"Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador", Lc. 1, 46-47
"Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador", Lc. 1, 46-47
12 diciembre 2024
María se levantó y se dirigió apresuradamente a la serranía, a un pueblo de Judea. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre; Isabel, llena de Espíritu Santo, exclamó con voz fuerte:
—Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Mira, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura dio un salto de gozo en mi vientre. ¡Dichosa tú que creíste! Porque se cumplirá lo que el Señor te anunció.
Lc. 1, 39-45
Después de recibir el mensaje del ángel, María no se quedó quieta, ensimismada. Viajó. Salió al encuentro de su prima Isabel, que también estaba embarazada, realizando un trayecto de unos tres o cuatro días de camino. El ángel no le había mandado visitar a su prima, fue María quien, alegre, llena de ternura, decide ir a su encuentro. María nos invita, por tanto, a descubrir a Dios donde no es evidente.
¿A qué me invita María este Adviento? ¿Cómo puedo salir al encuentro de quien me necesita?