La religión permeó en todos los ámbitos de la sociedad novohispana, además del político y el económico. Si los fenómenos naturales o el desarrollo político y económico eran atribuidos a fuerzas divinas en el México prehispánico, durante la Colonia estas situaciones también eran atribuidas a la voluntad de Dios.
La población de todos los estratos sociales de la Nueva España expresaba su religiosidad al asistir a misa, participar en peregrinaciones, expresar su devoción a las imágenes y contribuir de forma voluntaria con la iglesia, independientemente de sus obligaciones.
Todas las órdenes religiosas se preocuparon no sólo por difundir la fe entre los índigenas, sino también por el bienestar de éstos. Así, la orden franciscana sobresalió en la fundación de hospitales; en tanto que los dominicos construyeron conventos y escuelas de oficios; mintras que los agustinos crearon orfanatos, y los jesuitas, instituciones educativas.