Estoy aprendiendo a valorizarme, sé que suelo tener algunas palabras y pensamientos no buenos, en estos tiempos tan difíciles.
Estar en cuarentena me fue muy difícil la primera semana, solamente hoy disfruto y tengo mi mesa de living, solo para mí, con la literatura de Nar-Anon .
Unos días más, otros menos
Voy descubriendo valores innatos en mí.
Una compañera querida de Nar-Anon, en una charla de cómo acepté y me entregué al programa de recuperación, aplicándolo a todo en mi quehacer diario , en mi familia en mi trabajo .
Estar sola todo el tiempo, hace que busque en mí y no en mi exterior.
Hoy por hoy, estoy viendo mi persona de otra manera.
Tuve una mirada a mi interior con la historia de mis padres, muy diferente de mí, primera vez que escribí el cuarto Paso y un cambio en mis sentires distinto.
Este mes de marzo, tan atípico, lo viví en reflexión, sola, y encontré aspectos en mi interior muy distintas. Mi hija se sorprendió con un comentario y me dijo: " No sabía que esto lo vivías con tanta carga. Quiero que me cuentes todo.”
Luego del primer relato, me pide que le cuente la otra parte.
Ese interés que nunca sentí, porque nunca hablé con el corazón, ay Dios cuanto le voy a deber a la cuarentena.
Un tiempo muy profundo para mi crecimiento.
Y esto me llena de serenidad. Y me permite vivir el día a día, feliz, jugando alguna vez con los nietos por medio de la tecnología, conectándome y dialogando con mi nieta de18 años: increíble.
Bueno, esto está pasando con mi interior, y asombrándome con el exterior, adaptándome a las plataformas y agradecida a mi Poder Superior y a mi valorado y amado programa de Nar-Anon que a través de sus principios logré una libertad de pensamiento, sentimientos y acción. Tan feliz de ser una mujer libre, independiente y sin mandatos,
( Anónimo 2021)
Todos sabemos que en Nar-Anon no es fácil conseguir servidores y no es porque no sean aptos para llenar los zapatos de aquellos miembros que ya cumplieron su tiempo de servicio; esto se debe a varias causas entre ellas:
Falta de tiempo para realizar el servicio,
Falta de conocimiento del programa y de herramientas virtuales,
Y posiblemente falta de disciplina para comprometerse a realizar una labor que requiere responsabilidad, orden y templanza.
Todas estas razones son muy validas y respetables, pero me pregunto: ¿Acaso los servidores actuales de Nar-Anon no tuvieron esos mismos obstáculos y probaron y vencieron las dificultades y hoy se sienten felices y aliviados de haberle ganado al miedo?
Yo pensaba que no tenía tiempo para invertir en la causa de Nar-Anon, estaba enfrascada en asuntos familiares que realmente no me correspondían, los cuales me dejaban exhausta y sin tiempo para pensar, mantenía con la mente nublada como resultado de los problemas con el adicto. Tomé un servicio en Nar-Anon por las causas equivocadas para escapar de la disfuncionalidad de una relación tóxica y entretener mi mente y no pensar en mi sufrimiento y falta de paz mental. Creo que fui motivada por mi Poder Superior, acción que me salvo la vida.
Como todos llegué a Nar-Anon ignorando todo acerca del programa, lentamente fui adquiriendo literatura y buscando respuestas en ella, en este punto ya no quería complacer al adicto, estaba buscando escapar del yugo emocional en el que estaba, Nar-Anon me abrió una puerta y pude escapar por ella. La literatura fue quitando esa niebla mental y mis pensamientos comenzaron a enfocarse en como servir a la confraternidad y soltar al adicto. Todo esto me causaba mucho miedo, pensaba que no podría cumplir con el trabajo asignado y que la tecnología me ganaría la batalla. Hoy puedo decir que he tenido muchas victorias después de varios años en el servicio, pero todavía tengo muchas otras que alcanzar.
Un principio de Nar-Anon que me encanta es la “disposición”, cuando me DISPONGO a cumplir, la disciplina aparece milagrosamente, mi mente ordena, clasifica y prioriza actividades y tareas y mi Poder Superior me otorga de la cordura necesaria para equilibrar mi vida entre las responsabilidades con la familia, Nar-Anon y el trabajo diario.
Encontrar servidores en Nar-Anon sigue siendo difícil, considero que la disposición es un factor importante para considerar si quiero entrar en la estructura de servicio de Nar-Anon, cuando me dispongo y conozco mis limitaciones, no tomo las sugerencias como agresiones, las tomo como una vía para lograr cometidos por un camino más corto y fácil, lo importante en el servicio no es saberlo todo, es tener la buena voluntad de llevar a cabo las tareas de una forma ordenada, con receptividad para aprender nuevas formas de hacer las cosas y así lentamente voy encontrando mi nicho en el servicio en Nar-Anon.
Cuando llegué a Nar-Anon me encontraba en un deprimente estado de desesperación, cargada con todos los problemas de mis hermanos y los míos propios, mi vida no tenía otro sentido más que el estar pendiente de los demás buscando la manera de solucionarles sus vidas, creía que era mi responsabilidad y por tanto debía asumir todas las consecuencias de sus actos. Aparentemente lo hacía con rabia, pero en el fondo sentía la obligación de permanecer allí, creyendo con esto tener control sobre mi familia.
La impresión más grande al llegar por vez primera a una reunión de Nar-Anon fue cuando me dieron la bienvenida, personas serenas que me decían: ha llegado a un lugar seguro, donde aprenderá que las penas y sufrimientos no son suyos, que el apropiarse de las vidas de los demás no es correcto y que es momento de cambiar el estilo de vida, de empezar a vivir de manera diferente, sin ataduras, con amor propio y sobre todo con el amor de Dios. Este recibimiento marco rotundamente mi proceso de recuperación, porque luego de escuchar las experiencias de los compañeros, percibí que contaban mi historia personal, con diferentes actores y circunstancias, pero las mismas vivencias dolorosas a causa de los efectos de la adicción. También describían las locuras que cometieron al luchar contra ese rival que no tenía forma ni justificación y con el cual decidieron tirar la toalla y hacerse a un lado, me sentí supremamente identificada y atraída por la curiosidad de profundizar acerca de esta propuesta que se me brindaba, así que opté por quedarme.
El asistir permanentemente a las reuniones y sentirme acogida por ese abrazo fraternal que me regalaban cada semana, fue creando en mí esa confianza que me inspiraba a compartir; en ese entonces mi dolorosa vivencia, me sentía escuchada con respeto y nunca nadie me juzgó y me tachó de mala hermana; cómo lo hacían fuera del salón de mi grupo, en mi barrio, en mi casa, en Nar-Anon sólo era un miembro que necesitaba apoyo y esa mano amiga que me guiará con una palabra de aliento, con una experiencia que ha superado y encontrado la paz y serenidad en el caos.
Después de algún tiempo entendí el porqué del comportamiento de mis compañeros, ellos daban de lo que habían recibido y lo hacían con amor desinteresado, sin importar si eran bien retribuidos o no, su único objetivo era compartir la tranquilidad encontrada en Nar-Anon y lo realizaban a través del servicio. Fue entonces cuando comprendí que el servir era la capacidad de darse a los demás sin involucrarse o sea sin esperar nada a cambio, todo lo contrario, a la concepción de servicio que traía, pues creía que era a mí a quién tenían servir y que si yo lo hacía debían agradecérmelo.
Nar-Anon me enseña que servir es un regalo que debe recibirse con humildad; fue así como empecé a dar pequeños pasos en el servicio y me sentí tan gratificada que quise seguir haciéndolo cada vez con más esmero y gratitud. Llamaba grandemente mi atención la forma en que en el salón de reunión alguien preparaba el café; llegaba temprano ponía a hervir el agua, lo cernía y servía a los participantes, la alegría con que compartían ese tinto y cómo lavaban las tasas y las organizaban con tanta sencillez y cariño. Esta actitud inspiró a mí el deseo de prestar el servicio del café y me propuse para hacerlo, todos lo agradecieron y la semana entrante llegué anticipadamente, con un talego lleno de pan, dispuse lo necesario y ensaye preparar el café; que por cierto parecía aromática porque yo nunca lo había hecho para personas distintas a mi familia. Qué vergüenza, sin embargo, los compañeros decían: «¡qué bueno está!, no se preocupe está delicioso». Durante mucho tiempo, apenas tenía la oportunidad me ofrecía para compartir el café, aunque sabía que siempre me quedaba feo, pero lo hacía con tanto aprecio y con tan buena voluntad que no reparaba en que tal vez no fuera agradable al gusto.
Al pasar el tiempo las personas que me recibieron dejaron de asistir y había necesidad de quién coordine las reuniones y Dios me dio también esa oportunidad, fue grandioso porque ahí empecé a escuchar verdaderamente y a tomar muy seriamente la responsabilidad y el compromiso de servir a quienes llegaban a Nar-Anon pidiendo ayuda, comprendí que los compañeros del grupo y más aún los recién llegados necesitaban encontrar un coordinador que sepa transmitir un mensaje de recuperación, que demuestre con su vida que sí hay una mejor forma de vivir y que el programa sí funciona, entonces me adentre en el estudio de la literatura de la Guía de Servicios Locales y vi que era fundamental un trabajo consciente de los Pasos Tradiciones y Conceptos, lo cual me permitió conocer cuál es el propósito de la Confraternidad y aplicar todo este aprendizaje en el servicio.
En el año 2014 se realizó la Sexta Convención Región Colombia en mi ciudad, no importaba el tiempo, los recursos, la inclemencia del clima, Inclusive la apatía de algunos, lo primordial era servir, cotizando, buscando, realizando IP en instituciones educativas, de salud y autoridades locales, dejando afiches y volantes en emisoras de radio y televisión, esta fue una experiencia tan gratificante y motivante que desde ahí ha sido imposible negarme a poner mis capacidades al servicio de Nar-Anon. Confieso que mi disponibilidad tiene cierto dejó de egoísmo o interés de mi parte, porque el servir me ha permitido crecer en mi recuperación, ya no soy ese ser que todo lo hago para que me lo agradezcan o reconozcan, pero sé que prestar un servicio redunda en bendiciones para mí y me ayuda en el proceso de recuperar la serenidad y la paz que no sé en qué momento de mi vida perdí.
Servir para mí es sonreír amablemente, escuchar, compartir mi experiencia, brindar apoyo a quien lo necesita, saber callar y hacerme a un lado cuando es necesario y sobre todo es poner al servicio de los demás mis capacidades, siempre llevando con ello un mensaje de fortaleza y esperanza, es lo que recibido de Dios a través de Nar-Anon y es lo que ha permitido que mi vida cambie notablemente. Hoy después de largos años de librar grandes batallas contra mis defectos y apegos a situaciones y a personas que me hacían daño, puedo decir que el servicio me ayudó a desprenderme con amor y a sentir satisfacción por lo que otros logran pesar de sus circunstancias.
Claudia
Grupo Volviendo a Vivir