del sureste alrededor de estos acuerdos.
Los paros de junio de 1958.
De conformidad con lo acordado, ocuparon el edificio sindical de la sección 13 y dieron posesión al comité ejecutivo local por ellos elegido. El 11 de junio, la sección tomó un acuerdo más: si para el 25 de junio la empresa no había concedido los 350 pesos mensuales de aumento y el Comité Ejecutivo General no había reconocido al nuevo comité ejecutivo de la sección 13, los trabajadores iniciarían a las diez horas del día 26 un paro de labores de dos horas diariamente, hasta quedar solucionado el problema.
Con estos acuerdos de la sección 13, la lucha por el aumento salarial se transformó en lucha por la democracia sindical. En el marco del corporativismo sindical imperante, la democracia sindical se cargó de significado político y produjo dos de los rasgos más significativos del movimiento ferroviario: la participación masiva de los trabajadores y su inclinación a construir y sostener sus propios órganos de poder y representación sindical, paralelos al poder y a la representación institucional usurpados por el “charrismo” y el Estado.
A las diez de la mañana del día 26 de junio de 1958 el sistema ferrocarrilero quedó paralizado, se suspendieron durante dos horas las actividades de oficinas, talleres y trenes en camino.
El segundo paro se produjo el 27 de junio, con una duración de cuatro horas. Al mismo tiempo, comenzó el desmantelamiento del poder de los charros. En varias secciones, los comités ejecutivos locales fueron desconocidos.
El 28 de junio el paro fue de seis horas.
El 29 de ocho horas.
El 30 de diez horas. En este punto, el presidente de la República decidió intervenir de manera directa.
El primero de julio el presidente de la República y la representación de los trabajadores insurgentes acordaron un aumento de 215 pesos mensuales a 58 mil 578 trabajadores de los FNM y cien pesos mensuales para ocho mil 647 trabajadores jubilados, a partir de ese mismo día.
Los paros de julio y agosto.
Debe subrayarse que, para el primero de julio, en 22 de las 29 secciones había nuevos comités ejecutivos locales. Sobre esa base, la Gran Comisión resolvió desconocer al Comité Ejecutivo Nacional.
El 8 de julio, Samuel Ortega Hernández renunció a su puesto y lo cedió a Salvador Quezada Cortés. La maniobra, sin embargo, no fructificó. No impidió que se instalaran dos convenciones ferrocarrileras y que el 14 de julio la Convención Democrática eligiera a Demetrio Vallejo Martínez como nuevo secretario general, y que con esta decisión diera remate al proceso constitutivo de un órgano central de poder sindical paralelo.
El 23 de julio, el ejecutivo vallejista le comunicó a la empresa que si para las diez horas del día 26 de julio no reconocía al comité ejecutivo general y a los comités ejecutivos locales los ferrocarrileros pararían sus labores en todo el sistema ferrocarrilero. El 26 de julio, en efecto, los ferroviarios suspendieron por dos horas sus labores. El gobierno ofreció discutir. Se suspendieron los paros y se abrió un periodo de negociación de 72 horas. No hubo acuerdo. Los paros se reanudaron el 31 de julio. El 1 de agosto el paro fue de tres horas. El 2 de agosto el paro fue de cinco horas. El gobierno desató la represión sobre los ferrocarrileros en todo el país. Pero estos no se rindieron. Estallaron la huelga general. El 3 de agosto la huelga nacional siguió inamovible. El 4 de agosto el gobierno cedió, se abrieron las negociaciones. La huelga general siguió el día 5 de agosto. Para el 6 de agosto la batalla estaba ganada. El gobierno aceptó que se convocara a elecciones en un plazo no mayor de quince días.
Del 12 al 20 de agosto se celebraron las elecciones. El resultado de las mismas arrojó que el movimiento democratizador había triunfado. Las masas habían impuesto su voluntad al Estado y al capital. El 27 de agosto se llevó a cabo el cambio de dirección sindical. El nuevo Comité Ejecutivo del sindicato ferrocarrilero quedó conformado por Demetrio Vallejo, secretario general; Gilberto Rojo Robles, secretario de Organización y Educación; J. Antonio Meza Antúnez, tesorero; Lauro Bonilla Guzmán, secretario de Ajustes por Oficinas; J. Trinidad Estrada Castillo, secretario de Ajustes por Trenes; Jesús Rangel Maldonado, secretario general de Ajustes por Alambre; Antonio Sánchez R., secretario general de Ajustes por Talleres; José María Márquez, secretario general de Ajustes por Vía y Enrique Santos Gaona, apoderado general.
Ofensiva del Estado y derrota ferrocarrilera.
Para agosto, el Estado se dedicó a crear y organizar las condiciones necesarias para recuperar el control sobre el sindicato. Su política se orientó en tres direcciones:
a) Unificó a los “charros” en contra del ejecutivo vallejista.
b) Impulsó una intensa campaña de medios para crear una opinión pública adversa al sindicato ferrocarrilero .
c) Rompió el sistema de alianzas sindicales vertebradas por el movimiento ferrocarrilero.
Esta política del Estado tuvo éxito; para diciembre de 1958, entre sus logros estaban: organizar una oposición sindical “charrista” al interior del sindicato; crear la división en el comité ejecutivo nacional, romper el sistema de alianzas obreras de la insurgencia democrática y, mediante el sindicalismo oficial, controlar la eventual movilización de los trabajadores sometidos al sistema de dominación sindical.
En febrero de 1959 las revisiones contractuales fueron usadas por el Estado para aislar políticamente al sindicato. Apenas firmado el convenio el Estado, por medio de la empresa, inició una fuerte campaña de prensa en contra de la dirección y la organización sindical. Con la represión y la derrota ferrocarrilera de marzo de 1959 concluyeron, finalmente, siete meses de contrainsurgencia estatal.
Represión y consolidación del “charrismo”.
Después de tantas huelgas, el Estado despidió a los trabajadores más combativos, mantuvo encarcelados por años a los representantes sindicales fieles a su clase e hizo todos los esfuerzos necesarios para consolidar la reinstalación del “charrismo”.
El 28 de marzo se formó una comisión representativa, el “cuadrilátero”, que creó comisiones representativas análogas, es decir, “charras”, a fin de destituir a las representaciones sindicales foráneas y establecer su control. Para el 6 de abril, el “cuadrilátero” instaló la VII Convención General Extraordinaria del STFRM y el día 11 del mismo mes, la Secretaría del Trabajo reconoció oficialmente al nuevo Comité Ejecutivo Nacional.
Al retomar los charros el poder, los mecanismos de control obrero abolidos por la insurgencia ferroviaria fueron puestos en vigor nuevamente. Se autorizó a la empresa para hacer uso de la cláusula 180, que ponía en manos de ésta la facultad de suprimir puestos, reducir salarios, cambiar residencias y demás, sin tomar en cuenta a los trabajadores.
El ejercicio práctico de la democracia obrera en el STFRM transitó entonces de la represión a la reinstalación de la dominación corporativa, pasando por una resistencia obrera vencida. Esta fue una fase de transición que empezó en abril de 1959 y terminó en 1961. Fue un periodo en el que el Ejecutivo General presidido por Alfredo A. Fabela dominó con base en terror y represión: “agentes especiales”, despidos y supresión de derechos sindicales.
Un periodo en el que la resistencia de los trabajadores cobró vida en el Consejo Nacional Ferrocarrilero (CNF).
Y una vez que Luis Gómez Z. tenía más experiencia política, se encargó de dividir al Consejo Nacional Ferrocarrilero y colocó a la oposición obrera en una situación de impotencia durante el resto de la década de los sesenta.
Imagen de portada de Unificación ferroviaria, órgano oficial del Sindicato de
Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana, número 400, octubre de 1958.
El movimiento ferrocarrilero de 1958–1959 abrió con su movilización el debate sobre problemas de índole sindical, algo muy común en nuestros días; y estableció, de hecho, la posibilidad práctica de la superación positiva del gremialismo del movimiento sindical y de su desarrollo político, recordándonos que una clase social dominada sólo puede ser dominante a condición de convertirse en Estado político.
La importancia del análisis de este tema, radica en que es de vital importancia conocer los procesos que se llevaron a cabo, los procesos de nuestra historia que podríamos considerar precursores de los derechos humanos y, al fin y al cabo, catalizadores del nivel en el que se encuentra nuestra sociedad. Tuvieron que hacerse sacrificios para imponer estándares dignos de condiciones laborales; sacrificios que, de no aprender sobre ellos, entender el contexto que las rodea y exigir que se cumplan los derechos por los que tanto se pelearon, serán sacrificios hechos en vano.
radio mexico internacional. (2019, 13 junio). 60 años del Movimiento Ferrocarrilero. RMI. https://www.imer.mx/rmi/60-anos-del-movimiento-ferrocarrilero/#:~:text=El%20movimiento%20ferrocarrilero%20de%201958,combati%C3%B3%20ardientemente%20al%20charrismo%20sindical.
A 60 años del movimiento ferrocarrilero de 1958-1959: balance y perspectivas. (2019, septiembre). mirada ferroviaria. https://www.miradaferroviaria.mx/a-60-anos-del-movimiento-ferrocarrilero-de-1958-1959-balance-y-perspectivas/
Domínguez Nava, C. (2017, 22 septiembre). LA FUERZA DE LOS FERROCARRILEROS. Relatos e historias en México. https://relatosehistorias.mx/nuestras-historias/la-fuerza-de-los-ferrocarrileros