El Hno. José Luis Guerrero Flores nació el viernes 2 de octubre de 1942 sus padres fueron Dn. José Guerrero Barreiro y Doña María Magdalena Flores Ramírez. Sus hermanos fueron Agustín, Ricardo, Fernando, Rosario y Celinda.
El fue llamado por Dios nuestro Padre en Guadalajara Jal. El sábado 28 de septiembre de 2024.
Palabras que el Hno. Carlos Manuel Castañeda Casas, Vtr, pronunció en la misa en que se celebró la Pascua del Hno. José Luis Guerrero Flores.
Recordemos el himno del Eclesiastés (Ecl 44,1-15), que es una alabanza de los siervos de Dios. Elogiemos a los hombres ilustres, a nuestros antepasados según su orden. El Señor los colmó profusamente de gloria en los tiempos antiguos.
Unos ejercieron el gobierno, se hicieron famosos con sus hazañas; otros fueron prudentes consejeros y expresaron anuncios proféticos. Otros guiaron al pueblo con consejos, con su ciencia del saber popular y sus sabias máximas de enseñanza. Otros compusieron melodías musicales y escribieron narraciones poéticas. Otros fueron ricos y poderosos y vivieron en paz en sus hogares. Todos fueron honrados en su tiempo y alabados durante su vida. Algunos dejaron tanta fama que todavía se los cita con elogio. De aquellos que fueron hombres de bien, sus buenas obras no pueden ser olvidadas. La herencia de bondad que ellos dejaron se perpetúa en su descendencia. Sus descendientes siguen fieles a la Alianza, y por ellos también sus hijos lo serán. Su linaje durará para siempre y su gloria nunca morirá. Sus cuerpos reposan en paz y su nombre vive de edad en edad
Los pueblos celebrarán su sabiduría y la asamblea anunciará sus alabanzas. Hermano José Luis, querido hermano, querido amigo. Muchos lasallistas, toda tu familia, tus hermanos, estamos unidos hoy para dar gracias a Dios por tu vida y por tu vocación. Unos aquí, en la capilla de tu comunidad de Guadalajara. Muchos a la distancia, unidos, dando gracias a Dios por una vida de entrega, lamentando tu partida, dando gracias porque hoy recibes el ciento por uno prometido por el Señor Jesús, el maestro a quien seguiste desde tus tiernos 12 años, cuando llegaste al aspirantado menor, aquí en Guadalajara, un 4 de noviembre de 1954. Año y medio después, ibas al Aspirantado de Tlalpan.
Bonito testimonio del Hno. Enrique González, quien recuerda aquel tiempo: Con el Hno José Luis Guerrero, “Guerris”, como coloquialmente y con cariño le decíamos, tuve la oportunidad de coincidir en nuestra etapa inicial de formación; siendo ambos adolescentes en el Noviciado Menor (Aspirantado) de Tlalpan, en la ciudad de México.
Ya desde entonces le caracterizaba su curiosidad intelectual y dedicación al estudio, su responsabilidad y buen trato con todos, su temperamento tranquilo le facilitaba esa relación personal amistosa. En el trato con el gran “Guerris” le reconocí siempre su autenticidad, su agudeza de pensamiento, su interés de cultivarse intelectualmente, su capacidad de análisis, su fidelidad a sus principios, su congruencia, su sentido religioso, su espíritu de justicia. Cualidades y virtudes que supo desarrollar y que son un ejemplo y a la vez aliciente para nosotros en la misión que El Señor nos confía. A propósito de esta etapa, comparto que el origen del apelativo “Guerris” se remonta a ese tiempo. Dice el Hno. David Macías que fue en el Noviciado Menor de Tlalpan porque uno de sus compañeros de generación se apellidaba igual, sólo que era de constitución física robusta, en tanto que José Luis era delgado y más bien débil; para distinguirlos surgió lo de “Guerris”. Hiciste tu escolasticado en Coyoacán a partir de 1960 y ya en 1963 y hasta 1967 te vemos en tu primera comunidad, en Lagos de Moreno, Jalisco, como maestro de sexto de primaria, titular de 1 y 2 de secundaria e Inspector, como se le llamaba en aquel tiempo a los coordinadores.
De aquel tiempo, un testimonio del Hno. Juan Ignacio Alba. Conocí al hermano José Luis cuando llegó a Lagos. Muy dedicado a su clase y atento a sus alumnos. Siempre fue organizado y para mí un excelente hermano Posteriormente, trabajó en San Juan de los Lagos, siendo siempre alguien servicial y generoso .Tenía una excelente memoria y fue muy buen estudiante de Normal Superior. Conviví con él en los veranos cuando coincidimos en la Normal Superior Nueva Galicia. Era un excelente estudiante. Gocé, junto con él, de los paseos semanales que hacíamos en vacaciones. Tenía un espíritu crítico pero no hiriente. Decía las cosas como eran. Después de Lagos, tus primeros años de actividad apostólica te llevaron a San Juan, en 1967, y a Gómez Palacio de 1970 a 1979. Entre septiembre de 1979 y julio de 1980 participaste en un proceso de formación en Bélgica y el CIL en Roma. Posteriormente, te encontramos en Monterrey, Hermosillo y Obregón, entre 1980 y 1982. De esta estancia en Obregón recupero un bonito testimonio del H. Manuel Camou. Durante los años que fui formando, desde 2do de secundaria hasta el escolasticado, el Hermano José Luis tuvo la gentil atención de invitarme a comer en la Comunidad de Cd. Obregón cada vez que iba de vacaciones con mi familia. Todas las veces fue el “contacto” comunitario para invitarme y siempre tuvo un detalle, un regalo de algún “souvenir” del colegio de Obregón para mí. Puede parecer banal, pero aún hoy, y precisamente hoy viene a mi mente acompañado el recuerdo con un gran agradecimiento. Bendigo a Dios por su vida, el bien que hizo a miles de alumnos del colegio, entre ellos varios de mis hermanos carnales que lo recuerdan con aprecio. Pido a Dios y a La Salle le acojan y atesoraré siempre la gentileza que tuvo para conmigo y muchos más. Te hiciste cargo de la Secretaría del Distrito en el 2000. En el 2002 llegaste como Director de La Salle Guadiana, en donde estarás hasta el 2008. De llamar la atención la cantidad de mensajes que se han recibido de parte de esta comunidad educativa, del personal, de padres de familia, donde te recuerdan con mucho cariño y donde causó mucha pena tu partida. Eso habla de la huella dejada en ese lugar.
El testimonio que comparte la Mtra. Geny Campos, directora de La Salle Guadiana. El Hermano José Luis fue un hombre cercano, empático, sensible, que cuidó en todo momento el presupuesto. Frecuentemente compartía la estadística de alumnos, preocupado porque recibieran educación humana y cristiana todos los que pudieran. Le gustaba contar chistes, aunque tardó tiempo en vivir un proceso de adaptación a Durango, una vez que se sintió parte de nuestra comunidad, se sintió en casa. Una persona muy, muy sensible, muy empático, introvertido, nada sencillo que se adaptara a los demás, pero siempre cercano, siempre atento con cada uno de los que lo tratamos. Posteriormente fuiste Director de La Salle José de Escandón en Cd. Victoria, en donde estuviste del año 2008 al año 2016. Testimonios bonitos llegan de esa ciudad.
A continuación algunos recuperados por el Hno. Ricardo Ramírez.
El Hno. José Luis Guerrero es un ejemplo de persona. Como Hermano, siempre nos inspiró en los valores lasallistas. Un Hermano comprometido con la obra y el bienestar de los alumnos y maestros, siempre preocupado porque estuviéramos bien.
Como Hermano fue un ejemplo. Contaba con frecuencia que, desde muy niño, le surgió la inquietud de ser Hermano Lasallista. Llevé una relación de amistad con él, excelente siempre en su trato. Me acompañaba y me invitaba a seguir adelante en mi vocación de maestra. Me dolió mucho cuando vi el mensaje de que había fallecido porque me quedé con las ganas de volver a platicar. Nunca olvidaré sus enseñanzas, lo recuerdo con mucho cariño, para mi fue un gran maestro.
Siento mucho su pérdida por tratarse de una persona con una gran calidad como ser humano. Su trato afectuoso, cariñoso y siempre cordial marcan para toda la vida, así como la gran cercanía y atención a los alumnos. Siempre acercándose con una sonrisa y escuchándolos con mucha atención.
De esta época data, también, el testimonio del Hermano Guillermo García, quien fue su compañero de comunidad en esa ciudad. Mi admiración y agradecimiento al Hno. José Luis Guerrero, especialmente por su testimonio de fraternidad, sencillez y alegre compromiso apostólico. Lo recuerdo sobre todo como Hermano de comunidad, él prestando su servicio como director, atento y detallista con los Hermanos. La convivencia comunitaria se enriquecía con su sabiduría, su experiencia y postura ante la vida y su contribución alegre y sencilla al buen ambiente a través de sus ingeniosos chistes e intervenciones.
Algo que siempre me llamó la atención de él es el buen recuerdo que dejó también en quienes lo tuvieron como profesor en las aulas: es el caso de mis hermanos carnales quienes con frecuencia me preguntaban sobre él, y no se cansaban de compartirme que fue un excelente profesor, quien además de dar sus clases de manera ejemplar, tuvo detalles de apoyo a sus alumnos que lograron tocar sus corazones y los motivaron a ser mejores personas.
Especialmente durante los años dedicados a la pastoral distrital por parte de un servidor, pude comprobar de primera mano, su compromiso y entusiasmo en la pastoral juvenil y vocacional, con su participación personal en las misiones, retiros y actividades vocacionales.
En el año 2016 fuiste a la comunidad de San Juan de los Lagos, Jalisco. El Hermano Manuel Camou, cuyo testimonio ya fue compartido, fue tu director en esa ciudad. En el año 2021 hubo cambio de director en esa ciudad, llegando el Hermano David García a asumir esa responsabilidad. Aquí su testimonio. Dios me regaló la gracia de compartir la vida con Guerris en una corta etapa a mi llegada a la comunidad de San Juan de los Lagos. Tenía ya la referencia de un educador experto en la logística del calendario escolar y escrupuloso y talentoso para la redacción y la ortografía. Admiré de él la manera desenfadada y pícara de compartir relatos y sopesar la historia, la antigua y la reciente. Amistoso con los sencillos y sencillo él. Buscador de rutinas que le aseguraran una cotidianidad en calma, me sorprendió que accedió con gusto cuando le propuse tener entrevistas sistemáticas con los alumnos de secundaria más emproblemados en lo académico, para establecer métodos de estudio y tareas que les ayudaran a adelantar. Le agradecí siempre tenerme al tanto de la información no oficial de los asuntos que considerábamos importantes y descubrí un cariño inmenso de su familia por él y de él por su familia. Descansa en paz, querido Guerris. Perseveraste. Dios te acoge.
Estimada familia del Hermano José Luis, estimados Hermanos, desde ayer que me enteré de su llamado a la Casa del Padre, vino a mi mente un fragmento de la Segunda Carta a los Corintios: “Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo derramen su gracia y su paz sobre ti. Que sea alabado el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, pues él es el Padre que nos tiene compasión y el Dios que siempre consuela. Él consuela en todos nuestros sufrimientos, para que podamos consolar también a los que sufren, dándoles el mismo consuelo que él nos ha dado. Porque así como los sufrimientos de Cristo se desbordan sobre nosotros y nosotros sufrimos con él, así también por medio de Cristo se desborda nuestro consuelo”. (2 Cor. 1, 2-5)
Estoy seguro y tengo la certeza que ese consuelo del que habla el apóstol, que en ocasiones no es fácil encontrar, anidará poco a poco en nuestro corazón, sobre todo al tener la certeza que el Señor Jesús, que ha resucitado, venciendo a la muerte, acompaña el camino de nuestro Hermano José Luis, y el mismo Espíritu divino que hizo posible esa resurrección de Jesús, el maestro, hace posible la vida eterna, feliz y en Santa Paz para él.
Esta tarde, además de dar gracias a Dios, quiero dar gracias a diversas personas. En primer lugar, gracias a Doña María Magdalena Flores Ramírez y a Dn. José Guerrero Barreiro, papás de José Luis. Gracias por el don de su Hijo para la vida religiosa. Dios les sigue premiando en el cielo… y hoy, que José Luis se encuentra con el Padre misericordioso, también se encuentra con sus papás… quienes, con orgullo, ven que su hijo ha perseverado.
Gracias a sus hermanos aquí presentes. Agustín, Ricardo, Fernando, Rosario y Celinda. La separación física de José Luis la sentimos todos. Nos conforta la certeza de la resurrección del Señor, que es promesa para nosotros. Mi más sentido pésame y la gratitud, a su familia, de parte de todos los Hermanos, por la entrega que hicieron de José Luis.
Mi agradecimiento a las enfermeras que con dedicación lo atendieron: Brenda, Rosario, Karla, Nicole, y al doctor Ángel. Gracias por las muchas atenciones que tuvieron para con nuestro Hermano.
Gracias a la comunidad del Hermano José Luis: HH. Tarsicio, Antonio, Héctor, Ernesto y Guilebaldo. Gracias por acompañar a José Luis en sus últimos años de vida y ayudar a que estos años hayan sido muy gratos.
Concluyo pidiendo al Señor que haga sentir a cada uno de los integrantes de la familia de nuestro Hermano José Luis y a cada uno de los Hermanos del Distrito su ternura de Padre y que en todos derrame sus bendiciones.
Viva Jesús en Nuestros Corazones. Por siempre.
Otros testimonios y condolencias:
Hno. Manuel Padilla Viví con José Luis solamente dos años, el cómo director y yo trabajando en ULSA Victoria. Hombre de un gran sentido humano para todos los que dependíamos de él. Se distinguió como excelente administrador y responsable, no solamente de lo material sino de su entrega para cuidar a las personas que con él colaboraron. Se hacía querer y por donde pasó despertó cariño y admiración. Como religioso vivía su vida de consagrado con integridad conservando su capacidad de criticidad.
Hno. Antonio Deloya Tuve la dicha de convivir con el Hermano José Luis, persona íntegra, entregada a su vocación de educador, siendo mi coordinador de secundaria, me apoyó siempre en la formación de nuestros alumnos. En la comunidad de Hermanos, era hermano de todos, con sus pláticas interesantes y su buena expresión de nosotros sus hermanos,sencillo y muy crítico. DEP.
Hno. Adalberto Aranda Expreso mi pésame por el fallecimiento del H. José Luis Guerrero “Guerris”, pero al mismo tiempo me uno a las acciones de gracias por su vida y su probada y fructífera vocación de Hermano. Gracias a Dios por haberle cambiado el sufrimiento en Gloria... Descanse ahora en Paz. Abrazo fraterno.
Hno. Lorenzo González Kipper Tuve la satisfacción de convivir con el Hno. José Luis Guerrero en dos comunidades. La primera estando los dos muy jóvenes en La Salle Francés de La Laguna, en Gómez Palacio Durango, de 1970 a 1973. Él tenía 28-30 años, yo 30-32. Él era maestro, yo director de la comunidad y del colegio e internado. La segunda vez fue en 1980 en la Comunidad de La Salle Regio Chepevera. Él era maestro, yo coordinador de secundaria y preparatoria de la Unidad Obispado de la Universidad de Monterrey. Estuvimos juntos en 1980 con los HH Juan Estudillo, Fernando Alvarado, José Antonio Mellado, Humberto Islas, Salvador Pérez, José Cervantes, Miguel Agustín Hernández, Jean Pierre Ayel y Víctor Parra, Argeo Blanco, Ramiro Montaño, Julián Martínez, David Macías, Gerardo Carlos Martínez Luna y Teodoro Luis. La gran comunidad de maestros y alumnos de la Unidad Obispado nos sentíamos felices y orgullosos, pues todos reconocíamos el excelente espíritu comunitario, académico, deportivo, creativo y de servicio de nuestra Unidad Obispado UDEM. Aquel año, que fue excepcional, el Hno. José Luis y yo hicimos amistad tranquila. Él siempre sincero, directo, sonriente, atinado. Desde La Laguna así lo conocí, pero en Monterrey se afianzó esa impresión. Mis preguntas siempre las contestó con sonrisa y muy directamente. Era un placer escucharlo y si discutíamos era simplemente para aclarar lo que tratábamos. Gracias Guerris. Intercede por mí, por nosotros allá en el cielo. Seguimos necesitando tu ayuda para responder al llamado de Dios nuestro Señor y cumplir lo mejor posible la maravillosa misión que Él nos confía a nosotros, hijos y discípulos de San Juan Bautista de La Salle.
Mtra. Lourdes Burboa Unida en oración por el Hno. José Luis Guerrero que fue llamado a la casa de Dios Padre. Que el Señor lo reciba en su Santa Gloria. Descanse en Paz. Aquí en Cd. Obregón fue un Hermano muy querido por sus alumnos y los maestros en el tiempo que fue coordinador de preparatoria. Tendremos una misa el viernes 4 de octubre, cuando el colegio celebra su 69 aniversario, la ofreceremos también por él.
Hno. José Luis Esquibel García BRILLAS COMO ESTRELLA Es el Padre que nos tiene compasión y siempre nos consuela […], para que podamos también nosotros consolar a los que sufren. Así como así también, por medio de Cristo, se desborda nuestro consuelo” (2Co 1, 2-5). Era de mañana, el sábado 28 de septiembre pasado. Recibimos la triste noticia de tu fallecimiento. Llevabas tiempo ya en la casa de reposo de Guadalajara, tu tierra querida, de la que tan orgulloso te sentías. Tu apasionamiento por las Chivas rayadas, tu equipo de fútbol que, -pese a todos sus errores y fracasos-, mantenías casi una devoción. Pasabas las horas de los fines de semana disfrutando, como sólo tu sabías, tu deporte favorito. Encantaba verte cómo gozabas y pasaba el tiempo inadvertido. Platicabas sabroso de cada partido, cada movimiento, entre reconocimiento y crítica. Cuando era jovencito, te conocí como un director clásico, con mucha experiencia. Cuidadoso en sus movimientos y sus iniciativas. Entregado a atender papás y maestros, con estilo que, -en ese momento-, me parecía serio, adusto. Equilibrado en tus decisiones: ni conservador ni alebrestado. Eras lento para decidir; pero una vez decidido, te mantenías casi terco en lo decidido. Era un rasgo creo, te caracterizaba. Esto visto a lo lejos, porque no había vivido todavía contigo. En los momentos en que coincidimos en reuniones regionales, retiros, encuentros, poco a poco fuimos acercándonos más. Conocí otro rostro tuyo: dicharachero, con un humor simpático y sarcástico. Nunca hiriente o grosero. Más bien suave y agudo, en medio de tu simpleza. Tus carcajadas pícaras que algo querían mostrar o decir. De trato amable y delicado. Preguntabas, fuese la hora que fuese: ¿Cómo amaneciste peloncito? Así se refería a mí cariñosamente durante años.
Atento lector de la realidad del mundo, de México, del Instituto y de nuestro Distrito. Quería estar actualizado. Con frecuencia conversábamos los temas de la actualidad que nos tocaba vivir, con preocupación e interés en comprender nuestra opinión, nuestros puntos de vista. Extrañamente, no recuerdo haber tenido discordancias en nuestras visiones particulares. No sabía decir un “no estoy de acuerdo contigo”; “tu estás mal”. Lo más que me llegó a decir fue: “Ay peloncito, peloncito”. Y no te consideraba débil. Eras amable, lento para decidir y pocas veces te vi enojado. La duda, la congoja, la tristeza, eran visitas más frecuentes en tu vida. Puedo decir con gratitud que llegamos a ser amigos. Cuando me fui de San Juan a Buenos Aires, al regresar te encontré diferente: más apagado, con menos energía y ganas de vivir. “Ya estoy viejo, cansado. Ya viví mucho”. Me entristece tu partida y, paradójicamente, me alegro. Viviste más de 80 años. ¡Creo firmemente que tú brillas en la eternidad! “¡Oh, qué gozo experimentará el FSC, cuando vea a sus alumnos recibirlo!” (MTR, 208).