Dice José Carlos Ruíz, filósofo, que uno de los grandes fracasos de nuestra época es haber reducido el pensamiento a categorías temporales ligadas a la productividad. En este marco, cualquier actividad o reflexión que no esté orientada a “producir más” se percibe automáticamente como una pérdida de tiempo.
Defiende este autor que las agendas llenas, las listas interminables de tareas y una presión continua por “aprovechar el tiempo” forman parte del día a día. Nos preguntamos a la hora de decidir si hacemos una cosa u otra: “¿esto me renta o no me renta?” (en lenguaje juvenil actual). De manera que elijo realizar una tarea o la rechazo en función de la rentabilidad que me proporciona y del provecho propio que obtengo. Formamos parte de una sociedad consumista, en la que todo se compra, se usa, se tira – y que genera constantemente “descartados” (en expresión del Papa Francisco) -, Cristos abandonados a los que hay que dar voz, esperanza, escucha.
El ser humano contemporáneo se ha vuelto “pobre de tiempo y de ser y no queda sino recuperar tiempos dilatados, pacientes, ajenos a la urgencia digital” (Byung Chul Han). ¿Cómo hacerlo? ¿No será ayunando de prisas, de egoísmos, para salir al encuentro del otro en gratuidad?
Lo gratuito tiene que ver con lo que es gratis, con lo que no se compra ni se vende, porque vale tanto que no tiene precio. Es hora de “perder el tiempo”, para salir de uno mismo y poner el centro en el otro. Y descubriré que, si no trato de hacer un buen negocio, sino que busco el bien ajeno, ¡al final resulta que saldré ganando! Porque somos seres sociales, que crecemos en comunidad, y que al darnos no hacemos sino recibir y recibir…
Fernando Gálligo, sj
Pastoral sj
¿Eres libre para servir? ¿El servicio forma parte de tu vida?