Estimadas/os,
Con gran orgullo y satisfacción le comento que nuestro Estudiante Agustín Bacigalupo de IIIºC es uno de los 10 ganadores del "Concurso Nacional de poesía Juvenil Pablo Neruda 2025", con su poesía titulada "La cena".
Este concurso premia los mejores poemas de Chile, con un jurado de excelencia, integrado este año por la Premio Nacional de Literatura, la poeta Elvira Hernández, y los destacados poetas Javier Bello y Jaime Pinos.
La ceremonia se realizó el MIÉRCOLES 29 DE ABRIL, a las 17.00 horas, en la Casa Central de la Universidad de Chile, Salón de Honor.
"LA CENA"
vemos la hoja
que pegó el profesor
y me dicen que es
mi continente
y yo
me río de las letras
me burlo con los colores
mi parte de la hoja
(angosta y muy larga)
la pintaron de un color
que no me gusta
a veces la miro de lejos
y es verde
cuando estoy cerca
es roja
y yo quiero
que sea azul
entonces voy a la pared
y cuando nadie me ve
con los dedos
la corto
y me la como
Agradezco, genuinamente, la consideración y el reconocimiento de la Fundación
Neruda y quisiera saludar, primero que todo, a mi familia y cercanos, que están aquí
por orgullo y no por complacencia. También a los jóvenes poetas que junto a mí han
obtenido el reconocimiento, y a la poeta Elvira Hernández y los poetas Jaime Pinos
y Javier Bello, quienes en su aporte a la poesía chilena contribuyen de paso, a
formar a poetas chilenos.
Hablar de Neruda me parece casi obligatorio, pero igualmente complicado. Sería
poco genuino de mi parte sumar palabras a ese coro de elogios que ya se han dicho
antes y mejor. No me malentiendan, la obra de Pablo Neruda me toca tanto como
puede tocarle a un chileno y a un latinoamericano, que no siempre son lo mismo. A
lo que voy es que está, y estará ahí por mucho tiempo, es inevitable, pero seguir
hablando del Canto General es un despropósito mayúsculo; ¿Hay algo que no se
haya dicho antes?
Sobre el poema, puedo decir que el jurado supo encontrarle bondades que yo no.
Que entre los pensamientos clásicos a la hora de volver a corregir este poema
estaba el todo esto sobra y quizás sea ese el único pensamiento válido cuando se
corrige poesía. Pero sin lugar a dudas puedo decir que quiero a mi pequeño poema,
que lo he sabido querer. Y que él y yo estamos muy agradecidos.
No tenemos talento, es que / no tenemos talento, lo que nos pasa / es que no
tenemos talento
Dice Gonzalo Rojas en un poema genial llamado Rimbaud, y que me devuelve a los
libreros que entre voces atacadas y muecas de espanto me corregían varias veces,
con el mismo tono; Gambó, no Rimbaud.
Estas correcciones sirvieron a la inversa y me hacen hoy, por ejemplo, irritarme
automáticamente cuando alguien pronuncia correctamente a los franceses.
Por ese entonces entendí lo que muchos habían entendido a mi edad. Sucede que
por ser joven, estás atado por error a una desventaja contradictoria. No se puede
renovar si no eres tomado en serio –la mayoría de las veces, por uno mismo– y no
se pueden explotar los clichés contemporáneos, que hoy además podemos
simplificar grotescamente en quedarse sin señal o en su defecto, sin batería.
Nuestro caso es el de una enfermedad que se quita con los años, pero que avanza
en la forma de un agresivo cáncer de rebeldía y su metástasis se traduce en una o
dos vergonzosas crisis de pánico ante la palabra futuro.
Adoptamos cómo leitmotiv un futuro mayor que nuestra realidad actual, que es
desde toda perspectiva adolescente, esencialmente pesimista. Escribimos como
una forma de acceder al futuro, conscientes de que en el momento en que
escribimos nos convertimos en pasado. Conscientes, espero, de que no es la
permanencia lo que debe ser perseguido.
La poesía entonces se transforma para los jóvenes en un ejercicio de miradas. De
miradas hacia adentro y hacia afuera con menor o mayor grado de profundidad. De
apuestas –en las que sabes que vas a perder– conducidas por una mirada de
sospecha permanente, en nuestro caso. De permanente vigilancia ante cualquier
cuestionamiento, de blindaje intelectual y emocional contra un librero que corrige la
pronunciación. Y por supuesto, de pensar en el futuro. No en el futuro de la literatura
chilena y ni siquiera en el de nuestra literatura, sino en el futuro inmediato de
nuestras propias vidas.
Sé que más de uno aquí está ad portas o ya ingresó a la universidad y de esa
incertidumbre no se puede huir. No podemos dilatar el tiempo o retrasarlo con
poemas. No sé tampoco si podamos incrustar el mundo en una obra ni explicar las
contradicciones de la existencia. Podemos, sin embargo, seguir intentando, y seguir
escribiendo, que en este punto se convierten en la misma cosa..
La incertidumbre humana es la más bella de las incertidumbres.
La fragilidad humana es la más bella de las fragilidades.
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