El presente proyecto de investigación no solo nos ha permitido documentar la grave crisis de mortandad del pino carrasco en nuestro entorno, sino que ha servido como motor de acción para transformar nuestro instituto en un espacio más preparado frente al cambio climático.
Tras el análisis de los datos obtenidos y las prácticas realizadas en el laboratorio, podemos extraer las siguientes reflexiones finales:
Evidencia del Colapso: La pérdida de ejemplares en nuestro centro es un síntoma local de un problema global: la desertificación. Como hemos demostrado, esto no solo afecta al paisaje, sino que rompe el equilibrio de la biodiversidad y aumenta nuestra vulnerabilidad térmica y sanitaria.
La Ciencia como Herramienta: Gracias al asesoramiento del CEBAS-CSIC y la colaboración de OdinS, hemos aprendido que la tecnología y la investigación (como la determinación de nitratos o el monitoreo del estrés hídrico) son fundamentales para tomar decisiones basadas en datos y no en suposiciones.
Acción y Resiliencia: No nos hemos limitado al diagnóstico. Las propuestas de mejora —como el uso de acolchado (mulching), la renovación de especies más adaptadas y la optimización del riego— demuestran que existen soluciones viables para reducir nuestra huella hídrica y mejorar la salud de nuestros suelos.
Colaboración Multidisciplinar: Este proyecto ha demostrado que la sostenibilidad es un esfuerzo colectivo. La unión de alumnos de diferentes niveles (1º, 3º, 4º de ESO y Bachillerato Internacional), profesores de distintos departamentos y expertos externos es la única vía para alcanzar metas ambiciosas como las marcadas por los ODS 13 y 15.
En definitiva, este trabajo es un punto de partida. La Semana Innova y las charlas de sensibilización son el altavoz necesario para que toda la comunidad educativa entienda que cuidar nuestro huerto y nuestros árboles es, en última instancia, cuidar de nuestra propia salud y futuro.