Historias de nuestro centro, narradas por los propios personajes que la vivieron en primera persona: docentes, alumnado, familias, personal laboral...
JUAN A ZAMBRANO GONZÁLEZ. Director del IES López de Arenas( 1988-1991) (1996-1999)
Cuando llegué por primera vez al IES López de Arenas de Marchena en septiembre 1984, supe que este lugar marcaría mi vida. La educación siempre ha sido mi vocación, un camino que elegí con la convicción de que podía contribuir al crecimiento de las nuevas generaciones. Cada día en el aula reafirmo ese compromiso y me recuerda que enseñar no es solo transmitir conocimientos, sino también inspirar, formar ciudadanos críticos y abrir puertas a nuevos horizontes. Como decía Nelson Mandela: “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo.”
Educar es un acto de transformación, de confianza y de construcción. No se trata únicamente de memorizar datos, sino de desarrollar el pensamiento, la capacidad de análisis y el deseo de aprender. A lo largo de mi carrera, he visto cómo la educación cambia vidas, cómo despierta vocaciones y permite a los jóvenes descubrir su potencial. Por ello, cada clase debe ser más que una lección: debe ser una experiencia, un espacio de intercambio de ideas y crecimiento mutuo. En el aula, no solo enseño, sino que también aprendo de mis alumnos/as: sus inquietudes, su creatividad y su forma de ver el mundo me han enriquecido enormemente.
A lo largo de los años, he trabajado junto a mis alumnos/as en proyectos que han traspasado los límites del instituto. La investigación y la innovación han sido claves para fomentar el espíritu emprendedor y despertar el interés por la ciencia, la tecnología y la creatividad. Gracias a su esfuerzo y dedicación, hemos llegado a doce finales de los Certámenes Nacionales de Jóvenes Investigadores (Primeros Premios en Cáceres y Oviedo; Segundo, Tercero y Accésit en Mollina-Málaga-Ministerio de Educación) donde han demostrado su capacidad de innovar, experimentar y proponer soluciones a problemas reales. En el año 2000, tuvimos el honor de representar a España en el Nobel Junior, de Estocolmo un logro que marcó un antes y un después en nuestra trayectoria y reforzó nuestra convicción de que la educación es la llave del progreso. Como decía Albert Einstein: “El espíritu de la escuela no debe ser el aprendizaje de muchos hechos, sino el entrenamiento de la mente para pensar.”
Pero más allá de los premios y reconocimientos, el mayor logro ha sido ver a mis alumnos crecer y convertirse en adultos con una visión crítica del mundo. La educación tiene el poder de cambiar vidas, de abrir puertas que parecían cerradas, de dar oportunidades a quienes necesitan descubrir su potencial. No es solo un proceso académico, sino también un viaje personal que define el carácter y las aspiraciones de cada estudiante. He visto cómo la confianza en sí mismos se fortalece con cada logro, cómo la curiosidad se convierte en descubrimiento, cómo la disciplina se transforma en éxito.
El esfuerzo constante nos ha permitido obtener premios como el Primer Premio de las Escuela de Negocios IESE de Madrid, Primer Premio Inoplay, distinciones en Patrimonio Tecnológico, Premios en proyectos de investigación de la Junta de Andalucía, Premios en Concursos en Jovemprende y Emprendejoven y crea una Empresa desde la escuela como Macelca Coop And. Estos logros reflejan el compromiso de nuestros /as alumnos/as y docentes con la excelencia, la creatividad y el deseo de aportar nuevas ideas al mundo. Todo esto ha contribuido a que el instituto fuera nombrado Instituto Emprendedor del Año en 2021, un reconocimiento por parte de la Junta de Andalucía, que nos llena de orgullo y nos impulsa a seguir innovando. Junto a otros compañeros/as, hemos logrado premios de buenas prácticas educativas Joaquín Guichot en la categoría de innovación educativa, reforzando así nuestro compromiso con una enseñanza moderna, activa y en constante evolución. Como dijo Benjamín Franklin: “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo.”
Sin embargo, el verdadero impacto de la educación no se mide en trofeos ni en diplomas, sino en la transformación que genera en cada estudiante. Me gusta pensar que la enseñanza es una semilla que germina a lo largo del tiempo, que cada idea sembrada en el aula florece en nuevas aspiraciones, en nuevos caminos, en nuevos sueños. La educación es el puente entre el presente y el futuro, entre la posibilidad y la realidad. Es la herramienta que nos permite construir una sociedad más justa, más creativa y más comprometida con el conocimiento y el progreso.
Por eso, cada día que entro en el aula, lo hago con la certeza de que la educación es el mayor legado que podemos dejar. No se trata solo de aprender, sino de construir, de cuestionar, de imaginar y de atreverse a cambiar el mundo. La enseñanza no es solo una profesión, es una misión que se perpetúa en cada estudiante que se atreve a ir más allá de los límites y construir su propio futuro.
Por ello, teniendo un recuerdo muy especial para los compañeros/as y alumnos/as que se quedaron en el camino, me gustaría terminar la frase de Göethe, que mi querido amigo Sevillano y yo creíamos para impulsar a nuestro INSTITUTO, con mayúscula López de Arenas: “El Horizonte se mueve, si tú te mueves”.