Dejamos huellas en quienes nos rodean, pero con el tiempo, incluso las más marcadas se terminan desvaneciendo.
Llega un momento en que ya no queda rastro. Todo lo que fuimos se eleva, lejos, hasta perderse por completo.
Las sombras son lo único que sobrevive cuando los rostros y las voces se desvanecen. Un reflejo de lo que fuimos, proyectado por última vez antes de desaparecer.
Mientras la memoria falla, quedan trazos, colores y formas que intentan sostener. Si escondemos nuestra verdadera identidad, esta puede llegar a desvanecerse.
Estar no siempre significa ser visto. a veces, nos convertimos en una sombra que se mueve sin ser percibida.
Antes de desaparecer en la memoria de alguien, nos aferramos, buscando una señal de que aún existimos en su mundo.
Un mensaje, una pregunta silenciosa, un eco de lo que una vez fuimos en la vida de alguien.
No se exactamente lo qué hizo que mi mente te trajera de vuelta hoy. Tal vez una canción, un aroma perdido en la brisa, o simplemente el ritmo impredecible de la memoria. Lo cierto es que, sin previo aviso, tu recuerdo apareció, cálido y nítido, como si el tiempo nunca hubiera pasado.
Cada segundo que pasa es un paso más hacia el olvido. Sin nadie que lo detenga, el tiempo se lleva todo.
Algunos nombres se escriben en piedra, otros solo quedan en el aliento de quienes los mencionaron alguna vez.