Publicado septiembre 27, 2026
MUTACIÓN DE LA ESCALA
Pedro Luis Ferrer Montes
Siendo niño, presencié el accionar espontáneo de una muchachita avispada —hermosa y zalamera—, que usaba hábilmente el atractivo de su figura femenil para acaparar la atención. Se esmeraba en inculcar muy sutilmente en sus acólitos, ideas desfavorables sobre las personas que no eran de su agrado. Había seleccionado certeramente un ramillete de aduladores que eran propensos al chisme. También los utilizaba para ensalzar a sus afines.
Una verdadera maquinaria para orientar la opinión. En pocas horas, sembraba en las cabezas de sus chismosos —a manera de «secreta confidencia»— cualquier mentira degradante contra su objetivo. Así, pronto comenzaba a circular en el pueblo la ponzoña de su cosecha. Lo cual utilizaba para darle visos de veracidad a su comentario discreto: —Viste, parece que es cierto: cuando el río suena…
En mi adolescencia habanera, a nivel de barrio y en la escuela secundaria, detecté gente similar. Nunca fui propenso a andar en manada, pero desde afuera percibía los líderes manipuladores que inculcaban criterios y valoraciones a sus aduladores afines. Cada nombrete, estigma, historia que echaban a rodar para desacreditar a cualquiera que se les atravesaba. Podían dejar sin concurrencia tu fiesta de cumpleaños con solo echar a rodar una «bola degradante».
En el tiempo que nos toca vivir hoy, cuando el mundo es más pequeño debido al desarrollo de la comunicación, y cuando una parte considerable de la expresión la ejercen las máquinas que simulan al ser humano, bajo el influjo de algoritmos y bots (robots), resulta menos evidente el arte de la manipulación. Pero siguen y proliferan los líderes que inculcan la opinión, que aúpan o degradan el prestigio, que multiplican masivamente con sus humanoides los likes y comentarios en las redes según su conveniencia. Hay «granjas de bots» suplantando el sitio del ser humano, que opinan y apoyan lo que conviene a alguien.
El problema no es la Inteligencia Artificial (concentración de la inteligencia humana), sino lo que hacemos con ella. No es el átomo, sino el uso que le damos. No es el alimento, sino cómo lo producimos y distribuimos.
En resumen, la tecnología muta la escala de la manipulación, pero no le cambia su naturaleza humana.
Florida, agosto 24 de 2026